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El "sueño americano"
A propósito del flamante y mestizo presidente, vuelve a hablarse profusa­mente del viejo "sueño americano".
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 10-11-2008 a las 12:09 | 854 lecturas
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  El “sueño americano” se refiere al mérito de los im­petuosos y laboriosos que, compitiendo y eliminando del camino hacia la gloria a sus competidores, triunfan haciendo de paso grande a America.

  Pero el “sueño americano” es un camelo. Uno más de los variados mitos que nacen en America. Ese mito del “sueño americano” no es sino la exaltación de una verdad incompleta. Y las verdades incom­pletas o a medias son las más intolerables y ridí­culas de todas las fal­se­da­des. Sobre todo cuando las difunden los gobiernos. (Como decir que la misión de las tropas de España en Af­ga­nistán o Irak es atacar al terrorismo internacional, o por compromiso con la “Comu­nidad Internacional”, ni España ni esa Comunidad ni si­quiera son vecinos de esos dos países invadidos). Ahora, en época de grave crisis, el "sueño ameri­cano", después de haber abusado de él el pe­riodismo, la literatura y la temática del cine, emerge nuevamente como camelo con la as­censión al reino de los cielos de un mulato rico y de familia bien.

  Un camelo, porque no tiene más consistencia que la que se desee dotar a una ilusión social más, asociada estrechamente al capita­lismo y al individualismo extremos; y mucho más aún, en la actua­li­dad, al capita­lismo financiero más corrosivo de la historia.

  Son demasiados los que, por interés perso­nal o ideoló­gico, imagi­nan insulsamente que pueden alcanzar metas en aquella sociedad que sólo alcanza una diezmillonésima parte de la po­blación, al igual que, entre millo­nes, un es­permatozoide solo fecunda al óvulo. Ideo­lógicos y perso­nales esos intereses, en la medida que el espíritu de la prepotencia rinde por defi­ni­ción tributo a jefes y a mitos, a la par que oprime, anula, humilla o sacrifica al dé­bil social o biológico...

  Porque si el mulato ha llegado a donde ahora está desde la media­nía pero en todo caso desde su rica estirpe, el anterior presidente de Estados Unidos, por ejemplo, fue apadrinado por su padre ex presi­dente y reelegido por la población estadounidense, pese a saber, ya entonces, que era el mayor canalla de la historia yanqui. Y, exami­nando la genealogía de todos los anteriores jerarcas de aquella na­ción, tampoco fuese pre­cisa­mente algún resorte producto del “sueño americano” lo que les aupó. Entre millo­nes de negros, de hispanos, de indígenas y de mestizos tan valio­sos, impetuosos e inteligentes como aquellos, siempre fue un anglosa­jón el que prevaleció para sentarse en el despacho oval. El perfil del nuevo inquilino de la Casa Blanca sólo es, pues, excepción por el color de su epidermis y sen­cillamente porque el cetro del imperio casi está ya en subasta.

  Por otra parte y según esa misma interpretación del “sueño”, ¿acaso no podría hablarse del sueño francés, del sueño italiano, del sueño holandés o del sueño es­pañol, ya que en todos los países eu­ropeos la igualdad de oportunidades de sus respectivas democra­cias se da por descartada? ¿Acaso Sarkozy no representa la reali­zación del sueño político del inmigrante húngaro? o ¿acaso Za­pa­tero no lo es del sueño de un ciudadano de la clase media?

  Esta hipervaloración del “sueño americano” hace mucho daño. Y lo hace, por­que siendo una estupidez, alienta la esperanza sólo del necio que contagia a los de buena fe. ¿Cuántos millones que pug­nan por lo mismo se que­dan en el camino extraviando sus vidas luego del fracaso, de la droga o de maldecir el yo? ¿cuántos, en­candilados por él, tras el despertar y la frustración de topar con la realidad del “sueño americano”, no vivirán con un pie en el sui­cidio?

  En todo caso Estados Unidos fue una nación forjada en la fragua de Vulcano., En su largo proceso fundacional, la convergencia de un territorio inmenso, de feraces tie­rras y ri­queza, por un lado, con la disposición genocida de los prime­ros pobla­dores anglosajones -como en la América del Sur los españoles-, puede explicar y aun justificar el capitalismo de sus inicios, y su sañuda persecución del enemigo colectivista, cooperati­vista, socialista y comu­nista. Pero ¿y después de cien años, superada largamente la era industrial? ¿qué ra­zón hay para alabar el “sueño ameri­cano” capitalista, sueño del “todos contra todos” en desiguales condiciones de fortuna heredada y casta, sólo porque haya llegado a la presidencia un mestizo? ¿qué legitimará con ello la devastación, la ruina de pueblos y países ente­ros, así como incontables trage­dias en el mundo a partir de la se­gunda guerra mundial, más o me­nos directas o más o menos em­boscadas en la retórica, en el ardid polí­tico, en la treta psicoló­gica y en camelos como éste, y todo porque el “sueño americano” es el motor de las delicias?

  Creo que para proseguir nuestra andadura europea y española, los medios y analistas debieran proscribir el enaltecimiento de la idea del “sueño americano”, y, conscientes de su distorsión, también de­ben dejar de utilizarla. El “sueño ame­ricano” no se hace realidad con la llegada de un mulato a la Casa Blanca de una familia rica.

  Porque ¿quién se atreve a negar que el “sueño americano” siem­pre estuvo vedado al ciu­dadano de segunda, sin recursos millona­rios? ¿quién no se percata que antes que nada ese ser triunfante hubo de ser capitalista? Por eso en America, quienes han ido desfi­lando a lo largo de su historia -y este presidente mestizo no se sus­trae a la norma ge­neral- es una formación militar de descendientes de británicos e irlandeses comprometidos a reforzarel ca­pitalismo atroz y a perseguir toda sociali­zación y todo comunismo. Por eso el mestizo libertador será simplemente otro más...

  Sin embargo lo podemos apostar: de la Cumbre para encontrar la receta que cure al capitalismo no saldrá ninguna efectiva. Tarde o temprano el mundo descubrirá que el comunismo es el único antí­doto posible contra el cáncer del materialismo capitalista ahora fi­nanciero; el único sis­tema sociopolítico capaz de sacar al mundo del apoca­lipsis biológico.  Aunque antes el capita­lismo, el de Obama, el de Bush, el de Truman, el de Lincoln o el de Jefferson, que no habrá de ceder jamás ni un solo palmo de terreno, habrá sacrificado a un tercio de la, para enton­ces, superpoblación mundial.

  No hay, nunca hubo, justificado,  "sueño americano". Lo que hay, desde siempre, al menos para la humanidad lejana y despierta es, “pesadilla ame­ricana”.

 
 
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