El “sueño americano” se refiere al mérito de los impetuosos y laboriosos que, compitiendo y eliminando del camino hacia la gloria a sus competidores, triunfan haciendo de paso grande a America.
  Pero el “sueño americano” es un camelo. Uno más de los variados mitos que nacen en America. Ese mito del “sueño americano” no es sino la exaltación de una verdad incompleta. Y las verdades incompletas o a medias son las más intolerables y ridículas de todas las falsedades. Sobre todo cuando las difunden los gobiernos. (Como decir que la misión de las tropas de España en Afganistán o Irak es atacar al terrorismo internacional, o por compromiso con la “Comunidad Internacional”, ni España ni esa Comunidad ni siquiera son vecinos de esos dos países invadidos). Ahora, en época de grave crisis, el "sueño americano", después de haber abusado de él el periodismo, la literatura y la temática del cine, emerge nuevamente como camelo con la ascensión al reino de los cielos de un mulato rico y de familia bien.
  Un camelo, porque no tiene más consistencia que la que se desee dotar a una ilusión social más, asociada estrechamente al capitalismo y al individualismo extremos; y mucho más aún, en la actualidad, al capitalismo financiero más corrosivo de la historia.
  Son demasiados los que, por interés personal o ideológico, imaginan insulsamente que pueden alcanzar metas en aquella sociedad que sólo alcanza una diezmillonésima parte de la población, al igual que, entre millones, un espermatozoide solo fecunda al óvulo. Ideológicos y personales esos intereses, en la medida que el espíritu de la prepotencia rinde por definición tributo a jefes y a mitos, a la par que oprime, anula, humilla o sacrifica al débil social o biológico...
  Porque si el mulato ha llegado a donde ahora está desde la medianía pero en todo caso desde su rica estirpe, el anterior presidente de Estados Unidos, por ejemplo, fue apadrinado por su padre ex presidente y reelegido por la población estadounidense, pese a saber, ya entonces, que era el mayor canalla de la historia yanqui. Y, examinando la genealogía de todos los anteriores jerarcas de aquella nación, tampoco fuese precisamente algún resorte producto del “sueño americano” lo que les aupó. Entre millones de negros, de hispanos, de indígenas y de mestizos tan valiosos, impetuosos e inteligentes como aquellos, siempre fue un anglosajón el que prevaleció para sentarse en el despacho oval. El perfil del nuevo inquilino de la Casa Blanca sólo es, pues, excepción por el color de su epidermis y sencillamente porque el cetro del imperio casi está ya en subasta.
  Por otra parte y según esa misma interpretación del “sueño”, ¿acaso no podría hablarse del sueño francés, del sueño italiano, del sueño holandés o del sueño español, ya que en todos los países europeos la igualdad de oportunidades de sus respectivas democracias se da por descartada? ¿Acaso Sarkozy no representa la realización del sueño político del inmigrante húngaro? o ¿acaso Zapatero no lo es del sueño de un ciudadano de la clase media?
  Esta hipervaloración del “sueño americano” hace mucho daño. Y lo hace, porque siendo una estupidez, alienta la esperanza sólo del necio que contagia a los de buena fe. ¿Cuántos millones que pugnan por lo mismo se quedan en el camino extraviando sus vidas luego del fracaso, de la droga o de maldecir el yo? ¿cuántos, encandilados por él, tras el despertar y la frustración de topar con la realidad del “sueño americano”, no vivirán con un pie en el suicidio?
  En todo caso Estados Unidos fue una nación forjada en la fragua de Vulcano., En su largo proceso fundacional, la convergencia de un territorio inmenso, de feraces tierras y riqueza, por un lado, con la disposición genocida de los primeros pobladores anglosajones -como en la América del Sur los españoles-, puede explicar y aun justificar el capitalismo de sus inicios, y su sañuda persecución del enemigo colectivista, cooperativista, socialista y comunista. Pero ¿y después de cien años, superada largamente la era industrial? ¿qué razón hay para alabar el “sueño americano” capitalista, sueño del “todos contra todos” en desiguales condiciones de fortuna heredada y casta, sólo porque haya llegado a la presidencia un mestizo? ¿qué legitimará con ello la devastación, la ruina de pueblos y países enteros, así como incontables tragedias en el mundo a partir de la segunda guerra mundial, más o menos directas o más o menos emboscadas en la retórica, en el ardid político, en la treta psicológica y en camelos como éste, y todo porque el “sueño americano” es el motor de las delicias?
  Creo que para proseguir nuestra andadura europea y española, los medios y analistas debieran proscribir el enaltecimiento de la idea del “sueño americano”, y, conscientes de su distorsión, también deben dejar de utilizarla. El “sueño americano” no se hace realidad con la llegada de un mulato a la Casa Blanca de una familia rica.
  Porque ¿quién se atreve a negar que el “sueño americano” siempre estuvo vedado al ciudadano de segunda, sin recursos millonarios? ¿quién no se percata que antes que nada ese ser triunfante hubo de ser capitalista? Por eso en America, quienes han ido desfilando a lo largo de su historia -y este presidente mestizo no se sustrae a la norma general- es una formación militar de descendientes de británicos e irlandeses comprometidos a reforzarel capitalismo atroz y a perseguir toda socialización y todo comunismo. Por eso el mestizo libertador será simplemente otro más...
  Sin embargo lo podemos apostar: de la Cumbre para encontrar la receta que cure al capitalismo no saldrá ninguna efectiva. Tarde o temprano el mundo descubrirá que el comunismo es el único antídoto posible contra el cáncer del materialismo capitalista ahora financiero; el único sistema sociopolítico capaz de sacar al mundo del apocalipsis biológico.  Aunque antes el capitalismo, el de Obama, el de Bush, el de Truman, el de Lincoln o el de Jefferson, que no habrá de ceder jamás ni un solo palmo de terreno, habrá sacrificado a un tercio de la, para entonces, superpoblación mundial.
  No hay, nunca hubo, justificado,  "sueño americano". Lo que hay, desde siempre, al menos para la humanidad lejana y despierta es, “pesadilla americana”.
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