Al parecer los piercings en la boca causan graves lesiones. Pero es que la cirugía estética acaba en numerosos casos en fracaso habiéndose corrido un alto riesgo. El fracaso se declara bien de forma inmediata bien a medio o largo plazo. La nariz vuelve a su ser, perjudicada, pasado el tiempo. Los labios operados sólo permiten hablar con los dientes, no se puede sonreír, los fallecimientos a cuenta de la operación son más frecuentes de lo que se dice... ¿Se puede consentir moralmente semejante disparate, sólo porque la moda y la propaganda activan la libertad manipulada por los Centros médicos de estética? Y la Iglesia católica, tan mirada ella de los comportamientos sociales y con la vida, sin anatematizar semejante despropósito, tal desafío a la naturaleza, a la integridad y al sentido común... 
  ¿Que no se puede comparar todo este mundillo quirúrgico y pseudoquirúrgico con el aborto que tantos dolores de cabeza provoca esa misma Iglesia arzobispal a esta sociedad y a la atmósfera enrarecida que respiramos? Pues claro que no. Ni punto de comparación. Empezamos por que lo que importa es la vida plena, no  el proyecto. Pues el aborto truncará un proyecto de vida, pero no trunca la vida en sí misma por mucho que lo aseguren esos empecinados. Sobre todo no es la vida de iraquíes y afganos y tantas otras víctimas que causan los neozis del planeta sin que ni la Iglesia ni el papa lo condenen urbi et orbe, como hacen con este asunto en el fondo tan trivial del aborto. Condenan la guerra, sí, pero lo dicen un buen día cuando todo el mundo está durmiendo, y no vuelven a hablar de ello más... Son unos desalmados. Como los que matan. El aborto (sobre el que nada dicen los Evangelios) afecta a una demografía que se satura por momentos en un planeta que se cae. Pero es que dificultarlo o prohibirlo, afecta a la libertad individual de una mujer que cuando no quiere ser madre sus motivos tendrá. Perseguir penal o moralmente el aborto, causa repulsión: la que ocasiona cualquier injerencia, cualquier intromisión en la libertad personal. Esa intromisión a que acostumbra la Iglesia en materias que ni de lejos son de su incumbencia; que si afectan a alguien será, si acaso, a sus devotos. Y luego dirán que es un atraso la hiyab...
  Sobre la cirugía estética y esa práctica de lesionar el cuerpo sin ton ni son, sí que debiera caer la maldición moral de la Iglesia. Sin embargo calla. Seguro que es para no causar pérdidas a todas esas sectas médicas y lo que les rodea, que a buen seguro buen dinero aquellas le darán. En resumen, alterar y arriesgar caprichosamente el cuerpo con cirugías y prácticas peligrosas e innecesarias, es una costumbre impuesta por el dinero –como tantas otras cosas- que, puestos a meterse en camisas de once varas como hace en todo, debiera anatematizar la Iglesia. Y con mucho más énfasis que el que pone en la condena del aborto. 
  Pero no extraña. Eso de no decir nada a voz en grito y en contra de estas prácticas del piercing y de la cirugía estética –que no la plástica-, está en perfecta línea con los incontables desatinos, barbaridades y opresión que la Iglesia Vaticana viene originando al mundo desde que se fundó como institución allá por el siglo III.
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#1
25-09-2008 14:46
Exigimos poder votar los artículos.
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#2
Celestesempre|26-09-2008 13:14
Vaya tontería de artículo; hay que tener muchas ganas para poder juntar al Vaticano con los piercings y la cirugía estética.
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#3
el anticristo|27-09-2008 09:06
EL ARTICULO EXPRESA UNA LAMENTABLE REALIDAD !
NUNCA HA ESTADO LA HUMANIDAD TAN ASOCIAL Y APOLITICA COMO AHORA.
LIBERTAD PARA LAS MUJERS Y EL ABORTO !!!
ABAJO LAS RELIGIONES !!!
Atentamente,el anticristo.
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