Aquel militar temblaba. Le temblaban las manos, las piernas. Le temblaba todo. Sabía que estaba ante un hombre, uno de esos hombres que no se matan ni con cien disparos.
El militar temblaba ante el pecho del hombre al que habría de asesinar a sangre fría. Temblaba todo su cuerpo. Le habían dado la orden de ultimarlo, mas, sabía que su acción perduraría en el tiempo y que el escarnio le acompañaría toda su vida.
El eco de los disparos retumbó en toda la montaña. Las manos del asesino no encontraron descanso después de la descarga del arma. El militar no sabía donde colocarlas. Sus manos testigos mudas de su crimen no encontraron sosiego aquel día ni después tampoco.
Los autores intelectuales del asesinato pensaron que con su muerte acabarían las esperanzas de los pueblos aun sojuzgados por los oligarcas. Pensaban de esa manera, pero la historia demostró desde ese momento infausto, que estaban equivocados.
Dicen que la mirada del hombre se clavó en los ojos del militar de una manera tal, que tuvo que mirar hacia otro lado mientras esgrimía el arma homicida. No hubo resistencia, ni súplicas, ni lamentos y mucho menos concesiones. Era el hombre ante la muerte. Era el hombre venciendo a la muerte.
Y salió airoso nuestro hombre de aquel instante supremo. No se amilanó porque de haberlo hecho los pueblos de Nuestra América habrán demorado más en encontrar el camino de la segunda y última independencia.
Los años nos presentan al hombre asesinado en aquella escuela de La Higuera, erguido en su Rocinante, presto a alcanzar el punto más alto de la gloria abrazando a los indios, a los latinoamericanos todos desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Así avanza él entre la maleza y el desierto, entre el mediodía y la bruma, entre los vericuetos de Los Andes, sobre el caballo de Bolívar, aplastando injusticias y sembrando la luz allí donde no la hay.
 
Hoy a tantos años de su ascenso al corazón de los oprimidos del mundo, el Che está presente, recorriendo los caminos empedrados, difíciles y luminosos de hoy y viviendo en los ojos de aquel militar que creyó asesinarlo.
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#4.- A TI NO TE TIEMBLAN PORQUE TE FALTAN
DAVID|08-10-2008 16:22
Es ridículo el hecho de que personas como tú participen en este foro cuando no aportas nada, cuando lo que haces es ofender a las personas que no piensan como tú. Tu que eres una eminencia escribiendo pues pon tus consideraciones en un comentario y no en esas expresiones que te retratan como lo que aparentemente eres, un tarado,  y como tarado al fin, te faltan convicciones, sentimientos y honestidad. Si deseas polemizar entonces ponte en lo claro para poder medir tu capacidad de respuesta.
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#10.- Una vez mas
titi|10-10-2008 23:25
Una vez mas pa q el censor tenga trabajo, creo q ya me debes una comision.
Aqui esta el enlace de la noticia edulcorante preparada especificamente para gente falta de sesos, llena de adornitos, brillo y lentejuelas
http://www.granma.cubaweb.cu/2007/09/29/cubamundo/artic01.html
Aqui esta la realidad de lo q paso, aun asi los tontos utiles como les repitieron los adornitos tantas veces, siguen creyendo lo q les ordenan
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&
Ambas noticias son de la prensa cubana, la primera, edulcorada, la repitieron por doquier, la segunda solo en el internet.
Los q escriben esos adornitos, brillos y lentejuelas lo hacen pensando q la mayoria de la gente son falta de sesos y q van a repetir sus adornitos estupidos y la realidad es q muchos lo hacen sin cuestionar ni pensar nada.
Sigan borrando tranquilamente, asi los falta de seso no tendran q preocuparse por nada.
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#11
Toto|11-10-2008 21:55
El gusano del comentario anterior no se da cuenta de que tanto un artículo como otro (de sus links) se complementan. No se contradicen, como él quisiera. ¿Será que mucho les duele que en tantas almas (y ojos) siga viviendo Guevara?
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