Iluminado por el pensamiento de José Martí.
Por la Integración de Latinoamérica
El camino de Fidel Castro
Por Noel Manzanares Blanco
  “[...] la política cubana [será] de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente, y los perseguidos políticos por las sangrientas tiranías que oprimen a naciones hermanas [encontrarán] en la Patria de Martí [...] asilo generoso, hermandad y pan [...]”.
                                                                                                                          Fidel Castro, 16 de octubre de 1953.
Quien dijo al calor del juicio que se le efectuaba por los acontecimientos del Asalto al Cuartel Guillermón Moncada de Santiago de Cuba en 1953 que “Martí era el autor intelectual del 26 de julio” (día del asalto), no tenía razones para vacilar al sentenciar: “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”[1]. He allí un fundamento del porqué ahora tampoco hay razones para vacilar al sentenciar: la vida revolucionaria de quien bien se puede considerar como el mejor discípulo de José Martí –y, por extensión, históricamente hablando, de Simón Bolívar–, se ha desarrollado a tono con la perspectiva de la lucha por Cuba y Nuestra América, que entronca con la oposición al Águila Imperial[2].
Así, hacia finales de la primera mitad del pasado siglo ya se aprecian señales inequívocas de la inclinación latinoamericanista de Fidel Alejandro Castro Ruz. Al menos, dos ejemplos sirven para sustentar la idea anterior: Uno está en el verano de 1947, momento en que el joven revolucionario se enroló en la frustrada expedición de Cayo Confites, en el Oriente cubano, en aras de ir a luchar contra la dictadura trujillista que entonces oprimía al pueblo de la República Dominicana. Según testimonio de uno de sus compañeros universitarios, “aquí se inicia una etapa nueva de la vida de Fidel, donde la lucha ya no era a nivel de aula. Estaba en una actividad militar internacionalista”[3].
El otro ejemplo se vincula con lo que pasó a la Historia con el nombre de “El bogotazo”, en abril de 1948: con vistas a participar en lo que sería el Congreso Latinoamericano de Estudiantes, a celebrarse en Bogotá, capital de Colombia –coincidentemente con la Novena Conferencia Internacional de los Estados Americanos a efectuarse en el mismo escenario–, Fidel no solo fue hasta allí porque “lo que lo identificaba era el hablar por los pueblos, por los pueblos que sufrían dictaduras militares reaccionarias en América [recuérdese y relaciónese esto con el citado caso de la expedición de Cayo Confites], que sufrían el aplastamiento de su independencia como Puerto Rico, la ocupación de parte de su territorio como Cuba en Caimanera [base militar de Guantánamo] y como Panamá en la Zona del Canal”[4]; sino que además participó activamente al lado del pueblo colombiano en los sucesos desencadenados por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, aquel casi virtual electo para Presidente de Colombia[5].
Una vez de vuelta a la Patria –y en consecuencia con la dinámica que le siguió al antes y al después del Asalto al Moncada–, vale que se recuerde la nota escrita por el devenido Comandante en Jefe del Ejército Rebelde en plena campaña contra la dictadura de Fulgencio Batista:
“Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos [refiriéndose a los yanquis] van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos, me doy cuenta que va a ser mi destino verdadero”[6].
En consecuencia, la labor político-revolucionaria de Fidel tras el triunfo del 1ro de enero de 1959 en Cuba también se ha sumergido en la dinámica de impedir la extensión de EE UU por el subcontinente. Al respecto, los ejemplos abundan. Cuando apenas se estaba viviendo el día 22 de la Revolución Cubana, su líder indiscutible manifiesta:
“[...] un sueño que tengo en mi corazón y creo que lo tienen todos los hombres de la América Latina, sería ver un día a la América Latina enteramente unida, que sea una sola fuerza, porque tenemos la misma raza, el mismo idioma, los mismos sentimientos. Eso quizás sea una utopía, pero ese es mi pensamiento y es el pensamiento de muchos hombres de América. Fueron sueños de los libertadores y se le hicieron muchas estatuas a Bolívar y muy poco caso a sus ideas”[7].
Precisamente por hacerle caso a las ideas de los libertadores fue que Fidel –sin despreciar su originalidad– estaba en condiciones de valorar el papel que le correspondía a las masas latinoamericanas en pro de sí mismas. De ahí que pudo asegurar cuatro meses después:
“Tengo fe en lo que estamos viviendo, tengo fe en este despertar formidable de nuestro continente. Tengo fe absoluta en el futuro de este continente, tengo fe, y puedo afirmar aquí que tengo la seguridad de que el futuro de América será un futuro muy distinto del que ha sido hasta hoy. Como depende de nuestra fe, como depende de nuestro propio esfuerzo, como depende de nosotros mismos, hagamos conocer nuestra verdad, hagamos conocer nuestra razón, hagamos amigos a nuestras aspiraciones, conquistemos amigos [...] nuestra Revolución desea que también los pueblos de América se reúnan en un gran anhelo americano [...]”[8].
El análisis de este pensamiento permite inferir que existe claridad acerca de lo imprescindible que resultaba marchar por el bien de nuestros pueblos, pero construyendo puentes de lucha, es decir estimulando el factor subjetivo, sin excluir la responsabilidad de los estadistas. Así, sostiene: “[…] los problemas económicos y políticos de América Latina son graves, y sería imperdonable ceguera por parte de los dirigentes de las naciones de América no encontrar las soluciones adecuadas en el momento oportuno”, para casi acto seguido precisar:
“[…] los países de América Latina, muchas industrias no las pueden establecer porque no tienen el mercado. Este no es suficiente y de ahí que hayamos arribado a la conclusión de que sea necesario ampliar nuestro mercado […] convirtiendo en un mercado común a toda la América Latina, como aspiración; naturalmente que no se puede lograr de la noche a la mañana; con reajustes que no se pueden hacer de la noche a la mañana; pero sí como aspiración futura […]”[9].
Al sustentar estas palabras, Fidel tiene meridiana claridad acerca de las responsabilidades de quienes deberían considerarse como herederos de los Padres Fundadores. De ahí, señala: “[…] desde Bolívar hasta Martí, desde San Martín hasta Artigas […] si los ojos de los próceres de las libertades en América Latina nos observaran, verían cómo nos encontramos todavía y se preguntarán si esta es la América que ellos soñaron, grande y unida, y no el racimo de pueblos divididos y débiles que somos hoy”[10].   
Y aunque lo expresado hasta aquí constituye denominador común del pensamiento fidelista, hacia la última década del siglo XX –momento de la emergencia de la Unipolaridad pro capitalista (en la versión del Neoliberalismo) con la casi absoluta hegemonía del “Norte revuelto y brutal”–, el máximo líder de la Revolución Cubana se vio en la necesidad de retomar con énfasis su percepción latinoamericanista, razón por la cual significa:
“Los latinoamericanos no acaban de reunirse y se lo he dicho a muchos dirigentes: por qué no nos reunimos, si tenemos problemas muy serios, problemas muy comunes que resolver; por qué no nos reunimos para discutir la deuda [se refiere a la externa de nuestros pueblos]. Porque ni la deuda, que es un verdadero desastre, ha sido capaz de promover una reunión de dirigentes latinoamericanos.
“La necesidad del nuevo orden económico internacional, la necesidad de acabar con el saqueo de nuestros pueblos, ni siquiera eso ha sido capaz de reunirnos. Se reúnen grupos, cinco o seis y excluyen a los demás […] y nadie se acaba de atrever a decir: ‘vengan todos, vamos a reunirnos todos’, como nos reunimos en Naciones Unidas, o como nos reunimos en el Movimiento de Países No Alineados. Por eso hemos siempre luchado y planteado estos problemas”[11].
Con este presupuesto, resultó coherente que ante la Primera Cumbre Iberoamericana convocada por las autoridades de la Patria de Benito Juárez en 1991, Fidel sentenciara: “Por primera vez nos reunimos los latinoamericanos sin que nos convoquen otros. Ya por ello nuestro encuentro asume un carácter histórico. Confiamos en que tendrá gran trascendencia y que nuestro diálogo será constructivo y fecundo. Agradecemos profundamente al entrañable México y a su Presidente la brillante iniciativa; nunca antes fue tan necesaria y oportuna”[12].
La valoración anterior, al tiempo que es reflejo de su pensamiento en el tema que se viene abordando, en sí misma no solo es síntesis de su percepción –sin descontar su sucesivo enriquecimiento–, sino que además conduce a sostener que también aquí se encuentra como invariante la lucha por Nuestra América, básicamente en aras de su integración política y económica.
No obstante, las Cumbres Iberoamericanas, al margen de sus modestos resultados a favor de los pueblos de los países que la componen, aún están lejos de conseguir la plena realización de los sueños de Bolívar, Martí y otros próceres[13].
Entretanto, con la emergencia de la Revolución Bolivariana se inicia al Sur del Hemisferio Occidental una nueva etapa para la posibilidad de una realización mayor y mejor del Latinoamericanismo, lo que es una razón más que suficiente para que Fidel Castro le expresara al pueblo venezolano el 3 de febrero de 1999:
“[…] las esperanzas están por delante, veo en ellas un verdadero renacer de Venezuela, o al menos una excepcional gran oportunidad para Venezuela. Lo veo no solo en interés de los venezolanos; lo veo en interés de los latinoamericanos, y lo veo en interés de los demás pueblos del mundo, a medida que este mundo avance, porque no va a quedar otro remedio, hacia la globalización universal […] con esto no puedo estar pretendiendo halagarlos a ustedes, sino más bien recordarles el deber de ustedes, de la nación, del pueblo, de los más jóvenes, de los más maduros, que realmente tienen ante sí una gran responsabilidad. Creo que oportunidades se han perdido algunas veces; pero ustedes no tendrían perdón si esta la pierden”[14].
Justamente, sin renunciar a la continuación de su prédica bolivariana y martiana que también tiene presente a los pueblos del Caribe[15], Fidel le dejaba el camino expedito a quien encarna como nadie en la actualidad la vida y obra del Libertador, del Apóstol y –por qué no– hasta del mismo Fidel Castro, si de luchar por la integración de Latinoamérica es el tema. Si no, medítese acerca de las siguientes palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana el 14 de diciembre de 2004:
“Hugo: tú dijiste hace diez años que no merecías los honores que estabas recibiendo de quienes adivinamos en ti cualidades de un gran revolucionario, cuando fueron llegando noticias de tu historia, tu conducta y tus ideas mientras guardabas prisión en la cárcel de Yare.
“Tu capacidad organizativa, tu magisterio con los oficiales jóvenes, tu hidalguía y firmeza en la diversidad, te hacían acreedor de aquellos y otros muchos honores.
“Prometiste volver un día con propósitos y sueños realizados. Volviste y volviste gigante, ya no solo como líder del proceso revolucionario victorioso de tu pueblo, sino también como una personalidad internacional relevante, querida, admirada y respetada por muchos millones de personas en el mundo, y de modo muy especial por nuestro pueblo”[16].
Un complemento de la reflexión anterior puede encontrarse en lo que sobre Chávez en otra oportunidad agregó Fidel: “es difícil concebir a un hombre más generoso que él […]. Es una suerte para nuestro hemisferio y nuestra región que haya dirigentes como él”[17].
A la sazón, carece de casualidad el hecho de que Fidel al reflexionar sobre la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, escribiera:
“El sábado 10 de noviembre de 2007 pasará a la historia de nuestra América como el día de la verdad.
“El Waterloo ideológico ocurrió cuando el Rey de España le preguntó a Chávez de forma abrupta: ‘¿Por qué no te callas?’.  En ese instante todos los corazones de América Latina vibraron. El pueblo venezolano, que debe responder sí o no el próximo 2 de diciembre, se estremeció al vivir de nuevo los días gloriosos de Bolívar. Las traiciones y los golpes bajos que recibe diariamente nuestro entrañable hermano, no harán cambiar ese sentimiento de su pueblo bolivariano” –para luego lanzar una aleccionadora advertencia:
“En el caso de Venezuela, la victoria no se debe convertir en terrible revés sino en victoria mucho mayor, para evitar que el imperialismo conduzca al suicidio a nuestra especie. Hay que seguir luchando y corriendo riesgos, pero no jugar todos los días a la ruleta rusa o al cara o cruz de una moneda. Nadie escapa de los cálculos matemáticos”[18].
En correspondencia, el Comandante Hugo Chávez tiene el sagrado deber moral de hacer todo lo que esté a su alcance por alejar la materialización de los planes genocidas que contra su persona traman el Águila Imperial y los desherederos de Simón Bolívar. Es un secreto a voces que el enemigo de los pueblos apuesta cuanto le resulte indispensable para acometer sus fechorías. Ahí esta el llamado que hizo el ultraderechista Pat Robertson para asesinarlo[19]. Ahí está la Historia recordando el exterminio de las generaciones que debieron encabezar la lucha revolucionaria al Sur del Río Bravo y sus nefastas consecuencias. Hay que evitar a toda costa repetir el episodio.
Otras enseñanzas de Fidel sobre la necesidad de estimular y alejar cualquier obstáculo que lastime la integración de Nuestra América aparecen en su reflexión titulada “Rabel Correa”, la cual fue divulgada por la prensa nacional y extranjera el pasado 4 de marzo, al calor de las maniobras Uribe-Bush II. En ellas se lee:
“No somos enemigos de Colombia –dijo Fidel–. Las anteriores reflexiones e intercambios demuestran cuánto nos hemos esforzado, tanto el actual Presidente del Consejo de Estado de Cuba como yo, de atenernos a una política declarada de principios y de paz, proclamada desde hace años en nuestras relaciones con los demás Estados de América Latina.
“Hoy que todo está en riesgo, no nos convierte en beligerantes. Somos decididos partidarios de la unidad entre los pueblos de lo que Martí llamó Nuestra América”.
No obstante, singular importancia reviste el contenido de sus reflexiones “El recorrido de McCain y el destino manifiesto de la IV Flota”, difundidas el 1ro de julio último, de la cual deseo significar lo siguiente: estamos en presencia de un magisterio digno de ser analizado por el movimiento revolucionario internacional –específicamente en América Latina y el Caribe– de cara a la contienda electoral en Estados Unidos, al margen de si resulta electo Obama o McCain[20].
Entretanto, en Fidel Castro aparece una profunda percepción de que “Otro mundo es posible” refleja desde la más legítima convicción martiana de que Patria es humanidad. En correspondencia, ha tributado a los primeros frutos de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y la Operación Milagro (ha mejorado y/o devuelto la vista a miles y miles de necesitados de nuestra región), de la mano de Hugo Chávez[21]. Es que él constantemente procura contribuir a la Globalización de la Fraternidad.
Entonces, abundan elementos para sostener que en el camino de Fidel Castro se percibe la integración de Latinoamérica y el Caribe como un proceso que apueste al bienestar y prosperidad de nuestros pueblos en contraposición de la Doctrina Monroe, es decir América para los yanquis. En una expresión, en él resalta la fórmula Latinoamericanismo vs. Panamericanismo.
[1] Fidel Castro. La historia me absolverá. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 25.
[2] Este trabajo es continuidad del título “Por la integración de Latinoamérica Simón Bolívar y José Martí”, publicado en este sitio.
[3] Baudilio Castellanos. Testimonio. En Mario Mencía. Fidel Castro en el “bogotazo”. (Abril, 1948). Tomado de Colectivo de Autores. Antes del Asalto al Moncada. Ediciones Unión, La Habana, 1979,  p. 26.
[4] Felipe Poza. Testimonio. En Mario Mencía. Fidel Castro en el “bogotazo”. (Abril, 1948). Ob. Cit., p. 24.
[5] Ver: Mario Mencía. Fidel Castro en el “bogotazo”. (Abril, 1948). Ob. Cit.,  pp. 30-38.
[6] Fidel Castro. Sierra Maestra (Oriente de Cuba). Nota a Celia (Sánchez) del 5 de junio de 1958. Archivo del Instituto de Historia de Cuba, La Habana.
[7] Fidel Castro. En la unidad está el futuro de nuestros pueblos. Cumbres Iberoamericanas. Anexo. La Integración Latinoamericana. Selección de textos 1959-1991. Editora Política, La Habana,  1999, p. 150.
[8] Ibídem, p.p.150-151.
[9] Ibídem, p. 152.
[10] Ibídem, p. 153.
[11] Ibídem, p. 180.
[12] Ibídem. En la unidad está el futuro de nuestros pueblos. Cumbres Iberoamericanas. Ob. Cit.,    p. 3.
[13] En la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile 2007 quedó evidenciado tanto lo positivo como lo negativo que estos eventos tienen para nuestros pueblos. A propósito, escribí: Es la hora de Latinoamérica [www.adelante.co, 12/11/07].
[14] Fidel Castro. Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas. Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Editora Política, La Habana,  pp. 47-48.
[15] Por ejemplo,  ver: Fidel Castro. Mensaje a los Jefes Estado y de Gobierno de los países miembros de la Comunidad del Caribe. Periódico Granma, La Habana, 5 de julio de 2003,  p. 8. Comunidad del Caribe. Periódico Granma, La Habana, 5 de julio de 2003,  p. 8; y su presencia en el Primer Encuentro Energético de Jefes de Estado y de Gobierno del Caribe efectuado en Venezuela el 29 de junio de 2005 (Periódico Granma, La Habana, 30 de junio de 2005, p. 4 –la dirección digital de Granma es: www.granma.cu). Además, estos y otros trabajos del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana se encuentran en: www.cuba.cu.
[16] Fidel Castro. Palabras en el acto de condecoración con la Orden “Carlos Manuel de Céspedes” al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías. En Tabloide Especial NO. 11 de 2004, La Habana,  p. 5.
[17] Fidel Castro. Intervención en el Primer Encuentro Energético de Jefes de Estado y de Gobierno del Caribe efectuado en Venezuela. Periódico Granma, La Habana, 30 de junio de 2005,  p. 4.
[18] Fidel Castro. El debate de la cumbre. Periódico Granma, 13 de noviembre de 2007, p.1.
[19] Ver “Llamado a asesinato de Chávez recuerda intentos anteriores de EEUU” en: www.almaglobal.blogspot.com, 24/8/05.
[20] Al respecto escribí: Advertencias de Fidel Castro [www.kaosenlared.net, 6/7/08].
[21] En los dos trabajos que cierran esta serie sobre la Integración de Latinoamérica, ampliaré acerca del papel de Hugo Chávez en este tema, particularmente en cuanto al grupo ALBA.
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