En busca de la libertad interior
KARMA: ELCOMPAÑERO DE VIAJE
Antes de iniciar la reflexión sobre este asunto esencial querría recordardos cuestiones previas ya conocidas:
- Una, la consideración de que cada uno es energía indestructible, como toda energía.
- Dos, que como energía eterna encarnamos en cada existencia en cuerpos materiales frágiles y poco duraderos.
Como energía trascendemos al tiempo y al espacio, más allá del tiempo y del espacio, que son percepciones mentales en los cuerpos encarnados. En el Más Allá, de donde procedemos como energía, no existen ni el uno ni el otro, pero el concepto de eternidad no es posible comprenderlo con la mente intelectual, que se nutre de datos espacio-temporales a la hora de ubicarse ante la realidad.
Podemos encarnar en vidas diferentes con cuerpos diferentes, en lugares, con personas, grupos sociales, trabajos, aficiones, diferentes. Ya que en el universo no existe el azar, la casualidad, por extendida que se halle esta idea, sino la Causalidad, que es algo mucho más lógica como rectora del Cosmos, nacemos en las circunstancias sociales y ambientales que van favorecer el encuentro con nuestras causas pendientes (karma) de esta o de otras existencias; con aquello que deberá ser reconocido y corregido para que deje de actuar sobre nosotros como fuerza impulsora. Por tanto no son casuales, sino causales, las diversas circunstancias en que encarnamos en cada existencia.
Los encuentros y desencuentros, los avatares diversos que tenemos con las personas que nos vamos encontrando en nuestras vidas son exactamente los que deben ser para darnos la oportunidad de corregir lo que debemos corregir: de recoger nuestra cosecha y transformar nuestra siembra. No es casual, por ejemplo, un súbito enamoramiento, el llamado flechazo. Tras el fuego de la pasión es fácil encontrarse con un deudor o una deudora de antaño, o con un aspecto de uno mismo que se revela como pendiente de cambio. Pronto aparecerán los conflictos que permanecían ocultos en el subconsciente, y que a la vez (y este es el lado positivo), nos aportarán datos desconocidos sobre nosotros que pueden conducirnos al crecimiento espiritual.
No es casual que en un encuentro con una persona cualquiera, fortuito en apariencia, nos encontremos tras la fácil sintonía inicial con alguien que en otra existencia fue nuestro enemigo, en quien suelen hallarse esos defectos que tanto aborrecemos y con los que hicimos daño a otros, (o a esa misma persona en otra vida). Son esas analogías las que acabarán dañándonos si no alcanzamos a reconocernos y corregirnos en su momento, esta vez a través de esa nueva relación,convertida en espejo    y en oportunidad para   solucionar lo pendiente.
Lo que tanto nos molesta, pues,del vecino, del amigo, de la pareja, se halla en nosotros. Pero está bien que nos moleste, porque al igual que sucede con los síntomas de las enfermedades físicas, este es  el modo de descubrir y cuestionarnos qué debemos corregir para hacernos justicia a nosotros mismos. En el plano espiritual sucede lo mismo, pero en este caso el aviso del síntoma procede de la conciencia espiritual, que es divina y previa la existencia como seres humanos.
¿Permitiría un padre humano que un hijo pequeño ignorase lo que le daña o que cargase con un pesado baúl por encima de sus fuerzas? Además de absurdo sería un acto de sadismo. ¿Acaso Dios, Padre de nuestra alma, permitiría lo que un padre humano ve abominable? Otra cosa es que en uso del libre albedrío uno no quiera enfrentarse a ese destino personal que se ha ido construyendo por la ley de causa y efecto por la que se cargó de ese karma que le hace sufrir, y tome decisiones escapistas (pasotismo, drogas, agresiones, provocación de conflictos, huidas hacia delante, suicidios, etc) antes que enfrentarse consigo mismo. Entonces todo queda pendiente, como quien tiene que limpiar la suciedad de una habitación y en lugar de eso se marcha. Efectivamente, es libre de marcharse, pero la habitación, que es su responsabilidad, espera a la vuelta, igual de sucia o más. Lo mismo sucede con las diversas existencias.
El karma determina el curso de nuestra vida. No es casual nacer con un defecto físico, en un país del tercer mundo, o en medio de una guerra, o el ser secuestrado, muerto en un bombardeo, tal vez asesinado, víctima de robo, etc. Todo esto lleva en sí una terrible carga dramática, una enorme carga de injusticias contra las que hay que luchar, pero, por duro que resulte el afrontarlo para quien lo sufre, lleva la misma terrible carga y el mismo dolor producido a otros por el mismo que ahora sufre: es la recogida de su propia cosecha. Nada es casual, nada absolutamente. Todo  causal,  rigurosamente científico.
¿Podemos esperar de los responsables de bombardear un país y matar a miles de personas que tengan, como almas de energía, una vida espiritual serena y un equilibrio emocional, físico y mental aquí o en los planos del Más Allá? Deberá reparar el daño hecho a otros. ¿En cuántas existencias terrenales? eso dependerá. ¿Cuántos de esos considerados grandes hombres que aparecen con letras de oro en los libros de Historia del ego humano: césares, generales, presidentes de países, obispos, papas, escritores, filósofos y dirigentes laureados en diversos campos no han sido sino seres perversos, criminales, manipuladores, individuos en fin que se cargaron de karma y deberán reparar los infinitos males infringidos a sus semejantes para poder limpiar su alma?
La enseñanza de las leyes del Karma es universal. Está presente en todas las filosofías espirituales, en el misticismo de todas las religiones, y en la tradición oral de todas las culturas.
El refranero castellano sentencia con gran sabiduría: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”.
Sin embargo, a menudo se vive de espaldas a la sabiduría acumulada por los sabios antepasados y no se acepta fácilmente la Ley de Causa y Efecto, por más científica que sea. En lugar de eso, cuando recibimos alguna dura lección de la vida, un reproche o una advertencia sobrenuestra forma de pensar, de actuar o de sentir, inmediatamente nuestro ego se encrespa, se siente víctima del infortunio,entona el pobrecito yo  y establece sus sistemas defensivos en lugar de hacerse preguntas. La primera reacción de ordinario es culpar a otros y no reconocer nuestra propia parte. Casi siempre pensamos que es el otro quien tiene la culpa, siempre hay alguien a quien cargar nuestra deuda. Igual que a menudo pensamos que son los otros los que tienen accidentes, se mueren, tienen guerras, etc. Así también actuamos en nuestras relaciones bajo esa misma filosofía cuando alguien nos daña: la maldad siempre es ajena. Esto tranquiliza mucho a nuestro ego, porque puede seguir reinando tranquilo hasta que se encuentre cara a cara con su destino a través de alguno de esos golpes de la vida. Así, aunque el defecto que no reconocemos sostiene en el trono al propio ego, este no ha limpiado su habitación.
Limpiar el Karma pendiente comienza por el reconocimiento de la parte de uno en el conflicto con los otros, por descubrir los errores propios, la viga en el propio ojo antes que la paja en el ajeno. Es Cristo quien nos dice: Reconócete, pide perdón y perdona. Y no vuelvas a hacer nada igual o parecido. Así es como nuestro Redentornos guía y libera de los golpes del destino por Su misericordia y Su compasión. Esta liberación es nuestra libertad verdadera, que nadie sino Él nos puede proporcionar.
La libertad es la primera condición de nuestra conciencia, pues libres fuimos creados como seres espirituales en el Reino de los Cielos y libres deberemos volver a ser un día. Por eso es sagrada la libertad, por eso es un bien tan deseado y por el que tanta sangre ha sido derramada: aunque sea inconscientemente todos aspiramos a ser tan libres como éramos en nuestro origen. Pero si queremos la libertad total y para siempre – y no conformarnos con migajas- antes es preciso utilizar nuestro libre albedrío para desembarazarnos del indeseable compañero de viaje que nos impide ser libres en esta existencia o en otras: el karma.
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#1
zheltyk|31-08-2009 01:22
¿Qué es esto? ¿Cómo publicáis esta barbaridad?
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#2.- no es ninguna barbaridad...
Zaratustra|31-08-2009 02:12
Es sólo una visión alternativa, distinta a la tuya, y tú no estás familiarizado con ella.
El problema nuestro es el EUROCENTRISMO, que nos hace pensar que nuestras visiones Racionalistas del mundo (incluyendo el Marxismo del Hombre Blanco...) son las únicas posibles, y NO es así.
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#3
zheltyk|31-08-2009 04:13
No, Zaratustra. Esto es una visión idealista y no demostrable de la realidad.  La espiritualidad  es parte del entender y del sentir  humanos, pero en ningún momento podemos dejarnos llevar por las concepciones acientíficas. La ciencia funciona con criterios de realidad, la espiritualidad funciona con parámetros suprasensibles, simbólicos...
Todo tiene su ámbito, y la espiritualidad no es el  adecuado para el ámbito de  las ciencias sociales. Y esto ocurre debido a que no nos permite avanzar en conclusiones útiles, aplicables, que permitan realizar cambios en la realidad. Esto ya sin tener en cuenta la pretendida objetividad moral de este fenómeno ideal llamado karma. Es absurdo presuponer una moral objetiva y obviar que el presidente de una multinacional tiene los mismos valores que un campesino cocalero de Bolivia. Son intereses de clase, no mandamientos. No retrocedamos.
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#4.- De acuerdo con Zaratustra
31-08-2009 14:33
Tenemos que superar el fanatismo que tanto deploramos,porque aunque parezca menos peligroso que el sistema capitalista, lo es mucho más, porque es justamente la madre de este sistema , de las iglesias y de todos los sistemas autoritarios que desprecian al individuo con justificaciones políticas, sociales,religiosas, filosóficas,de orden público o de cualquier otra índole.
Para comprender más a fondo el alcance del artículo sugiero la lectura de otros del mismo autor en Kaos que paso a enumerar:
"El crepúsculo del racionalismo".
¿"Qué siginifica ser antisistema"?
¿"De qué hablamos cuando hablamos de revolución"?
Se puede estar de acuerdo o no pero conviene razonar correctamente las posiciones. Creo que todos queremos el mismo mundo, y está bien que hablemos de cómo llegar a él.
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#6.- Que explique el "karmarada"
rosalba|01-09-2009 23:30
¡Qué bárbaro! Con razón dice Marx que la religión es el opio del pueblo. ¿Será que la clase explotadora tiene un “mas allá” propio desde donde le viene siempre la misma “clase” de energía,   "karmarada"?
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