También matan sus aliados, como hacen –oh, vergüenza- los soldados españoles en Afganistán sin que proteste el resto de sus conciudadanos exigiendo que vuelvan. Y es contagioso esto de la guerra allí,  pues hasta algunos, como los suecos, han olvidado su tradicional neutralidad y se han apuntado a la  contienda del amigo americano.  Porque aunque los gobiernos  españoles o suecos  no sean del club del átomo, les gustaría. Ya lo creo.
La historia desde la segunda mitad del siglo XX es que se fueron yendo en algunos casos los soldados que imponían el antiguo orden colonial en Asia y África. Ahora están la  ONU y la OTAN para sustituirlos junto a la diplomacia de las antiguas metrópolis, con sus cortejos de espías y delegados comerciales de las variadas multinacionales, mucho más efectivos y   letales todos ellos unidos a los gobernantes-títeres locales que los antiguos colonos y sus ejércitos…
Hoy, los gobiernos neocoloniales son encumbrados al poder (Irak, Afganistán) por ejércitos invasores y por las fuerzas más conservadoras y ricas de las    antiguas metrópolis. Corrompidos, endeudados económicamente y comprometidos a mantener los acuerdos que convienen a los poderosos amigos invasores se convierten en ideales aliados sumisos. Esos amigos y sus sumisos aliados son los encargados de hacer los negocios de alto nivel, los que presionan aquí y allá para conseguir sus propias ventajas comerciales, los que endeudan a sus países con el FMI o el Banco Mundial, y producen divisiones internas y nuevos conflictos cuando les interesa derrocar a algún dirigente que no satisface sus expectativas o las de sus amos aliados.
Entre tanto, los miembros del club del átomo firman los artículos sobre derechos humanos con una mano mientras venden sofisticados equipos militares con la otra. La esquizofrenia aplicada a las malas artes.
El negocio de las armas y otros.
La venta de armas y equipos relacionados con la guerra, ha aumentado sin cesar con los conflictos permanentes, los ejércitos revestidos de diversas misiones (humanitarias - ¡!¿?), de “intervención rápida”, o directamente, de invasión-ocupación.
El año 2005, según el Instituto Internacional de Investigación por la Paz (SIPRI), de Estocolmo, los gastos militares mundiales encabezados por los EEUU, ascendieron    a tal cantidad que   que dividida entre los habitantes del Planeta supondría   unos 2000 dólares por habitante.  Cuando se sabe que más de mil millones de personas viven con menos de un dólar diario, fíjense qué fácil es resolver el problema de la miseria en el mundo: basta suprimir el comercio de armas. Pero ¿quién puede impedirlo ahora mismo, si hasta hacen furor entre mayorías de jóvenes y menos jóvenes los juegos cada vez más violentos y sofisticados   de sus pantallas?La energía que da pie a todos esos actos abominables en parte es odio, en parte es desprecio a la vida propia o de los otros, apego -por quienes lo tienen- al poder y a la propiedad de industrias,  dinero, mercancías y otros bienes, en parte sumisión pasiva de los ciudadanos a los ricos a los   poderosos que rigen los países.
De  modo que los  gastos en guerra   senutren de los impuestos que el pueblo paga, y  con esto  la riqueza social se desvía hacia minorías  que  se benefician con los conflictos bélicos. 
En EEUU, por ejemplo, a pesar de las enormes cantidades de impuestos que se recaudan, el enorme gasto militar desde que comenzó la invasión de Irak ha venido a coincidir con una recesión económica que está afectando a la economía mundial junto a otros factores añadidos, como el precio del petróleo y  las fraudulentas   sociedades inversoras de riesgo  que han llevado a   un desempleo creciente.
El petróleo, las industrias químicas y farmacéuticas, los alimentos transgénicos, el biodíesel, y los controles políticos, militares y financieros sobre los países pobres pero  ricos en materias primas con economías y gobiernos débiles,son el verdadero campo de batalla mundial de las multinacionales,apoyadas siempre por ejércitos uniformados o no, privados o públicos.
En zonas acordadas previamente tras largas reuniones secretas, los miembros del Club Atómico se reparten las áreas del mundo donde pueden intervenir militarmente sin molestar a los otros,  en las suyas. Sólo tienen permiso para hacer lo que les parezca en los países acordados, aunque luego se hagan trampas a las que llaman juegos políticos. A la vez, tratan de impedir la aparición de nuevas potencias ideológicamente contrarias al Club Atómico, como es el caso de Irán, que obligasen a redistribuir el festín del pastel internacional. El papel oficial de foro mundial de los poderosos para controlar a los débiles lo cumple la onU,organización internacional de las naciones desunidas, que administra las políticas mundiales de rapiña y guerra al servicio de los más ricos y militarmente poderosos siempre  con aparente    legitimidad y   unión y siempre en real desconfianza, poniéndose zancadillas bajo cuerda unos y otros.
Cuesta mucho que los pueblos se unan, pero más aún cuesta a los ricos confiar entre sí, porque saben que la codicia de cada uno de los otros es igual a la propia o todavía mayor.Pero no se enfrentan a tiros entre los miembros del Club, pues en vez de guerrear, algo muy peligroso y aventurado dadas las armas de que disponen, prefieren mostrar algunas de ellas en aparatosos desfiles para demostrar su poder ante otros y dar seguridad y miedo a sus propios pueblosm para que no se rebelen.. Después  llevan a la práctica   el Risk y al Monopoly, (esos abominables juegos inventados por el capitalismo para iniciar a los jóvenes en el juego adulto de sus dirigentes), combinando ambos, con los resultados negativos que tenemos que sufrir en todos los casos. Ganen o pierdan los que compiten, siempre perdemos los demás: ellos, nunca. Siempre ganan, aunque algunos ganen menos en cada partida con resultados sangrientos. En todo caso algunos no ganan tanto como se propusieron. Los pueblos, desde luego, pierden siempre, pues si los gastos militares aumentaron, los gastos sociales, en cambio, se fueron reduciendo a nivel mundial para mantener guerras. Y nosotros, los contribuyentes ciudadanos uno por uno, somos el almacén seguro de suministros de energía en sus juegos de comercio y poder cada vez que les votamos y cada vez que nos dejamos llevar por sus mentiras programadas.
La cumbre de la FAO con los representantes de casi doscientos países fracasó, como lo hacen todas las cumbres de gobiernos y jefes de Estado en cada ocasión, pero nadie es capaz de decir en alta voz las causas profundas, lo que supondría revisar de "p" a "pa" los fundamentos del orden capitalista. Y entre tanto los pueblos tan pasivamente sufrientes como divididos e impotentes; tan fuertemente ignorantes, excepto minorías activas y comprometidas, como atrapados en las redes de pensamiento materialista que el Sistema le tiende, tan incrédulos para la verdad y tan crédulos y pacientes con las mentiras y manipulaciones de quienes les gobiernan y de los que controlan la opinión pública. Sin embargo, son los únicos que pueden hacer que cambien las prioridades de la distribución de la riqueza mundial, empezando por exigir inversión en justicias sociales y cierre de las fábricas de armas, algo impensable hoy.
Lo que dan de sí nuestros impuestos y otros
Con los impuestos de los españoles se invirtieron el año 2008 en gastos militares la friolera de 18.926,83 millonesde euros. Esto en plena crisis económica y laboral.  Mientras me   pregunto de quién tenemos que defendernos para semejante inversión antisocial  miro los gastos militares más actuales de que dispongo   del mundo llamado civilizado (para entendernos) y les paso la cifra  al   16 de junio del 2007: mil doscientos cuatro BILLONES de dólares. Después aumentó. Todos estos datos  los sigue   proporcionando el Instituto Internacional de Investigaciones Para la Paz, de Estocolmo .Y si desean  más información y encontrar fuentes pacifistas sólo tienen que teclear en su ordenador la palabra mágica GASTOS MILITARES MUNDIALES.
El 63 por ciento del comercio de armas mundial corresponde a Estados Unidos y el 29 por ciento a Europa, con Inglaterra y Francia a la cabeza. China, Japón e Israelson otros grandes inversores en este vergonzoso negocio con la sangre de los pueblos por medio.
Esta política diaria de rapiña y guerra que vemos todos los días y que hace posible la existencia de armas es propia del mundo primitivo, todos los sabemos, y no debería corresponder hoy a un mundo civilizado, ¿no es cierto? Entonces podríamos preguntarnos: ¿Acaso es este un mundo civilizado? ¿Es este el Progreso que prometían los ideólogos del capitalismo, de la libre competencia, del esplendor tecnológico y el “mundo feliz madeinusa”...con su sueño americano para ser exportado?
¿Para qué tantos museos, tantas universidades y centros escolares, tantas bibliotecas y tanta información, tanto Internet, si en cualquier momento es posible que una nación supuestamente civilizada – que nunca deja de fabricar armas para superar a las de la competencia- es capaz de invadir a otros o enzarzarse en una guerra civil, como en la civilizada Yugoslavia, cuya sascuas arden aún en Kosovo?... ¿De qué sirve la cultura sin conciencia moral?
¿Es normal todo esto? ¿Quién se opone? ¿Acaso el Vaticano, que admite las guerras, puede oponerse? ¿Acaso algún presidente de algún gobierno “democrático” se opone a los bombardeos norteamericanos sobre Irak, Afganistán, Somalia o donde les convenga,que matan y aterrorizan a la población civil sin guardar siquiera las formas de la elástica legalidad internacional para justificar estos crímenes? Y qué vergüenza ver cómo calla y se doblega la llamada “comunidad internacional” incluido el gobierno títere del propio país bombardeado, como sucede en Irak o en Afganistán.
Qué vergüenza de políticos mundiales, que consienten intrigas continuas, presiones, amenazas y matanzas que lleva a cabo en todo el Planeta el consorcio militar-industrial neoliberal representado principalmente por los Estado Unidos y sus aliados europeos e israelíes.
Así que no existe eso que creíamos: que vivíamos en sociedades donde el Progreso y la Civilización había ganado la batalla a la barbarie. La barbarie está en plena vigencia. La Bestia está suelta. Pero cuidado: también está al acecho en nuestra propia conciencia.
Usted mismo… y todos nosotros.
Tal vez nos convendría analizarnos con absoluta sinceridad por si nos hemos contaminado de los principios de la barbarie impuesta y consentida tanto tiempo y vuelto demasiado permisivos con nuestra propia barbarie individual bien custodiada en el subconsciente, ese baul de sorpresas que todos tenemos?
¿Hasta qué punto albergamos energías destructivas y autodestructivas como odios, agresividad, guerras –aunque sean de pensamiento- contra esta o aquella persona o hasta contra uno mismo, que corroen el interior? Todas esas energías no se pierden, se manifiestan antes o después , incluspo en forma de enfermedades propias, y contribuyen a aumentar la agresividad personal, los deseos de venganza y otros sentimientos que son los que vienen a alimentar el militarismo finalmente.
Creo sinceramente que no es posible avanzar un paso hacia la paz mundial sin haber eliminado de nuestra conciencia los sentimientos negativos que hacen posible las armas y las guerras.
En cada guerra hay hombres antes que máquinas de matar, y el corazón de cada uno es el único lugar en donde reside la capacidad de hacer la paz con su prójimo. Si activamos esta energía, todos los cañones silenciarán sus bocas para que al fin pueda cantar la humanidad en vez de llorar cada día por sus muertos.
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