Decenas de miles de trabajadores salieron a la calle en apoyo a Delphi
Todos los gobiernos del PSOE en la historia han sido elegidos en base a promesas de mejores y más estables empleos, mejores sueldos y una mejor calidad de vida para los trabajadores. La realidad es que cuando el capital ha necesitado una reestructuración del mercado de trabajo para aumentar sus beneficios, ahí estaban Felipe González o Zapatero para cumplir, esta vez de verdad, las otras promesas hechas a las clases dirigentes.
Con el primer gobierno de Felipe González, en los años ochenta, tanto la estrategia empresarial como las leyes laborales impuestas por el PSOE tenían el objetivo de reestructurar profundamente la industria. Felipe González, Miguel Boyer, Ministro de Economía, Carlos Solchaga, Ministro de Industria y una alta representación de la patronal CEOE firmaban en 1984 el Acuerdo Nacional de Empleo. La promesa electoral de crear 800.000 puestos de trabajo, no solo no se cumple, sino que la reconversión industrial supone la destrucción de cientos de miles de empleos. Solo en Galicia, Asturias, el País Valencià y Euskadi se ven afectadas por esta reestructuración más de 650.000 personas. Astilleros Españoles, que en 1984 contaba con cerca de 25.000 trabajadores, apenas cuenta en la actualidad con 5.000.
Hoy en día el ejecutivo de Zapatero, a pesar de su “talante” está impulsando otra reestructuración de la industria. Solo el año pasado se destruyeron en el sector industrial 94.800 empleos. En el primer trimestre de este año el número de trabajadores que se han visto afectados por Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) ascendió a 21.374, un aumento del 75,9% respecto al año anterior, según datos del Boletín de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo.
Todo esto contrasta con las cifras que presentó hace poco Zapatero que tachó de “excelentes”, en su flamante Informe Económico, delante de todos los empresarios del país en la Borsa de Madrid. El escenario de presentación nos pueda dar una clara idea de para quien y en beneficio de quien va dirigido este informe. Cuesta de imaginar a Zapatero presentando este informe frente a los trabajadores en huelga en la planta de Cádiz de Deplhi. Más difícil aún parece que el PSOE se atreviera a presentar frente a los trabajadores su otro gran informe elaborado por su Secretaria Económica: “España en el mundo: motivos para el optimismo”. Dónde no solo expone su idea de que la economía española va bien para todos y todas, sino que se jacta del el hecho de que en el Estado español los impuestos para los ricos son de los más bajos de Europa y los beneficios de las empresas que invierten aquí están entre los más altos de la UE.
Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística afirman que la economía española no deja de crecer. A pesar de eso los trabajadores han perdido un 4,4% de poder adquisitivo. Mientas las familias más ricas del país han multiplicado por 3 su patrimonio, constituyendo un proceso de concentración de riqueza escandaloso, sinedo el país con mayor crecimiento del número de millonarios de Europa junto a la Rusia de Putin.
Pero lo más contradictorio es que el sector que más ha crecido según el Informe es el de la industria (5,1%) por delante del de la construcción (4,9%). ¿Cómo puede ser que uno de los sectores dónde se destruye más empleo sea uno de los que crece más? La respuesta esta en las políticas económicas que ha seguido el PSOE siguiendo los “consejos” de la patronal. La idea es tan vieja como el propio capitalismo: los trabajadores tienen que trabajar más y más horas, es decir más explotación laboral. Como indica el Informe Económico del Gobierno se tienen que “combinar mejor” las horas trabajadas y la productividad. El último trimestre del 2006 la productividad por horas trabajadas en la industria aumentó un 4,6%. Eso, según la teoría capitalista tendría que repercutir en un aumento del trabajo y los sueldos. Nada más lejos de la realidad.
Lo único que aumenta es la temporalidad y la precariedad en el trabajo. Muchos de los despidos son provocados para más tarde contratar otra vez a trabajadores con menos derechos y en condiciones mucho peores. Con la tasa de temporalidad más alta de Europa y con la creación de empleo fijo, pero en condiciones mucho peores que antes, los “motivos para el optimismo” solo son para una minoría de ricos.
Pero ante este panorama de despidos y deslocalizaciones ¿Cómo pueden luchar los trabajadores? Las esperanzas que muchas veces ponen los sindicatos en las administraciones —por ejemplo en la Junta de Andalucía y la jueza que llevaba el caso en el caso de Deplhi—muestran la falta de confianza en las huelgas como forma de lucha y resistencia. Muchos trabajadores y sindicalistas se preguntan ¿Qué sentido tiene una huelga si se van a llevar la fábrica a otra parte?La idea de que ya no es posible luchar porque sino se llevan las empresas a otro país está muy extendida, pero no deja de ser una simplificación de la situación.
Una de las características de la globalización es la conexión de la producción en diferentes sitios del mundo para hacer un mismo producto final. Esto a la hora de la verdad hace aún más vulnerables a cualquier tipo de acción o huelga a las compañías.
El mejor ejemplo de esto lo tenemos en la huelga de las diferentes plantas de Deplhi por toda Europa dónde pararon más de 15.000 trabajadores en solidaridad con sus compañeros de Puerto Real, pero también porque saben que los próximos pueden ser ellos. Los paros duraron pocas horas, pero la extensión de esta huelga podría haber sido un primer paso hacia una movilización mucho mayor. Las recientes huelgas de los trabajadores de Delphi en México son otro ejemplo de las posibilidades de la globalización de las resistencias.
Otro ejemplo más cercano es la reciente victoria contra la precariedad de los trabajadores del sector naval en Vigo. Después de 10 días de huelga y acciones consiguieron forzar a la empresa a pasar el 45% de sus trabajadores temporales a fijos. Una de las razones de esta victoria es el miedo que les entró en el cuerpo a Gobierno y patronal cuando los trabajadores les anunciaron que si no se llegaba al acuerdo anunciado, la convocatoria se iba a ampliar a todo el sector del metal, y al día siguiente se unirían Citroën e Indugasa. De haberse llevado a cabo esta convocatoria, la huelga se podría haber extendido a más de 40.000 trabajadores.
En estos procesos la ocupación de la fábrica es un punto clave, ya que evita que la empresa desmonte las maquinas y se las lleve a otra parte. Además es un método para presionar al Gobierno y reclamar la nacionalización. La planta de Deplhi recibió ayudas por valor de 14,3 millones de euros. ¿Por qué no optar por la creación directa de empleo público en lugar de subvencionar a empresarios que más pronto o más tarde se llevaran la empresa?
Pero para conseguir todo esto se necesita movilización, concienciación y solidaridad. La globalización y sus deslocalizaciones no significan que la resistencia no sea posible. Al contrario, si se lucha, el impacto puede ser mucho mayor.
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