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La difusión y criminalización del concepto "antisistema" en los mass media, prepara el camino para la represión
Los mass media, con motivo de la revuelta popular durante la cumbre del G-20, consolidan el significado negativo del concepto "antisistema", que pronto se aplicará contra toda forma de disidencia.
Javier Alarcos Gálvez | Licenciado en Filosofía | 2-4-2009 a las 22:12 | 2147 lecturas | 8 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/difusion-criminalizacion-concepto-antisistema-mass-media-prepara-camin
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El tratamiento que los mass media dieron en los espacios informativos a las multitudinarias manifestaciones en Londres contra la reunión del G 20, evidencia la necesidad de iniciar una discusión alternativa que informe al ciudadano sobre el auténtico significado del concepto “antisistema”, o al menos, de abrir un foro de debate gracias al cual pueda ser fijado dicho concepto, salvándolo así de la inminente caza de brujas que prepara su significado negativo, y cuyo terreno se está allanando gracias al bombardeo incesante de estos medios de gran difusión.

La estrategia de los medios ha sido bien sencilla y los lectores asiduos de kaosenlared están familiarizados ya con artículos donde se analizan detalladamente sus sucias técnicas para construir la figura del antisocial, del enemigo. La crisis del capitalismo global, y la crisis social y laboral que está produciendo, está revelando una verdad que hasta ahora había permanecido latente: a más descontento social, más se ve dónde están los mass media, junto a quién se alinean. Y precisamente estas estrategias para construir la figura negativa del “antisistema” son las que ponen de manifiesto, ya a las claras, que detrás de la pretendida objetividad de la información, de esa seriedad de los trajeados presentadores, no se esconde más que la manipulación masiva de la opinión pública para que respalde el statu quo y por tanto las medidas aprobadas por los gobiernos occidentales pro-capitalistas, que después del expolio del mercado mundial y los recursos naturales, han fijado sus afilados ojos de lobo en las arcas públicas, donde está el dinero del contribuyente, del obrero. En efecto, los gobernantes sólo buscan ganar tiempo para que nada cambie o incluso para que los cambios a peor sean asimilados por la insatisfecha población desde la imperiosa necesidad de salvar la macroeconomía, entendida ya como una absoluta abstracción disociada totalmente de las exigencias de igualdad social y de prosperidad, es decir, un estatu quo que ya no se caracteriza sólo por desplegar un capitalismo brutal, voraz, sin fronteras, desmadrado, sino además por el miserable mundo al que nos está abocando. El capitalismo es ahora un viejo enfermo, pestilente, que se resiste a morir y que amenaza con envenenar la realidad.

Aquí están alineados los mass media. Ellos vuelven a recoger la imagen de un pueblo (en este caso en Londres) al que caracterizan de pertenecer a la izquierda radical (demonizándola así) y de estar compuesto por elementos antisistema. La inmaculada representación de la democracia y la concordia, presente en la composición formal de los espacios informativos y las tertulias políticas (el teatro de la democracia), contrasta con ese pueblo embrutecido, asesino, beligerante, al que hay que domesticar a través de la intervención quirúrgica del experto en materias sociales. Y el que protesta en serio, más allá de la pantomima, de lo políticamente correcto -permitido- es conducido hacia el concepto de antisistema, que es, a saber: aquel elemento absolutamente desquiciado, salvaje, desinformado, que se mueve en contra de la civilización, que sólo busca la destrucción por la destrucción.


Si la sociedad es un sistema, el antisistema está en contra de ella. Pero, por otro lado, si se han encargado bien de dejar claro que el “antisistema” es un elemento puramente negativo, logrando así con ello aislar los movimientos sociales de protesta del resto de la sociedad civil, también es cierto que la estrategia incluye la indefinición del concepto, la absoluta ambigüedad, gracias a lo cual se amplía enormemente su campo de aplicación y, si llegara a tipificarse en el código penal -y esto sucederá, pues para ello es el discurso mediático-, de acción e intervención.

Es sólo antisocial, pero no es más nada. No posee un contenido positivo. Esto entraña un peligro enorme cuyas consecuencias ya se advierten en las zonas de población donde la ambigüedad del concepto “terrorismo” sirve a una clase política relacionada directamente con intereses económicos y mediáticos para barrer por la vía judicial cualquier obstáculo que impida su libre y encarnizado desarrollo o sencillamente ponga alguna objeción al mismo. El mundo vuelve a estar revuelto, y ahora más que nunca el capital necesita de todas sus estrategias para organizar una realidad a su medida.

El concepto “antisistema”, así entendido, está siendo repetido continuamente en los mass media. Rebota en discursos junto con las palabras y las imágenes del horror, del terror, del caos, de la maldad, de la deformidad social que necesita ser intervenida, un rebotar que produce ese eco infinito gracias al cual se filtra en las conciencias de la ciudadanía. Es el proceso previo de lavado de cerebro necesario para la intervención policial y judicial. Pronto los sujetos disidentes comenzarán a abarrotar las cárceles en calidad de “elementos antisistema”

La ambigüedad del concepto se alía en este punto con su carácter puramente negativo: Se podrá objetar cualquier medida política sobre la economía o la sociedad siempre y cuando se haga desde unos parámetros claramente establecidos que son cada vez más estrechos y limitados, caracterizados en el estado español por la omnipresencia de dos posturas en apariencia antitéticas (PP y PSOE), pero en complicidad para gobernar ellas el espacio de la decisión política. La objeción ha de moverse en este ámbito, y ni siquiera es hecha por la ciudadanía, sino por los agentes que dicen representarla más directamente, los sindicados oficiales, la patronal, y los periodistas que dicen ser la opinión pública total, correlato televisivo de la parafernalia de la democracia a la que asistimos en las imágenes sobre las Cortes. Estos son los límites de la libertad de expresión. Ahora bien, cualquier alternativa que ponga en duda el sistema en general, que lo critique desde fuera, objetivándolo para destacar sus vicios y corruptelas y así proponer formas de vida distintas, será inmediatamente tachada de antisocial, de antisistema.

La seriedad y repetición con que este concepto está circulando en los mass media hace suponer que preparan el terreno para su inclusión en el código penal. De aquí a no mucho el “antisistema” estará tipificado y entonces se podrá intervenir policial y jurídicamente cualquier elemento social sospechoso de disentir con la versión oficial y el estado de cosas actual. La crisis financiera y de producción generará unas condiciones de vida tan pésimas que los poderes necesitarán de estas artimañas para desactivar y enjaular los movimientos sociales que protesten y se presenten con alternativas reales a una forma de vida que comienza a hacer aguas. El enemigo público no será sólo el “terrorista”, sino también, y más incluso quizá en el plano ideológico que aquel, el “antisistema”. Los pensamientos que queden fuera de lo políticamente correcto, que choquen con lo que los poderes antidemocráticos dispongan que se puede pensar, deberán ser suprimidos de inmediato y apartados de la circulación, pues sólo así el famoso G 20 (y cada gobierno en su respectivo país) podrá seguir reuniéndose para hacer creer a la opinión púbica que los conflictos entre políticos de distintas naciones son reales, cuando en el fondo no son más que argucias para realizar lo único que saben y pueden hacer, ganar el tiempo que el capital necesita para seguir sustrayendo hasta la última gota de sangre de los obreros.

¿Qué es, pues, en un sentido positivo, más allá del sermón de los mass media, el “antisistema”? En realidad, este concepto tiene truco, pues como tal, como individuo antisocial, el antisistema no existe, carece de existencia real. De hecho, sólo un movimiento en la larga historia de la Humanidad puede caracterizarse por ser directamente antitodo, es decir, en esencia negativo, y ese movimiento ha sido el fascismo. En realidad, si tuviéramos que conceder alguna realidad al concepto de antisistema, éste se encarnaría mejor que nada en la figura de los elementos fascistas que cada vez campan más a sus anchas por la sociedad con el consentimiento de los poderes políticos conservadores, pues ellos pueden contener cualquier disidencia social con pretensiones de un auténtico cambio. Esto ya ocurrió una vez con dramáticas consecuencias.

Pero el fascista no es un antisistema porque ya tiene su propia denominación. Entonces... ¿qué es? ¿A qué llaman los mass media antisistema? Veamos esto con detenimiento, pues es de vital importancia que el ciudadano preocupado que lea este artículo se informe bien y de una vez por todas para que pueda luego formularse un juicio propio y crítico tanto con los medios, como con los políticos, pasando por supuesto por los movimientos sociales de protesta contra el capitalismo.

La cuestión central es que los “movimientos sociales” no son nunca antisociales, ni antisistema. Ante las calamidades que está produciendo una sociedad basada en la persecución egoísta de la riqueza sin límites, que tiende a concentrarse en pocas manos, realizan un doble gesto: de una parte, critican esta proceder y ponen así en evidencia cuál es la realidad que se esconde detrás del discurso oficial de democracia, crecimiento económico sostenido, justicia, libertad e igualdad. Y de otra parte, proponen alternativas, formas de vida que apuntan a otro mundo posible, mejor. Estas alternativas que proponen los movimientos sociales de protesta, todas ellas sin excepción, llevan implícitas las exigencias de justicia social que el estatu quo dice representar y hasta defender. Precisamente, es la decepción reinante (y esto es lo que se ha manifestado en el pueblo contra el G 20), es la increíble distancia que existe entre el discurso idílico de las democracias occidentales y las condiciones reales de existencia -cada día más miserables y sin visos de mejorar- lo que impulsa y da fuerza a estos movimientos sociales alternativos.

¿Pero qué sucede cuando un movimiento social protesta contra la forma de producción capitalista y la mentalidad neoliberal que le sirve de respaldo e ideología, proponiendo así formas alternativas de producción de bienes y, por tanto, de relaciones sociales? ¿Qué sucede cuando lo que se pone en cuestión es el modelo capitalista actual, caracterizado por la globalización y la depredación absoluta? Las consecuencias de tal protesta sólo se entienden si se tiene en consideración que la realidad del capitalismo ha invadido cada uno de los rincones del mundo. En las democracias Occidentales, el ordenamiento jurídico -todas las leyes, las derivadas y las fundamentales- y las relaciones sociales en general están configuradas por el capitalismo actual. Por tanto, y este es el punto clave, cuando se pone en cuestión el sistema capitalista, cuando se denuncian sus excesos, los poderes recurren al concepto de “antisistema” para no verse en la necesidad de dialogar con los movimientos sociales, para no concederles ningún espacio, para no darles tregua ni oportunidad.

El pensamiento único y totalitario propio de los fascismos llama a la puerta de Europa y del Mundo a través de una democracia liberal mundial que se repliega contra toda alternativa y traiciona su esencia, fundamento y justificación: el entendimiento mutuo y la tolerancia. Parece como si ya sólo faltara que este pensamiento único e intolerante que se configura desde el Estado de Derecho se concretara en una forma de gobierno despótico ya no a escala nacional (como el nazismo, que aunque era de carácter universal tenía su raíz en la nación) sino mundial.

En este contexto, cualquiera que presente una alternativa al capitalismo está poniendo en cuestión el destino total implicado en la sociedad Occidental, y cuando digo sociedad me refiero a todo el conjunto de instituciones, moldeadas en último término por el capitalismo. Es decir, el que se presenta reivindicado formas de vida que realmente cumplan con las exigencias de justicia social y convivencia pacífica que promueve el discurso democrático, está poniendo en cuestión el destino inscrito en el ordenamiento jurídico global, está luchando contra la sociedad capitalista en su conjunto, que es ley universal. Y esta es una forma de protesta que los poderes, aferrados a sus sillones, excesivamente crecidos, incapaces de ceder ni un centímetro de su posición, incapaces de realizar la más insignificante concesión, no están dispuesto a tolerar. Antes la aplastarán.

El concepto negativo de “antisistema” pronto permitirá una actuación judicial concreta. No hará falta esperar a que se destruya mobiliario urbano para aplicar una ley de vandalismo, sino que la propia noción de “antisistema” valdrá para juzgar formalmente a los disidentes. El poder en democracia, en el Estado de Derecho, que se caracterizaba precisamente por compartir el espacio junto con otras formas, por dejar huecos, por basarse en el diálogo, una vez que ha dominado los mass media, se vuelve avaricioso. Lo quiere todo, y el activista irá pronto a la cárcel igual que iban ayer los compañeros anarquistas, socialistas o comunistas, ya no por disturbios sociales, sino por lo que es, activista, por disidente. ¿Quién es, pues, el antisistema, quién irá a la cárcel, quién será quien se revele contra la miseria, el desempleo, los bajos sueldos y el despido libre?


El "antisistema" que construyen los medios es el que se prevee, dadas las actuales circunstancias y la futura miseria, que proteste con más energía: el obrero, y para él, en tanto que antisistema, habrá cárcel si se le ocurre protestar. Esa es la estrategia. Ese es el futuro que nos aguarda. Porque, lo que quiere en capital, lo que ha querido siempre y querrá en el futuro, no es generar progreso, ni dar trabajo (como dice aquí la patronal) sino reducir al obrero a la vida más miserable para aumentar así la plusvalía. Es la vieja fórmula. Es la realidad.

http://javieralarcos.blogspot.com/2009/04/quien-sera-el-antisistema-que-se.html
 
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Comentarios (8)

#1

03-04-2009 00:13

Artículo buenísimo, verdades como puños. Muy buen análisis de lo que ocurrirá a continuación. Felicidades, esperemos que no sea así (ya es jodido estar en la cárcel por recibir una pelota de goma al manifestarte pacíficamente). El día en que se tome esa ley, disturbios.

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#2

themyla|03-04-2009 01:06

Ya sabemos por Carl Schmitt que son los estados nazi-fascistas los que se imponen a base de crear un enemigo, bien sea interno o externo. El concepto de antisistema quiere ser hoy la vaga abstracción sobre la que podrá recaer toda la violencia del poder establecido. Pero no nos engañemos, bien sabemos históricamente que el concepto de enemigo, se esconda tras el término que se esconda (rojo, masón, judío y en este caso, antisistema) será utilizado una vez más contra el inocente, contra aquel que en último término reclama justicia, esto es, como bien dice el autor de este artículo: contra el pueblo. Este pueblo sufriente de las consecuencias de un capitalismo desalmado que una vez más nos sumerge en la miseria.

Genial el artículo. No a los mass media!!!!

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#3

03-04-2009 01:09

Porque  estan prisioneros tanta  y tanta gente de  grupos o partidos vascos ? porque la ilegalizacion  de todos ellos  ?      por  llevar tantos años siendo àntisistema`   hasta que como dices los` democratas` no lo han soportado mas porque se les molestaba ya demasiado  y se buscaron sus actuaciones judiciales muy concretas

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#4

Alfonso|03-04-2009 06:11

Felicitaciones por el artículo, hacía tiempo que el  uso estigmatizador del vocablo "antisistema"  me resultaba chirriante y me parecía que el uso que se hacía de él no tenía - ni tiene- otra función que la de segregar a toda disidencia, y a todo disidente.

Por lo demás, el uso insistente que los pijo-periodistas hacen del vocablo como tópico y muletilla no se aguanta ya más: no sólo pone en evidencia que trabajan para el sistema y ni siquiera tratan de disimularlo; sino que pone también en evidencia su ignoracia y su pobreza de espíritu...

Y es que, en realidad, la suspuesta "profesionalidad" basada en la "neutralidad informativa" que predican les convierte en realidad en unos pro-sistema incapaces de trascender su mirada pija sobre el mundo... 

¡ POTENCIEMOS LOS MEDIOS DE  COMUNICACIÓN ALTERNATIVOS !

¡DEMOS LA ESPALDA A LOS MEDIOS PROSISTEMA IGNORÁNDOLOS !

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#5.- UNA NUEVA LEY DE VAGOS Y MALEANTES

CUARTA MOVILIZACION|03-04-2009 12:35

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#6.- UNA NUEVA LEY DE VAGOS Y MALEANTES

CUARTA INTERNACIONAL|03-04-2009 13:02

ABUNDANDO UN POCO EN EL ARTICULO CREO QUE LA BATALLA DEL LENGUAJE ES LA PRIMERA QUE ESTAN GANANDO (  MEJOR DICHO YA HAN GANADO)  LOS MEDIOS DE COMUNICACION BURGUESES.
DETRAS  DE   ELLA VIENE  LUEGO LA BATALLA DE LAS IDEAS : EN ESTE MUNDO DE PENSAMIENTO UNICO Y DICTATORIAL    SE ESTA EXTENDIENDO LA IDEA  DEL ANTISISTEMA ( ASIMILADA A ANTISOCIAL)  COMO DE  PERSONAS AMANTES DE LA DESTRUCCION PORQUE SI  Y A LAS CUALES LES MOLESTA LA ARMONIA Y EL BIENESTAR, SON PERSONAS QUE SOLO BUSCAN EL CAOS  Y LO MAS IMOPORTANTE  : NO PROPONEN NINGUNA ALTERNATIVA VIABLE Y DEMOCRATICA AL SISTEMA ACTUAL ( LO CUAL ES RIGURROSAMENTE FALSO).
SON COMO LOS NIÑOS MALOS DE LA CLASE.
DETRAS DE ESTO VENDRAN AMPLIACIONES A LA LEY DE PARTIDOS (QUE SERIA UNA CONTINUACION DE UNA LEY DEL FRANQUISMO DENOMINADA DE VAGOS Y MALEANTES  )  COMO LA PROLONGACIÓN   DE  LA QUE METIO EN LA ILEGALIDAD ( Y EN LA CARCEL,POR SUPUESTO)  A UNA PARTE IMPORTANTE DE LOS CIUDADANOS VASCOS ( MILITANTES O SIMPATIZANTES DE LA IZQUIERDA ABERTZALE). ESTA LEY  SE PUEDE AMPLIAR A ANARQUISTAS Y A LOS AUTENTICOS COMUNISTAS ( NO A LOS DEL PCE).
AL FINAL, LA IGLESIA , LOS MILITARES, LOS BURGUESES VOLVERAN CON EL CUENTO DE 1936 :  LA PATRIA ( EN ESTE CASO EL ORDEN  ,EL BIENESTAR,LA ECONOMIA,  LA PAZ  ETC.)  ESTAN EN PELIGRO Y VENDRAN  NUEVOS CAUDILLOS QUE NOS GUIEN POR EL FASCISMO HACIA RUTAS IMPERIALES.

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#7.- al comentario 4

el autor|03-04-2009 23:53

El caso es que muchas veces he pensado eso mismo, que siendo sólo un medio de difusión de mentiras dispuesto para manipular a la gente, lo mejor sería darle la espalda directamente. Ojalá todo el mundo lo hiciera de pronto. De hecho, no pienso que exista una forma positiva de ver los medios, es decir, de protegerse contra sus mentiras. Están tan en las manos del capital y los oscuros intereses que pensar en los posibles engaños que encierra podría llevarnos incluso a la paranoia, y esto no porque seamos más o menos paranoicos, sino porque tenemos claros indicios de que, con respecto a los medios, y dado las manos y los intereses en que están depositados, cualquier cosa es posible, cualquier engaño, por descabellado y maquiavélico que pueda parecer, puede estar siendo llevado a cabo. 
Pero por otro lado pienso que, por el momento, nosotros, tenemos el deber de seguir al tanto de la información que difunden. Porque sólo así podemos luego ir a los medios alternativos y avisar, escribiendo artículos que pongan de manifiesto cuáles son las mentiras y las intenciones escondidas en cada noticia. Yo pienso que quizá estemos sacando a alguien del sueño dogmático de los mass media. Pero estoy contigo. Espero que llegue un momento en que no haga falta estar al tanto, no verlos, porque ya nadie los vea y no exista nadie a quien informar de sus mentiras. Y salud. 

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#8.- De marginalidad o criminalización NADA¡....los ilegales son ELLOS:GENTUZA¡¡

04-04-2009 12:47

POR LO DE LA GLOBALIZACIÓN Y POR MÁS COSAS:
sin prestarse a caer en la marginalidad (que es lo que buscan), ni prestarse a la "criminalización" (que tanto les interesa)......................En los 70´s, hubo un grito-consigna muy bueno contra los fascistas-franquistas-falangistas y demás gentuza y por lo que se ve también Psoeistas  que pretendían no legalizar, criminalizar y marginar a los verdaderos demócratas y defensores de la libertad, de la autodeterminación de las Nacionalidades, etc:
Este grito-consigna era:
LOS ILEGALES SON ELLOS!!!

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