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Diez días que…Publico ha editado la versión correcta
Tengo ante mí la edición que Público acaba de hacer de Diez días que conmovieron el mundo
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 12-1-2010 a las 18:57 | 1439 lecturas
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      Tengo ante mí la edición que Público acaba de hacer de Diez días que conmovieron el mundo, que es idéntica a la que ya había llevado a cabo Txalaparta y otras editoriales, pero diferente a otra que tengo a la mano. La de Akal, Madrid, 1971, que se apoyaba en la traducción que Ángel Pozo Sandoval hizo para la Editorial Progreso de Moscú allá a principios de los años sesenta…

      En ambas ediciones se reproduce la nota de Lenin para la edición norteamericana en la que dice: “Después de haber leído, con inmenso interés e inalterable atención hasta el fin, el libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, desde el fondo de mi corazón lo recomiendo a los obreros de todos los países. Quisiera que ate libro fuese distribuido por millones de ejemplares y traducido a todas las lenguas, ya que ofrece un cuadro exacto y extraordinariamente viveza de los acontecimientos que tan grande importancia tienen para comprender lo que es la revolución proletaria, lo que es la dictadura del proletariado. Estas cuestiones son hoy objeto de discusión general; pero, antes de aceptar o rechazar las ideas que encarnan, es indispensable comprender toda la significación del partido que con relación a ellas se tome. El libro de John Reed, sin duda alguna, ayudará a esclarecer este fundamental problema del movimiento obrero universal.”

      Sin embargo,  no incluye la nota que la compañera de Lenin, Nadia Krupskaya realizó para la primera edición rusa, y en que se puede leer: “Diez días que estremecieron al mundo es el título que John Reed ha dado a su asombrosa obra. Este libro describe, con una intensidad y un vigor extraordinarios, los primeros días de la Revolución de Octubre. No se trata de una simple enumeración de hechos, ni de una colección de documentos, sino de una serie de escenas vividas y a tal punto típicas, que no pueden por menos de evocar, en el espíritu de los que fueron testigos de la revolución, episodios análogos a los que ellos presenciaron. Todos estos cuadros, tomados directamente de la realidad, traducen de manera insuperable el sentimiento de las masas y permiten así captar el verdadero sentido de los diferentes actos de la gran revolución.

      Se antoja extraño, a primera vista, que este libro lo haya escrito un extranjero, un americano que ignora la lengua del país y sus costumbres. Al parecer, tendría que haber caído, a cada paso, en los errores más ridículos y omitido factores esenciales.

No suelen escribir así  los extranjeros sobre la Rusia soviética. O no entienden los acontecimientos, o generalizan los hechos aislados, que no siempre son típicos. Verdad es que casi ninguno fue testigo personal de la revolución.

    John Reed no fue un observador indiferente. Revolucionario apasionado, comunista, comprendía el sentido de los acontecimientos, el sentido de la gigantesca lucha. De ahí esa agudeza de visión, singla cual no habría podido escribir un libro semejante.

    Tampoco los rusos hablan de otro modo de la Revolución de Octubre: o bien formulan un juicio general, o bien se limitan a describir los episodios de que fueron testigos. El libro de John Reed ofrece un cuadro de conjunto de la insurrección de las masas populares tal como realmente se produjo, y por ello tendrá una importancia muy particular para la juventud, para las generaciones futuras, para aquellos a cuyos ojos la Revolución de Octubre será ya historia. En su género, el libro de John Reed es una epopeya.

    John Reed está inseparablemente unido a la revolución rusa. Amaba la Rusia soviética y se sentía cerca de ella. Abatido por el tifus reposa al pie de la muralla roja del Kremlin. Quien ha descrito los funerales de las víctimas de la revolución como lo hizo John Reed, merece tal honor”.

      Esta edición permaneció  prohibida en la URSS desde finales de los años vente hasta después del XX Congreso del PCUS (1956). La nueva edición soviética contenía empero una serie de anotaciones que no existían para nada en el original. Estas anotaciones están recogidas en el edición de Akal (Madrid, 1974), y una muestra de dichas anotaciones la podemos encontrar en la página 33-34 de la citada edición. Son las siguientes:  

***‘ Trotski (Bronshtéin) L. D.: miembro del POSDR desde 1897, menchevique. En el verano de 1917 ingresó en el Partido bolchevique. Pero Trotski no abrazó las posiciones del bolchevismo y sostuvo una solapada y franca contra el leninismo,

**** Zinóviev (Radomyslski) G. E: incurrió en reiteradas desviaciones bolchevismo y acabó por romper con el marxismo-Ieninismo. En octubre 1917 junto con Kámenev hizo traición, pronunciándose en el periódico menchevique Nóvaya Zhizn contra el acuerdo del ÇÇ sobre la insurrección y delatando así el plan del alzamiento a los enemigos. En una carta a los miembros del Partido bolchevique Lenin condenó este acto de Zinóviev y Kámenev como esquirolaje y demandó que fuesen expulsados del Partido. Después de la victoria de la Revolución de Octubre Zinóviev era partidario de la formación de un Gobierno de coalición con representantes de los mencheviques, de los eseristas y de los “socialistas populares”. Por su incesante actividad fraccionista contra el Partido, fue expulsado de las filas de éste. Readmitido, continuó su actividad antipartidista y antisoviética y fue expulsado nuevamente.

    La lista es interminable, y no puede ser más curiosa. La primera  curiosidad radicaba en el hecho de que los hasta entonces se atribuía a Stalin, en estas notas se atribuía a un “Comité Central” leninista del que empero, apenas si se podría mencionar algún miembro que no pudiera ser tachado de las mismas desviaciones y traiciones que Trotsky y Zinóviev. Otro cambio radicaba en que, mientas que en la última historia oficial, la escrita a finales de os años treinta que aquí se editó como Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, también conocido como el “Compendio redactado por una comisión del Comité Central  del PCUS de la URSS aprobado en 1938 por el Comité Central (2 vols, Emiliano Escobar Editor, Madrid, 1976, editorial afín a la extinta ORT),  la práctica totalidad de dicho CC de 1917 era tildada de lo que luego se llamará “Quinta Columna”, había conocido una muerte violenta como sucedió tanto en el caso de Zinóviev y de Trotsky, algo que no se menciona en las notas.

    El lector interesado sobre este periodo, podrá  consultar la edición de las “Actas del Comité Central del partido obrero socialdemócrata ruso (bolchevique) de agosto de 1917 a febrero de 1918”, publicadas como Los bolcheviques y la revolución de Octubre de la que se puede encontrar una edición virtual en Els Arbres de Fahrenheit, en  la magnífica colección de libros auspiciadas por los amigos de L´Espai Marx de Catalunya.   

    De hecho, las notas tienden en gran medida a desautorizar oque escribe John Reed (como sucedió  en su versión fílmica, Octubre, cortada con las tijeras en las manos por el propio Stalin), y or lo tanto, también lo hacen con el crédito entusiasta de Lenin y la Kruskaya. Ya hemos insistido ampliamente sobre el “caso Trotsky” en otros artículos, por lo que nos imitamos a contrastar el caso de Grigori (Radomilsky, llamado) 
Zinóviev. (1883-1936), y curiosamente, el autor de la primera las primeras historias del partido bolchevique editadas en castellano (Los orígenes del partido bolchevique en Rusia, Biblioteca Internacional, Madrid, 1923, y otra en la Editorial Antorcha en 1926), y de las primeras biografías de Lenin (Lenin. Su vida y su actividad, Biblioteca Internacional, Madrid, 1923, y hay otra de ediciones La Batalla, Barcelona, 1924). Aunque sea una anécdota, anotemos que algunos comunistas pusieron pro entonces el nombre de Zinóviev a sus hijos.

  Zinóviev pertenecía a una familia perteneciente a la pequeña burguesía judía venida a menos. Recibió la enseñanza primaria en el domicilio familiar, y trabajó desde los quince años. Afiliado en 1900, emigra en 1902, encuentra a Lenin y se hace bolchevique en 1903, y en los años siguiente se mantiene como el segundo Lenin con el que discrepa más de una vez. Organiza la fracción en San Petersburgo y publica allí El Proletario. Es elegido en Londres miembro del CC en 1907 y, desde esta fecha, se convierte en el primer lugarteniente de Lenin al que acaban de abandonar Bogdanov y Krassin. Reelegido en 1912 para el CC y de nuevo desde el] 7 hasta 1925; asimismo es miembro del BP, desde 1919 hasta 1926. En 1916 escribió con Lenin “Contra la corriente”, un libro de denuncia de la guerra imperialista. 

  Adversario de la toma del poder en Octubre como la mayor parte de los “viejos bolcheviques”, Zinóviev fue igualmente partidario de un gobierno de coalición con los socialistas, un planteamiento plenamente aceptado antes del Tratado de Brest Litovsk por no obstante, se convierte en uno de los primeros personajes del régimen desde su cargo de presidente del soviet de Petrogrado donde viene a ser el jefe del partido. También es presidente del Ejecutivo de la Internacional desde el 19 hasta el 26. Líder aparente de la troika formada tras la muerte de Lenin. Animador de la nueva oposición en 1925, se alía con Trotsky y reconoce la falsedad de las acusaciones lanzadas contra él en el período 23-24, dirigiendo, junto con Kámenev y él la oposición conjunta. Expulsado a finales de 1927, capitula a principios de 1928 y será reintegrado al partido algunos meses después. Expulsado y readmitido de nuevo en 1932. Su última aparición pública fue durante los procesos de Moscú, y ofreció la imagen de un hombre destrozado por la tortura.

    Los diez días que conmovieron el mundo John Reed cuenta la historia del Octubre Rojo y la revolución rusa, con una perspectiva única y de primera mano, una obra para toda persona que quiera saber de primera mano.

    Reed, era un viejo militante socialista próximo a los “wobblies” amén de un periodista intrépido y   estaba asignado en Rusia por "Las Masas" -entonces el periódico radical principal en los Estados Unidos- y gastaba sus dias caminando en las calles, leyendo y recolectando pasamanos, periódicos y carteles, hablando con las personas. En sus mejores momentos, se lee como una novela: Reed recuenta conversaciones y argumentos, detalla las maquinaciones políticas y especula en los motivos personales, pero sobre todo describe la revolución como un cataclismo social que eleva a las masas, incluyendo a las más atrasadas, en protagonista de la historia concreta y universal.

 
 
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