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Dicho al oído del poeta. Diálogo Abierto con Fidel Castro IV
Diálogo Abierto con Fidel Castro(Cuarta parte.)
Ramón García Guerra | La Habana, Cuba | 31-8-2010 a las 19:08 | 787 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/dicho-oido-poeta-dialogo-abierto-fidel-castro-iv
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Estábamos una tarde de 2007 Karel y yo frente a la OSPAAL en El Vedado. Entonces se acercó un vendedor de maníes y me regalo un cartucho caliente: “Usted es la viva estampa de un poeta que conocí: Roque Dalton” —me dijo el hombre con afecto—. (Un tipo que mira a los ojos.) Karel se echó a reír. Confieso que tuve ganas de llorar. Sería esto largo para contar. Pasaron allí mil imágenes por mi mente. Quizá sea esta la razón por la cual ande “Buscándome líos” a esta hora.

En fin… el mar. 

En un artículo que publiqué en Kaos-Cuba: Os digo que está loco: es de confiar (abril, 2010)  protesté en contra de cierto homenaje que los gobiernos de El Salvador y Cuba tenían previsto realizar en La Habana. Porque no entendía qué iban a celebrar. Pasean por las calles de San Salvador sin ser molestados hoy los asesinos del Poeta. Durante siete lustros Roque Dalton ha sido para el gobierno cubano apenas un agente del Imperio.

Jorge Dalton me había informado sobre la invitación que le hicieran “allá” entonces. Obviamente, debía rechazarla de plano. Entonces fue que escribí aquel artículo. Tanta gente buena hay en este mundo que se levantó una ola gigante.

[¡Parece que hasta la Editorial Ocean vio una oportunidad de mercado en esta ocasión! Debo confirmar el dato. Pero… Alguien me hizo saber que esta Editorial llegó a publicar ¡en menos de 15 días! todas las obras de Roque Dalton.]

Para el Poeta, Cuba era más.

Dos patria tengo yo:

Cuba

y la mía.

Era uno de los grandes en las letras de Nuestra América. Y no sólo con sus manos alzó el fusil, sino que trajo su verdad a la poesía. Demostrando que ésta es mucho más que “letras negras sobre páginas en blanco”. Escribió un poema mordaz (Poeta Libre) en contra de otro grande de la poesía en América Latina:

Cuba sí.

Yanquis también.

Nicanor Parra

¿Chile?

Depende…

En medio de la Guerra de Angola (1978/1980) aprendí el único marxismo que era posible bajo el fuero. Roque Dalton me lo enseñó con un poemario suyo: Taberna y otros lugares (Premio Casa 1969). Quién le enseñó al Poeta el marxismo que sellaría su vida fue FMH. Esto explica que esté de acuerdo con FMH hasta cuando se equivoca.

Roque Dalton ahora mismo nos ayudaría mucho en la batalla contra el elitismo al interior de nuestra Ciudad Letrada: “El talento es pura gana de molestar a los demás” —creía el Poeta

Pero antes hablaba de una protesta que crecía a saltos.

Sucede que también ese sentimiento ha tomado cuerpo en Cuba.    

Cuando en su entrevista se refiere el compañero Fidel Castro a “un gran poeta allá” me pregunté si se trataba de Roque Dalton (un gran poeta) y de El Salvador (allá). Porque qué otro poeta podríamos hallar en Centroamérica de la estatura de Roque Dalton García, ¡y que además se metiera en líos hasta ser asesinado por esa causa! Este modo de referirse al Poeta me hace recordar aquel poema suyo: “El gran despecho”.

País mío no existes

sólo eres una mala silueta mía

una palabra que le creí al enemigo

Resulta un país tan pequeñito que ni siquiera es advertido por Fidel Castro. Esta actitud hace sospechar de alguien que estuvo tan involucrado en tales conflictos en dicha región. Ahora éste parece no recordar de quién se habla. Porque ni los políticos ni los intelectuales en Centroamérica serían tan desfachatados frente a la memoria de Roque Dalton.

Lo digo indignado: Roque vivió con su familia en Cuba por casi una década. Estaba aquí en La Habana, por ejemplo, cuando el caso Padilla sucede. Y sobre su integridad dieron cuenta los informes de la Seguridad del Estado. ¿Cómo pudo aceptar FIDEL CASTRO tal infamia de Villalobos? Duele más cuando uno lee la dedicatoria a Fidel Castro que hace Roque Dalton al publicar el poema-collage: Un libro rojo para Lenin. Dedicatoria que repite en todas las ediciones que hacen desde esa fecha (1970/1973).

A Fidel Castro, primer leninista

latinoamericano, en el XX Aniversario del asalto

al Cuartel Moncada, inicio de la actualidad

de la revolución en nuestro continente.

Con estos amigos…

(Sin comentarios.)

[Pero si la memoria no me traiciona el señor Villalobos —quien fuera uno de los asesinos de Roque Dalton (mayo, 1975)— sería para Fidel Castro el “hombre fuerte” en la región. ¿Estaban acaso tan despistados los agentes de la Seguridad del Estado cubano, como para ignorar aquel detalle: los estudios de Villalobos en la Universidad de Oxford? Y si sabe ya esto Fidel Castro, ¿por qué se refiere a “un gran poeta allá” en vez de ofrecer un desagravio a éste y su familia? En cambio, ¿qué hace? La actitud que adoptó es elocuente por sí misma: Se lava las manos con el caso]

Estamos ante la aplicación de métodos stalinistas y Fidel Castro hace silencio.

Golpearon estos asesinos como bestias al Poeta por una semana antes de disparar una bala contra su cabeza. Durante una semana más intentaron borrar de la pared la mancha de sangre que dejaron sin lograrlo. En esta ciudad en que estamos se trato también de borrar la memoria del Poeta echando a correr una noticia: Roque Dalton ha sido ejecutado por ser agente de la CIA.

Estremece hasta las estructuras dentales sólo recordarle.

Después de todo, tenía Roque Dalton la verdad de su parte. Entonces nos dijo:

La política se hace jugándose la vida

o no se habla de ella. Claro

que se puede hacerla sin jugarse

la vida,

pero uno suponía que en el campo enemigo.

Al menos así debería ser:

si al comprar el almanaque no hice mal negocio

estamos ahora en 1969.

Desde luego, que estando del bando de Villalobos todo hubiera sido diferente para el Poeta

Quizá el más ofendido con esa noticia haya resultado ser el mismo General Manuel Manzanares: que había elevado un Parte Confidencia poco tiempo atrás (1960) al presidente de El Salvador, para hacerle saber que se trataba de “un elemento de lo más peligrosísimo para la tranquilidad nacional”. Cosa que ni el Poeta le creía. Porque aquel General —con “sus mentirotas de niño asustado”— haría que el Poeta se sintiera desenmascarado ante sí mismo. Roque Dalton se haría un juramento desde esa fecha: “a partir de entonces yo mismo me encargaría de proveer de materiales en mi contra al juez”.  Desde luego, esto explica su conducta en lo adelante. “Por eso escogí —diría el Poeta— mi profesión actual”.

Encuentro mucha miopía política en estas actitudes de Fidel Castro.

Lo que se discute acá no sería la vindicación de un poeta excepcional para las letras nuestro-americanas de la segunda mitad del siglo XX —poeta que resultó ser un revolucionario de carta cabal, además—, sino una batalla por la memoria que daría ventajas al vencedor: ¿Cuáles son los símbolos que sirven de estandarte de la izquierda en El Salvador ahora en el gobierno?

Roque Dalton veía estas luchas de la memoria con su agudo humor crítico. En su poema “Sabía qué es la Historia” nos dirá:

Si Guillermo Tell

hubiera nacido en Alicante

habría sido torero

y le habría quitado toda la maldita gracia

a las corridas.

[Dedicó un ensayo a discutir la cuestión en Cuba: “Subjetividad, poder, imaginación”.]

Las luchas de la memoria son feroces y dramáticas en América Latina: sobre todo, después de las dictaduras militares, en países del Cono Sur. Ahora estas luchas se convierten en punta de lanza para las izquierdas que se hacen del poder. Estaría mal que restásemos valor a estas batallas ahora mismo. Desde la izquierda, además.

Fidel Castro parece haber olvidado una lección elemental de la historia:

Estas luchas se ganan muchas veces con apenas pequeños cambios que se producen en el teatro de operaciones antes de que ocurran los combates más decisivos de la guerra.

Frente a la familia Dalton, ha dicho el presidente de El Salvador: Roque Dalton no pertenece a su familia. Pertenece todo al pueblo de El Salvador. ¿Qué otra cosa podría decir él sino? Ahora bien, no sería un profeta si auguro el destino del Poeta en manos de la derecha. El mismo Poeta ya auguraba su destino entre aquéllos:

Doné mi corazón recién arrancado del pecho

solazándome en la espera del amor

y lo acuñaron como moneda

y lo hicieron rodar en las peores compraventas.

Sucedió lo mismo en Cuba con Che Guevara por dos décadas (1967/1987). Cuando éste fuera rescatado por la izquierda en Cuba, entonces, recibió apenas una relectura sesgada (trotskista). [Qué no estuvo mal, aclaro. Sucede que la única oposición que se hallaba legitimada entonces frente al stalinismo era la trotskista. Y frente al stalinismo criollo…] ¿Cuántos menos serían los dolores de cabeza que padecemos si el espíritu libertario de Che Guevara nos hubiera asistido en la resolución de estos dilemas que enfrentamos hoy mismo en Cuba? También los compas de El Salvador tienen el derecho a hacer del Pulgarcito de las Américas un Paraíso en la tierra.

Las luchas de la memoria se han convertido en un campo político en América Latina.

[Publiqué un ensayo en Kaos-Cuba sobre la cuestión: “Subjetividad, poder, imaginación”.]

La otra razón que pudiera dar motivo a la actitud adoptada por Fidel Castro sería la de no ver afectada su imagen ante el mundo. ¿Cómplice de un crimen contra un revolucionario que es ad-mirado hasta por sus enemigos hoy mismo?

¡Qué pena!

Declaro que si nuestros políticos no adoptaran actitudes tan cobardes…

Tal vez me atreviera entonces a hacer menos amarga la

verdad.

No haré de abogado de Fidel Castro. (Quien además sabe defenderse bien por sí mismo.) Pero… Confieso que siento un aprecio personal hacia él que me impulsa a buscar otra explicación más digna para su persona. ¿Le habrá fallado el olfato político a Fidel Castro? Podría ser esta una escusa. Pero no. La cuestión es más compleja que aquello que parece.

Pienso que aquella lealtad a los soviéticos en otros tiempos, estaría hoy jugándole una mala pasada al compañero Fidel Castro… Después de tres décadas.

En este análisis sobre la política cubana en Centroamérica no me meteré. Lo diré brutalmente así: ¡No lo haré! Todavía hay un chance para mover fichas sobre este tablero. Sólo ha sido un jaque al pastor. Podemos aún hacer mucho desde adentro y desde afuera de El Salvador. Algo que no sea seguir en esas luchas fratricidas por un trozo de corazón del pueblo a toda costa.

[Roque Dalton nos confesaba que: “De niño ya me sabía mal el odio”. Por tanto, esta lucha absurda por alcanzar altos “niveles de aceptación del electorado” que practican hoy las izquierdas en el poder le parecerían al Poeta un obsceno hábito burgués. Haya sido antes con los fusiles o ahora con los estetoscopios que llevan siempre consigo —junto a sus mochilas de verde oliva— sean los viejos o nuevos soldados de Patria. Lo mismo da. Y no hablo acá de renunciar al internacionalismo solidario entre los pueblos. ¡Quevá! Orgulloso me siento aún de mi participación en la Guerra contra el Apartheid desde Angola. Entiendo estas acciones solidarias, incluso, como una necesidad vital del proceso de reproducción ampliada de la sociedad abierta y libertaria que deseamos. Hablo de una época de desamor que debe cesar.]

La familia Dalton tiene planteada una demanda que debemos todos de apoyar con coraje.

(También usted, Fidel Castro. Créame, juntos podemos todos.)

Debemos de elegir entre la razón de Estado y la soberanía popular en esta situación.

Seamos más inteligentes al actuar. Escuchemos a Poeta cuando nos advertía que: La mitad de la victoria la pone el coraje. La otra mitad la pone la táctica.

Contemos con los Dalton, en principio. ¿Qué exigen ellos? Díganle en dónde se encuentran los restos del Poeta. Públicamente denle un desagravio a Roque Dalton. Exíjanle a los asesinos hagan el mea culpa. Y si no son capaces de tanto, entonces, que el señor presidente de El Salvador purgue de su gobierno a estos señores. ¡Que sepa el señor Presidente que todos esperamos eso de él mismo!

¿Acaso no sabe usted, señor Presidente, que su país no es solamente de los salvadoreños que viven dentro o fuera del mismo; sino, además, de todos aquellos los latinoamericanos más tristes del mundo? Todos esos a quienes el Poeta llamó “mis compatriotas, mis hermanos”, mientras se refreía a aquellos que construyeron desde el olvido el Canal de Panamá.

Entonces será resuelto este conflicto.

¿Por qué tanta indolencia en contra del Poeta?

Después de todo, sólo había él querido hablar –según dijo alguna vez en versos-- “del siglo que acabarán mis tres hijos varones”.

[Dios le libraría a él —pero no a Aida—: El dolor de tener que recibir la peor noticia de todas: Roque Dalton hijo nos estaría en la despedida de ese largo siglo XX. Precisamente por haber muerto de la muerte del padre: con un fusil en las manos.]

También la poesía se lamenta.

Yo no he podido daros más —puerta cerrada

de la poesía—

que mi propio cuerpo decapitado en la arena.

Los restos de un hombre integro que reclama hoy su familia: ¡Todos Nosotros Todos!

¿TNT?

Los amigos que fueron al homenaje que ofrecimos a Roque Dalton deben recordar que prometí llegar hasta el final en esta batalla. Lo dije en aquella mesa de reflexión colectiva que hicimos en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas hace sólo cinco años. Entre los que faltaron a la cita se encontraban los mismos que celebraban la partida de Roque Dalton hacia la muerte. ¡Lo sabía, sí! Porque la lucha de guerrilla iba en retirada. En fin… Esta actitud hacía sentir a aquellos menos cobardes frente a su propia batalla en Cuba.

Sólo digo esto.

Confieso que espero que algún imbécil me conteste en defensa de estos últimos.

Ramón garcía Guerra

Santa Fe, Ciudad de La Habana, Cuba:

21 de agosto de 2010.

E-mail: ramon0260@gmail.com   

 
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Comentarios (1)

#1

Roque|01-09-2010 03:37

Es un articulo raro.

Valoración: -5    |  Avisar provocación

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