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En el día que asesinaron a García Lorca
El alma de los poetas asesinados reverdece por el amor de los que sientieron su partida y la riegan con sustancia de vida.
Patrocinio Navarro | Para kaos en la Red | 19-8-2009 a las 13:40 | 1137 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/dia-asesinaron-garcia-lorca
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Tres humanidades: la que mata, la que muere y la que miente.

HOMENAJE PLURAL
(Humanidad: A pesar de todos los contrarios,  caminamos).

                                UNO
Tengo todas las horas de todos los recuerdos.

Soy todos los que fueron, y sin duda

Formaré parte de todos cuantos sean.

Acumulo estaciones de cereal y mosto,

  Espigas como soles y uvas como lunas.

Escarpadas cumbres y nevados desiertos

Donde se posa mi arado o mi pisada

Fueron hospitalarias para mis anhelos

Y dieron frutos las piedras y los hielos.

Mis venas son los ríos, mis cabellos selvas,

Las arenas del desierto son las cuentas

Del collar del pensamiento milenario

Que los siglos abandonan en mi pecho;

Y los mares, vasos órficos del planeta
Que duerme en el fondo de mis lágrimas.
A través de la Esfinge contemplo el infinito

Ajeno al tiempo y su medida, y a la treta

De pensar que estar vivo es tener cuerpo

Que aletea en el aire de la atmósfera.

                              DOS
Por ser, soy cuantos fueron
y todas sus ficciones:

  el  rapsoda ciego, el sabio, el ignorante,

  El contador de estrellas
subido a la pirámide,

El inventor del arado
y el artesano del fuego;

El constructor de naves
y el último marinero. 

                                    TRES
Allí estuve cuando Cristo nos miraba

Directo a la conciencia en la gran prueba

De elegir entre el ego y la conciencia

Que abarca al Ser, más allá de la ciencia.

  Fui Cesar borracho y chusma del Coliseo,

Y el númida vencido que ve bajar el dedo

Y la sedienta espada como el rayo.

Soy el inocente declarado culpable,

Enterrado entre muros de cemento,

El juez que firma su propia sentencia

Pensando sólo en mí

y el ciego verdugo
que la cumplirá más tarde.

Levanté mi revolver contra algunos reyes

Por salvar al pueblo con mis manos,

Y siempre dio la bala en mi conciencia,

Aunque acertase todos los disparos.

Fui el negro del Sur fugado y libre,

Huyendo por campos de algodón

Perseguido por ladridos y por amos:

Negro vestido de blanco, y pronto

Rojo y negro sobre el blanco.

  En los prados del búfalo fui libre

Y aprendí que la tierra tiene alma,

Y los ríos y montes no pueden comprarse.

Pero llegaron hombres venidos del infierno

Con lengua de serpiente y una bandera

Permanentemente ensangrentada

Con sangre de bisontes
y sangre de mi pueblo

Y el viento dejó de cantar en las praderas

Y dejó paso  al incendio y  al tornado
y a la brutal helada y al grito de guerra.


                          CUATRO
Por bombas prohibidas

En papeles de oficinas de fantasmas

Morí quemado mil veces

En junglas, en ciudades y en aldeas,

Y perdí mujer, hijos, tierras de abundancia y sueños milenarios

Y naufragué por los mares de Occidente

Buscando un lugar
donde canten los pájaros
y sea dulce el viento

Y cese la hoguera
de bombas racimos y de napalm,

De fósforo de fuego
y de muertes encaladas
trepando los cementerios.

                            CINCO

Se arraciman los pájaros sobre el campanario

Cuando el patrón elige al peonaje;

Soy el que se queda, uno entre tantos.

Hoy también preguntarán mis hijos

Y fingiré de nuevo que regreso del campo.
Y también  el que vestido de soldado

Descubre a su hermano
con distinto uniforme,

Y siempre me alejo del combate
por haber aprendido

Que una vez en la batalla seré herido

Sin importar el bando que dispare.

                                            SEIS
Con absurdos argumentos colegiales

Sobre derechos humanos y divinos

Preparo campañas de exterminio

En lóbregos despachos
con sucias banderas

Y listas crecientes de muertos sin nombre.

Y soy todas las madres de la Tierra

Que dan vueltas a las Plazas de la Vida
a todas las notarías de la Historia

Reclamando ausencias y justicia debida

Con pañuelos blancos
sobre el alma herida.


                                  SIETE
Soy  los niños del suburbio

Que viven en desguaces con olor a letrina,

Que viven no sé cómo hasta no sé qué día,

Que empujan carros por mercados tristes

Y una noche sin luna y sin lamento

les atrapa la oscuridad en una esquina

Y se lleva su aliento y partes de su vida
  a hospitales para ricos
en lugares inciertos.
Y soy la vieja prostituta desdentada
que ve pasar la vida en una puerta
de cortinas  rotas  donde nadie llama.

                                  OCHO
Soy el banquero  que financia la muerte con  alma empapelada y  negra mente;
El buscador de espacios para mis arcas

Donde quepan el oro y mi sed insaciada
y  del resto del mundo   su mala  suerte. 

Soy el mercenario del banquero sin alma,

El creador de inventos
que al instante arrasan

Millones de vidas, estaciones y mapas

Buscando buena paga del apátrida,

Mejor puesto en el balcón de la fama

Y tal vez un Nobel de la paz mañana.


                                    NUEVE
Soy la historia del mundo
en fin, hecha presencia;

lo visible y lo invisible aquí no halla

El modo de acercarse a Don Quijote

Por amor a Sancho Panza.

Soy tu niño intemporal que mira

Desde el fondo de tu espejo
aguardando el día

De no confundir a Peter Pan
con los piratas ni a Wendi con la parca.

                                          DIEZ
Pierdo todos los trenes,
pero soy todas las rutas:

Las que fueron, las que son
y las que aguardan.

¿Quién podría ocultarse a mis ojos?

Acumulo el silencio de los silenciados

Y las palabras de los iluminados.

Soy todos los que fueron y formaré parte

Sin duda de todos los que sean

Porque navego en las horas
de todos los recuerdos,

Portando la semilla de las grandes preguntas

Para las grandes respuestas de mañana.

 
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