Ya no hay secretos. La gente creía que eran embustes de los sindicalistas, de los estudiantes universitarios y de defensores de Derechos Humanos al decir que es política de Estado para quitar el agua al pez y continuar con los planes de Washington para Colombia y el cono sur americano. Gatilleros que salen de las tenebrosas masmorras oficiales a sumariar civiles.
SE DESTAPAN ´ LOS GATILLOS ´ EN LOS CUARTELES DE COLOMBIA. Y LOS PARAS?
Que se han acabado los paras, dice el gobierno, por lo menos así lo afirman Uribe y su ministro de defensa, y que por eso, y sólo por eso, han llegado o han salido del closet en éste país, Los gatillos, reemplazo de los paras en los cuarteles al peor estilo de las mafias del narcotráfico para incrementar la guerra sucia?
Esa es la pregunta que se han formulado en Bogotá algunos intelectuales e investigadores del conflicto, dando lugar al nacimiento de la palabreja que reemplazaría para más vergüenza de la que ya soportan las fuerzas militares y el gobierno de Uribe, a los gatillos, encargados ahora mismo de hacer el trabajo sucio, impuesto hasta hace poco, como política de Estado, a sus supuestos extintos aliados, llamados coloquialmente ´´ paras ´´.
Observadores locales la noche de este domingo, solo pudieron conocer comentarios al margen de tales deliberaciones, al punto que se supo del surgimiento de otras preguntas todavía sin respuesta clara de parte del régimen Uribista: Se desmovilizaron los paras? Eran todos los que se dice que eran y fueron todos los que se dijo que fueron? Se acabaron los paras o solamente se legalizó la salida impune de unos asesinos jefes de los frentes que hoy están en Miami? Y Los gatillos, tendrán tarea para rato?
Es la guerra de palabras que parece centrarse solamente en la diferencia que existe entre la guerra por la legitimidad y la guerra dentro de la legalidad, de donde se supone prevalece el hecho real de que Colombia se debate en una agria guerra interna, llamada por unos conflicto social y armado, amenaza terrorista para otros, o simplemente, la continuación de un estado de violencia que no ha cesado desde hace 50 años..
Lo que ha ocurrido al interior de las fuerzas militares y de policía, además del centro de inteligencia del Estado, ha dejado muchos sinsabores en los sectores más gobiernistas y conservadores, defensores del statu quo, para quienes esto que pasa en Colombia podría ser una peligrosa ´´ exaltación de los bandidos y de la ilegalidad ´´.
Los gatillos no se podrán ocultar y desaparecer por más actos mediáticos que se hagan por los canales privados y oficiales, porque los gatillos deben terminar con el trabajo sucio que empezaron sus viejos socios los paras, o recibir simplemente la posta para el siguiente trabajo: Eliminar a todo el que piense diferente al gobierno, porque eso es ser un terrorista y a los terroristas según la doctrina de Bush hijo, hay que eliminarlos a través de los paras o como ahora, a través de los gatillos.
Porque eso es lo que aparece en el panorama noticioso de este país suramericano. El escenario de una loca y sangrienta carrera por encontrar resultados a como dé lugar, no importa el camino y los medios, si el fin se ha impuesto desde los escritorios de las familias que gobiernan la ´´ republican banana ´´ y desde la comodidad en que viven los financiadores de la guerra en los Estados Unidos.
Los gatillos desde los cuarteles ya no tendrán el trabajo de vestir con prendas militares a sus víctimas porque ha sido develada esa práctica, no de ahora sino de hace dos décadas. La Procuraduría General de la Nación, había advertido a Juan Manuel Santos, ministro de defensa, de la casa editorial del influyente diario El Tiempo de Bogotá, que aquello estaba pasando con evidencias y pruebas desde noviembre del 2006 o mucho antes. Como queda probado, entonces los gatillos lo harán o continuarán haciéndolo dentro y fuera de sus cuarteles amparados en la patente de corso de que en la guerra todo vale, hasta los falsos positivos.
Sólo en el gobierno de Uribe las ejecuciones sumarias alcanzan ya el millar de personas, no como la gran prensa dice, a causa del asesinato de delincuentes y drogadictos, sino también de lideres sociales, estudiantes universitarios, sindicalistas, periodistas independientes y de defensores de Derechos Humanos, que aparecieron muertos con armas en sus manos, propaganda subversiva o vestidos de camuflado, o lo que es peor, por la simple sospecha de ser colaboradores de la insurgencia.
Embarga a la población civil un sentimiento de que por fin se comiencen a destapar los casos de eliminación física, desaparición, torturas y en resumen, crímenes de lesa humanidad a manos de agentes del Estado, que cumplen órdenes superiores, sin que por ahora caigan los responsables intelectuales de esa infamia.
Los gatillos tendrán que enfrentarse a una sociedad civil que por ahora desconfía, mucho más que ayer, de su claridad frente al trabajo, de su razón de ser y de que el soldado colombiano seguirá siendo la carne de cañón que necesita la burguesía para mantener la guerra antes que dar paso a grandes transformaciones por un país libre con justicia social y menos excluyente.
Los gatilloos parece que llegaron o salieron del closet para quedarse. Los gatillos hermanos gemelos de los paras, han llegado al reino de la impunidad y la desvergüenza. Que nadie se equivoque al pensar que algo va a cambiar echando como fueron echados unos generales a la calle. Las causas objetivas de la guerra están todavía allí.
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