"Quiero que las masas de la humanidad se emancipen verdaderamente de toda autoridad y de todos los héroes presentes y futuros." (Mijail Bakunin).
La izquierda debería huir de los mitos y de los líderes excepcionales. El pueblo debe comprender que él mismo, por sí solo y de manera organizada, es capaz de alcanzar cuantos objetivos desee sin necesidad de caudillos, vanguardias o héroes.
También es necesario reflexionar respecto al heroismo en sí, entendiendo sobre todo que la mayoría de las veces un héroe no es más que una persona común y corriente, situada en un contexto socio-político muy favorable para su eventual heroismo. Desde ese punto de vista, el héroe no es tal por sí mismo sino por las circunstancias que le rodean, que le presionan para actuar en un determinado sentido.
Es cierto que, a pesar de todo, existen héroes. Gente que es capaz de sacrificar todo por los demás. Son muy pocas personas, pero están ahí. Hay que reconocerlo. Pero ¿se puede ser un héroe en todos los sentidos y facetas del ser humano? ¿Un héroe no tiene debilidades ni defectos? ¿Pueden los defectos de un héroe invalidar el heroismo de éste en cualquier otro sentido?
De la respuesta a tales preguntas surgen nuevas preguntas: ¿es necesario que el pueblo tome ejemplo de los héroes? ¿Deben ser éstos realmente un modelo a seguir? ¿Podemos exigirle al pueblo una postura heroica o por el contrario debemos aceptar que el heroismo es un fenómeno tan raro que resulta excepcional? ¿Es necesario éste para alcanzar los grandes objetivos que nos proponemos o bastan simplemente la estrategia y la organización? ¿Es justo desmoralizar al pueblo acerca de sus capacidades infinitas mitificándole a héroes legendarios sin los cuales presuntamente nada sería posible?
La última película de Steven Soderbergh ("Che, el argentino") trata aunque sea de manera muy indirecta todo este tema al exponer la vida del revolucionario Ernesto Guevara en su primera etapa en Cuba. Nos muestra a un líder valiente y carismático, dotado de grandes dosis de humanismo y de sentido de la justicia, y que no duda en sacrificar su vida en pos de un ideal político. Pero el film también nos enseña cómo confiaba en la pena de muerte, cómo fusilaba sin piedad a quien consideraba que lo merecía, y cómo reconoció incluso en la misma Asamblea de la ONU que los fusilamientos eran absolutamente necesarios para la supervivencia de la revolución cubana. También vemos en todo momento el autoritarismo de Fidel, el Che y el resto de "barbudos", y su lucha armada en un país como Cuba que también se nos muestra continuamente tal y como era por entonces: dictatorial, analfabeto y mísero.
Puede decirse, por tanto, que la objetividad de la película de Soderbergh rompe un mito que hasta ahora ha estado demasiado instalado entre la izquierda, o por lo menos supone un gran esfuerzo en ese sentido. No se trata de derribar el ejemplo que el Che dio al resto del mundo, sino más bien de humanizarlo. El Che tenía virtudes y defectos, y es necesario ver claramente éstos para poder valorar en su justa medida aquellos. Respecto al balance final, el saldo es en mi opinión claramente positivo para el Che, pero es necesario tener siempre presente sus sombras para no olvidar la objetividad necesaria y evitar caer en la mitificación fácil.
Al fin y al cabo sucede lo mismo con respecto a toda la revolución cubana en su conjunto: el saldo claramente favorable a ella no debe impedirnos ver sus numerosos defectos, con el fin de evitar posturas fanáticas o mitificadoras.
 
 
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