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El desapego: una virtud socialista
El socialismo combate el apego a la propiedad privada y, en especial, debe evitar caer en la trampa de la propiedad del Estado como la finalidad del proyecto político-libertario,...
Carlos Medina | Para Kaos en la Red | 6-12-2008 a las 9:57 | 1062 lecturas
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El desapego: una virtud socialista.

En el cristianismo dejar los bienes y seguir a Jesús es una condición severa para alcanzar la salvación y la vida eterna. Sobre este asunto, es de nuestra opinión, que este galileo -Jesús de Nazareth- se burlaba con sardónico énfasis de los propietarios, de los ricos y de los ostentosos con esa frase lapidaria de su autoría, en la que decía: “Dejad todos tus bienes y seguidme”, porque bien sabía que ninguno de ellos estaría dispuesto a dar ese trascendente paso, puesto que sus miopes vidas dependen por entero de lo que poseen. Jesús en consonancia con esa verdad predica entre los pobres, los miserables y los despreciables, porque entre ellos la sobrevivencia no depende de las propiedades, los bienes y de la familia sino de la solidaridad comunal1.

En el budismo el apego -aferrarse a lo que se tiene o posee- esta considerado como causa del sufrimiento del ser humano, de allí que esta milenaria sabiduría se preocupa por enseñarnos la disciplina de cómo alcanzar el desapego, es decir, como desarrollar esta virtud humana, la cual nos permite liberarnos de la dependencia de objetos y cosas, bienes y propiedades.

No queremos decir con estas reflexiones que os vayas a desprender de lo que tienes, no, no es esa la interpretación correcta del desapego como virtud, lo que debes entender es que si la relación de tu persona con esas propiedades es de apego no podrás ser feliz, porque tu vida se reducirá, se contraerá, a dedicarte a servir a tus posesiones individuales y, entonces, no tendrás el gozo de vivir.

El apego de tu vida debe establecerse con la vida misma, la verdad es que tus posesiones, tus verdaderas propiedades, son infinitamente más inmensas que todos los caudales que hayas alcanzado a acumular, es decir, fortuna, hacienda, heredad, medios, enseres, tesoro, rentas, inmuebles, industrias o capitales. Tu real posesión, no es algo tan finito, es algo superlativamente más grande, es el planeta mismo, con sus océanos, cadenas montañosas, volcanes, pletórica vida, culturas humanas, sensaciones, emociones, aire, agua, tierra, alimento, contrastes, diversidad, maravillas y momentos únicos, que sólo pasaran a ser parte de tu mismo, al potenciar y desarrollar tu capacidad de sorprenderte. Si esta última no la tienes no puedes tener el gozo de ser propietario, pues estos bienes debes internalizarlos en tu ser.

¿Por qué el apego te reduce y te contrae? Porque mientras más cuidas lo que tienes (tu fábrica contaminante, tu producción de alimentos con aditivos cancerígenos, tu agencia de medios de comunicación con publicidad degradante de la sensibilidad humana, etcétera), más pierdes lo que verdaderamente posees y deseas (un planeta sano, semejantes bondadosos y un ambiente de calidad espiritual). Mientras mayor sea tu desapego hacia tu caudal (entrega de tierras incultas a las comunidades campesinas, la adquisición de nuevas maquinarias en tu industria como propiedad compartida con quienes la hicieron posibles, es decir, con tus trabajadores, la suplantación del egocentrismo por un individualismo social, etcétera), más posibilidad existe de que la verdadera propiedad deseada sea efectivamente tuya. Sólo comprender que aquello es la verdadera propiedad puede ayudarte a sentir cada vez mayor desapego por tu mediocre propiedad privada y/o individual. Sólo el amor por el planeta, la vida y las sociedades humanas puede aumentar el patrimonio de cada uno de nosotros hasta el infinito, pero para tener éxito en esta empresa todos y cada uno de nosotros no nos debemos aferrar al pensamiento: “esto es mio”, “todo esto debería ser mio”, “nada de lo que tengo pertenece a nadie que no sea Yo”, sino “esto lo tengo porque es de todos”.

El apego no es liberador, el desapego es libertario, si se necesita de alguno de tus bienes para enriquecer a la sociedad, el desapego, en ese caso, como virtud no causará sufrimiento en ti, pues te desprenderás de ese bien con plenitud de gozo.

El desapego permite que la vida fluya, que la energía fluya, permite el desarrollo de los procesos naturales, vitales y humanos; el apego bloquea el movimiento, entorpece la marcha, estanca la vida y la enferma, porque frena, detiene y retrasa la energía vital.

El socialismo combate el apego a la propiedad privada y, en especial, debe evitar caer en la trampa de la propiedad del Estado como la finalidad del proyecto político-libertario, porque el socialismo es la marcha indetenible hacia lo que son tus verdaderas propiedades (patrimonios de la humanidad) como individuo social, esto es, tu real y efectiva posesión, a la cual por encima de todo -escucha- debes respetar y cuidar, ayudar y promover, a la cual debes servir con amor porque sólo es tuya si la consideras como de todos. Son nuestros: el planeta, el universo, el cosmos, la infinitud, algo pues que es más, pero mucho más que la vida misma y que la humanidad entera, es decir, somos dueños de algo que no se puede poseer sino sólo practicar: la creación. Ninguna de estas posesiones pueden ser de una nación, ni de una clase social, ni de unos tiranos, sólo puede ser de quienes se integran a su dialéctica natural y crecen y evolucionan y se transforman con ese todo. Vamos a denominar ese proceso como demiurgo.

La paradoja de esta lección de ética socialista y cátedra filosófica es que el apego causa un amor egoísta (esencia del capitalismo), mientras que el desapego genera un genuino amor (esencial2 al socialismo).

Kupaú Karibán.

1Recomendamos para la lectura en este sentido una hermosa obra titulada “La Ciudad de la Alegría” de Dominique Lapierre, donde la subsistencia mínima se obtiene con la ayuda del semejante, del extraño y del colectivo social, en un barrio miseria en Bombay -la India- que en vez de tener la horrible cara de la tristeza, por lo contrario, recibe de sus habitantes el nombre de “la Ciudad de la Alegría”.

2El pensamiento crítico profundiza en una idea hasta encontrar lo esencial, tal es la gran enseñanza de Karl Marx, porque su aporte al pensamiento fue su combativo método crítico.

 
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