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La derecha se hace intervencionista
Las economías liberales utilizan el dinero que, si por ellos fuera, el Estado no habría recaudado, en pagar las pérdidas causadas por sus políticas comerciales, obsesionadas por los beneficios.
Tomas Muñoz | Globalízate | 12-7-2008 a las 23:01 | 815 lecturas
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La derecha neoliberal: "Haz lo que digo, no lo que hago"

Con gran alborozo de la derecha financiera, la entidad monetaria inglesa ha permitido recientementea sus bancos el canje de activos hipotecarios por bonos del tesoro (avalados ¡por el sector público!) y ha nacionalizado el banco Northern Rock. También recientemente, e igualmente aplaudido por esos que dicen odiar las nacionalizaciones y el intervencionismo, las autoridades de EE.UU. rescataron a Bear Stearns.

Movimientos similares en Alemania nos llevan a concluir que las llamadas economías liberales utilizan el dinero que, si por ellos fuera, el Estado no habría recaudado, en pagar las pérdidas causadas por la política comercial de unas empresas obsesionadas por los beneficios, pero que saben que el Papá Estado que la izquierda se preocupa en mantener (cada vez menos), le cubrirá las espaldas.

Ya en 1984, Continental Illinois, por entonces un banco principal, estuvo al borde del colapso por ese mismo afán crediticio, y el Gobierno de EEUU intervino en el llamado libre mercado (¡con el beneplácito de la derecha más liberal!) y se gastó 3.500 millones de dólares de esos ciudadanos americanos que luego no tienen posibles para acudir a la sanidad privatizada, ese modelo en el que se reflejan los sistemas sanitarios de Valencia y Madrid. Igual que el de EEUU, Inglaterra o Alemania, el Ejecutivo valenciano del PP, acudió con dinero público en la mano en auxilio de la empresa que comerciaba con la salud en el Hospital de Alzira. 

También el dinero público que los liberales prefieren en los bolsillos privados, sirve para pagar subsidios a aquellos a los que muchas empresas, aprovechando la huelga de camioneros, despiden via expedientes de regulación de empleo. ¿No hubiera sido mejor legislar a tiempo, meter las narices en la empresas, para evitar que el que un empresario se ahorre un almacén con piezas de reserva no repercuta en despidos? Pero cuando se quiere imponer un control desde los Gobiernos a estas prácticas, se tacha de intervencionismo por parte de esos liberales que luego alargan la mano para ser ayudados por Papá Estado.

Ese mismo sector financiero que provoca crisis y pide ayuda a los Gobiernos, es el que posee, en forma de fondos de inversión, un 80% de bolsas de alimentos como la del trigo, en donde están desembarcando tras haber hecho naufragar el buque de las hipotecas basura. Han traído la especulación a los alimentos, que retienen y venden cuando han alcanzado el precio deseado, produciendo inflación y hambrientos (50 millones más en 2007). La FAO, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la o­nU, no tiene recursos para comprar los alimentos encarecidos y, a la vez, la Organización Mundial de Comercio limita fondos para aquellos países que no supriman toda regulación de precios.

A cualquier mecanismo de regulación, los supuestos no intervencionistas ponen reparos y enarbolan la bandera de la capacidad de autorregulación del mercado, eufemismo que viene a significar que el mercado se autorregula hasta que hay que pedir ayuda a los Gobiernos o hasta que éstos tienen que padecer los excesos acumulados, bien salvando empresas de la quiebra, bien rescatando a sus trabajadores o bien comprando alimentos para mantener los precios asequibles.

Es esta imparable inflación sustentada en la especulación con los alimentos, lo que diferencia esta crisis de las precedentes. Y los Gobiernos no tienen intención de poner límites al mercadeo con bienes básicos; antes bien, los especuladores se aprovecharán de que la demanda aumenta en los países emergentes. Pero ocurre que también se ha acabado el crudo dulce, el que tiene poco azufre y se extraía de forma más "barata"; y dado que los Gobiernos tampoco tienen intención de poner límites a la dependencia de los combustibles fósiles (vamos ya por los 85 millones de barriles de petróleo al día), aquí tenemos otro pilar para una inflación galopante, porque para que sea rentable explorar y explotar yacimientos muy profundos hace falta un precio muy alto al que se pueda vender (un buque perforador contratado por Repsol YPF vale un millón de dólares al día).

Sin olvidar el alto precio en conciencia que también pagamos, porque molestas dictaduras a nuestros ojos, no son vistas así por unos gobernantes que adulan a familias reales, pero de las que tienen la sartén por el mango, con el propósito de que Oriente Próximo siga surtiendo el 31% del petróleo mundial, o Libia nos siga proporcionando el gas que necesitamos.

Cuando el Gobierno interviene no es para limitar desmanes sino para potenciarlos. La electricidad ha subido incluso más que el IPC, pero el actual Gobierno, liberal como sus predecesores, deja la solución al albedrío de que Electricité de France o la alemana E.ON decidan si se hacen fuertes en Gas Natural o si compran el poder de ACS en Iberdrola o Fenosa, o al albedrío de que la constructora aumente su control sobre la eléctrica vasca. Que no se preocupen todos aquellos grandes empresarios que acudieron a la toma de posesión del ministro de Industria: éste es como los anteriores del anterior partido en el Gobierno; no va a eliminar de la factura de la luz la parte destinada a amortizar los activos de generación hidroeléctrica o las centrales nucleares, amortizados todos varias veces ya, máxime si tenemos en cuenta que la producción de un megavatio cuesta 20 € y nos lo cobran a 60, y que siguen funcionando centrales obsoletas que multiplican sus accidentes.

Por cierto, las piscinas donde se almacenan los residuos nucleares están llenándose y el contrato con Francia para el control de éstos está finalizando. Los amigos de Miguel Sebastián y del diputado Pizarro no quieren que los ciudadanos paguen impuestos al Estado, quieren sacarnos la sangre ellos mismos, sin que intermedie el Estado. Y mientras ese estadío llega, de momento nos sacan el agua, pagando un precio irrisorio por las ingentes cantidades que consumen. El resultado final es que es el propio sector público el que mantiene a flote al pez más grande, agachando la cabeza cuando éste amenaza con que sin él todo sería todavía peor.

Hay dinero para rescatar a los que comercian con nuestra salud, nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestra energía y nuestro agua, pero cuando lo peor de la crisis está por venir, ya no hay dinero para los ciudadanos porque el superávit público de los años de bonanza ya se encuentra muy deteriorado.

De la medida estrella, la de los 400 euros del IRPF, muchos no se podrán beneficiar porque su retribución no llega ni para que Hacienda les retenga esa cantidad, mientras que sueldos de miles de euros a los que la crisis afectará en forma de pequeña desazón porque la Bolsa no va todo lo bien que les gustaría, se beneficiarán íntegramente, privando con ello de una mayor atención a los que verdaderamente no llegan a fin de mes o privando al erario público de fondos para infraestructuras en la que emplear a gran parte del paro que se está generando en la construcción. Privación de fondos al erario público que es lo que pretende el PP al abogar por más descuentos fiscales, una medida que incluso un adalid del liberalismo como el Fondo Monetario Internacional tacha de perjudicial ante situaciones como los 100.000 despidos en 10 meses en EE.UU.

La crisis no es crisis para todos. En estos momentos todas las empresas buscan a bancos para su accionariado, porque, al parecer, dan estabilidad e impiden las oscilaciones bruscas del precio de la empresa. Muchos puestos de trabajo o el esfuerzo de años de un empresario dependen ahora mismo de los bancos, porque en un sistema en el que los gobernantes se lavan las manos, una empresa vale lo que vale en Bolsa. El Santander, al que ningún gobernante liberal le hará pagar por el coste de puestos de trabajo que tienen las integraciones de dos entidades en una, aprovechará la crisis para comprar en México las posesiones de Citi, cuyo expresidente recibió 10 millones como "premio" a su mala gestión. Los demócratas han pedido en el Congreso medidas para que los accionistas limiten estas "recompensas" y sistemas de retribución ligados a beneficios. No lo van a conseguir, porque en los beneficios está el germen mismo del mal, en ellos se fragua el márketing del capitalismo sin control. Lo importante, aunque los beneficios sean a costa de conceder hipotecas basura, inventados por la auditora de turno otro Enron ocurrirá en cualquier momentoo sacados de las arcas públicas... lo importante es convencer a la gente de que la empresa privada puede regular a la empresa privada. Lo que suceda con los ahorros de los mexicanos lo veremos en la próxima crisis.

Tomás Muñoz Ramos IU Don Benito (Badajoz) y miembro de Globalízate

http://www.globalizate.org/tmunoz120708.pdf
 
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