En el mes de febrero del presente año,  recibí la gentil invitación  de la Mesa Catalana por la Paz y los Derechos Humanos en Colombia, que aglutina a numerosas  y prestigiadas instituciones estatales, del gobierno local, organizaciones de DDHH, sociales  y no gubernamentales de Barcelona, Cataluña, para participar, entre el 14 y el 17 de mayo, en calidad de expositor por el Ecuador, en las VII Jornadas por la Paz y los DDHH en Colombia, que dicha Mesa ha realizado por siete años consecutivos reuniendo  a expositores de Colombia, Unión Europea y España para tratar las complejas  temáticas del país vecino.
Los anfitriones, representados por el  Sr. Toni Borrell i Vila, Coordinador de las "VII Jornades - Taula Catalana per la Pau i els Drets Humans a Colòmbia",  se responsabilizaban  de  mi  traslado a Barcelona,  estadía, alojamiento y alimentación, y decidieron en esta  ocasión invitar por primera vez un expositor ecuatoriano para tratar en ese importante cónclave las desconocidas aristas de la regionalización del conflicto colombiano y analizar las propuestas de solución política negociada que hemos sugerido  las sociedades civiles y organizaciones que trabajamos en el tema de la paz y los DDHH en Colombia por más de diez años, como es el caso de la APDH y del Grupo de Monitoreo de los Impactos del Plan Colombia que  cofundé en 1999.
Iba a ser la primera vez que, después de siete años de organizadas,  esas Jornadas catalanas -a través de mi presencia en el evento- escucharían la desconocida e  invisibilizada voz de nuestro país y sus territorios fronterizos castigados por el largo conflicto desbordado y por los devastadores efectos del Plan Colombia. Sería igualmente la primera ocasión que un ciudadano ecuatoriano pondría en el tapete de la discusión española y europea en tan importante Mesa, las propuestas de  la sociedad civil ecuatoriana, que a lo largo de diez años de implementación del Plan Colombia hemos insistido en  la pertinencia  de una solución de paz para Colombia con la participación creativa y comprometida del subcontinente  sudamericano. 
Desgraciadamente, desde las primeras gestiones  realizadas tanto por los anfitriones  desde Barcelona, cuanto las que hicimos directamente  el personal  administrativo de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos  y yo  para conseguir el visado  en el consulado español en Quito, con el fin  de asistir al evento,  fueron inauditas las muestras despóticas de maltrato e  irrespeto  del personal (de administración, de atención  telefónica, de ventanilla  y de seguridad) por tratar de conseguir la audiencia  que, como requisito, se exige a los ecuatorianos para que sean revisados  los papeles de invitación, en este caso los documentos de  la  citada Mesa Catalana y de la  Oficina de Promoción de la Paz y los DDHH de la Generalitat de Catalunya (gobierno catalán), que tuvieron que escribir directamente al consulado en Quito para solicitarles que me reciban en  tal audiencia en fecha pertinente, no en fechas posteriores al evento como querían colocarme por ineptitud burocrática.
Curiosamente pude conocer en medio de este dilatado proceso que duró de marzo a mayo, que el nuevo  procedimiento de concesión de audiencias para visados, había cambiado en los últimos años en el consulado español. Si antes (ni siquiera  se exigía visa hasta el año 2000) funcionarios españoles me recibían para entregarles la invitación y conseguir su aprobación y listo, hoy  se paga por adelantado dos cantidades de dinero como requisitos que se consignan para dos procesos: $76 dólares que se debe depositar en una cuenta del Banco de Guayaquil para recibir el comprobante de fecha de audiencia, al estilo de la embajada de EEUU, y $43 dóls. para adquirir  un seguro médico de vida, cuyo comprobante igualmente exigen  presentar en la audiencia, así como todos los  demás papeles y requisitos que cumplí, para que finalmente aprueben o desaprueben  la  concesión de visa. 
Hice todas  las gestiones en estos meses,  y con prudencia iba informándoles en  correspondencia electrónica durante todo este tiempo a mis anfitriones de las trabas y avances. Hice gala de  paciencia  para soportar los tratos  recibidos  desde los inicios hasta conseguir la audiencia que fue concedida -en fecha adelantada- para el 8 de mayo, gracias a las gestiones directas que desde Barcelona hicieron la Mesa  y  la Oficina de Promoción de la Paz de la Generalitat de Cataluña, que  solicitaron por escrito al consulado la petición de que me adelanten la audiencia-entrevista para tramitar la visa, dado que  en dos ocasiones previas se fijó  la fecha de  mi audiencia en días  en que culminaba el evento en Barcelona  o mientras ya  iniciaba.   
Conseguida la audiencia adelantada y con la intuición anunciada a mis anfitriones de que "ojalá no sucedan novedades a último momento" dadas  las trabas  y  maltratos que habíamos  empezado a constatar telefónica y directamente entre marzo y abril mientras procesábamos  con personal de  la APDH los requisitos de pago de la tasa por la entrevista/audiencia en el Bco. de Guayaquil  (el personal del consulado  trata descomedidamente a los ecuatorianos que llaman, les cierran  el teléfono sin permitir averiguar o informar nada, etc.), fui el viernes 8 de mayo a las 11h00 al consulado español a la esperada entrevista.
Ya en las mismas puertas exteriores del consulado volvieron  las muestras de trato humillante, esta vez, policíaco y directo, ya no por teléfono o trámite electrónico. ¡Qué contraste con la forma de tratar  a los ciudadanos  en años anteriores, como en el 2000 cuando viajé invitado por el Ayuntamiento de Las Canarias para ir a exponer, precisamente, los primeros efectos del Plan Colombia en Ecuador!
El nuevo tratamiento  recibido  que se padece en las afueras y adentros  del consulado  para tramitar la visa, en este caso  por simplísimos y veloces  4 días de estancia en el evento, fue sencillamente intolerable.
Hice fila junto a decenas de ciudadanos ecuatorianos que deben esperar en colas interminables  bajo soles caniculares en plena calle  a la puerta del consulado, que mantiene vallas policiales  sin  una infraestructura que permita una espera digna a esa afluencia masiva de personas, con niños en brazos muchas  mujeres  o que puedan  esperar sentadas en asientos temporales o cubiertas bajo sombra, como  instalaciones externas de gran afluencia así lo requieren. 
En  los tres anillos policiales y de seguridad  que hube de  hallar y pasar, recibí maltrato: de la gente prepotente y sin educación que contesta los teléfonos del consulado, de miembros de la Policía Nacional ecuatoriana debidamente uniformados pero pésimamente formados en la sospecha contra sus propios connacionales, y que con un trato despótico conminaban a callar sin permitir pregunta alguna, sin dejar que se culmine una frase  o averiguación, mostrando su risible poder en su uniforme y actuación en grupo.
Un segundo anillo de "atención" en  el primer pasadizo  de acceso al consulado  está compuesto por guardias de una compañía local de seguridad privada contratada por el consulado español, guardias que se expresaban igual o peor que los policías, en términos despóticos y vulgares y con las mismas interrupciones y sandeces.
Admito que la salvedad aparente fue el oficial español (el tercer anillo) con el cual pude dialogar por segundos, y que en todo caso fue  educado y procedió a autorizar a que me dejaran ingresar. Los  policías y guardias privados locales hacían  gala  de un complejo de inferioridad que les hace aparecer "duros"  con sus compatriotas solicitantes de visa, para congraciarse con su par español en la misma garita de ingreso. Pero finalmente, reflexioné en que son los oficiales españoles, que aparecen ante uno más cultos, los responsables  en última instancia del trato que dan a los ecuatorianos estos huasicamas de uniforme ("sirvientes de casa ajena", significa huasicamas) de los dos anillos precedentes. 
En  la sala de atención interna, son los propios ciudadanos comedidos los que le alertan a uno que debe tomar un turno porque no hay un aviso que explique nada,  pero lo que más llamó  mi atención fueron las palabras de  advertencia de un letrero  grande colocado en donde debemos esperar nuestra entrevista y que  reza (palabras más o menos textuales): "Por su seguridad (¿?) se le grabará y filmará todo lo que responda en la entrevista y en esta sala".
Esas palabras me  sirvieron de argumento en la ventanilla 4 a la que fui asignado con el número 46 de turno, para reclamar sardónicamente el trato previos mostrado. A las 11 de la mañana estaba fijada  mi audiencia,  empezó con puntualidad consular europea  a las 12h55, saliendo del lugar  a las 13h35.
Las normales preguntas de orden formal (nombre, línea aérea, razones del viaje, etc.) fueron aderezadas con interrogantes  de indisimulada matriz para  atemorizar a los solicitantes de visa, en su mayoría migrantes por razón económica, lo que me hizo responder  con ironía: (¿Trabaja?) "No, no  tengo trabajo  actualmente, soy un defensor de ddhh en el desempleo, y me estoy yendo sin un centavo en el bolsillo". (¿Y a qué se dedica?) "Al desempleo,  como 4 millones de españoles". (¿Y por qué gana sueldo?) "Por obra" (¿Por obra?) "Sí, por obra". (¿Le van a pagar en ese evento?) "Bueno fuera que por lo menos  se me pagara por semejante vía crucis". Todo lo dicho,  lo manifestaba sardónicamente, por supuesto, mirando a las cámaras y hablando en voz alta en señal de  que eran respuestas irónicas, en signo, personal y quiteñísimo, de protesta por el trato recibido. 
Al concluir la entrevista, matizada por la sonrisa de la funcionaria que, por fin, entendió que ironizaba por el trato recibido en todo este proceso, me entregó un papel para que lo firme. No suelo firmar ningún papel sin leerlo antes, cosa que molestó a la funcionaria: "Ud. se  queda con una copia de este documento, así que puede leerlo después. Solo fírmelo que es el documento con las prevenciones legales para que retire su pasaporte  a las 2 de la tarde". 
Como tengo dos niñas, una de ellas especial, a quien  a las 15h00 debía atender  por una emergencia familiar 
surgida, en la garita externa  pregunté si  no  demora mucho  la entrega del pasaporte a las 2 y si serían  puntuales. Igual respuesta,  fuera de lugar, típica de guardias de seguridad.  Volví a las 14h00 recibiendo el  maltrato acostumbrado de los policías externos y los guardias de seguridad, logrando pasar solamente cuando el oficial español dio "luz verde"  a los huasicamas criollos para que yo pueda ingresar a retirar  mi  pasaporte,  que sigue retenido en el consulado hasta el momento en que escribo esta denuncia. 
Una  fila  enorme de decenas de ciudadanos en similar  diligencia, hacían espera porque fueron citados todos a  las 14h00 para retirar su pasaporte,  obtengan o no la visa. La fila de gente  llegaba hasta los patios interiores del consulado, y estaba formada  apenas para obtener el boleto de turno de atención. No tenía opción: o mi hija,  o continuar en la fila inacabable hasta conseguir el boleto de turno y, luego,  la atención en ventanilla horas después. Me retiré  después de averiguar a los guardias privados si podía hacer la diligencia similar  en la mañana del lunes, recibiendo de respuesta "Sólo a las 2 de la tarde se entregan pasaportes".
El lunes 11 de mayo fui  por mi pasaporte a las 14h00. Los guardias privados  respondieron con monosílabos cortantes y  el mismo trato despectivo que recomiendo a  las autoridades diplomáticas del consulado filmar, así como filman a los solicitantes de visa en la sala de espera y en las ventanillas de entrevistas:  "No, no tiene autorización para retirar nada, usted es un mentiroso, la señorita de ventanilla le dijo que venga a las 2 de la tarde del viernes, qué culpa tenemos si usted 'dice que tuvo' una urgencia"; etc.,  y cuando les reclamé que no interrumpan, que primero dejen terminar la frase y  sepan escuchar, peor: epítetos, ofensas y actitud agresiva con gestos, amparados en que están en grupo.
Exigí entonces mis papeles: "Es  mi pasaporte, tengo derecho a reclamarlo, no es un documento español, sino mío y eexpedido por autoridades ecuatorianas. Si no quieren darme la visa,  no me importa,  no  estoy rogando que me dejen ir a España: fui invitado por instituciones y autoridades de Barcelona, pero voy a  denunciar este trato a los ecuatorianos como si fueran espaldas mojadas todos los que se acercan a esta puerta". Me retiré del lugar entre insultos que me negué a escuchar por sentido de dignidad  y procedí a exponer mi denuncia de lo ocurrido en la APDH, cuya directora llamó al consulado y entabló discusión con el personal despótico del consulado: "Alexis Ponce tiene una hija a la cual debía atender por una urgencia familiar, él  estuvo a las 2 de la tarde el viernes y hoy. Fueron ustedes los que tenían decenas de ciudadanos  en espera, sólo queremos que le permitan retirar su pasaporte". Negativa.
Entonces pedí la intervención de la Defensoría del Pueblo (DDP) pues  hacer sentir así a los solicitantes de visado, sin lugar a completar una frase, o la pregunta o a pedir informaciones; dar  ese trato  impune hasta hacer sentir casi delincuente al solicitante de  visa, es intolerable.  Solicité intervengan de oficio  inmediatamente  y el Dr. Bismark Moreano, funcionario de la dependencia de Gestión Oficiosa de la DDP, tuvo el enaltecedor gesto  humano y profesional invalorable de  apersonarse  del caso y de llamar  inmediatamente al consulado, escuchando el tipo de  trato que dan, y del cual, por fortuna, fueron testigos él y otra compañera funcionaria de la Defensoría.
Ante semejante maltrato despótico recibido, he decidido no aceptar volver a ese consulado,  y notificarlo así a mis anfitriones en Barcelona, los cuales me han expresado por escrito y mediante llamada telefónica su solidaridad y se han comprometido a denunciarlo durante el evento, en el que me han pedido que intervenga con una grabación virtual para denunciar lo ocurrido y exponer mi ponencia sobre el tema para el que fui invitado. Así que la visa no quiero. Quiero  que respeten  a los ecuatorianos solicitantes de visa, que hacen fila y son avasallados por ser ciudadanos ecuatorianos, puesto que la actitud de los huasicamas  de la ventanilla y la seguridad cambia cuando los que llegan son extranjeros, europeos o autoridades del Ecuador con poder.  Tengo  derecho que me sea  devuelto  mi pasaporte, es un documento nacional exclusivo del ciudadano ecuatoriano denunciante y no puede ser retenido bajo ningún concepto.
He solicitado a la  Comisionada de Gestión Oficiosa de la Defensoría,  que  intervenga para  que se me devuelva mi pasaporte, pidiendo que a esa diligencia pueda asistir acompañado de un funcionario de esa dependencia. Pero, sobre todo,  denuncio este hecho para  que estos maltratos verbales, gestuales, administrativos y policíacos, y todos los tratamientos despóticos terminen contra los ecuatorianos solicitantes de visa en ese consulado.
Esa  penosa actitud vista en el consulado español  contraría totalmente una gestión de  buena voluntad hecha por  mis anfitriones,  y por mí y la Apdh  en Ecuador, con apremio y sorteando dificultades.  Una visa no amerita  ser conseguida  a base de humillaciones. Un viaje preparado con tanta antelación y cumpliendo todos los procedimientos, no amerita ser hecho a costa  de callar la conducta administrativa y policial con la cual incomodan a migrantes o, como en mi caso,  a solicitantes de visa por  'pilches' 4 días de estancia en España, y que somos igual de humanos que los funcionarios maltratadores.
La impunidad es una trama burocrática perfecta: todo lo hicieron impecablemente, la falta es del quejoso, responderán. Mi sentido de la dignidad no es sólo personal, sino por el trato impasible a tantos ecuatorianos,  silenciosas víctimas a cuenta de una visa de empleo o reunificación familiar. Es su derecho el guardar silencio ahí en la garita y la ventanilla para acceder a como dé lugar a la ansiada visa. Lo respeto y entiendo. Mi derecho es a levantar mi voz por todos ellos y por mí mismo, ante una maquinaria burocrática consular insoportable. Puse la denuncia en la Defensoría del Pueblo, acudí al organismo de DDHH, oficié a nuestra Cancillería  y dije a esos señores del consulado que  ya no tengo interés alguno en que me concedan la visa sino en que me devuelvan mi pasaporte que está  ilegalmente retenido  en ese lugar desde el 8 de mayo hasta este momento.
Agradecido de las gestiones  de mis anfitriones para lograr que el consulado de España en Quito me conceda el visado, debido a esas manifestaciones intolerables que no logran disimular el trato policíaco anti-migratorio, no volveré a ese consulado, sino es a retirar mi documento nacional. Qué lástima que tanto esfuerzo, mío y de mis anfitriones,  haya chocado con las trabas anteriores, las de este 8 de mayo y ese maltrato que no  debe ser tolerado por ninguna persona.
¿Acaso piensan que una persona debe aceptar maltratos, despóticos tratos de ignorantes policías  y guardias agresivos, de funcionarias de ventanilla y telefonistas abusivas, para acceder a una visa legalmente tramitada por un viaje de apenas  4 días en condición de invitado?
No quiero pensar que ese  trato obedezca  a que, como citaran ayer desde el consulado a la APDH en la llamada telefónica hecha: "Sí, conocemos perfectamente al Sr. Ponce", a la acción pacífica que dirigí en el pasado con defensores de DDHH en ese mismo consulado, con medios de comunicación de Ecuador y la agencia EFE, cuando una  adolescente ecuatoriana migrante fue golpeada en el metro de Barcelona, acto que en las afueras de ese consulado dirigí denunciando con firmeza la política policíaca anti-migratoria que entonces empezaba a configurarse.
¿Acaso esa actitud  tiene que ver la denuncia pública que hice, recién posesionado el gobierno actual en Ecuador, sobre las reuniones reservadas entre personal diplomático de dicho país para intentar desestabilizar al recién llegado mandatario, denuncia que fue del conocimiento del consulado  y que fue publicada?
Así las cosas, he decidido enviar mi ponencia sobre Ecuador y sus fronteras y nuestra visión de la paz en Colombia, por vía electrónica a los  gentiles anfitriones en Barcelona, que -por supuesto- nada tienen que ver en este comportamiento  patán del consulado español.
Estoy muy indignado,  pero entiendo que  puede ser  el precio de trabajar la paz y los derechos humanos en condiciones adversas en tiempos de migraciones que aterrorizan y de visas que enfadan.
Finalmente, no olvidemos que hasta el propio Presidente del Ecuador se quejó públicamente de un trato indigno recibido en un punto migratorio de aeropuerto en un país del Norte, y prometió no volver nunca a ese país debido a ese gesto. Si eso pasa con un Jefe de Estado sometido a registros y conminado a quitarse los zapatos por burócratas migratorios ignorantes, imaginemos qué pasa con los migrantes de a pie, con los ciudadanos solicitantes de visa como yo, apenas llegan a consulados como el español o el estadounidense.
La Constitución ecuatoriana consigna la ciudadanía universal, que es una bofetada a toda política migratoria y consular excluyente y paranoica. Nuestra política exterior declara que la migración no es un delito. En mi caso, ni siquiera soy migrante, sino que fui solicitante de visa para  ir a España  como invitado  y expositor.
 
Es la hora del reclamo. Y de los derechos. Ojalá gobiernos europeos  de centro como el español  del Sr. Zapatero, revisen y cambien esas prácticas en los consulados y embajadas de su país en las Naciones del Sur del mundo.
 
Y ojalá nuestras instituciones: Cancillería, Gobierno central, Legislativo  y Defensoría del Pueblo, vean este caso como una oportunidad para exigir a nuestros ciudadanos un trato digno en los consulados de países del Norte y en ese consulado específico,  que según he podido conocer, en España  ha sido llamado la atención antes por ser uno de los más conflictivos en la región.
 
Estaré  a la  espera de  resultados y de la intervención eficaz de nuestras instituciones  nacionales que tienen que ver con este tema: Comisión de Gestión Oficiosa de la Defensoría del Pueblo, Cancillería (Dirección General de Asuntos Consulares), Comisión Legislativa de RR.II., y otras.
 
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