La derecha oficial -el PP- es ultraderecha energuménica. La izquierda oficial -el PSOE- es derecha; a saber si civilizada o mema. La extrema izquierda –IU- no pasa de ser una suerte de conciencia o hace el paripé, pero es cualquier cosa menos comunista, y si lo es, para nada sirve.
  España ni siquiera imita un rasgo típicamente democrático para territorios que coexisten con muy distintas sensibilidades, como el federalismo yanqui o alemán. La separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial es una filfa. La ideología neoliberal, es decir, fascista, predomina en el judicial, y la derecha a punto está de dominar en el ejecutivo: siete ministros recurren al plan privado de pensiones en su beneficio porque desconfían de la sostenibilidad de la pública. La alianza subrepticia entre fascistas e izquierda permisiva es manifiesta. España imita todo lo peor de la libertad sin bridas de la que gozan los patricios de la sociedad en la medida que las instituciones la sustraen a la inmensa mayoría y también a minorías, como la abertzale vasca. Imita lo que de mafioso y perverso hay en el gobierno de la chusma ilustrada metida en la política.
  Ahora la Unión Europea, cuya presidencia está actualmente en manos de un sicario del PP, con fanfarria mediática acosa a Cuba sobre los derechos humanos cuando los testimonios particulares y los informes de Amnistía Internacional no ofrecen duda de que España es el país europeo donde exactamente se tortura.
  Pero la extrema derecha española no está sólo en el PP y en los gobiernos autonómicos nazis o franquistas (Madrid y Valencia son un buen ejemplo), es que también copa el Poder Judicial y medra en las profesiones llamadas liberales paladines de la democracia. La democracia es donde prospera el chanchullo, ella misma es chanchullo, y si no es con chanchullos y fraude la extrema derecha no podría progresar. La extrema derecha, la que sólo es demócrata cuando tiene mayorías absolutas para ignorar a sus oponentes, está en la columna vertebral del Tribunal Supremo, en la del Tribunal Constitucional, en la del Consejo General del Poder Judicial. También en la Iglesia.
  El Poder Judicial y la Conferencia Episcopal en un país que hasta ayer rezó el rosario, son los mejores aliados de la clase política y de los Borbones para sostener en vilo esta democracia de cartónpiedra que a todos ellos (derecha, izquierda, extrema derecha y extrema izquierda) complace. Y les complace, porque con semejante tinglado que llaman democracia siendo como es un desaguisado, no necesitan golpes de Estado ni disparar un solo tiro para dominar.
  El PSOE y el gobierno propician el contubernio partitocrático, y no sabe cómo responder a las provocaciones de la ultraderecha con lenguaje de ultraizquierda, que es el único que entenderían. Ni un solo amago para reformar la Ley Electoral, fuente de la mayor parte de desdichas… democráticas. Así es que, en cuanto lleguen las elecciones, anticipadas o no, ya se puede preparar el pueblo para volver a soportar a una abrumadora mayoría absoluta salida de un nido de canallas y ladrones. Para entonces la mancha derechista extrema se habrá extendido por el país como la hidra. Y es que, si no hay cambios sustanciales y ni siquiera se ponen sobre la mesa es porque políticos, jueces, empresarios, periodistas, profesionales de toda laya, sin crisis o con crisis, pase lo que pase, viven como dios en esta democracia de imitación o de fogueo.
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