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Democracia representativa y estado español
La democracia, aun en su forma representativa, sólo se establece verdaderamente en el momento en que las minorías pueden establecerse alguna vez como mayorías.
Maria García Pérez | Para Kaos en la Red | 3-6-2009 a las 17:46 | 2394 lecturas | 3 comentarios
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A estas alturas del despliegue histórico del modelo constitucional de la transición, a nadie se le escapa ya: en el reino español cuyo garante último es la rancia corona de una monarquía por la que a nadie se le preguntó si la quería, la democracia brilla por su ausencia. ¿Pero qué supone ésto verdaderamente? ¿cuáles son las implicaciones últimas de esta carencia esencial? No basta, a mi modo de ver, con apelar a la ratio última de la deseperanza o de la revolución. Se hace necesario teorizar si queremos estar en condiciones de establecer y reconocer una verdadera democracia para nosotros, esto es, si queremos atisbar la posibilidad de una propuesta positiva de futuro.

Pues bien, basta leer al filósofo, jurista y teórico del derecho Hans Kelsen (sutil antiliberal) para desmontar la farsa de la aparente democracia española. Es fácil comprender que, tal y como este autor apunta, el concepto mismo de democracia representativa está sujeto a una serie de aporías irresolubles, esto es, la representación anula por sí la posibilidad de una democracia directa si bien en núcleos de gran población es el sistema que, al menos hasta ahora, se muestra más eficaz, resultando que, en su caminar hacia el ideal, debe acercarse lo más posible a esa forma de democracia directa de la que es opuesta. En suma, la democracia representativa debe acercarse en todo lo que pueda a una democracia directa para salvar la aporía que supone su presupuesto básico: que el ciudadano no puede ser partícipe directo en el acontecer político, pero, al mismo tiempo, ha de serlo.

Pero éste no es en absoluto el problema de nuestro sacro santo reino español. Lo que ocurre en primer lugar es que no se cumplen en la práxis los elementos que asegurarían que las condiciones de base por las que la democracia es deseable sean realmente operativas. Estas condiciones, como requisitos indispensables son: la igualdad y la libertad, entendidas ambas como respeto hacia las minorías.

Me estoy refiriendo ni más ni menos que a la saturación del poder por parte del PPSOE, a este bipartidismo enquistado que no deja que pase ni el aire a través de sus enmohecidos asientos. Y es que la democracia representativa debe constituírse a cada paso como descriptiva del cuerpo social en todos sus aspectos y dimensiones. Esto supone ni más ni menos que las minorías han de ser respetadas, es decir, deben poder tener algo que decir en el juego político, deben tener peso en las decisiones últimas. El mecanismo por el cual ésto es posible desde luego es incompatible con la ley de partidos cuya finalidad es la ilegalización y, también, con el reparto de escaños una vez contabilizados los votos tras unas elecciones. Hago referencia así tanto a las quejas de Iniciativa Internacionalista como a las de Izquierda Unida. Ocurre a este respecto, (oh, qué casualidad) que a las minorías que en este sentido se les obstaculiza el paso son siempre de izquierdas ( y no quiero con ésto meter en el mismo saco a IU y a II, esa discusión la dejo para otro lugar), y es que el liberalismo postula su mano invisible no sólo para lo económico sino también para lo político. No en vano 1500 agentes de la CIA tenían en España su base de operaciones durante la Transición.

Pero, lo decisivo, no es que éstos partidos no puedan con ello asumir unos poderes y una legalidad que les correspondería, sino que de lo que se trata, una vez más, es de acercar lo más posible al ciudadano a la participación, de cumplir el ideal democrático. España, pues, camina una y otra vez en sentido contrario.

Pero no sólo se trata del Parlamento, las minorías han de estar representadas en todos los órganos del poder, es decir, y por especificar, las minorías han de tener un hueco en el Tribunal Constitucional. Sólo así se garantiza que las decisiones judiciales que de allí provengan no supongan detrimento alguno para aquellas minorías. Si, como sabemos, el Tribunal Constitucional está compuesto por miembros afines sólo al PP y al PSOE, la situación de enquistamiento alcanza cotas de absoluta saturación. Es aquí donde lo político adquiere la forma de una tiranía.

Y, el fin último de la descriptividad y el respeto a las minorías no es otro que garantizar la reversibilidad, es decir, posibilitar que la minoría actual pueda ser mañana una mayoría con representatividad real, efectiva. Claro, aquí es donde el PPSOE reconoce su mayor peligro: el horizonte abierto al riesgo de la pérdida de su poder.

Por otro lado, falsimedia se llena la boca con una consigna que desde estas reflexiones queda huera: dicen que la alternancia en el poder es sana en democracia. No señores, no se trata de que dos partidos mayoritarios alternen sin más en el gobierno, la democracia, aun en su forma representativa, sólo se establece verdaderamente en el momento en que las minorías pueden establecerse alguna vez como mayorías, en el momento en que todos y cada uno de los ciudadanos puede sentirse representado a la hora de votar. Mientras tanto gran parte de la población sentirá la bota del poder sobre su cuello sin posibilidad de zafarse de ella, mientras tanto, la represión será un hecho habitual por mucho que se la trate de encubrir.

 
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Comentarios (3)

#2

03-06-2009 19:23

¿Quien coño es el txakurra de arriba?

Kaos, se ha colado uno!!!

Valoración: -1    |  Avisar provocación

#3.- a 1

javkerr|03-06-2009 20:10

Primero, enhorabuena por el artículo. aunque creo que,a propósito de kelsen y con relación a este sistema, se pude extender más la cosa.

A uno: es cierto, en teoría, que se puede votar a la minoría que uno quiera. Pero desde luego no puedes pretender demostrar que los partidos políticos parte de la igualdad de condiciones, y menos cuando el Tribunal Constitucional ha tenido que tragarse con patatas la intentona de ilegalizar a II SP quizá por presiones que venían de más arriba, de Europa concretamente. Eso no lo sé.

Pero lo que sí es cierto es que los mass-media presentan las electorales como el gran duelo entre PP y PSOE. Detrás de esto se reproduce el mito de la transición, la reconciliación de las dos españas (supuestas dos españas) y la necesidad de un intento parlamentario continuo, hasta el infinito.

Pero... ¿de verdad crees que todos estamos representados en PPSOE?Amos venga. Si incluso hay quien dice ya que ambos partidos deberían ser los canales naturales para la participación política del ciudadano, en fin, barbaridades del barbarismo español

Valoración: 4    |  Avisar provocación

#7.- eje PP-PSOE: bipartidismo institucionalizado

copdecap|09-06-2009 19:37

Pero vamos a ver! alguien llega a creerse realmente que el eje PP-PSOE -a cobijo y amparo- de "su" inamovible e "incuestionable" Constitución Monárquica, van a permitir "deslices" sobre todo hacia la izquierda ? y quien más se opone y va a oponerse a multiplicar las posibilidades democráticas (por la izquierda) da la casualidad que es el PSOE. Al fin y al cabo, la derecha española básicamente se apiña en el monolito PP, y no teme ni por "sospecha" o celos que cualquier partidejo "integrista" a su derecha le pudiese llegar a perjudicar politicamente, sino que incluso, los usa como "cruzados" de choque ideológicos y violentos para sus propios fines contra la izquierda revolucionaria, sin que nadie les pueda acusar "legalmente" Pero una izquierda a la izquierda del PSOE, les puede robar no sólo protagonismo y poder, sino también credibilidad izquierdista, o lo que es lo mismo; quitarles la careta delante de la clase trabajadora y de sus incondicionales votantes (?) Así que este bipartidismo "institucionalizado" les viene como dedo al culo, como decia un amigo mio "gay"

Valoración: 0    |  Avisar provocación

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