Me lo hubiera debido ahorrar. La capacidad para el autoengaño no tiene límites. Nada sobre un cambio de filosofía del consumo, del gasto y de la inversión, de la depredación al fin: pólvora de salvas para que todo siga igual. Quieren resolverlo todo con controles aparentes, que de nada sirven porque el capitalismo sólo ha funcionado si se le dan alas y fracasado cuando se le coarta.
    Detrás de todos esos tecnicismos abstractos de los doctores economistas, no hay más que palos de ciego para atajar una crisis cuyas causas y consecuencias habrá visto venir de lejos hace mucho, cualquier observador un poco fino y sin juicios previos sobre la enmarañada economía financiera. Los "grandes hombres" se caracterizan porque cerecen del sentido de la anticipación, y ni escarmientan por la historia ni columbran la pericia para evitar que la montaña nos aplaste hasta que no tienen encima la montaña. La única prevención que no debieran haber ideado, porque no tenía fundamento, es justo la que no se evitó: la "guerra preventiva".
    "Vivir por encima de las posibilidades" es una frase que ha explicado toda la vida la fatuidad y cretinez de la persona o la familia que, no teniendo fortuna ni recursos reales, simulan tenerlos y deben dinero a diestro y siniestro. Esto es lo que hacemos en los países capitalistas. Occidente hace mucho que dejó de disponer de réditos y viene gastando el capital. El filón se ha consumido. Ha agotado las materias primas o son insuficientes para el despilfarro creciente que acostumbra. Y cada vez depende más de quienes las tienen. La economía capitalista es, pues, la misma que la de quien vive por encima de sus posibilidades y sólo se le ocurren trucos y truculencias para fingir la riqueza que no tiene.
 
  El llamado mercado interbancario no es más que una parcela del mercado ¿libre? donde todos se engañan y trampean entre sí. Nise busca ni interesa la solidez ni la solvencia requeridas en el espíritu del toma y daca correa de transmisión de los flujos del dinero representativo de la riqueza material. Nadie se ha preocupado, hasta ahora en las relaciones y préstamos entre los grandes bancos mundiales y nacionales, de exigirse unos a otros transparencia, solvencia y solidez, y menos de acreditarlos. Y ahora "Nosotros, los líderes" caen en la cuenta de que hay que ser más honrados y más inteligentes en el reparto de la tarta, porque si todo va a parar al mismo sitio y la mayoría carece de recursos, no habrá quien siga alimentando el fuego sagrado de sus fortunas.
    Por otra parte la filosofía del endeudamiento es la ley que gobierna al Occidente. No sólo se propicia desde los centros neurálgicos del comercio doméstico y mundial el: "lléveselo y empiece a pagar el año que viene", una de las consejas que ilustran esta locura capitalista asociada a la fungibilidad pura del dinero. Bancos, empresas, estados, parroquias, comunidades y millones y millones de familias no tienen activos suficientes pero se comprometen a pagar lo que luego no pueden o no quieren liquidar... Todo el mundo debe, y así llega un momento en que el marasmo de los estadillos contables obliga a hacer cuentas entre todos para clarificar las cosas apremiados por el FMI o por un lobby de bancos más perdedores que ponen el grito en el cielo; descubriendo en el balance final que todos son deudores. ¿Y quiénes son los acreedores, que además no cobran?, pues los pobladores de los países del Tercer Mundo donde radican las materias primas que los anteriores saquean. Papel y más papel, representaciones de la riqueza pero no riqueza propiamente dicha que además se agota es lo que denuncia el G-20. Papel y más papel, representaciones de la riqueza pero no riqueza propiamente dicha que además se agota es lo que denuncia el G-20. La confianza, médula del mércado, ha desaparecido. Nadie se fía ya de nadie...
 
  Y entonces irrumpe la necesidad de revisar la "filosofía" profunda de vida con arreglo a la que vive una Cultura o una Civilización o a la que debería vivir. Pero eso el G-20 no lo toca. Es demasiado árido y difuso. Hasta ahora la filosofía aplicada ha sido el optimismo con fórceps. Es el motor. Pero ya no funciona tampoco. Hay que cambiarla. Y esto no es lo que se propone el G-20. El G-20 sólo habla de controles internos en cada país y dejados a la inspiración de los "sabios" que no existen. Si se pasan de tuerca en los controles, se estrangula el juguete capitalista financiero... El capitalismo devorándose a sí mismo es el espectáculo al que estamos asistiendo.
  Y la filosofía de la que hablo está en el pensamiento eterno. Sin embargo y ya que tanto invocan los textos sagrados quienes justamente provocan el caos económico, en los textos sagrados están las soluciones, además de estarlo en las recetas marxistas y engelianas. Porque del concepto de administración prudente del buen padre de familia, evangélico o humanista simplemente,en pocos lustros la medida del prestigio ha pasado a ser deber dinero y cuanto más mejor. La solvencia, en la consideración "interbancaria", no se tiene por poseer joyas, bienes raíces u oro, fundamento de la riqueza tradicional, sino por la exhibición y a veces hasta la simple invocación de títulos bursátiles que a su vez no respaldan fortuna tangible alguna. El prestigio social se alcanza si se tiene acceso a las vías crediticias, y basta el amiguismo "inteligente" para alcanzar la gloria. Las "burbujas" no son más que eso, pompas de jabón.  
  La pedagogía, con Educación Ciudadana o sin ella, no corrige la inclinación a la desmesura y al despilfarro. No hay más que ver cómo se trata el tema "móvil". Se alienta la apariencia y además se abona ya desde la cuna. Antes era lo mismo, pero maestros, religión y la cultura de la resignación lo corregían. Ahora maestros y curas se incorporan a la estulticia general, y la cultura de la morigeración desaparece. Cuando digo todo esto, me refiero a los temblorosos parches que "Nosotros, los líderes" proponen en su Declaración para embridar al capitalismo financiero. Me refiero también a la práctica desaparición del control social para que la economía funcione sobre bases medianamente sólidas. El control social se ejerce -y se precisa- de muchas maneras. Las sociedades necesitan de ese control para no descomponerse. Los principales ingredientes son la ética, la religión y los códigos penales. Al final, todo se fía a estos últimos, y los del G-20 confían, los pobres, en que lo que no se logre atajar con condenas a menudo casi simbólicas lo hará el milagro de una ética capitalista ya periclitada que mueve a risa: ser honesto y tener conciencia social es, para la sociedad del G-20, un grave defecto...
    De ahí la condescendencia y aun complicidad del legislativo y luego el judicial con el delito económico, con el fraude, con la ingeniería financiera y las cifras astronómicas.Y aunque las leyes antifraudes, como su aplicación, sean severos, para no neutralizar las "virtudes" del sistema y para no cohibir al dinero y a la iniciativa privada, sobre todo en mercados superagotados, se practica el amagar y no dar que es a la postre el no lograr el resarcimiento de las cifras saqueadas. Con lo que la impunidad queda prácticamente asegurada.    Por último, una inmensa cantidad de ciudadanos que pasan por honestos: registradores, notarios, funcionarios, gestores, abogados, jueces, empresarios, que tienen un protagonismo decisivo en los mecanismos de ese indipensable "control social" contribuyen a facilitar la simulación y el fraude.     La simulación y el fraude: la filosofía capitalista de siempre, y la misma sórdida filosofía del César yanqui saliente que deja el mundo sembrado de crímenes y de pufos. Sobre la simulación, el autoengaño y la confianza estúpida viene viviendo la sociedad opulenta, a costa, además, de la inmensa mayoría.   He aquí un bosquejo de la crisis, de sus causas y de los graves desequilibrios sociales. Unos ya están aquí, y otros más graves nos esperan. Todo, probablemente, desembocará donde termina las crisis sociales sin solución: en guerra total. No hay tiempo ni fuerzas ni deseos de cambiar la filosofía de la orgía del gasto por la de la austeridad: la única capaz de atemperar el capitalismo salvaje y al final la vida sobre el planeta.
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#1
STOP LEYES DE HORCA Y CUCHILLO.|18-11-2008 12:59
Muy bueno el artículo.
Con tanta sanguijuela, cucaracha y carroñeros viviendo opulentamente de saquear valiéndose de sus trabajos de burócratas, es difícil creer (imposible) que nada vaya a cambiar.
Esas reuniones del G-20, o de otros grupos de poder similares o geográficamente parecidos, no es más que más de lo mismo.
Reuniones de carroñeros, sanguiluelas, cucarachas que viven de la burocracia, del saqueo, de la violencia capitalista, etc., etc.
Esas reuniones no son para hacer un mundo mejor, ¡¡¡qué risa!!!, sino para ver cómo les va el negocio, cómo mejorarlo, qué nuevos métodos de saqueo inventar, etc., etc.
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#2.- Todo previsto de antemano
Xabier|18-11-2008 13:31
http://video.google.es/videoplay?docid=8883910961351786332&ei=4LAi
http://www.youtube.com
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#4.- Cuando
18-11-2008 18:34
El sistema de producción y distribución de bienes acaba por oponerse al desarrollo de las fuerzas productivas, es necesario cambiar el sistema.
El sistema que hoy se opone al desarrollo es el capitalista. Así que hay que acabar con él. No de otra forma se va a solucionar el problema de una economía que pretende dejar de apoyarse en la producción, para centrarse prioritariamente en la especulación financiera. El capital es trabajo acumulado. Si no hay trabajo, el capital se convierte en humo.
El capitalismo sirvió hasta hoy para ese desarrollo del que hablo. Pero sus potencialidades en este terreno, han terminado. 
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#5.- Y William Robinson está de acuerdo conmigo
19-11-2008 05:04
"No se puede atribuir esta crisis a la ultraderecha. Había una mala impresión de que, si neutralizamos a la ultraderecha, se va a resolver el problema. Esta es una crisis estructural del capitalismo global" Indica que hay crisis cíclicas, que ocurren cada 8 años, y crisis estructurales, cuando el sistema capitalista como tal no sirve y debe ser reorganizado. "Estamos frente a una crisis del capitalismo global".
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