Buscar  
Déjense de paparruchas
He tenido la santa paciencia de leerme "Nosotros, los líderes", que es como empieza la tremebunda Declaración de la Cumbre en Was­hington del G-20.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 18-11-2008 a las 12:29 | 554 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/dejense-de-paparruchas
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb

  Me lo hubiera debido ahorrar. La capacidad para el autoengaño no tiene límites. Nada sobre un cambio de filo­sofía del consumo, del gasto y de la inversión, de la depredación al fin: pólvora de salvas para que todo siga igual. Quieren resolverlo todo con controles aparentes, que de nada sirven porque el capitalismo sólo ha fun­cionado si se le dan alas y fracasado cuando se le co­arta.

    Detrás de todos esos tecnicismos abstractos de los doctores eco­nomistas, no hay más que palos de ciego para atajar una crisis cu­yas causas y consecuencias habrá visto venir de lejos hace mucho, cualquier observador un poco fino y sin jui­cios previos sobre la en­marañada economía financiera. Los "gran­des hom­bres" se caracte­rizan porque cerecen del sentido de la antici­pación, y ni escarmien­tan por la histo­ria ni columbran la pericia para evitar que la montaña nos aplaste hasta que no tie­nen encima la montaña. La única preven­ción que no debieran haber ideado, porque no tenía funda­mento, es justo la que no se evitó: la "guerra preven­tiva".

    "Vivir por encima de las posibi­lidades" es una frase que ha expli­cado toda la vida la fatuidad y cre­tinez de la persona o la familia que, no teniendo fortuna ni recursos reales, simu­lan tenerlos y de­ben dinero a diestro y siniestro. Esto es lo que hacemos en los paí­ses capitalistas. Occidente hace mucho que dejó de disponer de ré­ditos y viene gastando el capital. El filón se ha con­sumido. Ha ago­tado las materias primas o son insufi­cien­tes para el despilfa­rro cre­ciente que acostumbra. Y cada vez de­pende más de quienes las tie­nen. La economía capitalista es, pues, la misma que la de quien vive por encima de sus posibilidades y sólo se le ocurren trucos y trucu­lencias para fingir la riqueza que no tiene.
 
  El llamado mercado interbancario no es más que una parcela del mercado ¿libre? donde todos se engañan y trampean entre sí. Nise busca ni interesa la solidez ni la solvencia requeridas en el espí­ritu del toma y daca correa de transmisión de los flujos del dinero re­pre­sentativo de la riqueza material. Nadie se ha preocupado, hasta ahora en las re­laciones y préstamos entre los grandes bancos mun­diales y nacionales, de exigirse unos a otros transparencia, solvencia y solidez, y menos de acreditarlos. Y ahora "Nosotros, los lí­deres" caen en la cuenta de que hay que ser más honrados y más inteligentes en el reparto de la tarta, porque si todo va a parar al mismo sitio y la ma­yoría carece de recursos, no habrá quien siga alimentando el fuego sagrado de sus fortunas.

    Por otra parte la filosofía del endeudamiento es la ley que gobierna al Occidente. No sólo se propicia desde los centros neurálgicos del comercio doméstico y mundial el: "lléveselo y empiece a pagar el año que viene", una de las consejas que ilustran esta locura capitalista asociada a la fungibilidad pura del di­nero. Bancos, empre­sas, esta­dos, parro­quias, comunidades y millones y millones de familias no tienen activos suficientes pero se comprometen a pagar lo que luego no pueden o no quieren liquidar... Todo el mundo debe, y así llega un momento en que el marasmo de los estadillos contables obliga a hacer cuentas entre todos para clarificar las cosas apremiados por el FMI o por un lobby de bancos más perdedores que ponen el grito en el cielo; descubriendo en el balance final que todos son deudores. ¿Y quiénes son los acreedores, que además no cobran?, pues los pobladores de los países del Tercer Mundo donde radican las materias primas que los anteriores saquean. Papel y más papel, representaciones de la ri­queza pero no riqueza propiamente dicha que además se agota es lo que de­nuncia el G-20. Papel y más papel, representa­ciones de la ri­queza pero no riqueza propiamente dicha que además se agota es lo que denuncia el G-20. La con­fianza, médula del mércado, ha desaparecido. Nadie se fía ya de nadie...
 
  Y entonces irrumpe la necesidad de revisar la "filo­sofía" profunda de vida con arreglo a la que vive una Cul­tura o una Civilización o a la que debería vivir. Pero eso el G-20 no lo toca. Es demasiado árido y difuso. Hasta ahora la filosofía aplicada ha sido el optimismo con fórceps. Es el motor. Pero ya no funciona tampoco. Hay que cambiarla. Y esto no es lo que se propone el G-20. El G-20 sólo habla de controles internos en cada país y dejados a la inspiración de los "sabios" que no existen. Si se pasan de tuerca en los controles, se estrangula el juguete capitalista financiero... El capitalismo devorándose a sí mismo es el espectáculo al que estamos asistiendo.

  Y la filosofía de la que hablo está en el pensamiento eterno. Sin embargo y ya que tanto invocan los textos sagrados quienes justamente provocan el caos económico, en los textos sagrados están las soluciones, además de estarlo en las recetas marxistas y engelianas. Porque del concepto de administración pru­dente del buen padre de familia, evangélico o humanista simple­mente,en pocos lustros la me­dida del prestigio ha pasado a ser deber dinero y cuanto más mejor. La solvencia, en la consideración "interbancaria", no se tiene por poseer joyas, bienes raíces u oro, fundamento de la riqueza tradicional, sino por la exhibición y a veces hasta la simple invocación de títulos bursátiles que a su vez no respaldan fortuna tangible alguna. El prestigio social se alcanza si se tiene acceso a las vías crediticias, y basta el amiguismo "inteligente" para alcanzar la gloria. Las "burbujas" no son más que eso, pompas de jabón.  

  La pedagogía, con Educación Ciudadana o sin ella, no corrige la in­clinación a la desmesura y al despilfarro. No hay más que ver cómo se trata el tema "móvil". Se alienta la apariencia y además se abona ya desde la cuna. Antes era lo mismo, pero maestros, religión y la cultura de la re­signación lo corregían. Ahora maestros y curas se in­corporan a la es­tulticia general, y la cultura de la morigera­ción desaparece. Cuando digo todo esto, me refiero a los tembloro­sos parches que "Nosotros, los líderes" proponen en su Declaración para embridar al ca­pitalismo financiero. Me refiero también a la práctica desaparición del control social para que la economía funcione sobre bases medianamente sólidas. El con­trol social se ejerce -y se precisa- de muchas maneras. Las socie­dades necesitan de ese control para no descomponerse. Los principales ingredientes son la ética, la religión y los códi­gos penales. Al final, todo se fía a estos últimos, y los del G-20 confían, los po­bres, en que lo que no se logre atajar con condenas a menudo casi simbólicas lo hará el milagro de una ética ca­pitalista ya periclitada que mueve a risa: ser honesto y tener conciencia social es, para la sociedad del G-20, un grave defecto...

    De ahí la condescendencia y aun complicidad del legislativo y luego el judicial con el delito económico, con el fraude, con la ingeniería financiera y las cifras astronómicas.Y aunque las leyes antifraudes, como su aplicación, sean severos, para no neutrali­zar las "virtudes" del sistema y para no cohibir al dinero y a la inicia­tiva privada, sobre todo en mercados superagotados, se practica el amagar y no dar que es a la postre el no lograr el resarcimiento de las cifras saqueadas. Con lo que la impunidad queda prácticamente asegurada.    Por último, una inmensa cantidad de ciudadanos que pasan por honestos: registradores, notarios, funcionarios, gestores, abogados, jueces, empresarios, que tienen un protagonismo decisivo en los mecanismos de ese indipensable "control social" contribuyen a facilitar la simulación y el fraude.     La simulación y el fraude: la filosofía capitalista de siem­pre, y la misma sórdida filoso­fía del César yanqui saliente que deja el mundo sembrado de crímenes y de pufos. Sobre la simulación, el auto­engaño y la confianza estúpida viene vi­viendo la sociedad opulenta, a costa, además, de la inmensa mayoría.   He aquí un bosquejo de la crisis, de sus causas y de los graves desequilibrios sociales. Unos ya están aquí, y otros más graves nos espe­ran. Todo, probablemente, des­embocará donde termina las crisis sociales sin solución: en guerra total. No hay tiempo ni fuerzas ni de­seos de cambiar la filosofía de la orgía del gasto por la de la austeridad: la única capaz de atemperar el capitalismo salvaje y al final la vida sobre el planeta.

 
 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Comentarios (4)

#1

STOP LEYES DE HORCA Y CUCHILLO.|18-11-2008 12:59

Muy bueno el artículo.
Con tanta sanguijuela, cucaracha y carroñeros viviendo opulentamente de saquear valiéndose de sus trabajos de burócratas, es difícil creer (imposible) que nada vaya a cambiar.
Esas reuniones del G-20, o de otros grupos de poder similares o geográficamente parecidos, no es más que más de lo mismo.
Reuniones de carroñeros, sanguiluelas, cucarachas que viven de la burocracia, del saqueo, de la violencia capitalista, etc., etc.
Esas reuniones no son para hacer un mundo mejor, ¡¡¡qué risa!!!, sino para ver cómo les va el negocio, cómo mejorarlo, qué nuevos métodos de saqueo inventar, etc., etc.

Valoración: 2    |  Avisar provocación

#2.- Todo previsto de antemano

Xabier|18-11-2008 13:31

http://video.google.es/videoplay?docid=8883910961351786332&ei=4LAiScVcmtSoA5-cvLcH&q=coincidencias+religiosas

http://www.youtube.com/watch?v=cLR6NhcKee4

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#4.- Cuando

18-11-2008 18:34

El sistema de producción y distribución de bienes acaba por oponerse al desarrollo de las fuerzas productivas, es necesario cambiar el sistema.

El sistema que hoy se opone al desarrollo es el capitalista. Así que hay que acabar con él. No de otra forma se va a solucionar el problema de una economía que pretende dejar de apoyarse en la producción, para centrarse prioritariamente en la especulación financiera. El capital es trabajo acumulado. Si no hay trabajo, el capital se convierte en humo.

El capitalismo sirvió hasta hoy para ese desarrollo del que hablo. Pero sus potencialidades en este terreno, han terminado. 

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#5.- Y William Robinson está de acuerdo conmigo

19-11-2008 05:04

"No se puede atribuir esta crisis a la ultraderecha. Había una mala impresión de que, si neutralizamos a la ultraderecha, se va a resolver el problema. Esta es una crisis estructural del capitalismo global" Indica que hay crisis cíclicas, que ocurren cada 8 años, y crisis estructurales, cuando el sistema capitalista como tal no sirve y debe ser reorganizado. "Estamos frente a una crisis del capitalismo global".

Valoración: 0    |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
Antiglobalización Internacional Rel. Internacionales / Geopolítica

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)