DEFENDIENDO LA LEGALIDAD EN NICARAGUA 
(Entrevista con William Grigsby, director de Radio La Primerísima, Managua) 
                                “La lucha es el más alto de los cantos; y si nos unimos, seremos invencibles”
                                                                                                                        (W.Grigsby) 
      Esa frase suele cerrar la habitual intervención que Williams Grigsby, director de Radio La Primerísima, en la emisión Ciento Por Ciento Noticias, del Canal 63 de la televisión. ¿Quién es este profesional de la comunicación, cuyas convicciones y programas atemorizan desde hace años a la derecha más montaraz del país centroamericano? Él mismo nos lo aclara: 
      El espacio radiofónico de Grigsby es uno de los más escuchados en Nicaragua, nación con poco más de cinco millones y medio de habitantes, en la que se hace preciso aclarar hoy existen varias decenas de radios de entretenimiento, puramente comerciales, así como sólo dos grandes periódicos de alcance estatal, Nuevo Diario y La Prensa (ambos situados en la oposición radical al gobierno de Daniel Ortega, propiedad de la familia Chamorro y sus innumerables raleas), que editan cada día menos de 100.000 ejemplares, además de cinco canales de televisión abierta, y otros dos exclusivamente de ámbito nacional.  
      En esta situación, donde el 90% de esos medios pertenecen a varias corporaciones empresariales neoliberales, el pueblo que votó por el regreso de los sandinistas se encuentra huérfano de plataformas, por las que conocer con rigor y veracidad los cambios sociales que el gobierno de Ortega desarrolla, para defender ante todo los más elementales derechos humanos de la población: sanidad, vivienda, trabajo y educación.  
      William declaraba a nuestros compañeros de Red Voltaire, hace sólo unos meses, que: “Hablar contra Daniel Ortega asegura una buena difusión en el exterior; por lo tanto, la línea informativa preponderante es anti-gubernamental”. En una de sus más recientes editoriales, Grigbsy escribió y dio lectura a un escrito, en el que entre otras cosas señaló: 
      “Una de las características más terribles del neoliberalismo, es que convierte todo lo que toca en mercancía. Por ejemplo, cuando el Gobierno del Presidente Ortega tomó posesión el 10 de enero del 2007, nos encontramos con que prácticamente todo era una mercancía; sólo el agua potable se salvó, de milagro, de haber sido privatizada, a duras penas. La educación ya no era un derecho, sino otro artículo en venta, como la salud, la energía eléctrica, las comunicaciones, el empleo… ¡Todo era mercancía!”.  
Y más adelante afirmaba:  
      “Nos han dicho miles de veces que los Derechos Humanos son los derechos políticos, es decir el que te puedas manifestar, que haya muchos periódicos, radios, televisiones, que se celebren elecciones, que haya libre mercado… Han despojado el contenido esencial de los Derechos Humanos más fundamentales que esos, como es el derecho a la integralidad, para que las personas podamos convivir y vivir decentemente”.  
      - ¿Cómo combina el trabajo en medios tan diferentes, que requieren de formas de expresión disímiles, de maneras distintas en la comunicación con el ciudadano? 
- ¿Y qué  propones como posible mejora en ese aspecto tan crucial? 
Creo, en verdad, que quienes encienden un aparato de televisión, además de por entrar en contacto con lo que ocurre en el mundo, es también para hallar un espacio de entretenimiento y relajación, por lo que debemos confeccionar programas con esas características, sin temores ni complejos, porque nuestra prioridad no debe ser únicamente el aspecto ideológico. Debemos ser eficaces en los contenidos, evitando caer en el remedo de lo ajeno, en crear una caricatura de la CNN, por ejemplo, eso es un gravísimo error de concepto.
Si se cuenta con recursos, hay que plantarle cara a los programas enlatados de corte “gringo”, proponiendo alternativas atractivas, creíbles, porque ese tipo de espacio alienante es muy dañino para la audiencia, a la que no se le debe castigar con otros en los que se les explique el por qué de esa nocividad, sino con programas amables, alejados de la mediocridad. Pero si no contamos con fondos para hacer grandes superproducciones, debemos atenernos a un presupuesto digno, pero optimizándolo al máximo. En la radio, producir contenidos serios, atractivos, entretenidos y válidos para el gran público, es mucho más factible. Y si la propaganda debe evitarse a toda costa, el rigor y la veracidad no se deben perder nunca. 
- ¿Ha caído alguna vez en ese tipo de error mediático el periodismo sandinista? 
      Radio La Primerísima se fundaba en 1985, siendo una de las emisoras creadas durante los diez años de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre el triunfo sobre la dictadura de Somoza, y la derrota electoral de 1990. Aquella pérdida de apoyo popular, dejó el campo abierto a una etapa de saqueo y privatizaciones de los bienes públicos, por parte de mandatarios como Violeta Barrios, Arnoldo Alemán o Enrique Bolaños, cuya labor al frente del gobierno de Nicaragua se destacó por empobrecer más aún a una de las naciones más castigadas de Latinoamérica.  
      La tasa de analfabetos, que hasta 1985 había descendido hasta un 17% aumentó  hasta el 2007, año del nuevo triunfo del sandinismo, a un dramático 28%. “Mi sueño es leer un comunicado de la UNESCO, en el que se diga que Nicaragua es ya un territorio libre de analfabetismo”, señalaba Grigsby en otra reciente entrevista.  
      El despacho de William, sobrio y amplio, se ubica en el planta baja de un chalet muy particular, que fuera residencia del Jefe de Seguridad de la dictadura de Somoza, el Coronel Bayardo Girón. Allí se torturaba, se asesinaba a todos los sandinistas capturados, mientras que en lo que es ahora uno de los locutorios, había una mesa de cemento en la que se amarraba a los presos, según relata un vecino del barrio.  
      Tras la derrota electoral del Frente Sandinista, los sucesivos gobiernos habidos contribuyeron, de una u otra forma, al desastre cultural y económico del país. El de Violeta Barrios, recibiría pleno apoyo de los EEUU, suprimió el servicio militar obligatorio, eliminó de un plumazo diversas conquistas laborales y sociales de los trabajadores, imponiendo un sistema neoliberal que condujo a la población, a pesar del falso crecimiento económico que el gobierno utilizaba, a unas cotas de pobreza parecidas a las que se habían dado en la dictadura.  
      Su sucesor, Arnoldo Alemán (1997 – 2002) cuyo padre trabajó en altos cargos para Somoza, fue acusado por un rival político, Virgilio Godoy, de haber saqueado al país con más rapidez que durante toda la etapa de dominio somocista, amasando en el ejercicio de su cargo unos 25 millones de dólares. Alemán también sobrellevó otras acusaciones de corrupción, en Panamá y Estados Unidos, por blanqueo de fondos, junto a su esposa María Fernanda Flores, su hermano Álvaro, su difunta hermana Amelia, y su hija María Dolores, entre otros. Enjuiciado en Nicaragua por los cargos de lavado de dinero, fue encontrado culpable y sentenciado a 20 años de cárcel, de la que salió a los pocos meses por decisión de una jueza, amiga de Enrique Bolaños (2002 – 2006), sucesor de Alemán en el cargo, que le otorgó un permiso especial que le faculta para circular libremente por el país.  
      Bolaños es un conocido empresario e ingeniero, graduado en los EEUU, emparentado con la familia Abaunza, (una de las castas que más se enriquecieron bajo la dictadura de Somoza), dueño de centenares de fincas y terrenos rústicos, que ejerció sin embargo como mandatario discreto, emprendedor de alguna plausible reforma en el sector público, que contrastaba con las de su antecesor (sin embargo viejo amigo), pero no pudo sanear esta nación empobrecida por la gestión de sus predecesores, perdiendo las elecciones ante Daniel Ortega en 2006.  
      Desde entonces, la derecha nicaragüense desarrolla una imparable estrategia de acoso y derribo del sandinismo, por medio de sus poderosos medios de comunicación, exacta a la que emprendiera la gran burguesía venezolana contra Hugo Chávez. Mientras a los votantes de derecha, esa prensa los califica como la Sociedad Civil, a los votantes de Ortega se les tilda de Turbas Sandinistas; si los partidos opositores son definidos como tales, los colectivos que apoyan al actual gobierno son partidos de ladrones; si una figura de la gran burguesía es condenada por estafa, los medios acusan de prevaricación a los magistrados. La empresa Prisa es para esos medios un ejemplo a seguir. Para Polanco y Cebrián, la obsesión se llama Ortega. 
      La decisión de éste de que Nicaragua accediera al ALBA, no sólo ha sido el detonante (junto a la reciente sentencia de la Corte Suprema de Justicia para que Daniel pueda presentarse a una reelección), de los epítetos más insultantes y zafios que haya recibido nunca el mandatario. Posicionarse al lado de Chávez, Correa, Castro y Morales, generó un incontenible pavor entre los magnates de este pequeño país centroamericano, signatarios de suculentos contratos con empresas en USA, México, España y Colombia, que aguardan el milagro de un golpe de estado a la Micheletti, para que Obama, la OEA y la Comunidad Europea, puedan de nuevo actuar bajo el disfraz de defensores de la legalidad, amparándose en el antifaz de unas ampulosas e inútiles condenas, mientras dejan que el tiempo, el implacable, acabe por lograr que el dictador hondureño Micheletti se salga con la suya, en tanto el derrocado Zelaya va adquiriendo imagen de perdedor, inservible políticamente según esos patrones. 
      Golpes blandos para tiempos durísimos en América Latina, parece ser la táctica en el próximo decenio del siglo XXI, para borrar de un plumazo los atisbos de rebeldía contra el imperialismo, que aún resisten en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, y en tono menor, casi imperceptible, en Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil o Chile.
      Formulo a Grigsby una última cuestión, generada por una simple conversación a bordo de un taxi colectivo. 
- Me comentaba un conductor, hace unos minutos, que en Nicaragua es impensable un golpe de estado como el provocado en Honduras. Afirmaba que, en ese supuesto caso, saldrían a la calle miles de ciudadanos para impedirlo. ¿Es así? 
Me parece curioso que aún se diga que el gobierno polariza a la sociedad, porque esa atomización se dio primero entre indígenas y españoles, luego entre criollos e indígenas, luego entre los propios criollos luchando por la riqueza propia, más tarde entre el feudalismo y las clases populares, y ahora entre sandinistas y no sandinistas, o entre ellos mismos… Pero lo que está claro, es que aún dura el combate eterno entre los ricos y las clases populares, a lo que hay que añadir una clara división generacional, en la que la ignorancia de la propia historia, y la ajena, obviamente, juega un papel primordial a la hora de la despolitización de la sociedad.
En este momento, octubre de 2009, más del 70% de la población nicaragüense no vivió  ni la dictadura de Somoza, ni el comienzo de la Revolución Sandinista, y ha sido educada en el neoliberalismo, creando ciudadanos para los que el consumo es lo más imprescindible, para quienes los derechos humanos significan alcancías y cuentas bancarias, etc. etc. Sin embargo, tenemos suerte, porque la rebeldía que se le debe presuponer a la juventud, que en otros países no se da, excepto en pequeños sectores, en Nicaragua subsiste a pesar de todo, es parte de la idiosincrasia de nuestros ciudadanos. Confío en ella, sobre todo en los universitarios, para que sean los jóvenes quienes sepan redirigir, reconducir el país. 
          Grigsby, como otros muchos de sus colegas, entre los que destacan la alcaldesa de Managua, Daysi Torres, también periodista como Alberto Mora, saben mantenerse fieles, como ciudadanos, servidores públicos o profesionales de los medios, al primer manifiesto del héroe nacional, Augusto César Sandino, en el que éste sostenía que la espada no sólo defendería el decoro nacional, sino que, además, daría redención al oprimido.  
          Hacemos votos por ello, porque duele una realidad bastante parecida en la Europa comunitaria. La sociedad de este continente, antes libre y creadora, hoy yace invadida por el cáncer Bolonia o los virus Berlusconi, Brown, Borbón, Merkel o Sarkozy, agonizando impotente, mientras el empresariado se hace cargo de cómo y cuáles deben ser los parlamentos, la justicia, el ejército, los estudios, el profesorado y las profesiones.  
          De momento no hay vacuna, excepto la rebeldía, la lucha y el combate sin descanso. Lo malo es de dónde sacar fuerzas y toneladas de optimismo histórico.  
          (Managua, 24 de octubre de 2009)
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