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¿Es el decrecimiento una utopía realizable?
Los dos temas que más entusiasmo polémico suscitan entre los estudiantes en estos años, son el papel de los medios de comunicación en las democracias representativas y la idea de decrecimiento
Francisco Fernandez Buey | Para Kaos en la Red | 2-10-2008 a las 19:01 | 6074 lecturas | 21 comentarios
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I 

En los cursos que vengo impartiendo en la universidad sobre controversias ético-políticas en el mundo contemporáneo he tenido la oportunidad de comprobar que los dos temas que más entusiasmo polémico suscitan entre los estudiantes de humanidades y ciencias sociales, en estos últimos años, son el papel de los medios de comunicación en las democracias representativas y la idea de decrecimiento. Si lo primero es fácilmente explicable al tratarse de un tema que está en la calle, el entusiasmo por la controversia acerca del decrecimiento es en cierto modo una sorpresa, ya que el término decrecimiento es relativamente reciente y la literatura existente en nuestro país al respecto es todavía bastante limitada. Pero, por lo que he podido ver y escuchar, la idea de decrecimiento suscita tanta simpatía como escepticismo la posible aplicación práctica de la misma.  

            La simpatía observada  proviene, sin ninguna duda, del aumento de la conciencia medioambiental entre los jóvenes, siempre por comparación con las generaciones inmediatamente anteriores. Y el escepticismo que provoca la puesta en práctica de la idea de decrecimiento viene, en cambio, de la desconfianza, también en aumento, que existe hoy en día respecto de los agentes políticos y sociales que tendrían que materializarla; en muchos casos este escepticismo se expresa a través de una sospecha más profunda, que se suele manifestar de la manera drástica, a saber: que, siendo una buena idea, esta del decrecimiento, choca con lo que algunos llaman naturaleza humana y otros condición humana históricamente configurada por la civilización europea moderna. De ahí brota una afirmación, que he escuchado muchas veces, según la cual el decrecimiento es una utopía en el sentido peyorativo de la palabra, una ilusión irrealizable.  

            Creo que el contraste existente entre aquel entusiasmo y este escepticismo merece una reflexión. 

            Aunque la palabra decrecimiento se ha empezado a popularizar hace relativamente poco tiempo, la idea no es del todo nueva. Se la puede considerar como una variante radical de la idea de crecimiento cero o de la propuesta de detención del crecimiento, surgidas ambas al calor de las discusiones sobre la crisis ecológica hace más de treinta años. La idea de frenar o detener lo que se venía llamando crecimiento en las sociedades industriales autodenominadas avanzadas estuvo directamente relacionada con la observación en curso de las nefastas consecuencias que el tipo de crecimiento económico cuantitativo estaba produciendo en el entorno medioambiental. Ya a finales de la década los sesenta algunos ecólogos y científicos sensibles empezaron a divulgar la observación de que las llamadas fuerzas productivas se estaban convirtiendo de hecho en fuerzas destructivas o biocidas, con lo que el modelo de crecimiento imperante en las principales potencias del mundo bipolar de entonces iba a acabar poniendo en peligro la base natural de mantenimiento de la vida misma sobre el planeta Tierra.  

            A partir de esta observación, y precisamente como forma de hacer frente a la crisis ecológica que se venía venir, brotó en los inicios de la década siguiente la idea de frenar o detener el crecimiento. Es significativo que esa idea pasara ya al título mismo de la versión francesa del primero de los informes al Club de Roma. Se puede expresar así: si hemos de reconocer que hay límites naturales al crecimiento económico que hemos conocido en los últimos siglos, lo razonable, para evitar el riesgo de crisis ecológica, es actuar en consecuencia y frenar, parar o detener ese tipo de crecimiento económico de la misma manera que habría que detener el crecimiento urbanístico desordenado que hace inhabitables nuestras ciudades y contribuye a destruir su medio ambiente natural. 

            Pero la mayoría de los gobiernos de entonces (y también la mayoría de los medios de comunicación) trataron de quitar hierro al asunto de la crisis ecológica y consideraron "catastrofistas" o "apocalípticas" las, por otra parte, moderadas conclusiones del análisis de los científicos informados y de las primeras organizaciones ecologistas. Gobiernos y medios incluso ironizaron frecuentemente a su costa. Al tratar de las propuestas encaminadas a detener el crecimiento, y no digamos al ocuparse de la noción de crecimiento cero, aquellos gobiernos y los medios de comunicación vinculados a ellos pasaron de la ironía al insulto.  

            Las hemerotecas de todos los países están plagadas de manifestaciones de dirigentes políticos, parlamentarios y periodistas en este sentido. La consecuencia fue que por entonces apenas se hizo nada para detener el tipo de crecimiento biocida. Y sin embargo, por una de esas paradojas que son habituales en la historia, mientras se estaba ridiculizando a los partidarios de detener aquel tipo de crecimiento desordenado y biocida, los principales indicadores del crecimiento de las economías dominantes en las grandes potencias empezaron a descender, rozando el cero, como consecuencia de la crisis del petróleo. En vez de reflexionar sobre el sentido de la paradoja, los gobiernos desarrollistas y las grandes instituciones internacionales, inspirados en la teoría económica standard y con una orientación predominantemente neo-liberal (aunque no sólo) prefirieron salirse por la tangente. Ya entonces se argumentó en los medios oficiales que la idea de detener el crecimiento era una utopía y se reafirmó con ello la confianza en las mismas tecnologías que estaban en la base del peligro. 

          Hubo que esperar otra década más para que las instituciones internacionales acabaran reconociendo la gravedad del peligro, aceptaran la crítica a la noción de crecimiento establecida por la teoría económica imperante y empezaran a hablar de desarrollo sostenible. Como se sabe, esta otra idea aparece por primera vez en el documento titulado Nuestro futuro común, que fue elaborado en 1987 por la entonces Primera Ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland. En este documento se definía como sostenible “aquel desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. La definición recogía lo que desde algunos años antes se venía diciendo ya en la Comisión Mundial de la ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y con ella se aceptaba, indirectamente al menos, parte de las razones aducidas desde veinte años antes por científicos informados y economistas críticos. 

          De acuerdo con esta filosofía, la sociedad habría de ser capaz de satisfacer sus necesidades en el presente respetando el entorno natural y sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. A partir de ahí se fueron asentando los principios básicos de lo que empezó a denominarse desarrollo sostenible, poniendo el acento, al menos en un principio, en la vertiente ambiental del mismo. En líneas generales estos principios básicos, que concretan la ambigüedad de la definición dada en Nuestro futuro común, y en el resumen que hizo en su momento Jorge Riechmann, son: a) consumir recursos no-renovables por debajo de su tasa de substitución; b) consumir recursos renovables por debajo de su tasa de renovación; c) verter residuos siempre en cantidades y composición asimilables por parte de los sistemas naturales; d) mantener la biodiversidad; y e) garantizar la equidad redistributiva de las plusvalías.  

          Lo que más llama la atención al analizar el proceso histórico que ha conducido desde la crítica al tipo de crecimiento standard al reconocimiento oficial de la idea de desarrollo sostenible es el lapso de tiempo que se ha necesitado, sobre todo si lo comparamos con la brevedad del lapso de tiempo que ha sido necesario para pasar, por ejemplo, de algunos de los descubrimientos básicos en biología molecular a sus aplicaciones tecnológicas. Ya es sintomático que se tardara mucho menos  en deshacer lo que se aprobó en la célebre reunión de Asilomar (liquidando una línea de prudente moratoria en el ámbito de la ingeniería genética) que en aceptar oficialmente las consecuencias de la idea de sostenibilidad. Sintomático porque revela el dominio del optimismo tecno-científico frente a los razonables llamamientos a la prudencia y a la aplicación del principio de precaución.  

          Pero la cosa es aún peor cuando se observa que, de hecho, la idea misma de desarrollo sostenible ni siquiera es respetada, al cabo de los años, por los principales gobiernos, y que el camino hacia la aplicación de los acuerdos de Kyoto ha estado plagado de obstáculos y zancadillas por parte de los mismos gobiernos que decían defender la idea de desarrollo sostenible. 

          Es en este contexto en el que ha cobrado fuerza la idea de decrecimiento, que, insisto, con esa perspectiva histórica, se puede interpretar como una radicalización de la noción de crecimiento cero, propuesta en su momento para hacer frente a las primeras manifestaciones de la crisis ecológica. Y se comprende que así haya sido porque treinta años después de las primeras denuncias de la crisis ecológica la situación medioambiental del planeta es manifiestamente peor que la que existía cuando de lo que se hablaba era sobre todo de contaminación de la atmósfera, mares, ríos, lagos y ciudades. La sucesión de catástrofes medioambientales que se han producido desde entonces y el análisis de los efectos previsibles del cambio climático y del calentamiento global han llevado a que, hoy en día, algunas personalidades próximas a las instituciones estén proponiendo medidas de contención parecidas a las que proponían hace muchos años los primeros denunciantes de la crisis. Sólo que, mientras tanto, las personas mejor informadas no han dejado de insistir en que el peligro de crisis ecológica global aumentaba por lo que ya no caben parches calientes. 

                                                                      II 

          Esto último, o sea, la convicción de que ya no caben parches calientes, es lo que está en el transfondo del paso de la idea de crecimiento cero a la idea de decrecimiento para hacer frente a la crisis medio-ambiental. Para decirlo plásticamente: ya no basta con echar el freno al móvil; hay que poner la marcha atrás para evitar el abismo. Eso es lo que se deduce al menos del desarrollo reciente de la idea de decrecimiento impulsada por autores como Serge Latouche, Vincent Cheynet, François Schneider, Paul Ariés o Mauro Bonaiuti, la mayoría de los cuales suele citar, entre sus fuentes de inspiración, la bioeconomía de Georgescu-Roegen1, quien, entre otras cosas, distinguió hace ya tiempo entre “alta entropía” (o energía no disponible para la humanidad) y “baja entropía” (o energía disponible). 

          Es cierto que algunos de estos teóricos, como por ejemplo Clémentin y Cheynet, parecen asumir como objetivo del decrecimiento que llaman sostenible una definición de sostenibilidad muy parecida a la que se daba en el Informe Brundtland, de manera que podría pensarse que, al menos en teoría, no hay demasiada diferencia entre las nociones de desarrollo sostenible y decrecimiento. Pero concluir eso sería tergiversar el pensamiento de los autores mencionados, los cuales insisten en que, en la práctica de los gobiernos, las nociones de crecimiento y desarrollo son intercambiables.  Para precisar más al respecto estos autores distinguen entre decrecimiento “sostenible” e “insostenible” o caótico. Y aducen que un ejemplo de decrecimiento caótico o insostenible es el que ha tenido lugar en Rusia desde 1990, como consecuencia de la desindustrialización no buscada o deseada. A partir de ese ejemplo, y de su critica, se puede equiparar el decrecimiento “sostenible” a economía sana, entendiendo por tal un tipo de decrecimiento que, en sus palabras, no habría de generar “una crisis social que pusiera en cuestión la democracia y el humanismo". Habrá que volver sobre esto. 

          Otros teóricos del decrecimiento todavía han matizado más a la hora de distinguir entre “desarrollo sostenible” y “decrecimiento”; y también matizan a la hora de aducir razones a favor de este último. Así, por ejemplo, Serge Latouche,  después de llamar la atención acerca de la multiplicidad de acepciones en que ha venido empleándose la expresión “desarrollo sostenible” desde que apareció en el Informe Brundtland, declara a continuación que el desarrollo sostenible es como el infierno, que está empedrado de buenas intenciones.  Para Latouche, “desarrollo” se ha convertido “una palabra tóxica” o, como dirían los teóricos de la Escuela de Frankfurt, "deshonrada", porque cuando se engancha el adjetivo sostenible al concepto de desarrollo lo que en realidad se está haciendo es no poner en cuestión el tipo de desarrollo actualmente existente sino simplemente añadir un componente ecológico espureo. Según él, es más que dudoso que eso baste para resolver los problemas a los que hay que hacer frente en la actualidad. 

          Desde este punto de vista, la reivindicación de la bioeconomía de Georgescu-Roegen vendría a oponerse, precisamente por el carácter radical de la misma, al ecologismo meramente reformista que sigue defendiendo el concepto de “desarrollo”. Se sugiere así que en el mundo actual hay ya ecologismos de distintos tipos y que el decrecimiento es necesario para un ecologismo consecuente, pues no podemos seguir produciendo refrigeradores, coches o aviones a reacción mejores y más grandes sin producir al mismo tiempo también residuos "mejores" y más grandes. Lo que significa, como afirmaba Georgescu-Roegen, que el proceso económico es de naturaleza entrópica.  

          Y siendo eso así, ¿qué tipo de economía oponer a las economías aún dominantes? Lo que los teóricos del decrecimiento llaman economía sana o decrecimiento sostenible se basaría en el uso de energías renovables (solar, eólica y, en menor grado, biomasa o vegetal e hidráulica) y en una reducción drástica del actual consumo energético, de manera que la energía fósil que actualmente se utiliza quedaría reducida a usos de supervivencia o a usos médicos. Esto implicaría, entre otras cosas, la práctica desaparición del transporte aéreo y de los vehículos con motor de explosión, que serían sustituidos por la marina a vela, la bicicleta, el tren y la tracción animal; el fin de las grandes superficies comerciales, que serían sustituidas por comercios de proximidad y por los mercados; el fin de los productos manufacturados baratos de importación, que serían sustituidos por objetos producidos localmente; el fin de los embalajes actuales, sustituidos por contenedores reutilizables; el fin de la agricultura intensiva, sustituida por la agricultura tradicional de los campesinos; y el paso a una alimentación mayormente vegetariana, que sustituiría a la alimentación cárnica. 

            En términos generales todo esto representaría, en suma, un cambio radical de modelo económico, o sea,  el paso a una economía que, en palabras de los teóricos del decrecimiento, seguiría siendo de mercado, pero controlada tanto por la política como por el consumidor. La economía de mercado controlada o regulada tendría que evitar todo fenómeno de concentración, lo que, a su vez, supondría el fin del sistema de franquicias; potenciaría el fomento de un tipo de artesano y de comerciante que es propietario de su propio instrumento de trabajo y que decide sobre su propia actividad. Se trataría, pues, de una economía de pequeñas entidades y dimensiones, que, además -- y esto es otro punto fuerte de la actual teoría del decrecimiento-- no tendría que generar publicidad. Esto pasa por ser una conditio sine qua non para el descrecimiento sostenible. La producción de equipos que necesita de inversión sería financiada por capitales mixtos, privados y públicos, también controlados desde el ámbito político. Y el modelo alternativo introduciría, además, la prohibición de privatizar los servicios públicos esenciales (acceso al agua, a la energía disponible, a la educación, a la cultura, a los transportes públicos, a la salud y a la seguridad de las personas). 

            La economía del decrecimiento estaría orientada hacia un comercio justo real para evitar así la servidumbre, las nuevas formas de esclavitud que se dan en el mundo actual y el neocolonialismo. En la mayoría de las aproximaciones recientes a la idea de decrecimiento se postula que éste tendría que organizarse no sólo para preservar el medio ambiente sino también para restaurar aquel mínimo de justicia social sin el cual el planeta está condenado a la explosión, porque supervivencia social y supervivencia biológica están siempre interrelacionadas. 

                                                            III 

            He dicho ya en el punto anterior que algunos de los teóricos del decrecimiento se curan en salud descartando un decrecimiento caótico o no deseado como el que produjo en Rusia después de 1990 y que al mismo tiempo postulan un tipo de decrecimiento que no tendría que generar “una crisis social que pusiera en cuestión la democracia y el humanismo". Con ello entramos en el debate sobre las utopías realizables.  

            Lo primero que habría que decir al respecto es que, en sus formulaciones más inteligentes y elaboradas, la idea de decrecimiento no se presenta como un mero concepto sin conexión con la praxis socio-política, pero tampoco como un programa definido para la construcción de alternativas a las sociedades de crecimiento, como un programa político cerrado, como una receta o como una panacea.. Ni siquiera se presenta como un ideal en sí o como el objetivo único para las sociedades que han de salir de la ideología del crecimiento. El decrecimiento aparece más bien, en esas formulaciones, como un horizonte, como el horizonte aglutinador frente a la imposibilidad material del crecimiento que conocemos y frente a la insostenibilidad de nuestro modelo actual de desarrollo. Lo que dice Mauro Bonaiuti, por ejemplo, es que la idea de decrecimiento puede llegar a convertirse en algo así como un horizonte interpretativo largamente compartido en el ámbito de las alternativas (en plural) al capitalismo global. 

            Este planteamiento permite concretar un poco más. De la misma manera que  la defensa del crecimiento no implica que todo tenga que crecer, así también la admisión de la idea de decrecimiento tampoco implica que todo tenga  que decrecer. Lo que se propone que disminuya, en el momento y en la situación actuales, es el consumo de materia y energía, o sea, principalmente lo que se llama producto interior bruto. La idea de decrecimiento apunta, pues, a la producción y reproducción de valor y felicidad en las sociedades humanas reduciendo en ellas de una manera progresiva la utilización de materia y energía. Se descarta que eso sea un objetivo alcanzable por la vía exclusiva de la tecnología, se dan pistas para hacer frente al reto en el ámbito de las tecnologías alternativas y se reafirma la conciencia de las contradicciones que hemos de superar. En última instancia, todo eso implica, obviamente, un cambio radical en la forma de producir, de consumir y de vivir, una nueva forma de organizarnos social y económicamente.  

            Por ahí enlaza la idea de decrecimiento con las utopías sociales anteriores en la historia de la humanidad, particularmente con aquellas que tomaron sus distancias respecto del crecimiento indefinido de las fuerzas productivas, como sugiere la propuesta de Serge Latouche cuando éste resume expectativas de muchos y vías que ya se están prospectando colectivamente: primar la cooperación y al altruismo sobre la competencia y el egoísmo; revisar nuestra manera de conceptualizar la pobreza y la escasez; adaptar las estructuras económicas a la medida del ser humano, en lugar de hacer entrar con calzador al ser humano en estructuras económicas impuestas; redistribuir el acceso a los recursos naturales y a la riqueza; limitar el consumo a la capacidad de carga de bioesfera; potenciar los bienes duraderos; conservar, reparar y reutilizar los bienes para evitar el consumismo; potenciar la producción a escala local y en un sentido sostenible; primar los cultivos agro-ecológicos, etc. 

            Los teóricos del decrecimiento no sólo vinculan la bioeconomía inspirada por Geoergescu-Roegen a la crítica de la teoría económica standard sino también al ecologismo social o socio-político. Y en ese sentido no ignoran las dificultades que actualmente existen para la aplicación de las medidas que proponen en el mundo de los ricos, puesto que éstas representarían un giro hacia la frugalidad, la sobriedad, la austeridad y la contención de los consumos. Pero en lugar de poner el acento en aseveraciones abstractas y  reiterativas acerca de la naturaleza o la condición humana o de quedarse en la idea de que el ser humano sólo ha aprendido históricamente por choque directo con la realidad, se fijan mayormente en las resistencias reales que opondrán al decrecimiento los sectores actualmente más favorecidos.  

            De ahí que estén aduciendo a favor de la propuesta por una parte datos y por otra una nueva filosofía. Datos del tipo siguiente, a saber: que ahora mismo el 80%  de los humanos vive sin automóvil, sin refrigerador y sin teléfono; que el 94% de los humanos no ha viajado nunca en avión; que la tercera parte de la población norteamericana y una parte creciente de la población de la Unión Europea es obesa y que una dieta mejor y más austera sería mejor solución para resolver ese problema que aumentar el gasto dedicado a investigar sobre el gen de la obesidad, como actualmente se hace. La filosofía alternativa o la sabiduría de la vida que se postula viene a decir que el bien y la felicidad se pueden obtener con un coste económico-ecológico menor y con la contención de las necesidades  

            Algunos autores partidarios del decrecimiento, como el ya citado Mauro Bonaiuti, economista de la Universidad de Módena, admiten que la denominada economía ligera o el capitalismo on line de hoy, basado en las tecnologías informáticas, a diferencia del industrialismo fondista, está en condiciones de producir renta con menos recursos naturales. A pesar de lo cual, no creen que estas nuevas tecnologías (u otras por venir) sean sustitutivas o vayan a resolver el problema. Bonaiuti matiza, eso sí, la relevancia de la aplicación de las leyes de la termodinámica, y en particular de la ley de entropía, a la economía, al proceso económico. Lo ha hecho en estos términos: “Defender el decrecimiento –en términos de cantidades físicas producidas—corre el peligro de ser interpretado como una eutanasia del sistema productivo, lo que privaría de un consenso necesario a la vía de la economía sostenible”. 

            Ya con esto se suscita una interesante controversia sobre dónde poner los acentos a la hora de elaborar una política económico-ecológica alternativa: si únicamente en una fuerte reducción del consumo o más bien en una revisión profunda de las preferencias. Frente a otros partidarios del decrecimiento Bonaiuti argumenta que con la actual distribución de las preferencias la reducción drástica del consumo provocaría malestar social, desocupación y, en última instancia, el fracaso de la política económico-ecológica alternativa. Propugna, en consecuencia, desplazar los acentos hacia lo que llama “bienes relacionales” (atenciones, cuidados, conocimientos, participación, nuevos espacio de libertad y de espiritualidad, etc.) y hacia una economía solidaria. Se entiende, pues, que el decrecimiento material tendría que ser un crecimiento relacional, convivencial y espiritual. Lo que en cierto modo daría respuesta a la preocupación acerca del futuro de la democracia y el humanismo en el horizonte del descrecimiento. 

            Todo esto trae a la memoria aquello que Bloch llamaba utopía concreta para diferenciarla de la utopía abstracta: la utopía realizable como horizonte. El horizonte sería, en este caso, la sostenibilidad ambiental y la justicia social, lo cual no precisa de una respuesta técnica sino más bien política y filosófica: cambios profundos en el tejido cultural de nuestras sociedades. Conviene subrayar aquí la presentación que se está haciendo de la noción de decrecimiento como una necesidad, y no como mero ideal, sobre todo porque, en principio, la palabra misma puede funcionar como un mero negativo del crecimiento. Pues si ha ocurrido en el pasado reciente que el crecimiento cero (o casi cero) y el decrecimiento caótico se produjeron históricamente sobre la base de políticas económicas neo-liberales, sin control estatal o por desorganización completa del estado, habría que llegar a la conclusión de que la peor de las utopías, la más negativa, es precisamente la política económica que se ha estado presentando a sí misma como la más "realista".  

            De donde se sigue, una vez más, que la utopía posible, el buen lugar potencialmente realizable, el horizonte al que acercarse, se alcanzará, también esta vez, a partir de la crítica de la crítica y cuando ésta se haya consolidado. O dicho con otras palabras: si hay una utopía concreta que se puede prospectar y esa utopía es el descrecimiento, entonces cualquier aproximación a ella (y nos va mucho en el asunto) pasa por conocer los caminos que conducen al infierno (el crecimiento tóxico, que se dice)  para evitarlos.

______________

* Publicado en el nº 100 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, Madrid, 2008.
 
 
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Comentarios (21)

#1.- Ideas complementarias

Aroa|02-10-2008 19:56

Me ha parecido un artículo extremadamente interesante. Lo que me gustaría añadir es que yo no veo que tenga que haber un control político o estatal sino que este control debe emanar de la sociedad, organizada de manera solidaria y coordinada para tomar decisiones. Tiene que basarse en una sociedad en la que haya participación directa sin burocracias ni burgesías que tomen las decisiones por ella y que se apropien de las plusvalías que generan todos los trabajadores. Además, una sociedad de este tipo favorece los aspectos relacional y afectivo del que se habla en el artículo como contrapeso al modelo de consumo actual, a la vez que estos aspectos favorecen sociedades unidas, coordinadas y solidarias.

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#2.- Con el capitalismo el decrecimiento es imposible

Llorenç|03-10-2008 00:12

No creo que el decrecimiento sea compatible con la sociedad capitalista actual, ni con la economía de mercado. Sin un programa anticapitalista no puede haber decrecimiento. Sin un programa anticapitalista ni siquiera habrà mundo habitable para la humanidad.

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#3

03-10-2008 08:57

"utopía concreta" dentro del capitalismo, fomentando la pequeña producción y el intercambio "justo" entre economías (capitalistas), un poquito de más estado, un poquito de más democracia.  ¿no os suena? ni una palabra sobre una alternativa socialista para acabar con la explotación y la acumulación capitalista.
en fin,  así está la izquierda (¿marxista?) 

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#4

gfe|03-10-2008 09:00

En el capitalismo tambien se puede decrecer aunque ellos lo llaman "crecimiento negativo".  El termino  de decrecimiento no traslada todo el potencial ideologico que existe detras.

El artículo muy interesante

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#5.- Sería necesario profundizar en un poco más la cuestión

Eliseo 1-2|03-10-2008 10:51

Detrás de la idea de “decrecimiento” se podrían esconder ideas reaccionarias.

Por ejemplo a nivel político y social los partidarios del decrecimiento se satisfarían con una simple socialdemocracia, con una “libre asociación”, según el método “Frei Wirtschaft” de los social liberales alemanes. Si cuestionan el marxismo a la moda soviética (capitalismo de Estado), ponen raramente en entredicho el capitalismo privado y la economía de mercado. Sistemas que son claramente insuficientes para combatir las aberraciones de los sistemas políticos que nos controlan. Sus concepciones del decrecimiento me parecen más bien ser el hecho de individuos y grupos para quienes el concepto de “decrecimiento” es una manera social de existir.

Sería necesario profundizar en un poco más la cuestión ya que no es cierto que el capitalismo sea responsable de todo. En particular el capitalismo no es responsable de la “revolución del neolítico” que probablemente ha modificado el ecosistema bien más profundamente que la revolución industrial actual, con mucho menos población. Así como las inmensas sabanas africanas que son el fruto de la deforestación y de los incendios de orígenes humanos, o los extensos llanos de Europa, China o India. No se puede hacer abstracción del método de producción para decir que catástrofes van a producirse.

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#6.- Algunas cifras

Eliseo 2-2|03-10-2008 10:53

- Somos hoy 6,6 mil millones de habitantes sobre el planeta,

- en 1800 éramos 1,5 mil millones,

– y en 2050 seremos según la o­nU 9 mil millones.

Ahora bien

- en el paleolítico éramos varios millones y un cazador-cosechador tenía necesidad de 10 Kms cuadrados para garantizar su subsistencia. En esta época un territorio como España no podía alimentar más de 50.000 personas.

- en el siglo XVIII éramos entre 1 y 2 mil millones y una hectárea producía 50 kgs. de cereales y no podía alimentar mas de una persona. Se contaban con alrededor de 3 mil millones de hectáreas cultivables incluida más de una tercera parte que estaba en barbecho o reserva para pasto de los animales domésticos, cuyas deyecciones proporcionaban el abono.

En la actualidad, si la superficie cultivable ha disminuido un poco, de cerca de 2,8 mil millones de hectáreas, debido a la extensión de las ciudades y a la desertificación, los rendimientos, ellos, han aumentado considerablemente. Al menos 4 toneladas por hectárea y por cosecha con varias cosechas al año.

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#7.- Medios de desinformación y crecimiento destructivo

Carnot|03-10-2008 11:46

Los medios de "información" masivos están en poder de coporaciones y empresas que son los que las subvencionan pués sino la mayoría de ellas no prodría ni siquiera sobrevivir, por tanto todas aquellas noticias que vayan en contra de estas corporaciones transnacionales en muchos casos, no serán dadas o serán modificadas engañosamente. Respecto al crecimiento cero no hay ningún político que se atreva a plantearlo pués fracasaría políticamente de inmediato, sólo las personas aceptaran el crecimiento cero cuando por no hacerlo la naturaleza mate.

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#9.- Socialismo o barbarie

cabezon|03-10-2008 20:21

Puestos a poner frases bonitas e ilusionantes, yo aporto la del título del comentario. Siempre que hablo de estos temas con "socialdemócratas" lo único que me dicen es que los que pensamos de acuerdo con el artículo, es que queremos volver a la era de las cavernas a lo que yo añado que de seguir así no se si quedarán cavernas donde refugiarse los pocos que se salven del pedo que va dar el Planeta.

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#10.- La riqueza es patológica

Tony|03-10-2008 20:48

"La miseria moral de los poderosos, 'envuelta' por sus más bellos trajes, y por ello mismo menos visible desde el exterior, es, paradójicamente, más perjudicial que la que golpea a los indigentes: a la obsesión propiamente patológica de poseer más, al deseo incesante de acumular para sí mismo y de quitarle a los otros por el único placer de ejercer sobre ellos algún poder, se añaden factores exteriores como el éxito social, la despiadada dinámica de la competición, la regla de oro del beneficio a cualquier precio o la comercialización de todas las relaciones humanas"

Majid Rahnema 

Serge Latouche 

Occidente nos prometió que con el crecimiento llegaría la properidad y la paz, y nos han traído hambre, dolor, guerra, miseria, opresión y genocidio.

El modo de vida occidental está enfermo de globalización y éste sólo se salvará con el fin del desarrollo.

salud y alegría.

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#11.- 1

Perestroiko|04-10-2008 07:51

Para Eliseo

Detras de todas las ideas se podrían esconder ideas reaccionarias, pero no es cierto que los partidiarios del decrecimiento no pongan en cuestión el capitalismo. Pongo un enlace al clásico "Comunismo sin crecimiento":

http://www.moviments.net/espaimarx/docs/c7635bfd99248a2cdef8249ef7bfbef4.pdf

Ahora bien, estoy de acuerdo en que estas ideas pueden formar parte de la constelación de "entusiasmo ecológico" que ha aparecido inesperadamente entre ciertas élites (Al Gore como caso notorio), y que, sospecho, esconde un proyecto de gran reconversión económica (dentro del capitalismo) vestida de verde. Un signo de por donde pueden ir esos tiros está en este hilo de debate: 

http://www.crisisenergetica.org/forum/viewtopic.php?forum=10&showtopic=33173&fromblock=yes

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#12

Perestroiko|04-10-2008 08:04

Con todo, creo que la gente que dentro de la "ixquierda" defiende el decrecimiento está más en lo cierto que quien ignora esa problemática. En el plano teórico, sin embargo, suelen manifestar lo que creo que son  dos debilidades: 1) pensar que lo fundamental en el capitalismo es el crecimiento exponencial o el consumismo -y no la explotación de la fuerza de trabajo-, 2) como causa o consecuencia, idolatrar a ciertos economistas presuntamente alternativos (como Georgescu-Roegen), autores que cuando dicen alguna verdad no hacen economía -sino ecología- y que cuando hacen economía no plantean ninguna alternativa real a la economía neoclásica.

Lo de los rendimientos de la agricultura que plantea Eliseo me parece totalmente acrítico. Creo que hay que tener en cuenta materiales como éste (archivo zip): 

http://www.crisisenergetica.org/staticpages/pdf-rtf/Agricultura_poblacion_energia.zip

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#13.- Una excelente reflexión

Mnu|04-10-2008 10:31

La idea de decrecimiento puede llegar a convertirse en algo así como un horizonte interpretativo largamente compartido en el ámbito de las alternativas (en plural) al capitalismo global.

El decrecimiento debe ser eje central de un anticapitalismo consecuente y que conoce la lucha ecologista de los años setenta y ochenta.

Ya con esto se suscita una interesante controversia sobre dónde poner los acentos a la hora de elaborar una política económico-ecológica alternativa: si únicamente en una fuerte reducción del consumo o más bien en una revisión profunda de las preferencias.

La lucha contra el consumismo es otro de los elementos centrales del nuevo anticapitalismo sobretodo para los que vivimos las crisis económica de finales de los setenta y los ochenta.

En suma, las propuestas del decrecimiento deben formar parte del corpus teórico del nuevo anticapitalismo del siglo XXI

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#14.- Unas criticas

Eliseo|04-10-2008 12:16

Últimamente he leído en francés, - no se si se ha traducido al español - un libro intitulado « Objectif decroissance – Vers une société harmonieuse (“Objetivo decrecimiento - hacia una sociedad armoniosa). Supongo que en este libro solo se expresan autores que participan del “decrecimiento” puesto que escriben los principales autores que cita Francisco Fernandez Buey
A manera de introducción del libro, Bruno Clémentin y Vincent Cheynet, animadores del estudio “Casseurs de Pub” y de la asociación “Ecolo”, solucionan el problema de la energía escribiendo: ” En una “economía sana”, la energía fósil desaparece. Se reservaría a usos de supervivencia, en el ámbito médico por ejemplo. En el transporte aéreo, los vehículos con motor de explosión serán condenados a desaparecer. Serían sustituidos por barcos de vela, bicicleta, tren y tracción animal (allí donde la producción de alimentos para los animales es posible).”

¡Lamentable! Estos ecologistas deberían aprender a utilizar la simple regla de tres, su incompetencia perjudica las ideas que creen defender. Por ejemplo cuánto caballos serían necesarios para transportar el equivalente de mercancías de un camión de diez toneladas de Barcelona a Tarrasa, por ejemplo. Sin contar la contaminación y el coste del mantenimiento de los animales. Lo peor es que estas ideas se publicaron en la introducción del libro en cuestión, por lo tanto, supongo, con la aprobación de “decrecedores” conocidos como Pierre Latouche.

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#15.- Ilustración, Progreso, Modernización, Espiritualidad

Eliseo|04-10-2008 12:23

Jean - Claude Michea por su parte hace remontar a Adam Smith el desarrollo de una agricultura genéticamente modificada y la destrucción metódica de las ciudades a “la Ilustración”, al “Progreso” y a la idea de “Modernización”, aunque en un momento dado, sintiendo que va demasiado lejos en sus explicaciones y acusaciones, cita abundantemente a Orwell e insiste para que se reanude con varios aspectos olvidados del socialismo original y que no hay que volver otra vez al orden antiguo.
En cuanto a François de Revignan en su artículo “Hacia espiritualidades del decrecimiento” nos deja perplejos sobre los objetivos perseguidos por algunos partidarios “del Decrecimiento”cuando escribe:

- “que pensar en términos de decrecimiento, es decir, en términos de felicidad en la sobriedad, requiere una redefinición de nuestras espiritualidades.”

- “Históricamente, es siguiendo a la Ilustración y al culto incondicional de la razón que nacen la libertad liberal, el cientismo y la revolución industrial. La mitología del progreso debe quizás algo al cristianismo en el sentido que es una escatología. Pero una escatología descarriada,  que por otra parte se constituyó contra el cristianismo."

- “poner en su lugar al espiritual: la primera”.

La “vida espiritual” para Revignan es una Vida espiritual en la cual “el Espíritu compromete sobre un camino de verdad”.

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#18.- Vídeo

Aroa|04-10-2008 22:02

Si entendéis el francés aquí os dejo un link de un vídeo interesante sobre este tema:

http://www.dailymotion.com/relevance/search/latouche/video/x1ho9e_serge-latouche-la-decroissance_politics

Pura Vida!

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#19.- Videos subtitulados en castellano

Tony|05-10-2008 12:04

Hola:

El video que nos presenta Pura Vidal lo tenéis subtitulado en castellano:

  http://mx.youtube.com/watch?v=4XTWMLU92cc

Otro video muy interesanet sobre el decrecimiento, también subtitulado del francés al castellano:

  Simplicidad voluntaria y decrecimiento (7 partes)

  http://mx.youtube.com/watch?v=gtQmmaw8sG0&feature=related

  salud y alegría

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#20.- Oir Latouche ...sigue

Eliseo|05-10-2008 12:20

He escuchado Serge Latouche siguiendo los consejos de Aroa. La emisión dura unos diez minutos y en tan poco tiempo Latouche nos repite la lista conocida de los desarreglos ecológicos venidos y por haber.

Empieza diciendo que “decrecimiento” es una palabra publicitaria, breve y llamativa, destinada a combatir la palabra “crecimiento” y que preferiría la palabra “acrecimiento”.

Continua con un catalogo de por lo menos diez problemas diferentes:

-transformar el imaginario y las creencias de las sociedades,

-cambiar y buscar otros objetivos y otras formas de riqueza tales que la riqueza relacional,

-reestructurar el aparato productivo,

-relocalizar las actividades económicas,

-comer las fresas de su jardín y no hacer viajar 9.000 Km. a los yoghourts, etc.

-                no  importar  textiles chinos,

-ciclones, desarreglo climático,

-energía nuclear,

-etc.

Muy bien, pero constatar no equivale a proponer soluciones que para mi deberían ser ante todo sociales, políticas e internacionalistas. Constatar que “la gravitación”: existe no es suficiente para hacer volar los aviones o simplemente para que no nos caigamos. Hacen falta otras cosas.

Pienso que el crecimiento será indispensable a nivel de nuestro planeta mientras que las desigualdades persistan entre los ciudadanos de un mismo país y entre países ricos y países pobres. Y mientras que ideologías destructoras dividan los pueblos.

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#21.- Escuchar a Latouche... sigue

Eliseo|05-10-2008 12:23

Cuatro ejemplos:

1 – la relocalizacion de la agricultura.

Se nota que Latouche es francés, que vive en un país rico y que por razones climáticas y por la riqueza de su suelo es el que tiene la agricultura másproductiva y variada de Europa. Su rica gastronomía se explica así.

Pero supongamos que Latouche fuese sueco, noruego, finlandés, africano, chino, etc.

¿Se limitaría a alimentarse a base de patatas, de nabos y de coles? ¿Y si fuese árabe, a comer cabras y dátiles?

2 – Transportes

¿Si Latouche fuese nórdico,se prohibiría de pasar, de vez en cuando, unos días al sol del Mediterráneo? ¿Latouche no se interesa por las otras culturas?

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#22.- Finalizando la escucha

Eliseo|05-10-2008 12:29

3 – Energía.

¿Se puede asegurar que faltaremos un día de la energía suficiente para hacer funcionar las sociedades humanas?
Es cierto que las energías fósiles, haga lo que se haga y se consuma, se agotaran mucho antes de que la Tierra sea licuada cuando el Sol habiendo quemado su hidrogeno, se pondrá a quemar su helio. Los ecologistas y los “decrecedores” finalmente solo piensan a escala de varias decenas de años, es humano, y no en términos de centenares, miles, millones y miles de millones de años.

Sin embargo si nos interesamos verdaderamente a la NATURALEZA y a la HUMANIDAD debemos pensar más lejos.

Por ejemplo, seria suficiente que los científicos sean capaces de poner el CO2 en conserva, hacerle tratar por procedimientos bioquímicos, que no costarían gastar ninguna energía, para fabricar metanol, para que muchos problemas energéticos actuales fuesen resueltos. Investigadores de una Universidad norteamericana experimentan actualmente un dispositivo que basándose en una bacteria alimentada por CO2, puede desarrollarse exponencialmente y parece capaz de regurgitarle transformando el CO2 en metanol.

Tambien los problemas son cientificos y tecnicos y esto debido a que  nuestros  conocimientos son insuficientes. 

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#23.- Un ejemplo de falsa utopía: el decrecimiento

06-10-2008 19:47

Para Kaos: acabo de enviar un mensaje muy critico con esta teoría del decrecimiento, lamentablemente me ha salido "error interno" en la pagina y no he podido recuperarlo, ¿podeis hacer algo? Gracias.

JM (Sevilla)

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#24.- poema

alfonso jativa gomez|08-10-2008 21:21

TODOSSOMOSOHEMOSSIDO…, alguna vez el “patito feo”, según escalamos

(para conquistar los tronos), las montañas, los palacios o las torres de la fama, el poder o el dinero

 

…, sobre todo cuando se es joven, vigoroso y lleno de sueños…, y todos hemos o habremos al final, de fracasar en el empeño y el intento.

 

… Aunque el “patito feo” es la Cruz, que arrastra, sufre, administra y determina parcialmente la “suerte”

de algunos de aquellos del grupo, con su voto maléfico de quien es el malo y quien el bueno

…, pues transporta el “odio”, que le toca y corresponde.

 

… Voto siempre negativo, errático y pecaminoso, que lo margina y condena aun más

(de las glorias y conquistas del grupo)

…, y desvía su destino…, o puerto (final).

 

… Pero de ídem manera erra y se equivoca, sin poder evitarlo el “patito bello” (que está en otra trampa)

…, ya que los “extremos” se tocan y siempre son accidentados, trágicos y violentos

 

…, y solo los “medios” se salvan y “hacen laAmérica”

…, a pesar de que: “el producto de los extremos

igual al de los medios”….

Alfonso Játiva Gómez

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