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¿Debe ser el Polo (PDA - Colombia) un partido para la Revolución?
¿Qué hacer para fortalecer los sectores que luchan por transformaciones estructurales pero a la vez impulsar posiciones y prácticas que sacudan nuestro espíritu conservador?
Fernando Dorado | Para Kaos en la Red | 27-11-2008 a las 4:48 | 973 lecturas | 1 comentario
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Planteemos el debate de cara al II Congreso del Polo…

¿DEBE SER EL POLO UN PARTIDO PARA LA REVOLUCIÓN?

Tres eventos recientes nos obligan a reflexionar sobre el carácter de los cambios que necesita nuestro país, y además, sobre la clase de instrumentos políticos que los demócratas colombianos debemos seguir construyendo para concretar esas transformaciones.

La Minga Indígena colocó un punto alto en organización, movilización y estrategia política. Propuso con dignidad, valentía y claridad un programa de lucha de gran significación estratégica y nos llamó a confrontar el modelo de desarrollo depredador que se ha impuesto en Colombia.

El histórico Paro de los Trabajadores “corteros” de Caña de Azúcar desafió durante más de dos meses a la más reaccionaria burguesía terrateniente dueña de los ingenios azucareros, y puso en la mira de la lucha proletaria y popular a una de las formas más sofisticadas de explotación capitalista: las Cooperativas de Trabajo Asociado CTAs.

La explosión económica y social relacionada con las “parafinancieras” (pirámides), que es otra manifestación más de la verdadera situación que vive el pueblo colombiano y de las contradicciones intrínsecas que trata de encubrir el régimen mafioso.

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De cara al II Congreso del Polo (PDA) a realizarse en Colombia en febrero de 2009, debemos reflexionar a fondo – y conjuntamente - sobre la significación de estos hechos. El centro del debate no debe ser el de los métodos de lucha, que en gran medida se viene saldando con el ejemplo que nos están dando otros pueblos suramericanos. No! El problema central tiene que ser – desde mi punto de vista – el dilucidar, si estamos frente a tareas revolucionarias y si tenemos la decisión de luchar por transformar radicalmente las condiciones estructurales que sustentan el modelo de desarrollo que hoy beneficia los intereses del imperio y de una pequeña cúpula oligárquica antinacional. Es decir, si el Polo es un partido para impulsar un proceso revolucionario o no.

Para algunos “dirigentes de izquierda” de América Latina la idea de Revolución hace rato está desterrada y proscrita. Han “arriado” la bandera revolucionaria y a lo único que aspiran es a atenuar los efectos “perversos” del capitalismo. A lo que aspiran, y así lo han planteado, es a ayudar a construir un “capitalismo con rostro humano”, e incluso están dispuestos a dejarse utilizar por el imperialismo, y las burguesías entreguistas en sus propósitos de globalización neoliberal.

Lo que explica la actitud y el comportamiento político de estos dirigentes autodenominados “izquierdistas de centro”[1]es el tipo de formación política e ideológica que han tenido, su incomprensión del marxismo revolucionario y su espíritu oportunista. Si miramos la historia, este tipo de personajes siempre han optado por acomodarse al sistema, buscando siempre hacer el menor esfuerzo y transitar por el camino más cómodo.

Por ello no es casual que los teóricos del FMI y del Banco Mundial, al analizar el fenómeno que viene ocurriendo en Latinoamérica de reaparición política de la izquierda legal, hagan cálculos optimistas y le apuesten a las posiciones moderadas de quienes entran a ocupar responsabilidades al frente de sus Estados y gobiernos, como es el caso de Brasil y Chile.

Las siguientes citas son un buen ejemplo de lo que esperan los expertos económicos y analistas neoliberales al servicio de las transnacionales capitalistas, de los gobiernos de izquierda en América Latina, que fue publicado hace un buen tiempo en las Lecturas Dominicales de El Tiempo con el título de “Latinoamérica: Oscuridad antes del alba” (Newsweek) :

“(...) Si bien Bolivia, Ecuador y Venezuela se han vuelto hostiles a las demandas del mercado, los actores regionales significativos eligieron gobiernos que continúan dedicados ala reforma liberal, aunque esgriman el discurso del populismo. En ningún lugar es tan visible como en Brasil. Allí, Lula Da Silva fue electo en gran medida porque prometió atacar los problemas sociales como hambre y pobreza. Pero no se apartó ni un milímetrodel rumbo impositivo conservador marcado por sus predecesores.”

“(...) Esto deja a la región con dos ironías: teniendo en cuenta el espíritu desafiante de los latinoamericanos en estos días, los mejores agentes para llevar a cabo más reformas son líderes políticos izquierdistas que contribuyeron a encender la chispa de la revuelta contra el libre mercado; y la única manera de apoyar a los gobiernos que quieren la reforma en la región, ... es que Washington y Bruselas sean más realistas en cuanto a un comercio justo.”

“(...) Solo los izquierdistas tienen la credibilidad necesaria para aplacar a las masas. Los observadores señalan que la izquierda política de la región es mucho más convencional actualmente que hace 20 años. En este momento, incentivos de mercado, presiones institucionales y la necesidad de inversión limitan la imprudencia que cualquier líder pueda llegar a tener. Eso es bueno.”[2]

Estas ideas parecen pensadas con base en las prácticas políticas y administrativas que realizó “Lucho” Garzón y que adelanta actualmente Samuel Moreno al frente de la Alcaldía de Bogotá.

Esta cita, y muchas otras que han sido publicadas en diarios y revistas norteamericanas, son una muestra de las fundadas esperanzas que tienen los grandes capitalistas imperialistas en los gobiernos de países latinoamericanos encabezados por los autodenominados “izquierdistas de centro”, para poder sobreaguar esta época donde se agudizan las contradicciones y la rebelión de los pueblos está a la orden del día.

Tales apreciaciones nos indican cómo esta clase de “dirigentes” se constituyen - consciente o inconscientemente - en una carta más de quienes han ostentado el poder económico y político en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo. Y precisamente, porque estos “izquierdistas de nombre y derechistas de hecho” juegan a favor del imperialismo, es por lo que hay que saber enfrentarlos y derrotarlos. Ese es precisamente uno de los temas a discutir: ¿Cómo enfrentar y derrotar – en su terreno y sin aislarnos de las masas - a los llamados “izquierdistas de centro”?

También debemos encarar – con fraternidad y solidaridad - a otro tipo de dirigentes de Izquierda que son aquellos que rechazan rabiosamente el debate sobre la estrategia, el carácter de la revolución, los sujetos políticos y sociales, y otros temas de importante actualidad.

Muchos de ellos se limitan a repetir los preceptos marxistas y leninistas de la revolución proletaria del siglo XX, sin profundizar en las lecciones que nos han dejado las experiencias vividas por los diversos pueblos que han transitado por la senda de la construcción socialista. Muchos de ellos consideran una blasfemia que se cuestionen algunos aspectos de la teoría marxista y leninista, y que se discuta con amplitud la estrategia planteada por los partidos comunistas y/o revolucionarios en las diversas épocas conocidas.

Es lamentable que después de haber acumulado la gran cantidad de experiencias que a nivel mundial y nacional hemos vivido directa o indirectamente, todavía existan personas que se nieguen a replantear su pensamiento y su práctica. Pareciera que se pretende acomodar la realidad a nuestras ideas y no al revés. Sin embargo a nivel mundial se están abriendo espacios de reflexión y de práctica revolucionaria, que sin renunciar a la revolución, sin tirar por la borda el sueño de construir una nueva sociedad, están renovando su pensamiento y su acción– y yo diría -, recreando, muchos de los postulados del marxismo revolucionario.[3]

¿Cómo hacer del Polo un verdadero partido para la revolución? ¿Qué hacer para fortalecer los sectores que luchan por transformaciones estructurales pero a la vez impulsar posiciones y prácticas que sacudan nuestro espíritu conservador que se apega a “fórmulas estatistas”[4] y que no nos dejan avanzar? ¿Cómo avanzar sin renunciar a la revolución? Será tema de otra reflexión. ¡Debatamos!



[1] El término “Izquierdistas de centro” lo tomamos de una entrevista que le hicieron en Caracol Radio a Lucho Garzón en plena campaña por la Alcaldía de Bogotá.

[2] “Latinoamérica: Oscuridad antes del alba”, Richard Ernsberger Jr. y Scott Jonson, periodistas de Newsweek, en Lecturas Dominicales de El Tiempo, 9 de noviembre de 2.003, p 12

[3]Entre esas corrientes podemos destacar los aportes de Wallerstein, Heinz Dieterich, Zizeck, Samir Amín, los “zapatistas”, el MST y muchas y muchos revolucionarios del mundo entero.

[4] “Fórmulas estatistas”: Son resultado de la “idealización” del papel del Estado. Nos han llevado a todo tipo de prácticas paternalistas, clientelistas, corruptas y burocráticas que se convierten en saboteo a la acción organizada de las masas.

 
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Comentarios (1)

#1.- Aporte al debate.

Paco Suarez|30-11-2008 03:51

Tienes toda la razón. Si no se extraen de raíz los males del capitalismo todo lo que se asemeje a ´´cambio´´ huele y suena a reforma o ´´acomodamiento´´ de unos líderes que no lideran. Leí en este sitio hace unos dias una carta abierta a los presidentes Lulla, Bachelet y Evo sobre el papel de sus gobiernos en Haití,   y tienes razón en lo que dices y el autor también advierte sobre eso. Hay otro comentario en donde se habla un poco duro contra el POLO como quien los quiere tratar de Idiotas utiles. No creo que haya temas vedados. qué quisite decir con que ´´ El centro del debate no debe ser el de los métodos de lucha, que en gran medida se viene saldando con el ejemplo que nos están dando otros pueblos suramericanos.

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