Abortos se han practicado desde siempre y en 1931 se autorizó expresamente para salvar la vida o la salud de la mujer, contando con indicación médica. El artículo 119 del Código Sanitario autorizó el aborto terapéutico, práctica que se mantuvo legal hasta 1989, año en que la Dictadura Militar lo derogó prohibiéndolo y castigándolo en toda circunstancia.
Desde entonces, los abortos que se realizan en el país son clandestinos. Comparte la situación con El Salvador, Honduras, República Dominicana y Nicaragua.
Desde 1991 –en la reconstrucción de la democracia- se han presentado sin éxito en el Parlamento seis proyectos de ley tendientes a restituir el derecho al aborto. Estas propuestas han sido archivadas sin siquiera abrir un debate en comisiones a las que pudieran asistir expertos y expertas en el tema y organizaciones de la sociedad civil.
El Estado chileno tampoco ha acatado las recomendaciones que en relación a la temática, le han realizado diversas instancias internacionales, entre ellas, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, el Comité de Derechos Humanos de la onU y el Comité de Expertas de la CEDAW. Similares recomendaciones efectuaron los “Informe Sombra” presentados por organizaciones de mujeres al Comité de la CEDAW y el “Informe anual sobre derechos humanos en Chile” del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales (2007).
Dado que se trata de una práctica ilegal, sólo existen estimaciones de su extensión en el país. La más reciente y seria actualiza los resultados de una investigación del Alan Guttmacher Instituto y entrega una cifra de 124.800. El Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo del Adolescente (CEMERA) estima que la reciente prohibición de la "Píldora del Día Después" por parte del Tribunal Constitucional, hará aumentar esta cifra.
Paulina Vidal Pollarolo: socióloga, docente e investigadora de PROGÉNERO de la universidad Academia de Humanismo Cristiano y Bolivariana quien además participó en la investigación “Construcción de argumentos para la restitución en Chile del aborto por razones de salud”, el año pasado, explica que los los principales obstáculos para discutir este tema en la sociedad es la imagen.
“En Chile se ha instalado la imagen, el discurso y la simbolización respecto de que el aborto es muerte, es asesinato. Hoy, esa imagen la han utilizado los grupos muy mal llamados pro-vida, porque en el caso del aborto por razones de salud, nos damos cuenta de la inconsistencia absoluta de sus argumentos”, sostuvo la experta.
Para superar esta imagen, continuó la profesional- es necesario señalar que la imagen está y que dice que allí hay vida. Eso no lo podemos negar. Explica que si queremos que no hayan abortos, debemos generar todas las políticas necesarias para prevenir un embarazo no deseado. “Eso implica muy buena educación sexual, acceso a métodos de todo tipo incluyendo los anticonceptivos de emergencia, y dejar en evidencia los inconsistentes argumentos de estos mismos grupos pro-vida que dicen no al aborto, pero al mismo tiempo no a la educación sexual, no a la anticoncepción de emergencia, no a los derechos sexuales y reproductivos”, precisó.
En tanto, el Senador Carlos Ominami Pascual, quien públicamente está a favor de la despenalización del aborto considera que es una gran vergüenza que durante 18 años de democracia no hayamos sido capaces de reestablecer esta práctica que es universal y tiene que ver con el principio del derecho de igualdad de las mujeres.
A su juicio existe un amedrentamiento hacia algunos parlamentarios de poderes institucionales y fácticos: desde el mundo empresarial que está muy fuertemente relacionado con grupos religiosos como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y la jerarquía de la Iglesia Católica.
"Tengo la sensación de que si la sociedad fuera capaz de expresarse, si sacáramos esta discusión de pequeños grupos y se instalara más fuerte en toda la ciudadanía, podría haber mayoría en la Cámara para aprobarla. La Sociedad es más liberal y si logra expresarse, puede influir positivamente sobre los legisladores”, puntualizó el parlamentario.
Añadió que la única manera que imagina la aprobación de una ley de aborto en Chile es utilizando la fórmula de Italia con la ley de divorció. No fue por una ley parlamentaria, sino que por iniciativa popular de ley: con un número determinado de firmas obligabas al parlamento a pronunciarse. “Le lloran a nuestro país mecanismos participativos que mejoren la calidad de la democracia", concluyó.
Por último, Verónica Díaz, directora de Católicas por el Derecho a Decidir –Chile (CDD) y cuenta que la penalización no ha evitado que hoy sigan practicándose abortos. “Lo único que se ha logrado son abortos clandestinos, más peligrosos, donde las mujeres arriesgan sus vida, su salud y su libertad”, dice.
Explica que como católicas “tenemos que seguir el libre albedrío, la libertad de conciencia y tomar nuestras propias decisiones. Seguimos a Jesús y él dijo que teníamos que amarnos a nosotras primero y después al resto, y eso es lo que hacemos. Hemos conversado con muchos sacerdotes y religiosas y sabemos que la postura que se conoce de la iglesia no es la única. Tenemos que modernizarnos. Los curas debieran bajar del altar y vivir la realidad de las mujeres, sobre todo de las mujeres más pobres. Así se darían cuenta de que el aborto no es un juego, no es una decisión fácil, que usar métodos anticonceptivos es porque necesitamos no tener más hijos, porque no podemos mantenerlos a todos. Es eso”, finalizó.
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