En ambos casos (para eso era opresión) había una ominosa desigualdad de fuerzas entre el opresor y el oprimido. Y en ambos había también incrustación. El hebreo -Estado artificial- incrustado en el palestino, y el ibero -Estado aglomerado- incrustado en el euskaldún.
  En ambos casos, palestinos y euskaldunes hacían frente al mismo Polifemo. Pero mientras aquellos sólo podían servirse de bombas caseras, Polifemo en un caso aplastaba a misilazos a la hormiga palestina, y en el otro metía en la trena al euskaldún.
  Pero había diferencias.
  Una, que mientras que la dominación del hebreo sobre el palestino había empezado ayer, la del ibero sobre el euskaldún se perdía en la noche de los tiempos.
  Otra, que mientras el hebreo no aprendía la lengua del palestino ni el ibero aprendía la del euskaldún, el palestino aprendía la lengua del hebreo, y el euskaldún la del ibero.
  Otra, que mientras el hebreo contaba con las fuerzas del imperio y el ibero era lacayo de éste, la única fuerza con la que contaban el euskaldún y el palestino era la mera fuerza humana. 
  Había que buscar una salida inédita a la extrema violencia. Y como opresores y oprimidos vivían no ya en el siglo de las luces sino en el siglo de la suma lucidez, el hebreo se retiró de los territorios ocupados, y el ibero reconoció su independencia al euskaldún.
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#3.- De acuerdo
Zaragata|04-01-2009 00:38
Corto, pero muy aclaratorio el artículo.
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