Cuba y China
¿Quo vadis?
“Comparar al proyecto revolucionario cubano con otros procesos sociopolíticos de izquierda se ha convertido en los últimos tiempos en un pasatiempo nada ingenuo para promover, en el campo de las ideas, la desconfianza y la desunión en fuerzas progresistas a escalas continental y mundial”[1].
La táctica (reaccionaria – según queda implícito) de las comparaciones con el socialismo cubano, tal como lo asume Manuel E. Yepe en su artículo publicado por el diario Granma (versión digital, 05.04.2007), no puede coartar la sabiduría cognitiva de los análisis comparativos. Si los “procesos revolucionarios coinciden en metas y anhelos, aunque transit(e)n por caminos propios”[2], nada impide el enriquecimiento del camino propio con las experiencias prácticas y las ideas de lo que se reconozca como éxitos en la construcción del socialismo.
Por lo tanto, más allá de asumir una posición política defensiva con la afirmación: “El hecho de que una nación socialista, China, haya sido capaz de situarse en un cimero lugar mundial por su sostenido ritmo de desarrollo económico, tecnológico y científico a partir de las concepciones socialistas que lo han hecho posible parece haber despertado la tendencia a destacar las diferencias de nuestro proceso con el de la gran nación asiática”[3], lo verdaderamente importante para Cuba radica en .asumir el desafíotransparente de esas acciones que, según el propio autor, han hecho posible un avance tan destacado “a partir de concepciones socialistas”.
La afirmación anterior no implica la renuncia al pensamiento y las experiencias propias sino la capacidad para la asimilación dialéctica del conocimiento ajeno. Justo lo contrario a lo que Cuba experimentó en el período de dependencia estructural (que no cooperación estratégica) dentro del sistema del real socialismo.
La sabiduría de la dirigencia política china ha estribado en reconocer a tiempo la caducidad de la modelación de desarrollo socioeconómico en la que se consumían las potencialidades de su necesaria y posible expansión. Identificar ese hecho lleva la valía histórica de haber evitado con ello la crisis terminal a la que se abocaba la construcción del socialismo en China[4]. Hago hincapié en el concepto de construcción del socialismo. Tal como lo argumento en el caso de Cuba, pues no resiste crítica alguna asumir el socialismo si no es como proceso de transformación socioeconómica y cultural de las condiciones históricas del desarrollo socio-humano.
Cuando se asume el socialismo como modelo dado - tal como lo he reiterado - sea éste el del fenecido y, para más retuerto, llamado real socialismo o el que se le atribuye a Cuba o a China, lo que los ideólogos y apologetas del capitalismo hacen es poner a punto el objeto de la negación nihilista preconcebida. Así empaquetado el socialismo, la propaganda de su negación a ultranza deviene verdad irrefutable, si no ahí está, véanlo todos, no funciona. En Cuba acarrea, a pesar de sus logros en derechos humanos, sólo carencias materiales y eliminación de las libertades (no ante el trabajo y el capital, sino, entiéndase, aquellas libertades que define y administra en la otra realidad el capital) y en China otro tanto, a pesar de su incuestionable y temido despegue económico, es decir, desigualdades sociales, desprecio por los derechos humanos y falta aún de esas libertades. ¿Podrá adivinarse cuál es el único camino o es necesario nombrarlo? Véanlo todos, el que ya enrumba también China y gracias al cual Cuba renacerá de sus supuestas cenizas.
Llegados a este momento, es importante cuestionar el concepto que utiliza (por sí mismo o prestado) M.E.Yepe para definir la modelación socioeconómica en andamiento en China. Se la caracteriza como “economía de mercado socialista”. Llama la atención que esta definición sea también la que utiliza H.Dieterich para definir el socialismo en Cuba (quien también asume el socialismo en Cuba como hecho). Volvamos sobre ello. El concepto se preña de la contradicción interna que plantea el par: economía de mercado y lo socialista de la economía. En mi artículo “Principio y final del socialismo en Cuba”[5] (donde someto a crítica la colocación de H.Dieterich) insisto con detenimiento en explicar que la economía de mercado es el término que ha acuñado la economía capitalista. No por una cuestión semántica, sino porque la economía capitalista está inexorablemente regida por los determinismos del mercado. Determinismos que resultan tales porque la economía funciona con arreglo a la institucionalidad que refrenda y sostiene la propiedad privada sobre los medios de producción (y comunicación) como eje del modo de producción, de relaciones socioeconómicas y de acumulación (privada y corporativa) de capital.
Aceptar o recurrir acríticamente al término “economía de mercado socialista” no supera los análisis en torno al concepto de “economía social de mercado”, explotado por las socialdemocracias europeas y pioneramente por el mismo O. von Bismarck, en su combate contra la propia socialdemocracia alemana. Lo que a la larga, cabe recordar, pariría el estado de bienestar social, definitivamente pulsado por aquel imperativo de la participación ciudadana a que luego obligó la I Guerra Mundial[6].No es casual que haya sido esa supuesta economía social de mercado la vendida en papel de celofán al pueblo por las elites económicas y políticas artífices de la definitiva transformación capitalista en los otrora países del llamado real socialismo. Un símil de ese fenómeno con Cuba, a la luz del estado desarrollista tardío español, he planteado en mi artículo “Cuba frente a sí misma ¿en pos del socialismo o hacia su negación?”[7]
La “economía social de mercado” era el concepto prefabricado que se le podía vender al movimiento Solidaridad en Polonia, el “producto” que encajaba con el objetivo y el lema esencial del levantamiento obrero: “Socialismo SÍ, desviaciones No”, plasmado en lo que parecía su irreductible carta de negociación con el Partido gobernante (PZPR, por sus siglas en polaco).Una proclama de reivindicaciones ampliamente conocida por la sociedad polaca y por todos aquellos que fuimos testigos presenciales de las emblemáticas huelgas en los Astilleros de Gdansk en 1981. Pero, además, críticamente debatido por los que también tuvimos la oportunidad de participar en conferencias académicas en universidades en la propia ciudad, alertando sobre el avecinamiento, tal como lo veía, de la “latinoamericanización” que se escondía detrás del marketing de la economía social de mercado. Este concepto introduce además, cosa de especial atención, una confusión igual o mayor que el de “economía de mercado socialista” en el entendimiento del carácter de las relaciones socioeconómicas no-capitalistas. Es decir, precisamente ésas hacia las cuales habría de tender la modelación socialista del modo de producción.
China ha emprendido un modelo desarrollista que asume un patrón mixto de acumulación intensiva de capital.Donde el liberalismo económico y la preocupación social tratan de ser acopladas bajo el concepto cultural propio de “sociedad armónica”, teniendo al partido comunista como el centro de poder al frente del proceso sociopolítico y económico.
La combinación de propiedad privada (que aporta ya alrededor del 60% del PIB) y estatal (en predominancia física), la pronunciada inversión directa con capital mayoritario de las transnacionales económico-financieras, el aprovechamiento extendido y ex profeso de su mano de obra barata, la contundente expansión de las exportaciones de manufacturas altamente competitivas por sus componentes tecnológico y bajos costos salariales,se han asumido en China como la vía adecuada para el agresivo crecimiento económico que tiene lugar y se sostiene por cerca de tres décadas consecutivas.Sin embargo, a pesar o gracias a ello, la exclusión social ha dejado de ser un “costo necesario y superable” para convertirse en un factor de desequilibrio estructural del sistema, muy difícil de remontar bajo los postulados de desarrollo actuales.
La pobreza extrema (indigencia) golpea a 24 millones de pobladores rurales (con sólo unos 20 centavos de dólar diarios per capita para su subsistencia). El sistema de educación adolece de un pronunciado déficit infraestructural y de fuerza profesional. Las diferencias en el desarrollo territorial se acentúan por el privilegio concedido a grandes centros urbanos que se modernizan y caotizan vertiginosamente.La agricultura choca con barreras estructurales (infra inversión) que frenan la expansión (clara disminución de los ritmos de crecimiento de la producción) en circunstancias donde es precisamente ese rublo uno de los pilares de la economía. La especulación inmobiliaria (el negocio de bienes raíces) consume ingentes recursos financieros y discrimina el acceso popular a la vivienda. Justo una de las modalidades de inflar el crecimiento en las economías capitalistas bajo el neoliberalismo. El consumo de energía por unidad de PIB supera con creces las previsiones. El modelo exportador agota su dinámica y deja en contracción el mercado interno, con un fuerte impacto negativo tanto sobre la capacidad de consumo como sobre el potencial de desarrollo de medianas y pequeñas empresas, lo que mantiene el desempleo en niveles altos (en contraste con la proliferación del trabajo urbano esclavo).Los estragos medioambientales por el impacto del modelo de industrialización son notorios.
Esa realidad ha llevado a que el IV Congreso de la Asamblea Nacional china que justo comienza sus sesiones (05.03.2007) coloque en su agenda central el problema del reajuste del modelo de desarrollo reconociendo la necesidad de lograr el balance estratégico entre crecimiento económico e inclusión social.¿Habrá sido identificado el momento en que la acumulación de capital y la dinámica de crecimiento permiten retomar el factor social para convertir la inecuación en ecuación?
El informe presentado por el Primer Ministro ante la AN expone en primer plano la necesidad de reducir la fuerza del mercado ciego y consolidar la perspectiva de desarrollo racional. Un conjunto de relevantes medidas para lograrlo en el mediano-largo plazo ha sido puesto a discusión en la Asamblea. La implementación de una abarcadora red de asistencia y protección social, la cobertura universal del sistema de salud, la definición de la educación y su excelencia como piedra angular (bedrock) del desarrollo socioeconómico y la decisión de convertir la profesión académica como una de las mejor remuneradas en el país, la conversión de la geoeconomía rural en un “nuevo campo socialista”, la racionalización estructural del consumo energético, la potenciación del poder adquisitivo y la apuesta por el consumo interno, todo, escoltado por una sostenida eficiencia del rendimiento y el rápido crecimiento económico, definido esto como la más importante tarea, constituye el eje de las ideas y proyecciones que se han planteado los dirigentes chinos.
La estrategia de acumulación y desarrollo de las fuerzas productivas asumida por China obedece a la necesidad de un salto de orden definida por el Partido. Objetivo imposible de lograr bajo postulados evolutivos. El desafío asumido por el Partido en tanto poder político central lleva implícito la reconsideración de la noción de socialismo fuera de los términos del marxismo-leninismo (a menos que el solo hecho del partido único resuma y venga a justificar toda la concepción marxista-leninista) y plantea una trayectoria que comparte más espacio y principios con las concepciones socialdemócratas europeas y su émulo japonés. Así lo viene a corroborar a nivel institucional un proyecto de ley que se somete a consideración de la AN, el cual refrenda ya la propiedad privada sobre los medios de producción. Todo ello indica que se está en presencia de una trayectoria que, a contrapelo del mismo supuesto “socialdemócrata”, se balancea entre la visión de un socialismo de estado y un capitalismo de estado. Empero asumida como un proceso de desarrollo sociopolítico en ciernes no es posible aventurar definiciones algunas que encuadren la modelación más allá de entenderla como un tránsito, a marcha forzada, hacia un alto desarrollo económico industrial, cual antítesis de aquella tristemente célebre “revolución cultural”.El componente de la armonía social que lo acompaña como objetivo político estará determinando tanto las tensiones como todo el equilibrio socioeconómico y cultural interno.Cien años para la cosmovisión de la cultura china significan un fugaz momento histórico.
No son, no obstante, las circunstancias de la estrategia de desarrollo asumida por China incomparables con el escenario de las necesidades de desarrollo de Cuba. Las características específicas pueden definir tácticas diferenciables pero no contraponen estrategias plausibles.
China por su dimensión geográfica y la magnitud de su población está predestinada a proyectarse como potencia económica mundial. A ello lo obliga además el escenario de las contradicciones intercapitalistas tras la puja por definir correlaciones de fuerzas económicas, financieras y militares, que favorezcan el dominio de los centros de poder imperialistas (que no imperiales). El salto económico de orden requerido le posibilita a China la superación en corto tiempo del cuadro de subdesarrollo semifeudaldel que apenas emerge. Realidad en la que amenazaba con empantanarse bajo la doctrina del socialismo maoísta. Una modelación de desarrollo comprimida entre los dogmatismos políticos propios y las reacciones ideológicas defensivas inducidas por la confrontación este-oeste de la guerra fría.
Si asumimos como cierto que Cuba – tal como lo plantea M.E.Yepe – se distancia de la realidad histórica de China dado que el desenvolvimiento del capitalismo dependiente había logrado ya establecer condiciones de desarrollo distintas, más avanzadas, en la socialización de la producción, el comercio y los servicios tempranamente, lo cual permitió adelantar formas pre-socialistas de organización del sistema socioeconómico, resulta insoslayable un cuestionamiento de fondo a la modelación socialista cubana.
En efecto, la afirmación implica reconocer o asumir que dado un mayor desarrollo incipiente de la sociedad burguesa se daban en Cuba mejores condiciones para el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento económico bajo otras condiciones sistémicas, supuestamente superiores. Un déficit primario que en China determina la necesidad de plantearse el máximo aprovechamiento de las relaciones mercantiles (“desde la base”) y lograr de esa manera el salto de orden sostenido del crecimiento económico que experimenta.
Sin embargo, en el caso de Cuba, a pesar de haber estado en posición ventajosa en cuanto a dicha fase de las relaciones socioeconómicas burguesas, la marcha del desarrollo no tiene la dinámica que sí ha alcanzado en China. ¿Entonces, qué está fallando en Cuba que ya la trayectoria china supera con creces? Es decir, estableciendo la diferencia de escalas necesaria, cómo es que China ha logrado, primero, crear esas incipientes condiciones de desarrollo del capitalismo elemental y, luego, en su marcha hacia el socialismo (tal como lo identifica M.E.Yepe) potenciar la acumulación de capital, el desarrollo de sus fuerzas productivas y su crecimiento de forma tan decisiva. Cosa que Cuba no logra a pesar de haber, según el autor, tenido a su favor un punto de partida tan necesario como más favorable.
La contradicción que devela el cuestionamiento apunta hacia un problema de suma importancia para el desarrollo de la economía cubana y su modelación socialista.
El modo de producción y las relaciones socioeconómicas establecidas en Cuba, asumamos, como sistema pre-socialista, se ha caracterizado por una hibridación voluntarista de formas de organización de las fuerzas productivas incapaz hasta hoy de desembocar en un sistema económico estable, predecible, perfectible y eficiente. Una útil caracterización de tal estado de cosas la ofrece un grupo de investigadores cubanos en su trabajo “Reflexiones sobre la empresa estatal cubana”[8].
Una cantidad aproximada de 3850 empresas, jerarquizadas central, ministerial o territorialmente, funciona en un sistema de organización híbrido que las desvertebra en distintos “subsistemas de organización” tales como: cálculo económico, sistema presupuestario de financiamiento, nuevo sistema de dirección, sistema de dirección y planificación de la economía, contingentes obreros, sociedades mercantiles, perfeccionamiento empresarial. Pero que, además, todas ellas operan bajo centralización total, parcial o supuesta descentralización.
Este enrevesado andamiaje, en el que germina la ineficiencia del 50% de las empresas y el otro 50% actúa fuera de racionales cadenas productivas, presume de prescindir del mercado y de las relaciones monetario-mercantiles como aquellos espacios e instrumentos que podrían vertebrar no sólo el carácter de las empresas sino, además, su eficiente funcionamiento. Puesto que tanto el mercado como las relaciones monetario-mercantiles son categorías propias de la economía capitalista que es necesario negar para afirmar la naturaleza socialista del sistema económico. El dogmatismo ideológico se impone desde el poder político por encima de toda interpretación racional (y científica, a pesar de los esfuerzos de C.Marx en sentido contrario) sobre la naturaleza del modo de producción y relaciones socioeconómicas capitalistas.
Si las relaciones mercantiles aplicadas “desde la base” - como lo asume M.E.Yepe - han sido capaces de facilitar el dinamismo de la economía china y con ello su modelación socialista, ¿qué impide a Cuba aprovechar en sus condiciones específicas este instrumento? Para acercar una comprensión clara de esta interrogante es preciso esclarecer (una vez más) dos cuestiones.
Primero, que si del proyecto socialista de Cuba se trata, la naturaleza socialista de su economía, su sociedad y su estado, puede perfectamente consolidarse bajo los preceptos de la democracia económica y la soberanía ciudadana. Lo uno establece el principio de participación de los trabajadores en la gestión directa de los beneficios del trabajo y por ello, en la gestión autónoma del proceso de producción y creación del producto (material e inmaterial). Lo otro, una vez asimilado lo uno, crea la condición sine qua non para la auto determinación del ciudadano. Definidos así los marcos democráticos del movimiento socioeconómico de la sociedad, el mercado y las relaciones monetario-mercantiles quedan reducidos a instrumentos sociales controlables y regulables. El campo para la reorganización del modo de producción y de relaciones socioeconómicas abre así un vasto espectro de posibilidades que no transgreden el carácter participativo e inclusivo de la modelación. Lo que va desde la reconsideración del sistema de propiedad estatal sobre los medios de producción (de bienes y servicios) hasta igual replanteamiento del patrón de acumulación estatal de capital. El campo de cooperación que impulsan Venezuela y Cuba desde el ALBA y la paulatina reorientación social del MERCOSUR le abren al universo de medianas y pequeñas empresas que - sin detrimento alguno de las empresas públicas importantes y claves -, bajo los principios de democracia económica y soberanía ciudadana pueden prosperar en la Isla, un escenario altamente favorable de cooperación directa, conocimiento y conciencia de la realidad extra insular, fogueo emprendedor y cultura económica contrastada.
¿Podrá negarse el carácter socialista de esta visión renovadora del actual sistema? De igual importancia resulta preguntar: ¿se desencadenaría con ello el potencial emprendedor de la sociedad y el conocimiento de su inserción regional? ; ¿se elevaría el sentido de cohesión del pueblo alrededor del proyecto socialista cubano por las potencialidades así abiertas? ¿Estaríamos entonces abocados o no a la posibilidad de un salto de orden de calidad en el desarrollo económico y social?
El autor del artículo eje de estas reflexiones críticas tiene el derecho al debate público con las mismas. Pero si así fuera es el pueblo cubano el principal destinatario y el principal invitado a este debate mayor.
Roberto Cobas Avivar
España, 06.03.2007
[1] Manuel E. Yepe, “La táctica de las comparaciones”, en: Granma digital, http://www.granma.cubaweb.cu/2007/03/05/nacional/artic01.html
[2]Ibidem
[3]Ibidem
[4] Cuya señal inequívoca, más allá del factor injerencista externo,resultaron las contradicciones internas (agudizadas desde 1978) que llevaron a los dramáticos hechos de la Plaza de Tiananmen en 1989.
[5] Roberto Cobas Avivar, “Principio y final del socialismo en Cuba”, en: Kaos en la Red, http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=30181
[6] Ralf Dahrendorf, El conflicto social moderno. Un ensayo sobre la política de la libertad; editorial Czytelnik, Warszawa, Polonia 1993.
[7] Roberto Cobas Avivar, “Cuba frente a sí misma, ¿en pos del socialismo o hacia su negación?”, en: Kaos en la Red, http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=28069
[8] Luis Marcelo, Adriano García, Oscar U-Echevarría, “Reflexiones sobre la empresa estatal cubana”, en: revista Cuba Siglo XXI, http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/economia/marcelo_300906.pdf
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A mismos principios, mismas finalidades.
Juanjo|07-03-2007 12:50
Todos los sistemas marxistas leninistas han terminado lo mismo, pasan del Capitalismo de Estado al Capitalismo privado, con el incoveniente que en estos sistemas los trabajadores no pueden ni siquiera defender sus intereses, los sindicatos siendo la correa de transmssion del partido .
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Cuba y china Quo vadis
casty|07-03-2007 19:01
si existe un "socialismo real",o capitalismo de estado 0 privado.........debe de ser analizado..por quien lo analice....no existe a mi concepto "socialismo real"...o Capitalismo de Estado...o "privado"....lo de China ..fue que justo a tiempo ....aplico..la teoria ..de la "convergencia"..en los años 70....lo positivo del capitalismo....y lo positivo del socialismo....El Socialismo real ,no existe.....,los hombres hacen la historia....el socialismo ...es una teoria..no acabada...y por desgracia...la hacen los humanos...y ellos han sido..los que han,acabado con el "Socialismo"(Stalin..y Co)..lo que hace hoy dia Chavez en Venezuela..me pareced un proyecto "Chino " a lo Latino.....y sin ofender a nadie...me parece..lo mejor que ha pasado en America Latina despues de la Revolucion Cubana...ojala que ese proyecto sobreviva..pues es la esperanza....para mi...de un Socialismo.....a la perfeccion....con imperfecciones....saludos a todos...
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Dos grandes omisiones
Tomás|08-03-2007 14:56
Me parece que el articulo hace dos grandes omisiones, la primera las grandes diferencias geográficas en todo el sentido de la palabra, y no me refiero al fatalismo geográfico ni nada parecido, sino a la diferencias en cuanto a extención territorial entre ambos países, cantidad de recursos naturales, población, etc, y la otra es el que Cuba sufre una Guerra económica que dura ya mas de cuatro decadas y le a costado alrrededor de 15 años de atrazo a la economía cubana...a mi modo de ver los esenarios son diferentes y eso bien podria parir un articulo.
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lectura detenida
Roberto|08-03-2007 15:55
Estimado Tomas
Una lectura detenida del articulo le llevara sin dudas a notar que tales omisiones no existen. Puesto que en el articulo la disquisicion cognitiva no parte del proposito de una comparación positivista. Salvadas las diferencias específicas (el problema de las escalas físicas y las apropiaciones cultuales - cosa que deja claro el articulo) lo que se intenta es identificar el contexto estrategico de las experiencias para volver a lo concreto de la realidad, en este caso la cubana. Por otra parte, las consecuencias del bloqueo economico financiero de los EEUU sobre Cuba no han sido traidas a colacion en este analisis no por olvido ni omision, sino por su consideracion como una constante (en el sentido interpretativo de su funcion en cualquier ecuacion o inecuacion) ante la cual es precisamente la movilizacion maxima de los factores internos del desarrollo (humanos, materiales, conceptuales y organizativos) la que puede dar al traste con las barreras INTERNAS del subdesarrollo. El efecto no puede ser mas que el de la sinergia renovadora de todos los elementos que componen el "sistema", incluidos aquellos de naturaleza externa. Para una comprension mas profunda de los problemas expuestos y sus multiples implicaciones podria Ud consultar los disimiles articulos y ensayos de este autor sobre el tema (en la propia revista Kaos o en Rebelion o en Cuba Siglo XXI o La Haine o en la revista de Filosofica Cubana - entre otros).
Gracias por el interes en el tema. El debate es parte de la necesidad de renovacion del pensamiento critico alrededor de los problemas del proyecto socialista cubano.
El autor
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