El águila imperial y Cuba
Dicen que en idioma chino, crisis y esperanza se representan con los mismos caracteres. Aunque en otras lenguas no ocurra lo mismo, la gente espera que, en los momentos de mayor tensión, aparezcan fórmulas de avenencia, máxime cuando se trata de entuertos políticos para cuya solución no se necesitan recursos, dinero ni siquiera esfuerzos, sino comprensión, pragmatismo y valentía política.
Aunque los cincuenta años de hostilidad de los Estados Unidos hacía la Revolución Cubana pudieran ser considerados como un mismo suceso; en tan largo período hubo momentos de tensiones extremas, en los cuales, aunque en lontanza y con trazos imprecisos se dibujaban ciertas esperanzas. Cuba no despreció ninguna. 
 
La invasión por Playa Girón o bahía de Cochinos fue derrotada de modo relampagueante por los bisoños soldados de la Revolución que hicieron prisioneros a más de las tres cuartas partes de la brigada mercenaria. En lugar de castigarlos, Cuba prefirió convertirlos en piezas de una singular negociación y propuso canjear a 1203 de ellos por alimentos y medicinas para niños, cosa a la que Estados Unidos accedió.
 
Comenzó así una original negociación, en la cual, la parte norteamericana enmascaró su participación en un llamado Comité de Familiares y en la Cruz Roja. Alguien podía pensar que, como usualmente ocurre en los conflictos armados, el buen trato a los prisioneros y su devolución, crearía un clima propicio para negociar otros aspectos sustantivos del conflicto. No ocurrió así.
 
A pesar de reconocer su responsabilidad en la fallida operación de bahía de Cochinos, en lugar de rectificar, el presidente Kennedy persistió en la política heredada de Eisenhower, dejó pasar una coyuntura propicia,  desaprovechó el canal negociador abierto por Cuba y no tuvo la determinación necesaria para dar profundidad al intercambio iniciado, aprovechar la buena fe cubana, dar un chance a la paz y avanzar en la búsqueda de una solución.
 
Poco después, en octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, el gobierno cubano propuso un plan de cinco puntos que promovía una negociación de fondo y pudo haber conducido a sustanciales avances en la solución del diferendo con Estados Unidos. En la propuesta cubana, la retirada de las armas estratégicas pasaba, por el cese de las agresiones, el levantamiento del bloqueo y la retirada de la base naval de Guantánamo. Estados Unidos ignoró tales sugerencias, soslayó a Cuba y negoció con la parte soviética la retirada de los misiles. Otra vez no quedó por Cuba.
 
Como suele ocurrir cuando los procesos políticos, especialmente las crisis, son maltratados, las negociaciones soviético-norteamericanas en torno a los misiles instalados en Cuba, no condujeron a un relajamiento de las tensiones de la Guerra Fría sino las incrementaron. Cuba, cuyos justos reclamos fueron desoídos, bajo las administraciones de Johnson y Nixon conoció un incremento sin precedentes de la agresiva política de los Estados Unidos.
 
La próxima oportunidad apareció bajo la administración de James Carter cuando, luego de difíciles tratativas, en mayo de 1977 se anunció que los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos habían alcanzado un acuerdo para el establecimiento de secciones de intereses en La Habana y Washington. Para los optimistas, la existencia de tales representaciones constituía un importante logro político y diplomático que instalaba un canal permanente para el dialogo y la concertación. Tales augurios no se confirmaron.
 
En 1984, tras intensas negociaciones y en el ambiente poco propicio creado por la agresiva política anticubana de la administración Reagan, se firmó un acuerdo migratorio entre Cuba y los Estados Unidos en cuyas negociaciones la parte norteamericana no dejó espacio para el tratamiento de otros aspectos del diferendo. Igualmente ocurrió en esa misma década durante las conversaciones para la paz en Angola.
 
Nunca antes, en ninguna época Cuba y Estados Unidos habían negociado un asunto de tal complejidad para lo cual fueron necesarios numerosos encuentros, así como dilatadas y profundas negociaciones por medio de las cuales se encontraron soluciones para poner fin a la guerra en Angola, asegurar el acceso de Namibia a la independencia y herir de muerte a uno de los oprobios de nuestro tiempo: el apartheid.
 
Obviamente que en aquel proceso, culminado en diciembre de 1988 cuando en Nueva York fueron suscritos los acuerdos, hubo decenas de encuentros entre ejecutivos de ambos países. De haber existido voluntad por la parte norteamericana, aquellos contactos pudieron ser aprovechados para explorar y aproximar las  posiciones de ambos países en áreas sustantivas del diferendo común: No ocurrió y fue otra oportunidad perdida.
 
Sin otra alternativa, Estados Unidos cedió para la solución de un conflicto a miles de millas de sus fronteras pero no avanzó ni un milímetro en el que le afecta a 150 kilómetros de la Florida.
12/08
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