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Cuba: todo el poder al pueblo
La sociedad cubana aboga por los cambios que transformen la realidad actual para bien. Al debate ciudadano le compete discernir sobre el rumbo y los caminos. La vulnerabilidad interna y externa del proyecto socialista puede considerarse directamente proporcional a la falta de debate interno abierto acerca de los problemas del socialismo en Cuba.
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 8-4-2007 a las 19:56 | 1272 lecturas | 1 comentario
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Cuba

Todo el poder al pueblo

 

El Gobierno en funciones de La Monarquía Parlamentaria de España, acuñado por el partido socialdemócrata PSOE, ha decidido darle continuidad a la posición de acercamiento a la República de Cuba impulsada luego de la caída del partido de derechas PP a raíz de los atentados terroristas del 11-M de 2004.


La visita del Ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Moratinos, a Cuba (2 y 3 de abril 2007) después de un largo impás enlos contactos bilaterales oficiales a nivel de gobiernos refleja la moderada independencia del Gobierno del PSOE con respecto a la posición común de neocolonialismo trasnochado de la UE en relación con Cuba (diseñada en el 2003 a instancias del Gobierno de derechas presidido por el ex-presidente del Gobierno español a instancias de la Casa Blanca) y,por ello, a la imposición de la sostenida política de agresiones de los EEUU contra la Isla.


La derecha española y la auto proclamada disidencia en Cuba se identifican en la descalificación del ejercicio del Gobierno español del PSOE. El trasfondo político es de mayor calado. Toda persona sensatamente informada sobre la realidad política española puede entender perfectamente la coincidencia de pareceres entre la derecha española y los opositores internos cubanos al proyecto sociopolítico no-capitalista que como opción alternativa de desarrollo socioeconómico sigue planteado en Cuba. A los primeros la mayoría electoral de los propios españoles los descalificó cuando, a pesar de un panorama económico interno favorable pero no pocas tensiones sociales, trataron de asegurarse en el gobierno a través de la burda mentira de asignarle a ETA los atentados terroristas del 11-M en Madrid a que habían inducido por su activo apoyo a la invasión yanqui de Irak.


Sobre la cuestión de la auto nombrada disidencia en Cuba es importante para los cubanos y el proyecto sociopolítico socialista de la Revolución un análisis fuera de la ortodoxia del pensamiento reaccionario derechista y del reduccionismo político de izquierda.


La modelación política cubana no concibe la organización multipartidista de la sociedad como un sistema de potencial alternancia en el poder de distintos grupos de intereses socio-económicos y, por ende, políticos. El mono-partidismo asume el presupuesto de cohesión sociopolítica de la sociedad alrededor de un proyecto de desarrollo social y económico posible de llevar a cabo bajo la dirección de una fuerza política consensuada y legitimada por la sociedad. Este presupuesto político ha sido institucionalizado en la Carta Magna de la República mayoritariamente refrendada por la sociedad cubana.


Sin embargo, la realidad cubana, como no podría ser de otra forma, se desenvuelve según disímiles contradicciones entre los presupuestos políticos de desarrollo social y económico y las insuficiencias y carencias de las vías instrumentadas para lograrlos.


Un factor clave de las carencias de la modelación política cubana estriba en la mediatización de la soberanía ciudadana. Un concepto estrechamente ligado a la capacidad de auto determinación económica del ciudadano. Ahora bien, el marco de esta auto determinación en Cuba queda definido por el principio de no explotación del trabajo ajeno. En cualquier realidad capitalista el marco de la auto determinación económica del ciudadano queda restringido por la libertad de los propietarios de disponer del resultado del trabajo ajeno.Aquellos que no lleguen a entender esta afirmación, ya sea por falta de estudio, información o vulgar adoctrinamiento ideológico, quedan invitados a cuestionarse su veracidad. Por lo pronto tengo a bien advertirles que, sin ánimo de desanimarles, cualesquiera sean los argumentos a los que puedan recurrir no cambiará en un ápice la verdad objetiva que la afirmación encierra.


La diferencia entre los marcos señalados de la auto determinación ciudadana es cualitativa. Pero en el caso de Cuba, el marco es infinitamente desbordable. La realidad capitalista, sin embargo, no admite esa posibilidad a menos que se plantee la negación de su sistema político. El sistema político cubano no necesita ser negado para que la auto determinación económica del ciudadano alcance toda la plenitud que sólo la ausencia de enajenación del trabajo entre congéneres puede lograr.


En efecto, el proceso de emancipación ciudadana en Cuba admite y ha de eliminar la naturaleza asalariada del trabajo. El trabajo no dejará de ser la actividad básica humana de la reproducción de la vida. No se trata del trabajo individual si no de la dimensión social del mismo. Para evitar los entuertos de cierta manida disquisición marxista en la explicación del asunto, expongámoslo de este modo: no existe producto ni mercancía alguna que no sea resultado del trabajo pasado y presente mancomunado de los individuos. Por mancomunado en el capitalismo no ha de entenderse solidario, sino socializado por fuerza de la división del trabajo. No existe el factor de solidaridad social en la producción por definición, porque no existe igualdad ante el capital y el propio trabajo.


Los propietarios se especializan en hacer que el capital (productivo y/o financiero) les produzca cada vez mayores beneficios, lo cual implica lograr el mejor y mayor rendimiento posible de la fuerza de trabajo (y la alienación creciente de los mercados de capitales). Este rendimiento será el mejor y el mayor en la medida que la productividad del capital sea cada vez menos menguada por los salarios que reciben los trabajadores. La naturaleza asalariada del trabajo define las cotas de la auto determinación económica del individuo-trabajador. Es así porque los trabajadores poseen sólo su fuerza de trabajo (intelectual y física), la venden al propietario de los medios de producción (del capital) según los designios de la ley de la oferta y la demanda. Del mismo modo que, por ejemplo, el precio de la vivienda en España (dígase igualmente Londres o París, etc) – un bien esencial - dejado al libre albedrío del mercado adquiere dimensiones especulativas, así la fuerza de trabajo en el mercado laboral, a pesar de las muchas regulaciones que por las presiones sociales se le intenta imponer, responde en principio a un precio determinado por el juego de la oferta y la demanda.Un juego complejo donde ya no es la valía de la fuerza de trabajo para la sociedad lo que cuenta sino su capacidad de aumentar el valor de la empresa para sus propietarios. Lo que, lejos de ser una mera circunstancia económica, define el concepto de viabilidad económico-financiera de la empresa capitalista.El salario es una variable dependiente de signo negativo en la ecuación de la ganancia capitalista.


La naturaleza asalariada del trabajo en el sistema empresarial cubano comporta igual carácter, con la particularidad de que no es el propietario privado el dueño del producto del trabajo. El Estado cubano se desempeña como el propietario directo de los medios de producción y, por consiguiente, del producto del trabajo.Eso le permite al Estado establecerse como máximo empleador y distribuidor de la renta. No existe apropiación excluyente de la renta sino distribución centralizada de la misma. Pero la dependencia de un ente que paga un salario arbitrario por el empleo de la fuerza de trabajo anula la auto determinación económica del ciudadano.El grado de libertad ciudadana queda condicionado por el Estado.


Si el grado de libertad ciudadana permanece condicionado por su grado de auto determinación económica queda claro que el concepto de libertad, justo en el sentido marxiano,no responde a la capacidad de acumulación sino a la cualidad del proceso de acumulación. No es, por lo tanto, el derecho a obtener beneficio del trabajo ajeno lo que cualifica el sentido de la libertad individual y social sino la relación de igualdad ciudadana ante el capital y el trabajo lo que legitima el derecho a la reproducción cultural del individuo y la sociedad y por ello su sentido de redención. La soberanía ciudadana se erige sobre este principio.


A la luz de lo anterior preguntemos: ¿cuál es el objeto de la oposición política de la auto proclamada disidencia en Cuba? ¿Y cuál es el objeto de negación de la beligerancia externa contra el proyecto socialista cubano?


Si el objeto de la llamada disidencia cubana, aupada por el pensamiento orgánico capitalista y su benevolencia logístico-financiera, es la defensa del derecho a la auto determinación económica del individuo y, en consecuencia, su soberanía ciudadana, estamos en presencia de la negación de la esencia del modo de producción y relaciones socioeconómicas capitalistas. En tal caso, ¿se enteraran de ello los redentores orgánicos de derecha e izquierda en la UE? Pero, más importante aún, ¿estará consciente de ello la auto proclamada disidencia política cubana?


La carencia económica reflejada en la insuficiencia crónica de bienes y servicios desde primarios hasta los de mayor calidad no es causa de la mediatización de la auto determinación del individuo. La soberanía ciudadana se afinca en la democracia económica. Es decir, en el derecho del ciudadano a que el beneficio que produce su trabajo, sea cual fuere, no sea dispuesto por nadie más que el mismo.Debido a que ese beneficio no es sólo resultado de su trabajo individual sino de un esfuerzo mancomunado, no le asiste tampoco al trabajador el derecho a disponer individualmente del producto social del trabajo. ¿Se enterarán los auto llamados disidentes en Cuba hacia dónde apuntan las cosas? , puesto que allende los mares los curtidos apologistas de la economía de mercado (el eufemismo más popular de capitalismo) conocen de sobra de qué va el juego. ¿O serán cándidos incautos los llamados disidentes cubanos? De ser así, pues insistamos y hablemos de la necesidad de la transformación en Cuba.

Por supuesto, el proyecto socialista cubano permanece paralizado ante el desafío de la transformación del modo de producción y relaciones socioeconómicas aún imperante. Ello exige el replanteamiento del sistema de propiedad estatal. Si de socialismo se trata, el principio de la remodelación no puede ser otro que el de la eliminación de la naturaleza asalariada del trabajo. Ni propiedad ni plusvalía. ¿Siguen la idea los “disidentes”? ¿Se entiende el concepto o vamos muy de prisa?


La auto determinación económica del individuo para ser real y plena exige la solidaridad ciudadana. No es una solidaridad caritativa. Es la comprensión del derecho del otro a la emancipación, única forma de superar la explotación del trabajo ajeno y suplantarlo por el principio de la cooperación entre iguales. Ni la riqueza de la naturaleza, ni los recursos económicos, ni los medios de producción son ilimitados. En tales circunstancias, el derecho de propiedad de unos presupone la ausencia de ese derecho en otros. La solución a este dilema del desenvolvimiento de la “civilización” ha sido en nuestra modernidad el modo de producción y relaciones socioeconómicas capitalistas. Unos se hacen con los medios y someten y disfrutan del derecho a la auto determinación económica y los otros se subordinan al derecho ajeno. El secreto de la fórmula posmoderna permanece escondido en el capitalismo decimonónico. ¿Será ése el objeto de la transformación por la que aboga la llamada disidencia cubana? Sea así o no, en cualquier caso la palabra la tiene el pueblo de Cuba.


El Estado y el Partido no pueden seguir inhibiendo ni sustituyendo al pueblo en su derecho al debate abierto sobre el carácter de las transformaciones necesarias. El debate recurrente sobre la modelación de sociedad a la que se aspira. Reconocer ese derecho del pueblo no es ni dádiva ni concesión sino retomar la senda de la democracia socialista. Maniatar el debate ciudadano significa legitimar la apropiación por un grupo del derecho de disensión en función de la oposición política al proyecto socialista. La visita del Canciller español a Cuba pone el hecho en evidencia una vez más. La diplomacia estatal cubana al acaparar todo el protagonismo del relacionamiento externo, queriéndolo o no, antepone la diplomacia de estado a la diplomacia socialista y por causa de ello mediatiza la proyección popular de la Revolución.


Mientras la diplomacia del Gobierno español asume ante el relampagueo de las cámaras el compromiso del relanzamiento constructivista de las relaciones con Cuba, en su retaguardia ordena a través de su Embajada la legitimación por el Estado español de la oposición al proyecto socialista cubano y así lo recogen y exponen los medios de comunicación masiva en España y el resto de la UE. La auto proclamada disidencia interna es invitada a los salones de la diplomacia como desagravio y apoyo a sus esfuerzos opositores contra el Gobierno cubano y, en esencia, contra el proyecto socialista. ¿Cuál es la legitimidad que asiste a la llamada disidencia interna que no asiste al pueblo cubano en su continuo disentir sobre lo que entiende atenta contra la naturaleza y el éxito del proyecto socialista por el que trabaja la mayoría esperanzados en que ello conducirá a un bienestar social elevado y sostenible? La paradoja se alimenta desde el propio poder político del socialismo de estado cubano. En su afán por el monopolio político y el consecuente dirigismo verticalista de la sociedad, el Estado y el Partido cubanos cercenan la capacidad de expresión democrática del pueblo y su posibilidad de expresión genuina de sus intereses. Superar el ensimismamiento de la superestructura política en sí misma equivale a establecer la diferencia raigal entre la democracia burguesa y la deseada democracia socialista.


La sociedad cubana aboga por los cambios que transformen la realidad actual para bien. Al debate ciudadano le compete discernir sobre el rumbo y los caminos. La vulnerabilidad interna y externa del proyecto socialista puede considerarse directamente proporcional a la falta de debate interno abierto acerca de los problemas del socialismo en Cuba. Respecto a los problemas sistémicos y no la simplificación a la discusión sucedánea sobre los problemas puntuales que lo aquejan. En este sentido un error político critico resulta subestimar el derecho que el pueblo cubano también posee a optar por soluciones sistémicas capitalistas que logren superar la cronicidad del empobrecimiento de su vida cotidiana- ante las impenitentes carencias materiales y de servicios cualificados y las restricciones de la autonomía ciudadana - aún a costa de renunciaral idealismo de una sociedad de iguales.Puesto que las expectativas de la sociedad cubana no están cifradas por las realidades o­nerosas del capitalismo latinoamericano que le sirve de referente geopolítico sino por emular los logros de bienestar social de países capitalistas mejor organizados. Las cuotas de libertad que potencialmente serían sacrificadas encontrarían su compensación en la posibilidad de estructurar la vida socioeconómica según estándares superiores a los que viene experimentando en Cuba. De esa manera se estaría negando un idealismo incapaz de materializar las expectativas de bienestar social que comporta. El caldo de cultivo para toda disidencia opositora deviene así condicionante de aspiraciones sociales también legítimas. (Este problema lo he expuesto con detenimiento en otros trabajos: www.kaosenlared.net/kaos_colaboradores.php?id_autor=209).


Anunciar que ha quedado establecida la comisión de expertos que estudiará el problema de la propiedad en Cuba y que sus resultados estarán “listos” para dentro de tres años (Juventud Rebelde digital, 07.04.2007) no puede más que interpretarse como la complacencia del poder político estatal por encima del derecho y la importancia crítica de la participación popular y de las expectativas de la población. La idea de que las transformaciones necesarias deben asumirse desde la perspectiva de la centralización del movimiento socioeconómico y político conlleva a desestimar tanto al sujeto de las transformaciones como la agudeza de las contradicciones de fondo que están hoy entorpeciendo la renovación del proyecto socialista.


Cuando se habla de renovación del proyecto socialista ha de entenderse que no se trata de una abstracción política o ideológica. Se trata de la decisiva superación (por no decir urgente) de los estados de carencia material y alimentaria crónicas que aparentan ser congénitos a la modelación de desarrollo socialista asumida. Que por tal razón el bienestar social permanece sensiblemente deteriorado a pesar de los beneficios de los sistemas de salud y educación. Que sin el destierro de la práctica de la democracia controlada no se podrá conformar la democracia participativa directa, única manera de aprovechar plenamente la energía social ahora mediatizada o malgastada. Que se trata, por lo tanto, de potenciar la soberanía ciudadana bajo el principio de democracia económica que dé paso a la autogestión productiva y distributiva. Que se trata de lograr con todo ello los espacios de libertad con los que el ciudadano comience a identificarse desde ahora y no desde mañana. Puesto que en ello radica la fuerza de la cohesión social que necesita el imprescindible proceso de renovación socialista.


Mucho se ha estudiado y analizado sobre las causas de la bancarrota del socialismo real este europeo y soviético. Tal como apunta Leonel González Díaz (Kaos en la Red, 08.04.2007), abundan los trabajos de investigadores y estudiosos cubanos al respecto. Sin embargo, tal como también he señalado en otras oportunidades, el pensamiento crítico cubano ha venido evitando el análisis directo de los problemas sistémicos del socialismo en Cuba. Con citables excepciones el pensamiento cubano ha cuidado de elipsar el análisis crítico del proyecto socialista cubano. El socialismo en Cuba, su realidad actual, sus contradicciones de fondo, sociales, económicas políticas y culturales y sus potencialidades renovadoras, conceptuales y prácticas, no ha sido convertido en estudio de caso. Pero tan importante como ello, no ha sido considerado objeto de debate por el pueblo, cuyo derecho a ello permanece conculcado. Pensadores y pueblo en general se han visto coactados por la política de estado que refrenda el llamado centralismo democrático. El ejemplo más fehaciente y esclarecedor ha sido el tratamiento dado por el Partido y el Estado al debate legítimo “no autorizado” de los intelectuales en torno al llamado “caso Pavón”. La reacción oficial inmediata fue “encausarlo” por los canales tradicionales y no menos caducos de la democracia controlada, no sin el apoyo también de intelectuales y pensadores. ¿Qué es lo que se persigue con ello? ¿Por cuáles motivos irrefutables se anteponen las razones del poder estatal ante las razones del poder popular?


Mientras el poder burocrático estatal-partidista se mantenga y legitime desde el propio Estado y el Partido, seguirá planteado el antagonismo clave del proceso sociopolítico cubano: el existente entre el centralismo democrático reticente y la puja del nacimiento de la democracia socialista. No es de revolucionarios llamarse a engaño. El nacimiento y la toma de espacios determinantes de la nueva cualidad de sociedad y estado por la democracia socialista implican una revolución dentro de la Revolución. Significa la negación dialéctica y consecuente de la modelación de Estado que ya hoy agota sus potencialidades y frena la renovación socialista de la sociedad. Significa la lucha contra los intereses sectarios que ya consolida una extendida burocracia administrativa y política auto reconocida como clase dirigente en sí y para sí en las riendas del poder estatal. Significa sacudir la pasividad del letargo al que ha sido inducida la capacidad emprendedora del pueblo, paradójicamente cuando más preparado técnica y culturalmente se encuentra para tomar la iniciativa de las transformaciones puntuales y sistémicas necesarias.


La responsabilidad histórica de la corriente verdaderamente revolucionaria y marxista dentro del propio Partido está en asimilar la conciencia de ello y poner el debate en manos del pueblo. Está en hacer cristalina y real la máxima democrática de todo el poder para el pueblo. Poder para cuestionar la desnaturalización del estado socialista, poder para decidir acerca de la reorganización del modo de producción y de relaciones socioeconómicas; poder económico descentralizado; poder para hacer realidad la plena libertad de expresión y vehiculación del pensamiento popular; poder para hacer valer el derecho de auto determinación ciudadana; poder para auto validarse como la verdadera voz disidente dentro de la Revolución.


Si el socialismo en Cuba permanece ante el desafío de su reversibilidad, tal como lo está, el verdadero empoderamiento popular constituye la condición sin la cual no se logrará enrumbar el proyecto socialista cubano en una trayectoria redentora y justamente por ello viable. Y no importa que se acumulen los tomos de estudios y análisis sobre qué es el socialismo. El protagonismo revolucionario pertenece al pueblo. Si en el plano interno ello resulta decisivo para el salto de orden cualitativo que necesita el proyecto socialista, en el plano externo sólo así la diplomacia de estado dejará de sustituir la diplomacia popular. Jefes de gobiernos y cancillerías extranjeras advertirán que el único y verdadero interlocutor es el pueblo cubano.


Roberto Cobas Avivar

España, abril 2007

 
 
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Comentarios (1)

10-04-2007 17:54

LA COMUNA DE PARIS SERIA UN BUEN EJEMPLO DE RADICALIZACION DE LA DEMOCRACIA EN CUBA...REVOCABILIDAD DE CARGOS EN TODO MOMENTO,SUELDOS A NIVEL DEL OBRERO MEDIO,ESTADO-COMUNA,LOS ELEGIDOS POR DISTRITOS SON RESPONSABLES ANTE SU PUBLICO,Y NO A LA MANERA DE LA REPRESENTATIVIDAD CONSAGRADA,SINO DE LA DELEGACION DE FUNCIONES SOBERANA CONDICIONADA...

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