(Iván Lira)
De la reflexión epistolar sostenida con  cros. intelectuales cubanos residentes
Febrero del 2010
Hay dos cuestiones sobre las que de manera incesante hago hincapié y que metodológicamente es no sólo necesario, sino imprescindible anteponer en el abordaje del objeto de preocupación y ocupación:
1) el problema
2) el debate sobre el problema
El problema existe como fenómeno. Por lo tanto amerita identificación y estudio de sus condicionantes: premisas y contradicciones.
El debate viene a enriquecer ese conocimiento del problema y permite aproximar los consensos sobre el abordaje y las soluciones.
Marx y Engels llevaron ese sencillo pero potente e inesquivable método, con consecuencia FÉRTIL digna de marxianos revolucionarios. Gracias a ello, estamos donde estamos en la comprensión de la historia y del capitalismo en particular, y en el entendimiento sobre en qué términos se plantea la superación del mismo.
Si el problema en Cuba es, ante todo, la ineficiencia del modo de producción establecido desde 1959, lo es porque genera relaciones socioeconómicas incapaces de hacer sostenible de manera sistémica el "modelo", no de desarrollo – evítese aquí la confusión - sino de organización socio-productiva de la sociedad.
El conocimiento del problema exige la independencia crítica del pensamiento, y esos ríos de tintas que derramamos. Es decir, exige su análisis y su estudio, sentar diagnosis y proyectar visiones.
Pero aún cuando el problema sea identificado y radiografiado, si el debate no existe, no hay manera de sintetizar el conocimiento hacia un mínimo teórico-indicativo que posibilite el desempeño del criterio de la verdad: la praxis; no cualquier praxis, sino la que se ajustará a ese conocimiento sintetizado y consensuado por el  debate.
El auto asumido Partido Comunista de Cuba (PCC, en lo adelante Partido), esa organización de dirección política a la que suponemos que su papel principal es precisamente propiciar el cabal conocimiento del problema, actúa como si el problema no existiera. Puesto que no sabemos, como sociedad, cuál es el diagnóstico político, económico y sociológico del Partido sobre el problema. El Partido ha entronizado como idea de la democracia política, el principio del sectarismo político (la sabiduría de la vox populi en Cuba llega a identificar su funcionamiento como “secta religiosa”). El Partido está muy lejos de ser el brain storming de las políticas (en plural). El Partido se ha convertido en una cocina donde se cuecen directivas. Si preguntáramos a cualquier cubano si conoce las evaluaciones del Partido sobre los problemas conceptuales y estructurales que aquejan el sistema socioeconómico cubano, no podría responder. Entonces, no se trata de creer o no creer en buenas o malas intenciones del Partido. Se trata de constatar la realidad. Eso fue justamente lo que le preguntó el estudiante Eliécer a R.Alarcón, de manera muy sencilla, dos generaciones de revolucionarios, una estampada en la filosofía de la historia y la otra erguida sobre sus contradicciones: ¿cuál era el proyecto, el programa para horizontes concretos de mediano y más largo plazo que el Partido tenía para enfrentar los problemas, salir de ellos y proyectarse de manera sostenible? Conocemos el grado de inconsecuencia política de las respuestas que dio el Pdte. de la Asamblea Nacional. Y no es una cuestión de capacidad del dirigente político, sino de que  en realidad el Partido no presenta ni diagnóstico ni programa estratégico sobre la modelación socialista y las expectativas de su movimiento (comportamiento racional).
Es decir, el Partido no tiene visión político-programática para enfrentar las expectativas actuales de una sociedad capacitada (constátese la paradoja) para mirar hacia adelante con el espíritu de la modernidad civilizatoria que quiere para sí: expectativas económicas, ciudadanas y políticas, y que no necesariamente ha de ser la supuesta modernidad capitalista. Esa complejidad sociológica y política escapa a la imaginación del Partido. El Partido desde 1959 se desempeña según prácticas al estilo de las escaramuzas guerrilleras. El reflejo condicionado por la guerra abierta de los EEUU y de toda la guerra fría contra la Revolución ha enquistado el pensamiento político del Partido hasta convertirlo en pensamiento coyuntural reactivo. Las llamadas plataformas programáticas que han salido de sus congresos, han sido plataformas de visiones esencialmente desarrollistas empujadas por prácticas determinadas por el voluntarismo político.
El Partido, su Dirigencia, en primer lugar sus líderes, actúan hoy de manera irresponsable y en el fondo contra--revolucionaria (el doble guión que uso diferencia la idea de lo que políticamente se asume como contrarrevolucionario en Cuba). Porque la función del Partido no es empujar desde el poder del Estado   la concepción desarrollista en que se desgasta como Sísifo desde hace más de 30 años la sociedad cubana (asumiendo los primeros 20 años como un proceso de acumulación centralizada imperativo). Sino, como ÓRGANO político pensante y conductivo, aprender dialécticamente de las contradicciones sistémicas del movimiento de esa realidad e impulsar sin ambages la más amplia corriente del conocimiento para el estudio del problema, uno. Y dos, propiciar el más amplio ámbito del debate para sintetizar el conocimiento sobre el problema y crear las condiciones de participación sociopolítica que permitan promover, a través de las iteraciones, procesos de transformación de la realidad con capacidad real de ser eficientes. Nada de eso se da con el Partido cubano. Porque no ha existido ni existe pensamiento común creativo: en el sentido de la participación protagónica de la sociedad como SUJETO político pensante.
La fe que se deposita en los dirigentes históricos es entendible, pero no se justifica hoy desde el marxismo revolucionario. No se trata del carisma de las personalidades, sino de su capacidad para democratizar la institucionalidad de la sociedad. Si la realidad no se desenvuelve creando contradicciones cualitativas de nuevo tipo, es porque el dogmatismo desde el poder del Partido-Estado rige su movimiento. El ciudadano no tiene ninguna certeza - más allá de la fe - de que las razones las posean los hoy Primero y Segundo Secretario (ni que mañana la tendrán sus sustitutos, ¿no somos testigos acaso de la “extraña” inconsistencia de las canteras que el propio Partido promueve?). Hoy lo que está en juego es la supervivencia de la Revolución ante sí misma. Porque la continuidad y la consolidación se da sólo en la transición socialista, en el largo aliento de las nuevas generaciones para conducir esa transición a su destino.
Cumplido este recorrido de 50 años, de avance social y resistencia estoicista, ante todo contra los problemas propios - aquellos cuyas soluciones estructurales son las que nos pueden hacer o no invulnerables -, el callejón sin aparente salida en que se encuentra el proyecto sociopolítico no legitima la continuación de esos dirigentes del Partido. La calidad de la continuidad se expresa en la renovación dialéctica del pensamiento y la praxis consuetudinaria de acuerdo a los problemas de la propia evolución. Y ese callejón sin aparente salida deslegitima la estructura política de estado y gobierno, el Partido como sistema de partido único. En ello radica la problematización dialéctica de lo que se entienda como “continuidad y cambio”. La carrera de relevo no tiene perspectivas de éxito si se prepara bajo la idea del relevo en la inducción o imposición de la misma concepción: el socialismo monopolista de estado o la derivación capitalista a la que el mismo lleva.
Entonces, nosotros estamos abogando por el camino hacia verdades revolucionarias, esas que se conforman en el proceso de conocimiento y el debate social sobre el rumbo y las acciones prácticas - complejas - que lo afirman (el rumbo).
Si el Partido tiene el temor de desencadenar procesos de transformación  ingobernables (atrapado por el síndrome de la Perestroika), no es porque esos procesos hayan de ser ingobernables, sino porque el Partido carece de la capacidad o de la voluntad política, primero, para plantearse   procesos de transformación auto gobernables; segundo, para crear las estrategias y las tácticas que los puedan llevar a los puertos deseados. Esa estrategia es la de la participación política protagónica del pueblo. Porque es el pueblo el que debe y demanda auto gobernarse. El que necesita objetivar en ello la conciencia de su supervivencia, de esa misma manera en que lo hace o debe hacerlo a su edad en el amparo de la solidaridad filial  - cubana - el hijo que se ha parido.
Yo he madurado la comprensión dialéctica de que el sistema de Partido único en Cuba se ha convertido en un freno al desarrollo del proyecto socialista y del país. Si el unipartidismo - tal como sostengo en disímiles análisis, problema sobre el que resulta necesario  volver en  análisis específico - puede considerarse un paso de avance en dirección a la eliminación en el socialismo del sistema político de partido, la realidad política cubana indica que el sistema de partido único se auto niega a sí mismo. El paso a un sistema político multipartidista propio del socialismo se presenta como una necesidad dialéctica. Un sistema político que permita las opciones programáticas de reproducción propias al socialismo. Se necesita la emulación democrática de las plataformas programáticas socialistas, tales que de su interacción pueda sintetizarse por consenso la guía indicativa estructural y funcional de la modelación. De la misma manera que el sistema político multipartidista en el capitalismo habría de cumplir la función de las opciones programáticas (en principio) propias a la reproducción del capitalismo. Por cuanto en nuestro caso, Cuba, se trata de la democracia de la participación sociopolítica no como forma, sino como racionalidad y eficiencia política.
En el socialismo, a más largo plazo, el sistema de partido (único o múltiple) está condenado a ser sustituido gradualmente, hasta su extinción, por el estado comunal. A esa estructuración orgánica de la sociedad habría que tender ya, a partir de la conformación de la pirámide comunal autogestionaria desde abajo: comunas (actuales consejos populares), municipios comunales, provincias comunales, regiones comunales, estado comunal. En el ámbito de esas instancias de poder social quedaría subordinado el sistema económico autogestionario. Puesto que la autogestión empresarial bajo propiedad socializada que planteamos no ha de darse bajo los presupuestos de la economía de mercado, a la que el apellido “socialista” no le cambia el espíritu capitalista. Venimos abordando este problema desde distintas aristas, contrastando los pro y contra dentro de lo que ya puede considerarse una necesidad que impone la realidad sociopolítica cubana. ¿La renovación de la Constitución? Hay que profundizar en el problema y en principio hay que debatirlo democráticamente en el seno del poder constituyente: el pueblo.
El paso al multipartidismo como tránsito hacia el estado comunal, se vislumbra como la opción política racional en términos de la eficiencia de la transición socialista. El sistema de Partido único en Cuba evidentemente se agota. No ha tenido que ser necesariamente así. Ha llegado al embudo actual por voluntad de su Dirigencia. Porque la única forma de que el sistema de Partido único evolucionase de acuerdo con las exigencias de la realidad hacia formas de conducción política eficiente, es a través del desarrollo, desde su seno, de la democracia socialista de la sociedad cubana: democracia protagónica del pueblo. Es decir: asumiendo la premisa de horizontalidad organizativo-funcional de la sociedad como condición de eficiencia política del Partido único. Sin embargo, desde la concentración del poder económico y político que permite imponerle a la sociedad la verticalidad de la gobernabilidad, el Partido no está en condiciones siquiera de plantearse que ese pueda ser el problema. Tampoco permite que el debate de la sociedad - una sociedad con conocimiento y aspiraciones que desbordan el molde del pensamiento doctrinario de la generación gobernante actual - le identifique lo que él como Partido no está ya en condiciones de ver, tal como lo demuestra. El Partido ha degenerado en un instrumento de poder y dominio sobre la sociedad. Suponiendo que en ello está la fortaleza del Estado. Todo al revés, tal como el análisis desde la dialéctica materialista lo pone en total evidencia. El Partido ya no es vanguardia revolucionaria, puesto que la condición de vanguardia está única y exclusivamente en la capacidad de encausar el movimiento de la sociedad (Marx-Lenin-Gramsci). Pero la sociedad cubana no tiene movimiento propio. Su movimiento es impuesto verticalmente por el Partido. No ha existido nunca, ni existe, como se puede entender, posibilidad alguna de que se manifiesten, como catalizadores del desarrollo, las contradicciones dialécticas. Las contradicciones son del Partido consigo mismo, con sus ideas; y el voluntarismo la práctica por imponerlas a contracorriente de las respuestas de la realidad. Esa complejidad dialéctica del movimiento socioeconómico es lo que no logra aprehender el doctrinarismo político que asume arrojadizamente el mecanicismo como presupuesto del conocimiento marxista de la realidad.
Entonces, tenemos tres cuestiones: 1) el problema  (problema, como sabemos, es también una palabra griega, que en esencia apunta a la necesidad de solución de algo, si no, no fuera problema); 2)  la naturaleza de la participación sociopolítica que está llamada a identificarlo y resolverlo; 3) y  la incapacidad del sistema de partido único para conducir de manera eficiente el proceso sociopolítico que transforme estructural y sosteniblemente de menos a más la realidad.
Ese Lenin en su lecho de muerte lo que lamentaba era haber perdido tanto tiempo. De ahí que escribiera con angustia sobre el cooperativismo como el orden socioeconómico socialista. El cooperativismo no como absolutum, porque como sostengo, en esencia no pasa de ser una forma de propiedad exclusiva. Fetiche a ser negado como tal por la idea de la no-propiedad que he introducido en el debate acerca del problema de la propiedad en el socialismo. La angustia le venía a Lenin porque demasiado había tardado en entender la profundidad del análisis de Marx sobre las claves económicas y sociopolíticas de lo que llamó el sistema de productores libremente asociados. Stalin se encargó, acto seguido a la muerte del Líder de la Revolución, de cercenar toda posibilidad de conocimiento y debate colectivo democrático (dentro del propio Partido) sobre el rumbo y las tácticas. La realidad posterior del socialismo soviético es conocida. Es imposible no ver cómo toda esa lógica política se viene reproduciendo en Cuba.
  ¿Lo que importa es que el gato cace ratones?
He dedicado dos trabajos a analizar la cuestión del "camino chino". No son trabajos que agotan el tema, por supuesto. Pero sí ponen los dedos sobre llagas neurálgicas. No es posible redundar en esta nota sobre la cuestión con el detenimiento que lo hago en dichos trabajos.
Pero, lo que de entrada importa son las dos primeras cuestiones que expongo al principio.
No es posible aceptarle al Partido - como la fuerza política constituida que es - NINGUNA deriva hacia ninguna transformación reformista no-socialista por supuestamente transitoria que sea, sin, PRIMERO: plantearnos el mayor conocimiento colectivo del problema del modo de producción y de relaciones socioeconómicas cubano en su realidad actual; SEGUNDO: sin plantearnos el mayor ámbito del debate social abierto acerca del problema - que lo resumo enunciativamente como el problema del socialismo en Cuba - y, en consecuencia, de los caminos que nos acerquen a “Roma”.
China no constituye absolutamente, absolutamente, remarco, ninguna referencia válida para la transición socialista cubana.
China, no tenía más opción que tomar por asalto la reversión capitalista. La implosión del socialismo chino se hace evidente con la matanza que el Partido se permite en la Plaza de Tiananmem. El quiebre de ese socialismo burocrático de estado era ya un hecho. El atraso cultural en que el socialismo burocrático había venido manteniendo a la sociedad era demasiado corrosivo. La pobreza estructural era demasiado subversiva en un país de 1500 millones de habitantes. La audacia del Partido estuvo en tomar el toro por los cuernos de manera autocrática y asumir motu propio la reversión capitalista, antes de que los acontecimientos llevaran a lo mismo pero con otros protagonistas en el poder, como sucedió en Rusia y en el resto de los países de ese socialismo irreal.
De modo que la transformación china a la luz de la dialéctica materialista es una contra--revolución capitalista, no una consecuencia transicionista socialista. La espiral dialéctica de la dialéctica materialista marxiana – si nos referimos a ello – es hegeliana pero sólo en cuanto a la lógica dialéctica, no en cuanto al idealismo hegeliano de la lógica. Por eso el materialismo dialéctico es un instrumento cognitivo de las ciencias sociales tan preciso como precisos son en las ciencias exactas sus instrumentos.
Atajada la implosión que se había venido cultivando gracias al doctrinarismo del mismo Partido, y ahora con el saldo directo de muertos puestos por el pueblo, el PCCh chino se plantea la idea de un supuesto paso histórico hacia atrás, pero que nada tiene que ver con aquella idea historio-concreta de la NEP de Lenín. Aquel abordaje planteaba aprovechar la base pre-capitalista que objetivamente existía en Rusia, en vez de desmantelarla (como se hizo en Cuba, llevándose la radicalidad revolucionaria hasta casi el último andamio y el último tornillo) y empujar con ella, usándola, hacia el desarrollo de la organización del nuevo modo de producción, y ante todo de las fuerzas productivas iniciales. China lo que trata es la implantación de una base socioeconómica capitalista. Ha sido una auténtica fuga hacia adelante, ante el derrumbe del sistema socioeconómico “socialista” y el final político a que había llevado el propio Partido chino.
En el tiempo histórico, según es asumido en la dimensión cultural china, el PCCh ahora se plantea una suerte de opción asiática de capitalismo socialdemócrata. Ya no es posible hablar de futuro socialista para China, por lo menos en el horizonte de tiempo que la imaginación de los mortales simples pueda abarcar, muy al contrario del discurso político de ese Partido. Entender otra cosa sería saltarse de manera burda toda la dialéctica materialista en el análisis del fenómeno chino.
La propiedad privada de los medios de producción en China, ante la cual sucumbe sin apelación la idea de la asociación de productores libres, es hoy ya el 70% (en los apenas 15 primeros años de viraje). Con la tierra en lo fundamental aún en propiedad estatal y manteniendo el capital (banca y finanzas) mayoritariamente en manos del Estado, se intenta controlar el proceso de acumulación. Pero la transnacionalización de la economía real y de las propias finanzas es más que imparable, imperativa. Lo cual provoca que el proceso de acumulación no se aleje de las características del decimonónico, analizado por Marx y Engels como el proceso de extorsión originaria de capital. Esa extorsión se produce sobre la propia fuerza de trabajo china y con la explícita aceptación e impulsión por el Partido de la división social en clases elitistas capitalistas y proletariado generalizado. El antagonismo entre capital y trabajo se entroniza por “ley natural”. Aquí nos encontramos no con el final fukuyamista, sino con el comienzo marxiano de la historia. El PCCh lo asume sin referéndum popular alguno –  bajo  el sofisma  filosófico de “dos sistemas, un país” -, como ese primer paso confuciano de todo largo camino. Nunca más oportuno que completarle la idea a Confucio con la poesía de Lennon/McCartney: “The Long and Winding Road”.
En ese camino la idea de construir esa mítica clase media que supuestamente vendría a legitimar el nuevo modelo de participación social se convierte en un gancho ideológico de cara al pueblo. Si el resultado social de esta otra gran marcha hasta el momento ha sido sacar a unos 400 millones de chinos de la miseria en que se encontraban hacia una relativa pobreza, ello no cambia el hecho de que la inclusión se da como la incorporación al sistema de trabajo asalariado que los estará explotando sin piedad de manera indefinida. Lo que importa es realmente que el gato cace ratones, como encomia el intelectual orgánico a la burocracia política cubana C.Alzugaray. No existe filosofía de la desigualdad humanista, política y socioeconómica más reaccionaria que esa. Lo he tratado de explicar no sólo desde la motivación moral y ética, sino además exponer a la luz de los análisis e investigaciones modernas sobre el egalitarismo social, el crecimiento cero y la economía estacionaria.
La democracia liberal del capitalismo moderno con su amnesia indecente, se empeña en olvidar que la revolución burguesa francesa no hablaba de liberté en sí mima, sino entendida en la cualidad social que supone la fraternité bajo condiciones de egalité. De igual manera a como el verdadero revisionismo de izquierda en Cuba intenta colarse tras el socialismo monopolista de estado cubano haciéndose el  “sueco”.
China, como India, está “condenada” al rol de potencia mundial. Su población, su geografía, sus recursos, su situación geopolítica, la impronta de su historia y su cultura la predestinan a ello (en esto discrepo con J.L. Fiori, puesto que se trata de la lógica de reproducción del capitalismo global en la que China ha entrado como protagonista, so pena de sucumbir en el experimento de ese otro socialismo irreal). La caída de los imperios (hoy la de los USA) no admite el vacío. Lo que cabe esperar es que China no sea una potencia imperial en el sentido que le conocemos a los imperialismos, puesto que son otras las condiciones en que se da esa lucha global y otra la impronta cultural de la Revolución china. Y nada, ninguna de todas esas especificidades chinas tiene que ver con Cuba.
Si el problema es la tentación que despierta en la burocracia estado-partidista apoderada en Cuba el capitalismo socialdemócrata, visto como alternativa ante la inviabilidad a que esa misma burocracia conduce el experimento socialista cubano, pues el Partido debe hablar claramente y debatir con el pueblo esa visión de desarrollo socioeconómico y político. Entonces, ese debate nacional, donde todos tengamos voz pública, dirá a cómo tocamos en las razones políticas y los consensos sociales. La ausencia de ese espíritu de transparencia política fue lo que permitió la estafa de la transformación capitalista en Polonia. Caso de estudio paradigmático que intento acercar a la sociedad cubana en mis análisis.
No existen, en efecto, referencias ni geoeconómicas ni geopolíticas propias del proceso de transformación chino que sirvan en la transición hacia el socialismo en Cuba, que enunciativamente distinguimos como protagónico y libertario, y que fundamentamos de manera profusa y creemos que profunda. Por lo menos, a pesar de que nosotros planteamos el debate, ninguna voz individuada ni colectiva del pensamiento intelectual-político orgánico a la doctrina oficial en Cuba, nos refuta como Marx manda.
Esa idea que alegremente se toma sobre el socialismo de mercado ni nace en China ni tiene que ver con China. Antes la ha cultivado la Alemania de Bismarck con la idea del llamado estado de bienestar social.  Ya en la propia URSS de Lenín se manejaba, y Yugoslavia llegó a ser probablemente su máximo exponente. El apellido “social” que se le colgaba al enunciado de “socialismo de mercado”, venía a ejercer para muchos intereses de abogado del diablo. Entre los pensadores del problema, el polaco Oscar Langue fue un acucioso y reconocido analista y estudioso científico, sin hablar de W.Brus u otros que mucho aportaron teóricamente a la economía política del socialismo. Y que en su mayoría tuvieron que huir de Polonia en los 60s por la represión del Partido polaco. (¿Algo en común con la suerte del CEA en Cuba?). Sobre esas ideas el que escribe ya había presentado un trabajo entonces de reforma socialista sistémica en Cuba a la Universidad de la Habana (1983-84) para su consideración y publicación, con seca negación por parte de la redacción de la revista de economía del centro docente. El debate democrático de ideas nunca ha sido una virtud del “socialismo” burocrático cubano. No en la dimensión que ha importado.
Ese problema lo estamos ahora abordando nosotros en su complejidad conceptual-estructural. Somos más maduros, como diría el Ché. Bebiendo de las experiencias del recorrido cubano hasta hoy y de los definitivos fracasos del hasta ayer llamado socialismo real.
Llama enormemente la atención que nosotros busquemos y estimulemos el debate y, por el contrario, cuando la intelectualidad cubana orgánica al poder político en Cuba - incluyendo a las voces militantes del Partido - habla de “economía socialista de mercado”, de “relaciones monetario-mercantiles” e ideas afines con que abordar la transformación del sistema socioeconómico cubano, no dialoga, no se refiere, no debate públicamente con los trabajos nuestros que de manera sistemática y sistematizada abordan esas cuestiones. Apunto a que no existe en Cuba ninguna otra referencia de análisis socioeconómicos y políticos desde el marxismo revolucionario con similar consecuencia cognitiva y propositiva como la que sostenemos (no se obvie ese subrayado en negritas). Pero al mismo tiempo no me extraña. Porque nuestro pensamiento no se regodea en las elipsis de los análisis crípticos de la realidad cubana, sino que, como no puede ser de otra forma, toma esa realidad sin ambages cual objeto de análisis crítico y permanece en oposición a toda idea de supuesta transformación socialista a través de alguna transición capitalista. Consideramos esa proyección como antagónica con el marxismo revolucionario. Fundamentamos que es inconsistente y contrarrevolucionaria (sin doble guión). Nos apoyamos en los análisis de las contradicciones históricas y actuales de la realidad y el sistema socioeconómico y político cubano. Y exponemos visiones estructuralistas - que no tienen que ver con lo intespectivo - de cómo plantearnos la transición socialista, a partir del estado de contradicciones del llamado socialismo en Cuba y en la única dirección posible: el pleno empoderamiento del pueblo.
Pero, tal como expongo de manera recurrente, sabiendo que el análisis del problema es sólo la condición necesaria, y que no poseemos verdades incontestables, abogamos hasta el “cansancio” en que se debe permitir la condición suficiente: el debate de la nación sobre los problemas de fondo, eso que adecuadamente Rául llamó “problemas conceptuales y estructurales”; pero que como conocemos, ha dejado ahí, en el discurso. De la misma manera que Fidel dejó en el discurso la advertencia de que la Revolución podía ser devorada por sus propios hijos. He escrito con respecto a ello análisis ingentes. Porque aquí a lo que la dialéctica materialista apunta es al obstruccionismo de las contradicciones del proceso al que lleva la fuerza política que dirige el país, y no a fatum alguno que convierta la espiral del desarrollo socialista en una suerte de movimiento tirabuzón. Un hipotético ciclismo del movimiento socioeconómico socialista encajaría en la interpretación dialéctica de la espiral del desarrollo, si es que el modo de producción socialista estuviere dado en sus esencias sistémicas. No ha sido el caso con los “socialismos reales”, porque no ha existido ese modo de producción que en principio podamos considerar dialécticamente socialista. Menos aún en Cuba.
Entonces, no es posible que yo o alguien sustente y pueda demostrar que haya una conspiración de los máximos dirigentes y del resto de la dirigencia (cúpula) determinante en el Partido por derivar hacia el capitalismo. El comportamiento contra--revolucionario de los Líderes y del propio Partido está en impedir por subestimación personalista o coacción política del sistema que sea la sociedad la que no permita esa deriva a la que la lógica de resistencia y salvación de la Revolución, encorsetada en la idea del socialismo monopolista de estado, está llevando. Porque ante lo que estamos es en presencia de derivas reformistas de corte capitalista, empujadas por una burocracia estado-partidista apoderada, empeñada en sus visiones y sus propios intereses como clase en si y para sí; con el agravante de que posee el poder económico del Estado y desde el mismo ejerce el dominio omnímodo sobre la sociedad cubana. Derivas reformistas que ponen a la sociedad ante hechos consumados (¿se recuerda el quita y pon de los llamados mercados agrarios paralelos?, todo un simbolismo al respecto), en clara manipulación de su derecho a ser sujeto pensante no sólo de cambios puntuales necesarios, sino de la imprescindible transformación sistémica socialista que enmarque el movimiento.
La paradoja política, por no hablar de surrealismo socialista, está en que la economía cubana es una economía vigilada administrativo-policialmente (¡estructural y literalmente!), y con todo no funciona con la eficiencia sistémica mínima que debiera. ¿Puede escapar al sentido común el problema: que es precisamente no a pesar, sino debido a ello que no funciona? El fondo del problema está en que la sociedad cubana es una sociedad dominada, no una sociedad motivada por la hegemonía política del Partido. Esto lo ha analizado muy bien Gramsci. El Partido único ejerce su dominio sacrificando la soberanía ciudadana del pueblo cubano. Y como sabemos, no hay dictad político que dure cien años ni cuerpo social que lo resista. Persistiendo en ese rumbo más temprano que tarde el modelo de sociedad y estado actual va a implosionar. Y como he expuesto en consecuentes análisis, será a expensas de un oportunismo arribista bajo la máxima del Fidelismo sin Fidel. Pudiese asumirse que la implosión sería un momento bienvenido producto de la tensión natural de las contradicciones represadas por tanto tiempo. Lo que no puede asegurarse es que la síntesis entonces apunte hacia la transición socialista.
Y contrariamente a cómo el pensamiento oficial percibe, por cuanto esa percepción no cambia desde 1959 a pesar de que la realidad sí lo hace, entiendo y así lo he fundamentado, que Cuba no tendrá en los próximos años mejor coyuntura geopolítica y geoeconómica que la que posee ahora. Para adentrarse - precisamente gracias a la crisis capitalista global y a los procesos progresistas efervescentes en la región - en los cambios estructurales necesarios. Y ese es el factor - el abordaje radical en el sentido marxiano y martiano de los cambios sistémicos - que entra a jugar un papel decisivo para darle una vuelta de 180 grados a favor de Cuba definitiva y eficazmente al diferendo de los EEUU contra Cuba. Poner toda la filosofía y la política yanqui en desbandada irrecuperable. Y sofocar de esa misma manera toda esa contrarrevolución neo-platista interna que aspira al reino de la “democracia” capitalista en Cuba.
Lo que no puede seguirse admitiendo sin debate democrático - por su importancia política cardinal - es que la estrategia del Partido-Estado cubano siga siendo la de buscar a ultranza la suspensión del Bloqueo yanqui en la idea de que su eliminación confirmará la superioridad que se le supone al socialismo monopolista de estado, no por la realidad que lo devalúa, sino por el Partido que lo cultiva. Esa visión política es contrarrevolucionaria porque hipoteca e hipotecará de manera insolvente la evolución (transición) socialista. Se compromete con ello el único camino que puede garantizar la soberanía y el progreso de Cuba como nación de todos y para el bien de todos. La suspensión del Bloqueo bajo las condiciones del socialismo monopolista de estado acelerará los procesos de disociación sociopolítica. Hay que debatir en voz alta todo esto con el pueblo. No puede secuestrarse el debate democrático liberador en aras de supuestas o reales razones de Estado. Porque las razones de estado emanan de las razones populares, no de las razones de un Partido negado a la deliberación democrática sobre el dónde estamos, hacia dónde vamos y cómo lo haremos.
La contrarrevolución como proceso erosivo seguirá progresando de la mano de los intereses de los EEUU y de la UE en la medida que no avance el socialismo protagónico y libertario. Es una relación política inversamente proporcional. Puesto que en la medida que no avance esa transición socialista, las contradicciones irán corroyendo la cohesión sociopolítica de la sociedad cubana a favor de una alternativa a ese socialismo estatista que se sigue imponiendo. La restauración capitalista se seguirá promoviendo como la alternativa definitivamente factible, ese camino trillado que supuestamente las generaciones jóvenes actuales y futuras podrían perfeccionar en busca del embuste capitalista “sui géneris”.
La contra--revolución, política y dialécticamente tal como ha de ser entendido, es la burocracia estado-partidista apoderada omnímodamente. La oposición ideológica enfrentada frontalmente al proyecto socialista cubano en última instancia no es más que un aliado natural. Hay dinero sucio más que suficiente, poderosa influencia coactiva mediática internacional, consecuencia y determinación imperialista de los centros yanqui y europeos movilizados en función de la derrota del Socialismo en Cuba. ¿No lo demuestra una vez más el enorme costo político que le cargan al socialismo cubano con la provocación temeraria de una autoflagelación mortal de un ciudadano en el único país del mundo donde un hecho así pertenece a la excepción? ¿Cuánto de leña a ese fuego arroja no el socialismo, sino el socialismo monopolista de estado cubano?
El Proyecto Socialista de la Revolución no tiene derecho a existir. Cada día de su presencia después de la caída del muro de Berlín es una insoportable bofetada en el rostro del establisment capitalista trasatlántico y de sus legitimadores ideológico-culturales. Para Cuba la cuestión es entender que el antídoto revolucionario está en el empoderamiento del pueblo cubano, en la radicalización de la democracia socialista. Cuba gana la partida no en la resistencia defensiva, sino en la decidida transición socialista revolucionaria.
Estado y Socialismo
Las visiones de cambios que exponemos, si es que se han estudiado nuestros trabajos, no plantean desmantelación del estado como ente de poder nacional. Yo no veo justificación (mi ensayo del 2003), como ha sido asumido ya en el pensamiento político occidental dominante, para sostener que el estado-nación haya pasado de “moda” como concepto y necesidad histórica. Lo que nosotros estamos planteando, si del estado se trata, es el cambio de la naturaleza política del poder del estado. Eso lo analizo en muchos trabajos. Viendo en el empoderamiento de la sociedad la fortaleza del estado verdaderamente socialista. Y es en esa idea, en ese concepto, donde vemos la condición que objetivará una dinámica de desarrollo de las fuerzas productivas tan superior que podrá ser competitiva con la que se da en el capitalismo. Por cuanto sin un estado-nación decididamente fuerte no es posible en las condiciones de dominio capitalista mundial siquiera imaginar el modo de producción socialista como tal.
La economía socialista no habrá de ser DE mercado, sino CON mercado. La diferencia es compleja y meridiana. Porque lo que media es el fetiche sobre la propiedad no de objetos inermes, sino de esa mercancía especial que identificaba Marx: la fuerza de trabajo. Los estudiosos del marxismo hasta hoy han desconocido recurrentemente, por ignorancia o incomprensión, esa diferenciación. Si se busca en la literatura (o pinchas en Google) por fetichismo aparecerá el de la mercancía, referido exclusivamente a la constatación primaria de Marx: la cosa material concreta (lo aparente).  Así como le sucedía a A.Smith, incapaz de entender el valor trabajo como concepto abstracto, (demasiado escocés el tipo, se burlaba Marx).
Entonces, la igualdad social no se da en la esfera de la distribución, tal como plantea el capitalismo socialdemócrata y la idea de socialismo de estado cultivada por el Partido cubano, sino en las relaciones socioeconómicas que genera la naturaleza política del modo de producción, tal como demuestra Marx. Lo cual no quiere decir que la desigualdad de la distribución sea por ese motivo - como ya escuchamos desde las altas esferas del Partido en Cuba - un atributo o una necesidad de lo socialista. Y hagamos la salvedad de que cuando hablo de igualdad de distribución no hablo del igualitarismo de la sociedad, sino del egalitarismo que presupone concretamente (para no andarnos por las ramas) coeficientes GINI que no pasen de una relación 1:3.
De manera que la productividad del trabajo no es función exclusiva del trabajo asalariado, es decir, no necesita de la extorsión de la plusvalía y la subalternidad del trabajador. Todo lo contrario. El desarrollo a largo plazo no es sustentable sobre los presupuestos conceptuales y estructurales del modo de producción capitalista, por muy socialdemócrata que pueda ser el camuflaje de la contradicción antagónica entre capital y trabajo, tal como se da hacia el interior de realidades capitalistas (Suecia, Finlandia, etc.). Realidades  que, demostrando la superioridad sistémica del egalitarismo como pacto social, al mismo tiempo permanecen en las contradicciones intercapitalistas antagónicas a las que les sacan ventajas en las cuales soportan dicho pacto con sus sociedades.
Cuba está aún en la antesala de una enteramente posible transición socialista. Viene de la negación del paradigma capitalista sobre la sociedad clasista como motor del desarrollo de las fuerzas productivas. Todo lo contrario de lo que ha exhibido e intenta exhibir China. Ha logrado un desarrollo humano bien alto, social y educativo de sus fuerzas productivas, potencialmente revolucionador de las relaciones de producción remanentes capitalistas: el trabajo asalariado y la propiedad asocial; lo cual ha alcanzado gracias precisamente a la ruptura histórica con ese paradigma capitalista. ¿Por qué la burocracia estado-partidista apoderada que aboga por el llamado socialismo de mercado bajo la máxima de que lo que importa es que el gato cace ratones intenta ir a contracorriente de lo que dialécticamente pide, está pidiendo esa realidad objetiva ya lograda? ¿Por cuáles razones irrefutables hay que apostar por la reversión reformista capitalista a hurtadillas, en nombre de cuáles ignorancias y/o de cuáles intereses?
Que el pueblo en debate abierto tenga la palabra sobre su destino como nación. Este debate debemos asumirlo abiertamente en Cuba, en cada CDR, asumirlo en conferencias sobre el socialismo en Cuba… SIN PEDIR PERMISO. ¿Podrá el Partido utilizar el Estado de manera legítima contra la legítima determinación de luchar por el socialismo en Cuba?
Siempre atento a las señales.
Un fraterno abrazo,
Roberto
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#1.- ¿Socialismo?
Claudio Fernández|05-03-2010 19:45
Queremos para Cuba un Socialismo que parta de la individualidad del ciudadano, que convierta en su razón de ser el respeto y la defensa de los Derechos Humanos; de todos, pero sobre todo de cada uno, porque NO se puede hablar de DH desde el plural colectivo donde la responsabilidad y el usufructo de los derechos se diluyen en la masa impersonal…
NO se puede hablar de Socialismo y a la vez defender el Estatismo…
El Socialismo es Libertad en primer lugar, liberar al Pueblo de la esclavitud del salario, NO hundirlo en la esclavitud del Estatismo, peor que el Capitalismo.
El Gobierno cubano es una Dictadura por definición propia (supuestamente del proletariado), y como tal se comporta
Una Dictadura en la que, mediante el engaño de una ideología adulterada, se ha tergiversado la esencia misma de la sociedad
Pero resulta que en realidad la Dictadura la ejerce una Oligarquía inamovible y hereditaria que se ha apoderado de todo el Estado (diluyendo los poderes en uno solo) y usufructuando la propiedad sobre los medios de producción mediante una economía estatizada, convirtiendo al Pueblo en una masa homogénea de asalariados cuasi esclavos sin derechos (¿para qué hablar de D H si esto es una Dictadura del "proletariado"?)
Lo cual resulta en la trampa más diabólica jamás creada; bajo el disfraz de ser la "vanguardia iluminada" del Proletariado, esa Oligarquía ha creado un sistema donde un Pueblo es puesto totalmente al servicio de un Gobernante y no el Gobernante al servicio del PuebloValoración: 13
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#2.- No queremos seguir siendo Proletarios
Claudio Fernández|05-03-2010 19:58
Está claro que esa Oligarquía, convertida en Clase Dominante por obra y gracia de la adulteración consciente de una Filosofía, no está dispuesta a abandonar sus privilegios por voluntad propia, a favor del Pueblo cubano.
A esa Oligarquía hay que obligarla, destronarla, derrotarla… ese es el Primer paso en la verdadera Construcción del Socialismo en Cuba.
Cuba requiere con urgencia de una Revolución Proletaria, porque hoy por hoy Proletarios somos todos los cubanos de a pie, asalariados vilmente explotados.
Una Revolución Proletaria cuyo fin principal sea cruzar esa barrera y eliminar al Proletariado como clase, por cuanto al aceptarnos a nosotros mismos como proletarios estamos reconociendo de hecho el derecho a existir de la Oligarquía como “vanguardia” y Clase Dominante.
No queremos seguir siendo Proletarios explotados, queremos ser ciudadanos libres de la esclavitud del salario.
Recupera la dignidad perdida, reconocer que la fuerza del cambio está en NOSOTROS, el Pueblo y en nadie más, hacer que las cosas sucedan.
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#3.- Élite y Vanguardia
05-03-2010 21:45
El sistema de partido único, tal como existe en Cuba, impide el mejoramiento, la creatividad y la innovación. Distinto es el caso de China, donde en las bases de su civilización está ser siempre estudiantes y perfeccionadores. En occidente lo que funciona son dos partidos con la misma base ideológica. En Cuba podría haber dos partidos comunistas.
Asociado a la referencia a China en el párrafo anterior, la clave del método chino es adoptado por las empresas capitalistas al insistir que los jefes deben ser líderes transformadores y no jefes. La institución occidental del jefe es la que lleva al inmovilismo. En China los jefes son líderes transformadores por su sola civilización, en occidentes hay que estar permanentemente insistiéndoles y llevándolos a cursos de liderazgo.
A nivel de la sociedad, es la diferencia que hay entre élite y vanguardia. La élite es burocrática, no mejora ni innova. La vanguardia es la que conduce al país hacia un futuro distinto y mejor. Al igual que en las empresas occidentales, en los partidos y gobiernos occidentales es necesario insistir y llevar a cursos a la élite. Ahí está donde ha fallado el PC cubano, por qué no ha podido producir el hombre nuevo, por qué tuvo que expulsar a dos altos cuadros dirigentes formados completamente en la período de la revolución.
Para conservar un sistema de partido único, el PC cubano debería realizar la aparentemente imposible tarea de transformar la élite cubana en vanguardia.
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#4.- Disidente o parlamentario?
jovencubano@gmail.com|05-03-2010 23:42
Técnicamente eres un disidente Roberto, y aunque no te ponen tras las rejas porque disientes de manera inteligente, no estas donde deberias ni tus comentarios tampoco.
Este tipo de análisis es el que requerimos del granma, es el que hace falta en cada rincon del país,  pero la nueva (o no tan nueva) burocracia cubana lo impide. En estas elecciones se requiere que suban al centro del debate gente como tu, como pedro campos como muchos más que aun en silencio, pueden brindar su servicio a una cuba mejor, tan lejana de la tirania batistiana y de estados unidos como del modelo actual.
Pero tu análisis va muy al fondo, y los ignorantes de extrema izquierda que frecuentan estos sitios con discursos copiados no son capaces de entrar al ruedo, los que tienen poder saben que estan en peligro y arremeten y otros muchos estan fuera porque la tecnología aun no los toca y nuestra prensa está raptada por los grupos de poder.
Queda entonces una sola opción, ACTUAR, comentarios trabajos como este deben estar en cada esquina cubana, y entre todos podemos. Imprime una copia y hasla rodar de mano en mano, es la única via de información rápida con la que contamos.
Por un cambio socialista democrático e inteligente! ACCION YA, AQUI ESTA MI EMAIL PARA QUE CUENTEN CONMIGO SI DE HACER ALGO POR CUBA SE TRATA
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#5
06-03-2010 00:25
A no.3
Pienso que tu idea de dos PCC parte de la idea de que en USA existen dos partidos que se alternan en el Poder pero en esencia defienden los mismos objetivos; ese sistema puede funcionar en el Capitalismo como forma de balance de intereses al seno de una misma clase social, Demócratas y Republicanos se diferencia en muchas cosas menos en la forma de Propiedad sobre los medios de Producción (lo cual es la esencia de toda esta discusión)...
Pero, ¿funcionaría en el Socialismo?
¿Podríamos compara al PC de Castro con los Republicanos y al PC de Campos con los Demócratas y pensar que ambos podrían alternarse en el Poder?
Yo pienso que NO, el PC de los Castro implementa un Estatismo total cuyo fin (declarado u oculto) es mantener una Oligarquía en el Poder; Campos por el contrario socializaría los medios de producción y tendría que implementar una democracia directa (aunque ahora no lo diga abiertamente), ¿podrían estos dos conceptos alternarse civilizadamente en el Poder?
La Democracia de Partidos es la esencia Política del Capitalismo, algo que no se puede migrar al Socialismo asó como así...
La cuestión de fondo es la relativa a la Propiedad y a la liberación de las fuerzas productivas, lo demás de si ponemos el sofá en la sala o en el comedor, es lo de menos, puro guasabeo.
explícate por favor para entender mejor tu punto de vista.
Saludos
Claudio 
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#7.- Mercenarios numerosos
06-03-2010 02:42
En la sección Cuba de Kaos actúan numerosos mercenarios al servicio del imperio y los mayameros. Hábiles e inteligentes como Claudio (#5), brutal y tosca como María Elisa Hernández.
Su escaza inteligencia la hizo irse de hocico, María Elisa. Que encantador este foro donde se discute desmontar el socialismo en Cuba y reemplazarlo por un sistema capitalista. Más encantador si es neoliberal. El sumum sería un sistema fascista que legalice entregar a Guantánamo a decenas de miles de patriotas cubanos, para que los torture el imperio.
Otro espacio habrá donde debatir como mantener y mejorar los logros de la revolución en pro de eliminar la explotación del hombre por el hombre y avanzar hacia el verdadero socialismo: "el socialismo significa el máximo confort y abundancia de productos", "la tierra será el paraíso de toda la humanidad"
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#10
super moe ronga|06-03-2010 15:14
http://www.elmundo.es/america/2010/03/05/cuba/1267799030.html
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#11.- Exelente ....no tengo palabras
Roberto P|06-03-2010 22:00
Articulos asi son los que me hacen creer que una esperanza tenemos todavia para poder cambiar las cosas.Congratulaciones por la capaciadad de reflexion y profundidad con la que tocas cada tema.Estoy completamente de acuerdo con el comentario N° 4 habria que imprimir el articulo o hacer un resumen del mismo y mandarlo por e-mail a mucga gente en cuba.Me pregunto hasta cuando los verdaderos socialistas deven esconderse de la vida publica y civica en cuba mientras los burocratas sovreviven con el cuento de siempre.Hago un llamado a Pedro Campos, Manuel castro y al mismo autor  preguntandoles que iensan hacer en estos meses de elecciones en Cuba? Como podemos participar en este movimiento de manera que la voz de quien quiere cambios socialistas pueda llegar al pueblo. 
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#12
Manozeta|07-03-2010 03:25
Aunque no tengamos necesariamente la misma explicación y las mismas respuestas para los problemas del desarrollo socialista de nuestra patria lo trascendente es que el socialismo se construye con unidad y no  con  falsa unanimidad, con la participación democratica de los ciudadanos y no con las decisiones cupulares, con la transformación del trabajador asalariado en un ciudadano libre dueño efectivo de los medios de producción y no en la persistencia del modo de producción estatal-asalariado.
Existen tantos socialismos como condiciones historico concretas existen y ello exige  permitir el debate franco, abierto y sin restricciones¿Está el PCC en condiciones de promover esta transición socialista?¿Y si no lo está como podemos enfrentar los ciudadanos esta realidad? 
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#13
08-03-2010 14:50
¿"el tránsito  al multipartidismo como paso  hacia el stado comunal, se vislumbra como la opción política racional en terminos de la eficiencia de la transición socialista"? ¿no al secuestro de la transición socialista? este tal cobas avivar es mañosos con ganas , quiere disfrazar de socialista su discurso.es un lech walesa del caribe.  sr cobas vaya a decirle mentiras a su chingada madre
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#14.- yo hice el 13 pero me falto ponerle nombre
el rata|08-03-2010 14:52
pinche lech walesa 2. haganme el chingado favor. cobas nuevamente chingue a su madre.
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#15.- LAS RATAS (13, 14), SON ESO, RATAS
08-03-2010 18:57
LAS RATAS COMO SIEMPRE, RATAS !!!!!!!!!
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#17.- Al post del provocador cobas avivar, Paràfrasis
Erasmo|14-03-2010 01:52
Calificar a quièn no se conoce y quizà nunca se conozca de provocador puede parecer una ofensa pero sì un humano se define por lo que piensa, escribe y habla, tomando el 2º vocablo asì se puede calificar de simple ¡provocador! un artìculo extenso y reiterado en varias oportunidades con letras distintas pero una sola conclusiòn "el socialismo de cuba no puede ser como el chino y tal como està se muere", eso es lo que les gustarìa que ocurriese a la gusanera y sus amos yanquis, pero olvida cobos avivar que gorbachev ya fuè  y no habrà màs, hace 21 años  vino a Cuba a "vender su glasnot" como zapador del imperialismo quizà actuaba de buena fè lo que lo transformaba en un idiota eso quizà con Cuba y la URSS con los Chinos actuò traidoramente al patrocinar el circo de tiananmen bien resuelto por el gobierno chino, algo que los chinos no le perdonan a los yanquis que estaban detràs y ya llegarà el momento que se lo haràn pagar. Pero el artìculo pretende recrear los gorbachev capituladores mal estaìs tal cobos fuè precisamente Cuba el que salvò el socialismo de haber quedado sepultado y la humanidad incrustada en una edad media, el proceso chino es de ellos y jamàs podrìa implementarse en Cuba eso lo sabeìs pero mentìs no vale la pena continuar mejor buscaìs argumentos mejores y reitero soìs un simple y patètico provocador y nada màs.
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#18.- ERASMO, POR FIN APARECE EN CUERPO Y ALMA
Elpidio Valdés|14-03-2010 16:24
Erasmo , como estas acostumbrado a los panfleticos fáciles se te tupen las entenderas con un "artículo extenso"... extenso mijo, es el Capital.
Como estas acostumbrado a entrar a los foros con comentarios primitivos, como un Elpidio Valdés de poca monta, ejemmmm, aquí se traba el arcabús.
Así que Cuba salvó el socialismo y la masacre de partido comunista chino en tienanmen estuvo bien hecha.  ESCÚCHENLO CUBANOS. Relean el posto 17.
Ahí tienen por que razón ERASMO no se identifica en los foros, porque razón no debate, porque razón no razona. AHÍ LO TIENEN , EN CUERPO Y ALMA.
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#19.- KAOS ¿ PORQUÉ BORRASTE ELCOMENTARIO 16 ?
14-03-2010 16:26
KAOS ¿QUÉ ´TENÍA DE OBSCENO EL COMENTARIO DE CARLA?
De mal en peor
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#20.- Al post Nº18, Relevancia "a uno màs del recodo"
Erasmo|14-03-2010 16:56
Don Elpidio, extenso parafraseando a Don Francisco Gòmez de Quevedo es  "decir lo mismo de lìnea en lìnea variando las palabras màs no el sentido y hacer un papiro de lo que perfectamente pudo ser una esquela", eso es la larga y patoza nota de cobos avivar sì quiere que la revoluciòn cubana caiga puès en su derecho està pero no venga a nombrar a fukuyama para explicar los atavàres chinos y pretender hacerlos calzar en Cuba para tratar de desmentirlos pero los ideogramas le son desconocidos a fukuyama  y  tambièn a cobos. No nombreìs "El Capital" es un muy buen libro pero dentro del socialismo cientìfico es uno màs ni biblia ni nada un libro para aprender y entender, eso es cultura y solo en la izquierda revolucionaria algo asì podriaìs encontrar. Pero vuestro post tiene otra finalidad quereìs plantear argumentos y discutirlos puès veamos que es lo que vuestra merced puede insertar, su turno señor elpidio. Y Erasmo reitera lo que tanto os disgusta el socialismo nunca podrà agradecer la gesta heroìca de hace 21 años de resistir y aguantar la historia como hizo Fidel, anàlogamente el pueblo chino nunca podrà terminar de agradecer la firmeza y decisiòn en tiananmen que salvò màs de mil millones de una nueva humillaciòn como en tiempos de "boxer".
Valoración: -2
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