Tal vez la administración norteamericana, y otros inexpertos y Judas del mundo, por las orejas de sus más conservadores miembros, interpreten mal la situación en Cuba. 
Sobre todo las intenciones de quienes emitieron y emiten opiniones de aspirar a un socialismo humano, democrático, cooperativo, que enrole a la mayorías y a las minorías, a jóvenes y viejos, a negros y blancos, a mujeres y hombres, con equilibrios justos entre libertad individual y desplazamientos colectivos.
Lo interpretan quizás, las malas orejas, como una intención subversiva, oculta, de conspirar contra la independencia y la soberanía del país, como variante inesperada y novedosa de nuevo anexionismo.
En tal caso, deseamos desilusionarlos totalmente y recordar que en un planeta como el nuestro las ruedas de la historia no podrían sino ser redondas y marchar hacia adelante.
Y agregar estas otras opiniones, ahora también emitidas:
La intención de fondo, consciente y sostenida, irrenunciable, es la de preservar el socialismo.
El socialismo es la continuidad y la solución del proceso social que se opera desde la esclavitud hasta el capitalismo, de liberar a la mayoría humana de su condición enajenada de explotado y  vendedor y revendedor de su fuerza de trabajo.
Siempre a cambio de ¿qué? Del salario que no paga sus fatigas.
Un socialismo en que el Mercado persista, pero no todo ni lo más importante devengan   en mercancías. Donde el consumo tenga jerarquía social, pero sin caer al foso del derrochador y aniquilador consumismo.
Un socialismo sin lastres de burocracia, corrupción, centralización irracional y la consecuente ineficiencia y desbarajuste económico.
El objetivo además es completar la transición socialista iniciada, luego de recuperados los recursos naturales, incluyendo la tierra que pisan nuestra planta, así como el enorme e imprescindible acervo de   historia y cultura.
Se introducirían ahora todas las formas posibles de propiedad social. Se expropiaría al Estados sus demasías y monopolios. Se le circunscribiría a límites y autoridades, ajustadas y redefinidas, para que logre de forma cierta y positiva funcionar y dar finalmente con sus cualidades administrativas más funcionales y nobles.
Sería una forma de adelantar otro trecho, esta vez decisivo, en la transición socialista hacia metas superiores. De cortar el atajo engañoso, empobrecedor y regresivo de inflar el Estado hasta convertirlo en el enorme astro oscuro alrededor de cual gira la sociedad y la entonces imposible prosperidad social y personal.
Este socialismo no podría confundirse nunca con socialismos “reales”, estilo URSS o “campo socialista”, falsos, perniciosos para la economía, donde se rinde más culto a los dirigentes que a la dignidad plena del hombre. Ni se confundiría con cualquier tipo de socialdemocracia en ninguna de sus versiones más o menos rosadas.
Este Socialismo tendría necesariamente un carácter inédito y expansivo, pues nunca existió antes, ni un segundo, sobre la faz del planeta.
Entonces es posible una democracia no clasista y unidad en la diversidad.
Hasta ahora solo hemos tenido malos sucedáneos.
De ahí que el carácter supuestamente irreversible de aquellos “socialismos” no pasara de ser consigna o ilusoria pompa de jabón.
La columna vertebral del socialismo es, y no podría ser de otro modo, la propiedad de todos. No la propiedad estatal, sino  propiedad social, sin escamoteos, dilaciones ni trucos.
Su esencia sería la propiedad cooperativa de ciudadanos, en primer lugar.
Luego además la propiedad mixta de ciudadanos y el Estado.
La propiedad individual en las dimensiones adecuadas, sin descabelladas enmiendas prohibitorias.
La propiedad privada hasta donde recomienden necesidad y lógica de desatar fuerzas productivas (producción y productividad).
Se suma la consecuente e imprescindible autogestión en todos los estratos, horizontes, divisiones político-administrativas y variantes de la actividad de los trabajadores manuales e intelectuales, incluidos entonces plenamente, al fin, en el proceso transformador y emancipador de la producción de bienes materiales y espirituales.
Otras formas de propiedad social organizada y discutida que conduzcan a la producción sustentable para beneficio y progreso de la población y el país, serían considerados legítimamente socialistas.
La ciencia y la técnica, así como la producción de arte y cultura, de pensamiento, acarrearían variantes que se sumarían a ese acervo de propiedades sociales que tiene como fin satisfacer las necesidades humanas y elevar la sociedad a nuevos niveles de conocimientos y reproducción del mundo conocido.
El estudio y conservación de los seres vivos, de la biodiversidad y
la casa común, el planeta, seguramente fecundaría nuevos conceptos para que hombres y mujeres de las ciencias y las artes, y de toda personas con vocación o interesada, accedan a estudios, análisis, debates e instituciones, mediante la especialización y al mismo tiempo universalización del conocimiento.
Nos anima el pensamiento guía, que no concibió el odio, de José Martí. Su percepción ética y poética del amor, el individuo y la sociedad, la humanidad y el universo.
Nos apoyamos además y siempre en la herencia del pensamiento y creación más refinados de los  humanistas y clásicos (quizás la misma cosa) más avanzados de todas las épocas: desde Aristóteles hasta Cristo. Desde Heráclito hasta Marx. Desde Demócrito hasta los Iluministas y Darwin. Desde Espartaco hasta Bolívar. Desde San Agustín hasta la Madre Teresa de Calcuta. Desde Copérnico hasta Einstein. Desde el Padre de las Casas hasta Félix Varela. Desde Hatuey hasta Aponte y Máximo Gómez. Desde Giordano Bruno hasta Malcom X. Desde Tomás Moro hasta el Che. Desde Maiacovsky hasta Neruda. Desde Homero hasta Walt Wihtman, Paul Eluard o César Vallejo. Desde Orfeo hasta John Lennon.
Pero si la historia nos coloca, es decir, a los cubanos, en una gran encrucijada de lucha y victoria ante las huestes invasoras o la aniquiladora intromisión económica, política o diplomática, debemos tener presente también y siempre al inolvidable general Antonio, que prefería ver nuestro suelo anegado en sangre antes que la ignominia de la sumisión.
La manzana, ya bien madura y roja, cayó en nuestro propio patio.  
Félix Guerra
POEMAS DE LA SANGRE COTIDIANA.
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