El padre de la identidad cubana
“Que otros amen la ira y la tiranía: el cubano es capaz del amor, que hace perdurable la libertad”. José de la Luz y Caballero.
Como afirma José Martí:
“No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores. Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres; estamos atravesando aquel período de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta, que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada; tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, y en el interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio de una corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad. Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo”.
Soy enemigo del chovinismo, pero tengo que reconocer que no hay un campo de la actividad humana donde no nos encontremos con al menos, un cubano que haya descollado. Cuba ha producido cientos de excelentes personalidades; entre ellas, Félix Varela Morales (1788-1853), filósofo y sacerdote nacido en La Habana, que fue profesor de nuestra primera universidad. Varela se opuso al escolasticismo imperante en el ambiente filosófico de su tiempo.
Como asevera Varela:
“Vemos llegar el momento en que las cosas deben variarse y que lo más prudente sería preparar al pueblo para un cambio político inevitable; pero decir esto es un crimen”.
Varela fue “el primero que nos enseñó a pensar”, dijo José de la Luz y Caballero (1800-1862).
El cubano siempre se ha destacado por su laboriosidad e ingenio. Orgulloso de ser como es; hace ocho años que vivo en Panamá, pero todo el mundo me identifica como cubano por la forma de hablar.
Además, conocen mi amor por la ‘pelota’, como llamamos los cubanos al béisbol. “Cuba volvió a perder otro campeonato de béisbol”, me dijo en tono burlón un alumno. Efectivamente, ya no recuerdo la última vez que ganamos un torneo importante.
Son pocos los niños cubanos que no han soñado con destacarse en la pelota. En 1950, los peloteros cubanos sobresalían en América Latina; hasta ese año, 51 cubanos habían jugado en las Grandes Ligas, mientras que sólo otros diez latinoamericanos lo habían logrado.
El cubano Miguel Ángel González debutó en Grandes Ligas en 1912. Anteriormente, lo habían hecho: Esteban Bellán, Armando Marsans y Rafael Almeida. Debido a la discriminación racial, grandes estrellas cubanas como José de la Caridad Méndez, Cristóbal Torriente y Martin Dihigo no pudieron hacerlo. Miguel Ángel se destacó como receptor en las Grandes Ligas por más de dos décadas; después, fue el ‘coach’ de tercera de los Cardenales de San Luis, con los que participó en tres Series Mundiales: 1934, 1942 y 1946. Miguel Ángel fue el primer manager de un equipo de las Grandes Ligas, nacido fuera de Estados Unidos: dirigió por poco tiempo a los Cardenales en 1938 y 1940.
Disfruto el triunfo de los peloteros cubanos donde quiera que se produzca. Los cubanos vibramos de emoción en 1988, cuando Euclides Rojas -el mejor relevista cubano de todos los tiempos-, ‘mató’ a base de inteligencia y coraje a los bateadores yanquis, en el Campeonato Mundial de Béisbol celebrado en Italia. Hace poco, a Euclides le preguntaron cuál había sido su mejor momento en la pelota; respondió:
“Cada vez que he estado en un equipo ganador, ha sido un momento bueno, tuve la oportunidad de estar en Industriales, que como tal todavía me siento, diría que mi sangre es azul. El Campeonato Mundial de Italia en 1988 y todos los campeonatos que gané con el equipo Cuba. También tuve la dicha de estar como entrenador de ‘bullpen’ de los Medias Rojas de Boston en el 2004, cuando ganamos la Serie Mundial”.
Me regocijé con el segundo lugar que logramos en el primer Clásico de Béisbol; disfruté cuando los Medias Blancas de Chicago ganaron la Serie Mundial de las Grandes Ligas, gracias a la estelar actuación de dos lanzadores cubanos: José Ariel Contreras y Orlando ‘El Duque’ Hernández. En ambas ocasiones llamé inmediatamente a La Habana para compartir mi alegría.
Nunca he podido comprender que el director de los Medias Blancas fuese recibido como un héroe en Venezuela, mientras que a nuestros peloteros profesionales les está vedada la entrada en nuestra patria y su inclusión en el equipo Cuba. Varios de los peloteros cubanos que triunfan en las Grandes Ligas han expresado su deseo de volver a vestir el uniforme con las cuatro letras: CUBA. ¿Por qué se lo impiden? ¿Cuál es el temor?
Orlando ‘El Duque’ Hernández -tiene cuatro anillos de Serie Mundial, hazaña que muy pocos jugadores han podido lograr-, ha expresado en varias oportunidades que su equipo preferido es Industriales.
Euclides Rojas –es el Coordinador para Latinoamérica de los Piratas de Pittsburg-, también dijo:
“(…) haber estado en el Fenway Park [en Boston] me recordó siempre el Estadio Latinoamericano, el amor por el juego, la pasión, la energía de ese estadio es la misma que la del estadio de La Habana. Fue como regresar a casa”.
Nuestros compatriotas son millonarios y gozan de gran prestigio en el béisbol, pero siguen llevando a Cuba en su corazón.
Hace más de cincuenta años, el 16 de febrero de 1959, Fidel afirmó:
“…con la ventaja de contar con un país rico, donde se puede sembrar todo el tiempo en el año, un pueblo inteligente y un pueblo entusiasta, un pueblo ansioso de alcanzar un destino mejor, lograremos un estándar de vida mayor que ningún otro país en el mundo”.
Es perfectamente factible lograr lo que Fidel prometió el 16 de febrero de 1959, ya que Cuba tiene excelentes condiciones naturales que contribuyeron a situarnos entre los 31 países más desarrollados del mundo (Eugene Staley, The Future of Underveloped Countries, Harper, Nueva York, 1954). En 1958, el ingreso nacional per cápita cubano (356 dólares) casi duplicaba el de España (180 dólares). Cuba producía el 80% de los alimentos que consumía y era el principal abastecedor de vegetales a Estados Unidos. Actualmente, Cuba importa el 80% de los alimentos que consume, siendo Estados Unidos –su enemigo histórico-, su principal proveedor.
El 16 de marzo de 1959, Fidel dijo:
“Para el año que viene estará sembrado en la Ciénaga de Zapata todo el arroz que hoy se importa (…) pienso que es un crimen más que la Ciénaga de Zapata no hubiese sido desecada hace muchos años”.
http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f160359e.html
Afortun
Comenzó la ‘ofensiva revolucionaria’ el 13 de marzo de 1968, con el discurso en que Fidel anunció la nacionalización de todos los establecimientos que todavía eran de pequeños propietarios: guaraperas, puestos de frita, sillones de limpiabotas, talleres de reparación, etc. El gobierno eliminó a los microempresarios y a los trabajadores informales.
  http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368e.html
Despu&e
Antes de la ‘ofensiva revolucionaria’, en La Habana existían varios mercados que abastecían de productos agropecuarios y marinos a toda la capital. El Mercado de Cuatro Caminos, ‘La Plaza’, era el principal; también recuerdo los mercados de Guanabacoa, Carlos III, El Vedado y Marianao. Los dueños de los ‘puestos’ iban por la madrugada a los mercados a adquirir los productos, que después la mayoría de la población compraba en la esquina de donde vivía. Desde niño, cada tres o cuatro semanas iba con mi padre al Mercado de Cuatro Caminos a comprar cangrejos moros, uno de los pocos productos que no era distribuido en el reparto La Rosalía, que era donde vivíamos.
Consumíamos viandas, frutas, vegetales y pescados frescos; después de la 'ofensiva revolucionaria', desaparecieron. Un quinquenio después, empezamos a consumir los insípidos vegetales y frutas importados de Bulgaria.
No podemos olvidar la interrelación existente entre la economía y el poder político. La cúpula gobernante ha reconocido que la anarquía reina en nuestra economía, donde los trabajadores no tienen sentido de pertenencia. El poder político está impidiendo que la economía cubana alcance los niveles adecuados, para los cuales existen las condiciones. Las relaciones de producción existentes en Cuba frenan el desarrollo de las fuerzas productivas.
¿Por qué fracasó el ‘socialismo real’?
Karl Marx y Friedrich Engels explicaron que el proceso del desarrollo social se basa en el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción
Como  nos dice  Karl Marx:
  “Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”.
¿Alguien puede negar que los cubanos estamos forzados a reflexionar serena y profundamente sobre las condiciones de existencia de la sociedad cubana y sus relaciones recíprocas? Los cubanos que estamos comprometidos con la independencia de nuestra patria, la libertad de nuestro pueblo y la construcción del socialismo, tenemos que debatir intensamente cómo vamos a lograrlo. “Con todos y para el bien de todos”, como deseaba José Martí.
La verdadera defensa de la independencia nacional y del socialismo pasa necesariamente, por nuestra viabilidad como país, expresada en términos económicos, sociales y políticos. Para que podamos lograr la justicia social, es imprescindible que se liberen las fuerzas productivas, de manera que cada cubano sea soberano de su destino, sin que éste ‘le baje’ desde el poder.
Reitero lo que expresé en ‘Debate público nacional’
http://www.kaosenlared.net/noticia/debate-publico-nacional
“L
Como asevera Martí:
“A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”.
Los sietemesinos están en todas partes. Por ejemplo, http://cubaespanola.blogspot.com “propone como alternativa futura crear la Comunidad Autónoma Cubana de España del Siglo 21”, y publicaron un vídeo donde explican las supuestas ‘ventajas’ de perder nuestra independencia.
http://www.youtube.com/watch?v=aVktt1mzgy4
La burocracia es una lacra que contamina a la revolución. Para poder seguir disfrutando de las ‘mieles del poder’, algunos pretenden imponernos el capitalismo chino como el modelo a seguir por Cuba. ¿En qué se diferencian de los sietemesinos? Los apologistas, tergiversadores de la realidad cubana, niegan el agotamiento del modelo; los apologistas, consciente o inconscientemente, son los anexionistas del siglo XXI.
Existen varias cosas que nunca se recuperan, entre ellas: la dignidad, una oportunidad que se dejó pasar y el tiempo que ya pasó. No podemos permitir que el tiempo siga pasando sin decir lo que realmente sentimos, ya que existe el peligro real de que Cuba desemboque en un capitalismo tipo China o, peor aún, de que perdamos la República. En palabras del dirigente comunista Rubén Martínez Villena:
“Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones,
para vengar los muertos que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje,
para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre, y la herida y la muerte;
para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;
para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos,
la patria que los padres le ganaron de pie”.
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