Diálogo incluyente, dinámico como la vida, versus "debate"
Las palabras que son estrictamente
verdaderas parecen ser paradójicas
Lao-tsé Vivir supone observar, experimentar y aprender. Balancear los extremos. Quemar etapas, proseguir. Tantos verbos juntos no podrán jamás dar una idea completa de la riqueza de la existencia, pero sí de una de sus constantes: la dinámica.
Los extremos siempre han sido cómodos, por su misma naturaleza fracturada. Estar bien posicionado en cualquier extremo acerca el horizonte, minimiza o disuelve los conflictos que no pertenezcan a la estructura del Yo/lo mío (mi historia, mi familia, mi casa, mi cuenta de banco, mi...), no perturba excesivamente eso que conocemos como “identidad” y valida todas las opiniones que expresemos. El Ego en su máximo esplendor.
Cuando se habla de Cuba, generalmente se hace desde esa óptica. El régimen es terrible porque ha invalidado (e invalida) esta estructura del Yo, la supedita al Nosotros (que es una noción), o es irremplazable porque hace predominar el Nosotros sobre el Yo (que se convierte entonces en una noción). Y se acude a toda esa batería de calificativos que no describen la realidad, y que después de cincuenta años de diferendo ya ni siquiera son capaces de señalarla, radicalizando más la moraleja de la socorrida fábula Zen.
¿Hasta qué punto son objetivas las razones que esgrimen uno u otro bando? ¿Dónde terminan las consecuencias del embargo para la economía de la Isla y empiezan las culpas de una estructura que margina la iniciativa personal? ¿Cuál sería el efecto real en Cuba de lo que conocemos como libertad de expresión, cuando en su mayor promotor, Estados Unidos, se está obligado a ser políticamente correcto? ¿Por qué separamos el condicionamiento masivo dirigido al consumo, del condicionamiento masivo impuesto por la ideología? ¿Es que, por ejemplo, en Cuba no puede cambiarse de canal, apagar el televisor o hablar con el vecino?¿Cómo puede el mismo gobierno que invade un país y justifica las torturas, abogar por derechos humanos? ¿Por qué cuando se habla de la prostitución en Cuba, se hace con un tono que magnifica el problema en la Isla y lo desconoce en el resto del mundo? ¿Por qué los ejecutados en la silla eléctrica en Texas no cuentan cuando se habla de los tres cubanos fusilados en el 2003, por intentar secuestrar un avión? ¿Secuestrar un avión es terrorismo dentro Estados Unidos, pero “búsqueda de libertad” cuando ocurre en el aeropuerto habanero?
La ringlera de preguntas pudiera ser infinita. Y las respuestas, en su mayoría, estarían permeadas por la historia personal (el Yo/lo mío), o su reflejo en la política. Escuchar una opinión objetiva siempre es dificultoso, en lo referente a Cuba es casi un imposible.
Diálogo versus debateUno de los atractivos del discurso de Barack Obama es su capacidad de mencionar un asunto y de inmediato la contrapartida del mismo. Una inusual lógica incluyente, aparentemente paradójica, sobre todo en boca de un político, y que es por cierto el único camino propiciador del diálogo real.
Esta discurso del candidato presidencial es además de convincente, perturbador, porque incluye el diálogo con los que se consideran enemigos. Y es una actitud sabia también, si no se queda sólo en el plano discursivo, si aceptamos tanto la inmensa capacidad de manipulación del lenguaje como sus limitaciones a la hora de describir la realidad.
La naturaleza del diálogo genuino debe asumir el hecho de que a cada argumento le persigue su exacto antagonista como una sombra. La realidad es dual, aunque sólo en apariencia. Reconocer esa dualidad es el principio del fin de la apariencia. Es la conciliación de la paradoja. La estructura del Yo/lo mío entonces se abre para aceptar al Nosotros/lo nuestro. Todas las ideologías parten en mayor o menor grado de una de estas estructuras psicológicas, proyectadas a nivel social. Todas las formas de autoritarismo, incluyendo los fanatismos religiosos, son consecuencias de un mayor grado de predominancia de una de esas estructuras.
En el ejercicio del debate la estructura del Yo/lo mío se amuralla, y los egos se desgastan y colapsan inútilmente, cada uno tratando de convencer al otro de sus errores, sin proclividad para hallar un terreno común. En el caso de lo que llamamos “medios libres”, los debatientes mantendrán sus sonrisas presentes a través del evento, a pesar de que se verán obligados a sintetizar sus argumentos y hablar rápido, debido a los anuncios intercalados graciosamente entre una y otra sonriente refriega. De manera que un tema urgente como la ayuda al pueblo de Cuba en grave crisis después de dos huracanes es, “debatido” entre las visiones de fabulosos SUVs con un 0% de financiamiento, que podremos mostrar como “mío”, aunque de hecho pertenezcan al banco que nos ha prestado el dinero.
La insistencia de Obama en motivar a la gente para que salga de sí misma y alcance algo mayor, es justamente un llamado a darnos cuenta de la interconexión real que existe entre todos, y de cómo hechos aparentemente aislados o alejados de nosotros, nos pueden afectar. Este llamado se interpreta como una amenaza por aquellos cuyos bienes les da una sensación de permanencia y seguridad.
La batalla entre el Yo/lo mío contra el Nosotros/lo nuestro, rebasa por supuesto el marco del diferendo Cuba-EEUU, e incluye por ejemplo, a una Europa que parece estar cediendo ante el neoliberalismo y va en camino de sacrificar sus logros sociales en pos de la competitividad. El Viejo Continente está en peligro de ver su antigua y rica cultura reducida a las salidas de compras o a la clonación de un estilo de vida y de valores que poco tienen que ver con su historia.
Diálogo dinámico como la vidaSe impone una revisión de las actitudes a uno y otro lado del Estrecho de La Florida. Los rencores deben disolverse para que la dinámica propiciada por el diálogo brinde resultados. Como se ha hecho en otros países que han sufrido enormes traumas sociales, el pueblo se ha movido hacia el futuro. Debería abrirse las puertas a la diplomacia activa de la cual ha hablado Obama, y que constituye un siguiente elemento de conmoción para quienes han invertido demasiado en “su” dolor durante cincuenta años.
Es imprescindible, entonces, el diálogo con esos que calificamos de enemigos. Un diálogo donde la relatividad de lo que consideramos bueno o malo, verdad o mentira, o sea, la madurez y la objetividad, primen sobre las estructuras rígidas del pensamiento. La “no-mente” que prescribe la práctica Zen, sería un marco idealmente adecuado para enseñarnos a dialogar, si consideramos la mente (tal como la conocemos) siempre en el pasado, fragmentada e incapaz de ver el todo, como una enfermedad. Se dice que cuando la mente no es la que habla, lo hace el todo.
A los seres comunes e incapaces de aplicar el Zen, nos queda entonces la obligación de integrar, al diálogo entre todos, los elementos prácticos de cualquier cultura y tradición que funcionen en nuestro aquí y ahora, sin dar cabida a ningún culto personal ni clonar ninguna receta aunque la prescriba la súper potencia del planeta con sus tópicos de hermosa resonancia mediática. Nos queda el camino genuino de la prueba y el error, del ajuste permanente. La manera en que trabaja silenciosamente el sistema digestivo, que selecciona e incorpora, a la vez que elimina despiadadamente lo inútil, es un buen ejemplo a imitar.
Por mi parte, en el diálogo que intento mantener vivo entre todas las contradicciones que me componen y me hacen considerarme vivo, intento incorporar lo humano en igual dosis que lo divino: la música y el pragmatismo norteamericanos, el antiguo intelecto griego, los vinos y los quesos franceses, las fuerzas de la naturaleza  que nos han mostrado las religiones africanas, la cocina del Mediterráneo, las danzas derviches que sacan al alma de su letargo milenario, la contemplación budista, la cortesía asiática, la literatura y el arte mejores de este planeta maravilloso, y la sabiduría de los aborígenes latinoamericanos junto a la invencible y sabrosa sensualidad caribeña.
 
Ernesto González, escritor cubano residente en Chicago, ha trabajado para Riverside Publishing, publica en revistas locales y ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Sus novelas Habana Soterrada, Memorias de una Bodega Habanera, Descargue Cuando Acabe y Bajo las Olas, publicadas por BookSurge, están disponibles en amazon.com y lulu.com. En la actualidad trabaja como traductor en el periódico en español Hoy, del Chicago Tribune.
 
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