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Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica
Los que se imaginan un proceso social revolucionario, de carne y hueso, libre del enfrentamiento político y de antagonismos culturales, deben poner los pies sobre la tierra. El proceso sociopolítico cubano se mueve según la indudable puja de sus contradicciones internas y el acicate destructivo externo que lleva nombre y apellido
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 30-7-2007 a las 16:50 | 1381 lecturas | 3 comentarios
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En Cienfuegos

Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica


Polemizar con un escrito implica hacerlo con el acervo del pensamiento no sólo de su autor. Cuando se hace sin dialogar con el trabajo, y se expresa que la intención es sólo situarlo, con un escueto comentario, dentro de una corriente de ideas, ello merece un reconocimiento a la audacia intelectual. Puede ser incluso perfectamente anarquista. Sin embargo, lo realmente importante es el aporte perseverante, consecuente y honesto de ideas fuerza para repensar y hacer fecundo el socialismo en Cuba.


Pues bien, aprovecho para compartir algunas reflexiones a propósito de comentarios al trabajo “Cuba: ¿devoran las revoluciones a sus propios hijos?”[1]


Flaco favor se le hace al anarquismo como movimiento de ideas y praxis revolucionarias cuando se le reduce a la anarquía del pensamiento. Una ilusa intención de buscar el sentido de lo anárquico más allá del movimiento de la propia naturaleza. Empeño desdeñado hasta hoy incluso por la física, esa madre fecunda de la “Dialéctica de la naturaleza” (de F. Engels).


Atenidos a los resquicios históricos del desenvolvimiento humano, no es difícil constatar que la idea de la libertad nunca ha tenido propiedad exclusiva, aunque algún movimiento sociopolítico intente hacer ver lo contrario. La idea de la libertad es hija de su necesidad. La dificultad que le crea a disímiles corrientes del pensamiento filosófico el culto a la idea de libertad colgada del cielo hace la diferencia.


La idea de la libertad reducida a la satisfacción de la individualidad lo único que puede lograr es convertir el espíritu libertario en una mistificación egocéntrica. Nada más apropiado como caldo de cultivo del comportamiento avasallador. La libertad no existe sino condicionada. El no-poder de la idea de libertad en sí, encierra una paradoja conceptual insalvable para sus representantes, a saber: la limitaciónde la propia libertad de poder.La idea de la libertad como necesidad surge por las limitaciones que al comportamiento de los individuos imponen las relaciones humanas de la que depende su subsistencia y desarrollo.La necesidad de vivir en libertad surge por lo ineludible de las relaciones sociales. No es la idea de la libertad un producto de alguna naturaleza libertaria innata al individuo, sino el resultado de su conciencia social. La libertad robinsoniana no está precedida de su idea sobre la misma. La libertad en el mundo animal inferior es agresiva per se, violadora del derecho ajeno a la propia libertad. Será precisamente el carácter de las relaciones sociales (familiares, tribales, ciudadanas) el que definirá la naturaleza y la cualidad de la libertad posible. La libertad sólo puede parecerse a la idea sobre ella misma como resultado de un pacto social. Por consiguiente, lo que en primera y última instancia estará siempre importando será la cualidad del pacto.


Es así puesto que la idea de libertad no presupone la necesidad de emancipación socio-humana. Se siente placenteramente libre ése ciudadano mayoritario que, ante sus necesidades de consumo, toma ilusionado el salario que lo hará en algún grado posible. La intensidad de la ilusión y la conformidad con su libertad quedarán en relación directamente proporcional al grado del consumo. El consumo crea la sensación de pertenencia social. La falta de conciencia del individuo ante el hecho del sometimiento y la extorsión de que, en mayor o menor grado, es objeto por el poder empresarial que lo emplea, permite el sostén de la relación de poder. Mientras que la impotencia ante la conciencia de ello tiene en el consumo el antídoto contra la vulneración de la autoestima. ¿La idea de libertad que llega rebelarse contra tal realidad refleja la reivindicación del consumo o de la autoestima? El conocimiento y la gestión de esa contradicción sociológica están en la base de la economía de mercado capitalista. En consecuencia, la alternativa al modo capitalista de reproducción de la vida es una necesidad sólo si está en juego la emancipación socio-económica. El parto de la alternativa como opción cultural realmente viable aún está por bien gestarse y producirse.


La idea de la libertad como una aspiración humana se emparenta con el ideario socialista. Se paseaba ya por el pensamiento de los utopistas. Pero eran eso: utopistas. La utopía de la libertad al margen del problema de la naturaleza de las relaciones de producción e intercambio. Al margen de la lucha por derrumbar los fundamentos ideológicos del modo de producción capitalista. Lo que el fracaso del intento de unidad del movimiento obrero en la I Internacional refleja es la ruptura política e ideológica entre el potencial emancipador de la filosofía del materialismo histórico, por una parte, y la idea de la libertad en sí, por otra. ¿Acaso no ganó el pensamiento del socialista C.Marx, paradójicamente, todo el orden (coherencia) de la idea de libertad que el anarquista P-J Proudhon reclamaba para sí mismo?


Pretender algún desenfado escénico del anarquismo en sí mismo, puede satisfacer cualquier ego libertario, pero no aportará mucho al entendimiento y consecución de esa verdad subjetiva que nombramos “libertad”. Una libertad que, para hacerla lo más tangible posible, habrá que defenderla en los contextos socioeconómicos, políticos y culturales que la estarán siempre condicionando. No contemplando sino conformando los contextos que la hagan objetiva. Esa es la luz cognitiva del materialismo histórico y la fuerza libertaria del marxismo como instrumentos de pensamiento y acción política. Nada que ver con doctrina alguna.


Cuando se dice del proyecto sociopolítico cubano que el mismo puede ser una alternativa de izquierda, (tal como se limita a hacerlo el denominado Movimiento Libertario Cubano en el texto www.ainfos.ca/05/apr/ainfos00437.html), ¿se estarán evitando de esa forma difusa definiciones de sí mismo demasiado comprometedoras? Lo que en todo caso no puede darse por sentado es que sus autores estén hablando de izquierda anti-capitalista, tal como sugiere su anónimo simpatizante (Ibídem nota 1). No hay ninguna falta de honestidad en ponerlo en tela de juicio. Más aún, importaría discutir también qué se asume como izquierda anti-capitalista. Si de Cuba se trata, por citar un ejemplo, preguntémonos: ¿será una expresión de ello el llamado proyecto Varela?[2] Pero si del anarquismo se trata, por supuesto, habrá que reconocer que ha venido siendo tan polisémico como incoherente. Tienen un problema ante sí mismo los auto-reconocidos anarquistas ¿Llegará el espíritu auto crítico de sus corrientes estructuralistas (¿anti anarquismo?) al fondo de las causas que conllevan a su marginalidad como movimiento político?[3]


El marxismo es revolucionario por su fundamento de la idea de libertad, no por expresar fórmulas de liberación. Ésa es su esencia como ciencia social. La dimensión libertaria del socialismo, si así lo fuere, puede estar sólo en su revolucionaria contraposición a los fundamentos del capitalismo. Libertaria es la Revolución cubana de 1959. Socialista el objetivo de su proyecto sociopolítico. Retrógrada la permanencia de la concepción del poder económico del Estado y el poder político del Partido como sujetos del proceso de transformación social. La democracia, es decir, el poder del pueblo, (sin adjetivos), es no sólo la clave liberadora, sino la condición sin la cual no se sustentará el socialismo.


La discusión de las ideas del socialismo emancipador no han estado ausente en Cuba desde los inicios del proceso de transformación social desencadenado por la Revolución. Los principios de la autogestión que se modelaban a fuego lento en los países del llamado socialismo real no dejaron de tener eco en Cuba. Son los propios años sesenta, pero también los setenta y ochenta de los noventa. Las ideas de la abortada Perestroika se discutieron con relevante resonancia en “las calles”. ¿No fue la resonancia de dichas discusiones lo que precisamente provocó la conocida reacción conservadora del poder estatal-partidista al censurar “Novedades de Moscú”, el medio de información que daba extendida cobertura a ese proceso de cambios?En todos esos y estos años nunca ha dejado de existir un “goteo” incesante de ideas y manifestaciones del espíritu de emancipación del pueblo cubano. Innumerables tensiones políticas internas a través del medio siglo transcurrido dan cuenta de la lucha entre corrientes francamente progresistas y vertientes reaccionarias. El balance, aunque insuficiente, ha favorecido a las primeras. El hecho incuestionable de profundo calado político que viene a confirmarlo es el haberse rechazado la doctrina neoliberal comoforma de salida de la devastadora crisis económica de 1990/1994 ¿De qué primacía sobre las ideas (de la autogestión, la autonomía u otras) puede presumir movimiento político alguno en Cuba? Si la sabiduría humana es sólo compendio del saber común, el prosaísmo de la batalla por la primacía del eureka es propio de comportamientos políticos arribistas.


Lo que, sin embargo, ha tomado cuerpo en el pensamiento crítico sobre los problemas de Cuba, el formalizado desde su interior y el informal que publica en los medios alternativos, es la reflexión sobre la cualidad de las transformaciones necesarias. La reticencia del poder central aún impide que el pueblo se apropie definitivamente de dicho debate. Justo el impedimento de la única posibilidad de que el arraigo popular de las transformaciones sea la garantía de la continuidad histórica de la Revolución y la viabilidad del proyecto socialista. No obstante, la libre atención a las ideas socialistas renovadoras de aquellos que las comportan y la crecida disposición de participar es cada vez más fehaciente. Esa interacción no podrá más que incidir en la definitiva maduración de la voluntad política para los cambios sistémicos. Cambios sistémicos hacia una estructuración socialista cualitativamente superior.


Los que se imaginan un proceso social revolucionario, de carne y hueso, libre del enfrentamiento político y de antagonismos culturales, deben poner los pies sobre la tierra. El proceso sociopolítico cubano se mueve según la indudable puja de sus contradicciones internas y el acicate destructivo externo que lleva nombre y apellido. La evolución de la “modelación” de dicho proceso está constreñida por un conflicto propio de su maduración actual. Se trata del antagonismo entre la caducidad de una visión de socialismo, objetivamente condicionada, y su negación dialéctica. De un parte aguas histórico para Cuba y para la propia concepción de socialismo. La solución de este complejo problema pasa por la superación del ideario socialista doctrinario que anida no sólo en el poder político, sino también en gran parte de la propia sociedad cubana. Por consiguiente, lo que está en juego en Cuba de importancia determinante no es la lucha por el minimalismo que encierra la idea de las libertades individuales, sino la creación de las condiciones de emancipación sociocultural. Hablo de la transformación revolucionaria del actual modo de producción y relaciones socioeconómicas.


Ello exige el esfuerzo del pensamiento crítico en función de la consecución del postulado libertario de la propia Revolución cubana: la plena emancipación del hombre (ser social) en Cuba. Asumir el riesgo de la verdad revolucionaria significa aceptar el reto de la honestidad intelectual. De la honestidad política que implique el compromiso con la estructuración sostenible del socialismo en Cuba. Los que en sus tertulias, escritos, manifestaciones artísticas y foros oficiales en Cuba o fuera de ella, asumen ése “riesgo” liberador, suman voluntades a favor de la nación y de un concepto de humanismo alado. Los que sienten la incontrolable necesidad de marcar territorios y la apropiación de las ideas, lejos de expresar algún espíritu libertario traslucen la inclinación a la rentabilización política de la participación.


Para los que realmente creen en la importancia de la reflexión y el debate crítico y creativo acerca del proyecto socialista cubano y la apuesta por su viabilidad, las cuartillas que pueden insertarse en unos comentarios no serán nunca el limitante. 



Roberto Cobas A.

España julio 2007.



[1] Ver: www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38755

[2] Ver: www.bnjm.cu/librinsula/2005/julio/81/lapuntilla/puntilla254.htm

[3] Ver: www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38812

 
 
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Comentarios (3)

Diógenes el Cínico|31-07-2007 18:46

De más está decirte que voy a responderte, Roberto; aunque esta vez voy a hacerlo en artículo separado y tomándome más tiempo. Mientras tanto -y puesto que noto que tienes interés en hablar de anarquismo- no sería nada despreciable que entendieras de qué va la cosa. Por tu actual lugar de residencia, supongo que no debe costarte demasiado allegarte hasta Villaverde Alto, Paseo Alberto Palacios 2, y conseguir allí un ejemplar de "El anarquismo en Cuba" editado por la propia Fundación Anselmo Lorenzo. Allí mismo, sin esfuerzo adicional alguno puedes conseguir también abundante bibliografía ampliatoria, de la que no se dispone en Cuba. Como material ilustrativo y condensado en un solo volumen, puedes adquirir, por ejemplo, "Escritos" de Errico Malatesta. Si ese desplazamiento te resulta inconveniente, con menos esfuerzo todavía puedes ingresar a la página web del Movimiento Libertario Cubano; para luego hablar del mismo con más propiedad. Su dirección es: http://www.mlc.contrapoder.org.ve/. Allí verás una frase de Enrique Roig San Martín -un anarquista cubano del siglo XIX- que yo hago mía y con la cual me despido hasta nuestro próximo encuentro: "La historia, esa maestra severa y elocuente, nos demuestra que las ideas emancipadoras no se ahogan con sangre, y que el árbol sagrado de la libertad, cuanto más lo poda la tiranía, más lozano y lleno de vida se levanta"

Valoración: 0  

A Roberto, sin darle cobas

Lectora|01-08-2007 02:46

¡Otro oscuro -o mas bien "obscuro"- hermeneuta marxista acusando al anarquismo de irreal!... por supuesto, desde una verborrea abstracta que sirve de cortina para eludir el debate historico-social concreto sobre Cuba, que de modo tan contundente se expone tanto en esa página web que menciona Diógenes como en los importantes trabajos que están en la sección de textos de www.nodo50.org/ellibertario...

Valoración: -1  

Diógenes el Cínico|18-08-2007 03:57

Bien, Roberto, ya coloqué mi respuesta en la columna de Libre Publicación. Puedes encontrarla en la siguiente dirección: http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39824. Soy conciente que he sido duro, pero la situación no da lugar a algo diferente. Te pido también disculpas por mi demora, pero tuve que compaginar la redacción de ese texto con el resto de mis actividades "periodísticas". Un saludo y mis reconocimientos, más allá de las discrepancias que nos separan.

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