Cuando Cintio Vitier nació en los Estados Unidos, allá por el año 1921, seguramente un enjambre de oráculos buenos le susurraron al oído:¡serás un inmortal! Y en eternose ha convertido ya, ahora que su cuerpo descansa y sus manos no puedenescribir nuevos poemas de amor para su amada Fina, ni la música de sus hijos le llenanlos silencios y el descanso.
Pocas veces me encontré con él, las suficientes para sabercuanta sapiencia se acumulaba en tan poco espacio…Recuerdo que hace muchos años, cuandoel naciente Centro de Estudios Martianos se encontraba en la Biblioteca Nacional y él era su Director, fue a buscar unos datos sobreel Apóstol Martí ; entonces yo era muy joven , ni siquiera sabía quien era aquella persona que me atendía, no conocía sus poemas, sus artículos, apenas sihabía oído de su existencia, nada sabía del Grupo Orígenes, ni de la trascendencia de sus fundadores como paladines ypioneros de los nuevos tiempos en el quehacer literario yen apoyo a las Bellas Artes, sólo estaba interesado en obtener las notas que andaba buscando para un trabajo escolar y poco o nada de la vida de aquella persona que me atendía, como arrogante imberbe que cree tener el universo en sus manos cuando apenas ha salido del cascarón y lequedan miles de aventuras por delante. Allí había otros especialistas que podían haber evacuado mis dudas y el azar quiso quefuera el Maestro el que decidiera atenderme personalmente, no porque yo tuviera algo en especial, sino porque despuéssupe que era así, dulce y sencillo, transparente y divino como un Dios al que hay que reverenciar no por su nombre –que ya sería suficiente-, sino por sus conocimientos enciclopédicos en la mayoría delas ramas del saber humano y, cuando hablada del hombre quefundó el Partido Revolucionario Cubano, era como si se transformara y entonces sí había que rendirle pleitesía , porque Cintio amaba la obra martiana creo que tanto o más que a sus seres más queridos, aunque a veces no sé bien si era el hombre del Manifiesto de Montecristio uno de sus hijos, o la propia y encantadora Fina quienes iban con él a todos partes, lo cierto es que de unos minutos que esperaba me concediera, aquel hombre me dedicó más de una hora, sin tomar un libro, una revista o un descanso; no recuerdo siquiera qué le pregunté, creo que tenía que vercon los Versos Sencillos o La Edad de Oro, no sé,lo cierto es que me fue llevando a su nivel, dejando de ser niño o joven, para convertirme poco a poco en alguien que a partir de entonces comenzó a leer la obra enorme y majestuosa de aquel Grande de América y lo único que siento es no haberle agradecido nuncaaquellos instantes quizás porvergüenza, talvez por miedo a reconocer mi desconocimiento de suaporte a las letras y a la cultura cubana de todos los tiempos o porque entendí que su grandeza radicaba en que no queríale rindieran ese , ni cualquier otro homenaje .
Muchas veces lo oí disertar sobre Martí y era entonces como un torbellino del que debías cuidarte pues te arrastraba con su verbo encendido y su luz , porque sabía hacernos comprender algunas frases de Aquelqueen ocasiones no podíamos descifrar por problemas de tiempo y espacio, por no conocer antecedentes, protagonistas de época y otros pormenores que él sí , descubriendo queera muy poco lo que conocíamos y obligando a los presentes, sin castigo, sin dureza, sin decirlo, a adentrarnos aun más en aquellas páginas exquisitas y llenas de amor por Cuba, a beber de aquel manantial inagotable la sabia virgen que aun estaba allí, a ser mejores seres humanos cuando podíamos compartirel legado universal que más de un siglo después de haberse escrito, seguía vigente como el primer día.
Pero no sólo el conocimiento de la obra del Apóstol y sus anotaciones o enfoques críticos, fueron suficientes en su andarpor la vida, escribió versos antológicos y dio a la imprenta monumentos como Lo cubano en la poesía, primer textodonde aprendí a conocer la obra de tantos bardos nacionales de los tiempos modernos que , hasta entonces, eran casi fantasmas en su propia tierra; porque fue capaz de en homenaje digno a Juan Ramón Jiménez, aquel grande que presentó su primer libro –Poemas – en 1938, dedicar un laborioso tiempo y compilar todo lo que pudo de la estancia del autor de “Platero y yo” en nuestro país, como también hizo con la obra de Juana Borrero, Emilio Ballagas y otros muchos, aportando análisis y conocimientos nuevos, imprescindibles para comprender su riqueza literaria y el valor humano de sus protagonistas.
Con Fina García Marruz, su musa inspiradora de tantas décadas, inseparable en la investigación y en la vida, ¡cuántas páginas deben haber escrito juntos!, hasta no saber a veces donde empieza uno y termina la otra, porque la generosidad de ambos fue más grande que la gloria alcanzada alguna vez y los veíamos disfrutar cuando alguno de ellos eraagraciado con un premio literario, una medalla… y la sonrisa le hacía resplandecer el rostro al que no era protagonista en ese instante, porque la felicidad la compartían como un manjar exquisito al no existir envidia, sino amor, porque el sentimiento de unión era mayor a un aplauso ocasional o una palmada en el hombro, algo que sólo saben experimentar los grandes de espíritu y de mente.
No quiero despedir al poeta con tristeza, prefiero sonreír ante su legado literario enorme y sus consejos; recordar a José Martíno como alguien guardado en un museo, una biblioteca o tomando polvo en la mesa de mi casa, sino como aquel ser deslumbrante y eterno que noenvejece y que un día, cuando yo era un joven irreverente, Cintio Vitier me ayudó a descubrir.
La Habana, Octubre del 2009
Publicada originalmente en GUATINÍ, Estados Unidos y DESACATO, Brasil 
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#1.- Honor eterno a un escritor de gran sensibilidad
Carlos Rivero Collado|03-10-2009 00:49
La humanidad sensible, y por ello  antimperialista y anticapitalista, está de luto por el fallecimiento de un buen hombre que dedicó su vida a una elevada  causa, no a una rastrera empresa.
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