Invitación a la clase trabajadora
Por Jorge Enrique Chávez Murueta*
El nuevo siglo encontró un hecho que marcará cualitativamente, por siempre, a la sociedad mundial, y es el del tránsito completo, en la economía social, a la división computarizada del trabajo, que significó una revolución técnica y de valor en la producción de mercancías, respecto de la fase anterior de la industria automatizada; el ahorro de tiempo de trabajo acumulado es muy notable en todas las facetas de la producción, la productividad y la economía propiamente dicha y arrojó, además, el que la población mundial ha pasado a ser predominantemente urbana en diversas composiciones, según las regiones más o menos desarrolladas del planeta. Este hecho tiene el especial significado de que la sociedad es mil veces más dinámica en todos los órdenes del trabajo y de la vida, en comparación a las épocas en que la población rural era la inmensa mayoría; y para disfrutar de este rico dinamismo social, en lugar de dejarnos atropellar pasivamente por su engranaje, como pareciera que nos  sucede por momentos, es que los proletarios y todos los trabajadores, debemos estar preparados con las explicaciones y las respuestas que nos tengan en guardia, para animar las acciones que nos propongamos realizar social e individualmente para sacarle partido, en nuestro interés, a estos hechos. ¿Qué provocó este cambio en la sociedad mundial con todo su dinamismo en las grandes urbes?
Fue nada más y nada menos que el cambio revolucionario en la productividad y el rendimiento del trabajo en la industria urbana, de ese trabajo que todos los días hacemos los proletarios en todas y cada una de las ramas de la producción de mercancías. El tiempo de trabajo durante el cual vendemos nuestra fuerza de trabajo, hoy rinde 10, 100, 1000 y más veces que hace 20 años (según la rama de producción de que se trate); y en sentido contrario nuestro ingreso o salario pagado rinde tres veces menos que antes. ¿Por qué ha sido así? Porque las máquinas computadoras aplicadas a la industria, la agricultura y los servicios operadas por menos trabajadores de los que antes se requerían, desplazaron de sus puestos de trabajo en cada empresa grande o mediana a cien, mil o más personas que tenían empleo con la vieja maquinaria. La clase propietaria se ahorró ese tiempo de trabajo, pues ahora no tiene que pagar el trabajo de quienes fueron desplazados por las computadoras. Y todo ello con la misma jornada de 8 horas y más para quienes sí tienen empleo. Negocio más magnífico no podría existir.
La gran productividad lograda provoca que las bodegas estén a reventar; la superproducción sobreviene y la industria sufre recesiones y parálisis muy prolongadas. Las empresas se proponen desemplear trabajadores porque las ganancias declinan con este exceso de producción. Tal es la situación hoy en EE.UU. y Europa, en donde el desempleo está en sus niveles máximos. Y por supuesto, los propietarios prefieren que los trabajadores no desempleados les rindan más para sortear la crisis a como ellos lo entienden. Y para ello tienen a sus héroes en el gobierno. Y se proponen en serio que las grandes masas de trabajadores emigrantes africanos y asiáticos en Europa y latinoamericanos en EE. UU. les saquen del atolladero, buscando, ahora en Europa, la contra reforma de las 65 horas por ley; y no es que no la estén ya trabajando en la práctica los proletarios, emigrantes sobretodo, sino que además, pretenden que sea una especie de cuello de botella legalizado para dosificar la incesante inmigración que, además, ha aumentado con la corriente de Europa oriental y Rusia.
El desempleo está galopante en todas las metrópolis imperiales y esta corriente se encuentra con la del desempleo crónico y estructural en los países asiáticos, africanos y centro y sud americanos que, por su propio lugar históricamente rezagado en el desarrollo capitalista, sufren doblemente la crisis de agonía del sistema.
Ocurrió que la monopolización y centralización del gran capital desde las metrópolis en unos cuántos países, subordinó a los más débiles a su esquema de desarrollo, embotando sus propias posibilidades; les incluyó enormes financiamientos en la década de 1980, aun sabiendo que no tenían solvencia, y con ello les preparó tratados comerciales y hasta políticas monetarias condicionantes al pago de los intereses de su deuda. Toda esta política imperialista dejó a estos países sin medios para darse las políticas sociales conducentes a resolver sus propios problemas de producción agrícola, agroindustrial, industrial, de servicios y de empleo. Al respecto los gobiernos burgueses están colapsados; unos más graves que otros, pero nadie se escapa a esta vorágine de la impotencia.
El proletariado está resistiendo aquí y allá; los más avanzados en esta acción, son los trabajadores de Sudáfrica y Panamá que recientemente han ido a la huelga general contra la carestía de la vida y las alzas de precios; pero también se han hecho paros nacionales del trabajo, generales y parciales en Grecia y Francia, en Alemania y Rumania y en diversas partes de América se resiste, incluyendo a los EE.UU. No hay para que mencionar a todos los lugares donde el proletariado abiertamente lucha, baste saber que con diversas posibilidades y desarrollos las luchas de los trabajadores se escenifican y van subiendo de nivel, pues es muy sentido el sufrir cotidiano de que el pago por su trabajo ya está por debajo de su valor, puesto que a duras penas se hacen de su sustento para recuperar las fuerzas necesarias  y reinvertirlas en  realizar el trabajo de todos los días y eso sólo puede significar que el precio a que se paga la fuerza de trabajo (el salario) está por debajo de su valor real.
Las luchas proletarias, apenas comienzan a rascar lo que vendrá como una hecatombe social para la burguesía: las huelgas políticas que, como un rayo, descargarán su poder inmenso sobre la sociedad, reclamando soluciones políticas a las plagas acumuladas que azotan a la sociedad. Esa es la acción objetiva de la clase trabajadora, esa es su gran contribución social y política en el marco de las relaciones de la producción burguesa, como un plus extraordinario a su creadora acción cotidiana, productora del valor de la riqueza.
La acción objetiva de la clase trabajadora, sin embargo, por sí sola, sólo puede llegar hasta las puertas de la política con formas reivindicativas, de reclamo de soluciones y hasta allí llega su rol político social y empieza para los políticos revolucionarios profesionales de su clase el desempeño de su papel. Y la tarea es luchar por arrancar a la influencia de los políticos burgueses y pequeñoburgueses a la clase trabajadora, para ganarla a la influencia de una visión acorde a su propia realidad de clase proletaria y que debemos formular programáticamente en una nueva Asociación Internacional de los Trabajadores (una quinta), siguiendo los pasos de las cuatro anteriores organizaciones revolucionarias internacionales del proletariado, mentoras bajo las que se ampara ideológicamente esta invitación.
De la crisis social en curso, deben desprenderse los objetivos que como organización debemos sustentar programáticamente, como hipótesis políticas, para que los trabajadores sean quienes los valoren en sus posibilidades, desprendidos del cuadro real de la vida misma. Y aquí es donde debemos proponernos hacer a un lado los prejuicios y decirnos a nosotros mismos como trabajadores: ¿Por qué no? ¿Por qué no una jornada diaria de cuatro horas de trabajo para ganarnos el pan y abrir la posibilidad de que mis congéneres sin trabajo también se lo ganen con el mismo derecho? Ya que todos estamos bajo la constante amenaza de perder el trabajo, o las prestaciones y pensiones por una falta de previsión de la clase burguesa, que ya no atina el cómo bien gobernar a la sociedad; y ya que todos los trabajadores en el mundo, hemos sufrido las consecuencias de nuestra siempre incesante alta productividad, que bate todos los récords una y otra vez, ahorrándole al capitalista grandes cantidades de tiempo de trabajo en la producción, que se le traducen en mayores dividendos, cada vez, para acrecentar su capital y se nos traduce a nosotros, los productores directos, en un costo cada vez más alto para sostener nuestra energía en el trabajo; y ya que, además , sea en la agricultura,la agroindustria, la industria y los servicios, somos todos, la mayoría, población proletarizada, que depende de un salario o, en una buena parte, indirectamente de los salarios, que al ser hoy el tiempo de trabajo "la parcela" de nuestro sustento, cada vez más escamoteada por el capital, ¿por qué no poner un freno a este frenesí capitalista y reivindicar nuestro derecho a esa parte que nos corresponde en el ahorro del tiempo de trabajo logrado con el cambio técnico de la división maquinizada a la división computarizada del trabajo? ¿Merecemos la jornada de cuatro horas? Quien lo deseé puede hacer sencillos cálculos y consultar comparativamente el crecimiento de la población mundial y la producción de mercancías en sus principales ramas en los años recientes y hace 35 años. Se asombrará de cómo las cifras dan resultados para que no existiesen las hambrunas y enfermedades que están matando a millones de seres en todo el mundo, siempre que los proletarios fuesen conscientes de ello y se hiciesen a la tarea de deponer de sus posiciones en el gobierno a la clase burguesa, para aplicar un programa prioritario de producción de bienes básicos alimenticios, basado en la repartición planificada de las horas de trabajo existentes entre toda la población económicamente activa, comenzando por imponer una política de pleno empleo mundial, aun cuando las ramas de producción más superfluas pudieran sucumbir afectando a las clases más ricas.
Da base a este derecho al pleno empleo con cuatro horas, el cambio habido en los tiempos relativos de la jornada de trabajo de ocho horas, de la que brota toda nueva riqueza, además de conservar la existente, tanto la riqueza acumulada por el capitalista, como el sustento que requiere el obrero; gráficamente estas son las 8 horas de trabajo
    salarios          plusvalía
_ _ _ _ _ _/_ _ , con la técnica anterior de la maquinización automatizada, las primeras cuatro o cinco y hasta seis horas se dedicaban a la producción del salario y las restantes a la plusvalía o ganancia del capitalista, más con la acumulación de capital que se vierte a mejoras técnicas, llega a imponerse el maquinismo computarizado que invierte las magnitudes de los tiempos empleados en producir salario y plusvalía; ahora aquél se producirá en una o dos y tal vez hasta tres horas, quedando para la plusvalía del
salarios      plusvalía
_ _/_ _ _ _ _ _ (8 horas de trabajo)
propietario las horas restantes. Luego, todo se traduce monetariamente en que el salario se achica en su poder adquisitivo y fisiológicamente, en que no es suficiente para llevar los nutrientes necesarios al organismo obrero, para reproducir la energía que requiere la fuerza de trabajo viva para hacer su labor diaria. A este análisis científico (en El Capital de Marx), se le llama de la producción de la plusvalía relativa y será muy esclarecedor para las nuevas generaciones de proletarios que lo lean y estudien. El capital basa su crecimiento en restar, todo lo más posible, el tiempo de trabajo dedicado a reproducir el salario que sostiene al organismo vivo del trabajador en el tiempo de la jornada de trabajo. Lo común es pensar que el salario se reproduce en la totalidad de la jornada de trabajo, el pago en dinero obscurece que no es así, hasta que lo resiente el organismo obrero y comienza el conflicto aquí y allá, primero sin que sea muy notable, luego sube de intensidad hasta que se hace sistemático, abierto e insoportable a todos los niveles de la sociedad.
Este conflicto de intereses de clase, está planteado en la base de la sociedad y su solución, necesariamente, viene del choque político de estas dos fuerzas. Y hoy, debe plantearse desde el partido mundial del proletariado, como una lucha política, por una ley de las 4 horas diarias de trabajo, dado que la sola fuerza de la cantidad de los sindicatos y las luchas reivindicativas defensivas y locales de los trabajadores no es suficiente para resistir y vencer con posibilidades de éxito duradero a la gran fuerza experimentada de la burguesía mundial, que cuenta con 500 años de existencia como clase y sabe de maniobras, artimañas, astucias y traiciones como ninguna clase dominante en la historia. Con la semana de 65 horas, la clase burguesa desea retrotraernos al tiempo de hace 150 años en Europa, en que el patrón individual, sin intervención de la ley, imponía, a su voluntad la jornada de trabajo a 12 y 15 horas diarias. Hoy desean que, desde el Parlamento Europeo sea reconocido por ley este hecho para los emigrantes proletarios sin patria en Europa, ni en África, ni en Asia. El gran capital, con su progreso en inversiones, desaloja de sus países a buena parte de la población africana, asiática, americana y de Europa oriental, y la trata como carne de super explotación en sus metrópolis capitalistas, pues no hay patria propia para esta población en el borde del hambre y el salvajismo de la ignorancia.
El cuadro europeo también se reproduce en los Estados Unidos para los inmigrantes de todas las nacionalidades; sin embargo aquí, se puede decir que ha sido un gran progreso, en la defensa de sus derechos, la demostración de fuerza social y de clase que dieron los trabajadores el 1º de Mayo del 2005 con su huelga nacional que involucró activamente a más de un millón de ellos y afectó a millones y millones de personas, siendo un aviso muy contundente, para el gran capital, de lo que está por venir.
La acción de la clase trabajadora continuará subiendo de nivel en todo el mundo y debemos dotarnos paralelamente de una coordinación, programa, propaganda y organización que le esté hablando, llamando e invitándola a la  lucha común para unir las fuerzas en las acciones por emprender, en amplia solidaridad, para procurar que triunfen aquí y allá a la vez y todos a una y en esta perspectiva, será más claro para toda la clase trabajadora el darse cuenta de su inmenso poder mundial.
Hubo un largo periodo contemporáneo, en que las luchas por aumentos salariales y mejoras en las prestaciones eran los mecanismos más socorridos para la resistencia contra el deterioro del nivel de vida. Sin embargo los capitalistas y su Estado tenían mil formas de burlar los aumentos salariales concedidos, sobre todo por medio de la inflación de precios. La clase trabajadora se agotó mucho en esta resistencia con pocos resultados. Hoy los “aumentos” al salario rara vez pasan del 5% y no sirven ni para compensar la inflación de precios. Llegarán momentos en que la perspectiva del desgaste moral por aumentos salariales, será tal, que los trabajadores preferirán no hacer movimientos reivindicativos con fuerzas locales y verán mejor luchar políticamente por una ley  que se proponga limitar drásticamente  la jornada de trabajo, que es más tangible que el vaporizado “aumento” salarial y las prestaciones.
La crisis degenerativa de la burguesía, que arroja al ocio forzado a millones de hombres y mujeres, es un caldo de cultivo óptimo para el agravamiento de la criminalidad y todas las formas de la delincuencia a todos los niveles y en todos los sectores de la sociedad. Hoy ya se hizo mayúsculo el problema de que el Estado no puede garantizar la seguridad ciudadana, porque en primer término la sociedad oficial no puede garantizar un empleo remunerador a millones de personas sin opción para ganarse la vida y lo que es peor, la salida de alargar la jornada a quienes sí tienen empleo, cierra la posibilidad de ocupar ese tiempo de trabajo a quienes no lo tienen. Entonces, esa salida burguesa, realmente es un callejón sin salida.
Los proletarios debemos auto convencernos de que nosotros tenemos la salida real, al llegar a ganarle el acortamiento de la jornada de trabajo a la sociedad oficial, punto sin el cual ninguna democracia, reforma o revolución social podrá llevarse a cabo seriamente (rememorando los apéndices que brindamos al lector); la base material de su realización es la redistribución social mundial del ahorro del tiempo de trabajo ganado con el progreso técnico en la producción en los últimos 25 años, con lo cual podremos implantar el pleno empleo en el planeta. Al sólo mantenerse la burguesía como única beneficiaria de este ahorro de tiempo de trabajo, ha creado un malestar social generalizado que blande la clase trabajadora, como factura por pagar, a cambio de los dividendos extraordinarios obtenidos a sus costillas, dividendos demostrados todos los años en los balances empresariales, bancarios y los informes oficiales de gobierno en todos los países y de los organismos internacionales incluida la onU (Organización de las Naciones Unidas).
Una vez convencidos los proletarios de que tenemos esta ineludible tarea por acortar la jornada de trabajo en nuestro propio interés de clase, el resto será buscar que toda la sociedad lo reconozca por ley, en los parlamentos mundiales, continentales, nacionales y locales; que la nueva jornada de trabajo quede inscrita como una ley social en las constituciones políticas de todos los países, erigiéndose como una barrera social infranqueable para que ninguna voluntad individual especule con la compra venta de la fuerza de trabajo. Con ello accederemos a tomar el gobierno en nuestras manos, una vez destituidos los incompetentes gobiernos burgueses actuales, para iniciar la tremenda labor de recuperar a la sociedad de la pesadilla que padecemos, comenzando por inaugurar una política económica que privilegie llevar el pan barato al pueblo y la educación gratuita sin rechazados, con simples exámenes para detectar las capacidades y vocaciones y que ponga en severa cuarentena las ramas actualmente destinadas a producir mercancías superfluas y de desperdicio, entre las que se encuentran principalmente armas, alcohol, drogas, autos y construcciones y enseres de lujo.
El tiempo de trabajo expropiado al gran capital, además de darlo de inmediato como un recurso para crear millones y millones de nuevos empleos para la población, podrá ser utilizado para la producción urgente de alimentos básicos, que en el curso de los primeros años eleve el nivel nutricional de la población trabajadora y por lo mismo su salud. Podrá ser utilizado también de inmediato, en aplicarnos mundialmente en la limpieza del medio ambiente en las ciudades, el campo, los mares, los ríos, los lagos y lagunas. Pero la limpieza fundamental que haremos a la sociedad será por nuestra propia salud mental; al tener todos un empleo, en el que nos reconozcamos socialmente útiles y productivos, implantaremos el cimiento básico para erradicar las conductas erráticas que generan los vicios y los falsos valores de poseer dinero, mucho dinero sin trabajar. Podrán ser controladas la estafa, la corrupción y demás tonteras de este tipo que son carta distintiva de la sociedad actual. Al desalentar la producción de lo superfluo en drogas, lujos, armas y vicios, en donde los gobiernos capitalistas son tolerantes, cuando no cómplices y se hacen de los negocios más jugosos, la criminalidad y demás delitos desaparecerán casi completamente o se harán ínfimos. La criminalidad de Estado, máximo exponente del crimen, con tropas apostadas en la ocupación militar en lejanos países fuera de sus fronteras tendrá que desaparecer regresándolas a casa, pues ya no gozarán de esos presupuestos militares estratosféricos (más de 350 mil millones de dólares para el primer año en Irak). Esta profilaxis mental tendrá que ir subiendo de tono para curar a miles de millones de individuos que del simple stress desequilibrante, hasta las psicosis graves y peligrosas, hemos perdido en la salud mental de la sociedad. Esta grave enajenación, auspiciada por políticas antisociales de los gobiernos capitalistas (promoción de la promiscuidad y la incontinencia sexual, exhibición maniática y sistemática de asesinatos por TV,comercio con videos donde los infantes y jóvenes manejan máquinas que deben “matar” o “destruir”, etc.), ha creado millones de individuos antisociales que sólo pueden ser reeducados,sensibilizados y rescatados para sí mismos y para el bien de la sociedad por una política consciente como esta, que se proponga tener conmiseración y esperanza con estas personas que fueron enfermadas mentalmente por los gobernantes irresponsables de una clase ya caduca. Y para esta labor, el tiempo que lleguemos a ganarle al capital con una jornada más corta será básico para la recuperación social.
¿Y el destino del salario cuál será al ganar una jornada de 4 horas? Como tal, el salario ya se convirtió en un anacronismo, pues éste, que surgió como una necesidad social  con la compra-venta de la fuerza de trabajo bajo el capitalismo de la libre competencia, se transformó en una medida innecesaria bajo el reinado del capital financiero de los monopolios multinacionales. Una vez superado este reinado con la revolución de los proletarios, el salario se hará cada vez más innecesario para tasar el valor de la fuerza de trabajo a la manera capitalista, para tasarlo de una forma socializada, en donde la plusvalía arrancada al trabajador por el capital sea abolida y se concierte como un excedente del trabajo para la atención de las necesidades de la colectividad, con lo cual lo que hoy es el salario, quedará como la compensación necesaria para que el trabajador individual y su familia obtenga una media social en medios de bienestar de nutrición, techo, salud, educación, recreo, seguridad y buen gobierno, que los capitalistas no pueden garantizar ni como mínimos de bienestar a la población, según les ordenan  sus propias constituciones burguesas.
Ganada la reducción en el tiempo de trabajo, por sí misma, con el paso del tiempo, el trabajo con una jornada obligatoria se hará irrelevante, pues el trabajo enajenante impuesto como una necesidad exterior a los intereses individuales, irá dando paso al trabajo creador, como necesidad interior de las vocaciones individuales. Esta premisa practicada a nivel de las masas de millones de trabajadores, abrirá potencialidades en el rendimiento y la productividad del trabajo aún más portentosas de las que hoy conocemos con la computación. Pronto olvidaremos lo que fue el trabajo obligatorio por necesidad, al conocer las bondades del trabajo libre y creador en el que el propio trabajador acuerde las horas dadas a su labor.
La conquista de esta libertad del trabajo, removerá del horizonte mental de los hombres y mujeres los límites actuales que les impiden verse en comunión con su planeta, ya no digamoscon del universo, y entonces advendrán, en consecuencia, sociedades conscientes de un deber más alto, cuidar del planeta y la comunidad como ideología superior a aquella antigualla burguesa del cuidar primero de sí mismo, para sí mismo y por sí mismo.
La conquista de la nueva jornada de trabajo, impondrá, necesariamente, una reorganización de la producción social en sus diversas ramas, como ya hemos dicho, será necesario privilegiar las ramas orientadas a la reproducción del sustento de las fuerzas del trabajo básicas de la sociedad y tendrán que ser desaparecidas, las que son innecesarias y realmente perjudiciales a la salud y vida humanas, hoy muy redituables a los capitalistas dedicados a organizar guerras y mal vivencias que suelen practicar para lucrar para sus apetitos particulares.
Al abrigo de la vieja convocatoria de “proletarios de todos los países, uníos”, rechacemos el abuso de implantar la semana de 65 horas en Europa y todos los continentes y luchemos por darnos  a la tarea de coordinar y organizar la propaganda y acciones pro la jornada de trabajo de 4 horas diarias para tener empleo pleno  todos y cada uno de  los trabajadores  del planeta, como derecho elemental de vida y deber de la sociedad,  hasta lograrla por ley,  por  la unión en una  nueva Asociación  Internacional de los Trabajadores. 
Sobre el autor
*De 58 años de edad, mi jornada es de 4 horas en ventas directas por catálogo, con un ingreso medio mensual de siete mil pesos mexicanos (700 dólares), equivalentes a poco más de cuatro salarios mínimos en México.
Zapopan, Jalisco, México a 13 de septiembre del 2008
APENDICE  1
"Después de una lucha de treinta años, sostenida con  una tenacidad admirable, la clase obrera inglesa, aprovechándose de una disidencia momentánea entre los señores de la tierra y los señores del dinero, consiguió arrancar la ley de la jornada de diez horas. Las inmensas ventajas físicas, morales e intelectuales que esta ley proporcionó a los obreros fabriles, señaladas en las memorias semestrales de los inspectores del trabajo, son ahora reconocidas en todas partes. La mayoría de los gobiernos continentales tuvo que aceptar la ley inglesa (igual paso a nivel mundial con la ley de ocho horas de la revolución rusa)** del trabajo bajo una forma más o menos modificada; y el mismo parlamento inglés se ve obligado cada año a ampliar la esfera de acción de esta ley. Pero al lado de su significación práctica, había otros aspectos que realzaban el maravilloso triunfo de esta medida para los obreros. Por medio de sus sabios más conocidos, tales como el doctor Ure, profesor Senior y otros filósofos de esta calaña, la burguesía había predicho, y demostrado hasta la saciedad, que toda limitación legal de la jornada sería doblar a muerto por la industria inglesa, que, semejante al vampiro, no podía vivir más que chupando sangre, y además, sangre de niños. En tiempos antiguos, el asesinato de un niño era un rito misterioso de la religión de Moloc, pero se practicaba sólo en ocasiones solemnísimas, una vez al año quizá y por otra parte Moloc no tenía inclinación exclusiva por los niños de los pobres. Esta lucha por la limitación legal de la jornada de trabajo se hizo aún más furiosa, porque -dejando a un lado la avaricia desalmada- de lo que se trataba era de decidir la gran disputa entre la dominación ciega ejercida por las leyes de la oferta y la demanda, contenido de la Economía política burguesa, y la producción social controlada por la previsión social, contenido de la Economía política de la clase obrera. Por eso, la ley de la jornada de diez horas no fue tan sólo un gran triunfo práctico, fue también el triunfo de un principio; por primera vez la Economía política de la burguesía había sido derrotada en pleno día por la Economía política de la clase obrera."
 
Marx, Karl. Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, Proclamado en asamblea pública celebrada en Saint Martin´s Hall de Long Acre, Londres Inglaterra  el 28 de septiembre de 1864 Biblioteca de autores Socialistas, página guardada en caché. Internet. Congreso de La Haya.
 
** paréntesis JECHM
APENDICE 2
“El primer fruto de la guerra de Secesión fue la campaña de agitación por la jornada de ocho horas, que se extendió con la velocidad de la locomotora desde el Océano Atlántico al Pacífico, desde Nueva Inglaterra a California. El Congreso obrero general de Baltimore (16 agosto 1866) declara: "La primera y más importante exigencia de los tiempos presentes, si queremos redimir al trabajo de este país de la esclavitud capitalista, es la promulgación de una ley fijando en ocho horas para todos los Estados Unidos la jornada normal de trabajo. Nosotros estamos dispuestos a desplegar todo nuestro poder hasta alcanzar este glorioso resultado". Coincidiendo con esto (a comienzos de septiembre de 1866), el Congreso obrero internacional de Ginebra acordaba, a propuesta del Consejo general de Londres: "Declaramos que la limitación de la jornada de trabajo es una condición previa, sin la cual deberán fracasar necesariamente todas las demás aspiraciones de emancipación... Proponemos 8 horas de trabajo como límite legal de la jornada".
 
"De este modo, el movimiento obrero que brota instintivamente a ambos lados del Océano Atlántico por obra de las mismas condiciones de producción, viene a sellar las palabras del inspector inglés de fábrica R. J. Saunders: "Si previamente no se limita la jornada  de trabajo y se impone el cumplimiento estricto del límite legal, no podrá darse, con probabilidades de éxito, ni un solo paso nuevo hacia la reforma de la sociedad". 
(Marx Karl, El Capital, Fondo de Cultura Económica, México, 1966 PP 239-240)
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