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Crónica de un desplazado colombiano por el fascismo de estado
Los millones de desterrados, desaparecidos, asesinados, niños, hombres y mujeres arrojados a la miseria, no requerimos de interpretaciones provenientes del mismo régimen fascista que nos destierra
Humberto Cárdenas Motta | Para Kaos en la Red | 26-11-2009 a las 15:02 | 2934 lecturas
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Humberto Cárdenas Motta, miembro del Proceso Campesino y Popular del Municipio de La Vega[1], Departamento del Cauca, República de Colombia, expongo ante las organizaciones populares, tanto las organizaciones del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano[2] en los departamentos de Cauca, Valle y Nariño con las cuales como núcleo familiar hemos tenido vinculación por nuestro trabajo, así como en el Páramo de Sumapaz y en otros lugares de Colombia, la situación concreta en la cual nos encontramos de riesgo inminente para la vida de nuestra familia, uno de cuyos últimos hechos fue el que nuestro hijo de siete años fuera fotografiado, finalizando el año 2008, por fuerzas paramilitares del Estado colombiano en la parcela La Ruidosa, vereda San José del Municipio de Granada Cundinamarca, en las semanas en que se había desatado un fuerte seguimiento por sujetos armados que se movilizaban en motocicletas de alto cilindraje, así como el ingreso de personas armadas al predio en horas de la noche y cuya identidad no se pudo establecer.

Esta situación se presentó luego de haber sido objeto nuestra familia de anteriores amenazas y seguimientos en la ciudad de Bogotá, ciudad a la cual llegamos a raíz de un desplazamiento anterior desde la ciudad de Popayán, y en cuyo recorrido tuvimos como destino inicial la ciudad de Quito, Ecuador, en el mes de noviembre del año 2002.

Esta serie de hechos se presentan dado el compromiso con las organizaciones populares con las cuales vengo trabajando desde hace más de 30 años; el trabajo está enfocado en el análisis de la realidad vivida por los pueblos, y en establecer qué intereses económicos y políticos promueven e impulsan la guerra contra los pueblos en sus territorios, en participar activamente en los procesos populares, y en apoyar las acciones de lucha de estas organizaciones. La última actividad en la que participé se llevó a cabo el 1 de febrero de 2009 en el Páramo de Sumapaz, en donde realicé una charla sobre la manera como se ha ido consolidando el régimen fascista en Colombia, en particular en el Páramo de Sumapaz[3], así como la entrega en el marco del fascismo de los recursos del páramo a las empresas transnacionales y la USAID a través del comúnmente conocido como “Canje de Deuda Externa por Naturaleza” (2004), firmado bajo el título de Acta de Conservación Forestal[4]. En muchos tiempos y espacios diferentes el tema del llamado “canje” de deuda externa por naturaleza no sólo lo he trabajado, analizado y publicado de manera escrita[5], sino expuesto tanto en espacios universitarios (Universidad del Valle, Universidad Nacional seccional Palmira, Universidad del Cauca, Universidad del Tolima, Universidad Nacional de Bogotá), como en otros espacios (Encuentro de organizaciones campesinas asentadas en zonas de reserva realizado en El Pato (límites de los departamentos de Meta y Huila) con la presencia de la Unidad Especial de Parques, Encuentro Internacional de Pueblos y Semillas en La Vega Cauca, en la pre audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos[6] realizada en el Páramo de Sumapaz, entre otros).

Las circunstancias políticas y militares agravadas por el avance de los intereses de empresas transnacionales, que son los intereses que profundizan la guerra contra el pueblo en Colombia, nos llevan a tomar la determinación de hacer público el rechazo radical y la ruptura de cualquier vínculo con el Estado corporativo y el régimen fascista que se ha consolidado hoy en Colombia, régimen que jamás ha podido ni podrá garantizar la integridad de la vida de nuestros pueblos. La dignidad de la Vida es el mapa de la rebeldía popular.

Como es de público conocimiento, cabezas visibles de este régimen son, no tan sólo paramilitares reconocidos, sino claros exponentes del fascismo como Álvaro Uribe Vélez[7] y su vicepresidente   Francisco Santos[8], quienes impulsan a sangre y fuego el corporativismo fascista, el cual se cierne amenazante sobre todo el continente;   estos personajes agencian los intereses de empresas transnacionales, reciben el apoyo irrestricto del imperialismo y de gobiernos de derecha, y sobre el asesinato sistemático que el régimen fascista ordena ejecutar contra campesinos, obreros, y demás sectores populares indefensos, declara la militarización de los territorios previamente asolados por sus escuadrones de muerte. A través del régimen fascista el capitalismo elabora las más siniestras relaciones sociales de explotación y de barbarie para el sometimiento de los pueblos.

El régimen fascista, prevalido de una legalidad con la cual pretende amortajar la memoria, la historia, la validez y vigencia de la política popular y de sus formas organizativas y de lucha, no se detendrá, como jamás lo ha hecho, en producir interpretaciones, declaraciones y noticias sobre la barbarie que el mismo régimen fascista ejecuta sobre nuestros pueblos, y con las cuales pretende ocultar lo inocultable: el carácter criminal del régimen y la imposibilidad, en el marco de sus instituciones y políticas, de que los pueblos puedan esperar ninguna forma de justicia, ni tregua en esta guerra que el imperialismo hace ya muchas décadas nos ha declarado. El manto jurídico político atestado de leyes con las cuales el régimen pretende mantener el discurso de los derechos, mientras acrecienta sus ejércitos y todo su aparato de guerra para ejecutar la represión en contra de los pueblos, nos debe llevar a recordar lo ya planteado por Marx: ante derechos iguales y contrarios, gana la fuerza (cita de memoria).

Los millones de desterrados, los miles de desaparecidos, los miles y miles de asesinados, los millones de niñas y de niños, de hombres y mujeres despojados, desarraigados y arrojados a la miseria, no requerimos de interpretaciones provenientes del mismo régimen fascista que nos asesina, nos destierra, nos desaparece. Como si las interpretaciones del régimen, sus declaraciones y noticias, o sus leyes y decretos, nos devolvieran la tierra concentrada bajo el latifundio a sangre y fuego en manos de terratenientes y empresas transnacionales, y pudieran borrar el horror y el dolor que continúan sembrando en el corazón de nuestros hijos. Al dolor no lo censan las estadísticas, el terror no se tabula en las encuestas, el miedo no cuenta en el balance de los bancos, aunque la muerte en Colombia es y ha sido siempre una mercancía que se cotiza en la bolsa de valores.

El asesinato de los Ediles María Fanny Torres y Fernando Morales en el Páramo de Sumapaz el 19 de octubre de 2009, es tan sólo uno de los últimos hechos que nos lleva a hacer pública esta declaración, empujados por la inminencia de la muerte, en la cual se atrincheran los intereses de poderosas empresas transnacionales. Estos asesinatos hacen parte de una de las variantes de los denominados por el mismo régimen de la “seguridad democrática” como “falsos positivos”; como es conocido, con los denominados “falsos positivos” se ha venido dando muerte de manera sistemática a jóvenes llevados con engaños por las fuerzas militares a regiones distantes de sus humildes hogares, para proceder, no tan sólo a asesinarlos, sino a vestirlos con prendas militares y colocarles armas para presentarlos como “guerrilleros muertos en combate”. No se dio tanta prisa el régimen fascista para decretar la construcción de un cuartel de policía en el páramo de Sumapaz, donde se cuentan ya casi cuatro militares por habitante, cuando asesinó el 18 de marzo de 2005 en la vereda Capitolio a través de su propio ejército a los jóvenes Javier y Wilder Cubillos Torres, y a Heriberto Delgado Morales para decretar, como ahora lo hace tomando como disculpa los crímenes que ejecuta y cuya responsabilidad pretende ocultar, la remilitarización del páramo, este mismo páramo entregado ya bajo la firma de un “canje de deuda externa por naturaleza” a transnacionales como Monsanto, Coca Cola y la USAID. Todas estas transnacionales llevan puesta la máscara del conservacionismo, pero sus intereses no dejan por ello de ser los intereses privados de estas poderosas y brutales empresas e instituciones transnacionales.

Cuando la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó de manera unánime la resolución HR 4654 por la cual se reautorizó la Ley de Conservación de Bosques Tropicales (TFCA) de 1998, y en razón de la cual se firmó el Acta de Conservación Forestal (2004), más conocido como “canje de deuda externa por naturaleza”, el destino de muchos pueblos en Colombia quedó atrapado de la manera más brutal en los grilletes de la política colonialista. El Páramo de Sumapaz, incluido tiempo después bajo esta resolución yanqui como el corredor Sumapaz - Tinigua, ha debido vivir, más que bajo un manto de desinformación sobre la realidad del “canje”, bajo la lápida del silencio. El denominado “canje de deuda externa por naturaleza” se fundamenta en “los principios implementados por George Bush [padre] a través de Enterprise for the Americas Initiative (EIA)”[9], que abre los regímenes de inversión al capital privado. En este “canje”, que se rige por las leyes del Estado de Nueva York y cuya versión oficial es la versión en inglés, está la ONG Conservación Internacional con sus empresas trasnacionales que la financian[10], la WWF, TNC, el gobierno de Colombia y la agencia de “cooperación” del gobierno de los Estados Unidos USAID, la misma que ha sido señalada por Noam Chomsky como la máscara de la CIA, y que ha contado con personajes promotores de la tortura, el crimen y la desaparición forzada como Dan Mitrione en el cono sur del continente.

El silencio que se ha mantenido desde las diferentes instancias gubernamentales frente a la existencia de este “canje”, es el mismo silencio de la brutalidad de las muertes con las cuales el Estado pretende justificar lo injustificable: la entrega de los territorios asegurados por sus escuadrones de la muerte para la explotación de los recursos para satisfacción de los intereses del corporativismo transnacional. Esta es la causa de los asesinatos, del desplazamiento, del terror que se vive en el páramo de Sumapaz y en toda Colombia. El objetivo del terror es la entrega de los recursos naturales, especialmente el control del agua por el corporativismo de las empresas transnacionales.

El ejército en Colombia es un ejército de ocupación en una guerra total contra el pueblo; los generales de esta guerra lucen como insignias las marcas corporativas de empresas y ONGs transnacionales como la ya mencionada Conservación Internacional. Esta ONG ha sido llamada en bien documentadas investigaciones como el caballo de Troya de las transnacionales.

Los últimos sucesos de muerte en el páramo de Sumapaz han tenido como preámbulo en Colombia el aumento en un   (300%) trescientos por ciento del presupuesto de guerra, el cual pasó de 1.1 billones de pesos a 3,4 billones para el año 2008, como también el anuncio del presidente Obama de los nuevos recursos para el Plan Colombia (con sus desplazados, sus fosas comunes, sus paramilitares, sus megaproyectos, etc.), y se dan en el contexto de la implementación de siete bases para la intervención nacional y continental directa por fuerzas de ocupación norteamericanas. La escalada militarista, como puede verse, se viene materializando sin que escandalice a cierta comunidad internacional que resulta beneficiada con la acumulación de dividendos que la economía corporativa les hace posibles. El cuartel de policía en el Páramo de Sumapaz es parte de este contexto de ofensiva de las empresas transnacionales para materializar el destierro de los pueblos campesinos mediante la profundización de la guerra y la privatización de los recursos.

El silencio frente a acuerdos como el arriba señalado del “canje de deuda externa por naturaleza”, se ve reforzado al no establecerse con claridad la relación entre guerra y expropiación, entre guerra y ocupación neocolonial imperialista de los territorios campesinos por las empresas transnacionales y agencias de “cooperación” como la USAID, o de transnacionales medioambientalistas como Conservación Internacional.

En estos tiempos de guerra, me pregunto:   ¿Qué puede significar esta declaración para nuestro hijo de siete años, fotografiado por los escuadrones de la muerte del régimen fascista mientras nuestros nombres han sido escritos en las listas de los condenados y las muertes se han ido sucediendo sobre el ahogado terror de los asesinatos, perseguidos por estos mercenarios que ejecutan la política estatal del exterminio, acorralados además por la oportunidad que brindan estas situaciones a los legionarios del régimen para hacer su banquete con las desgracias de los perseguidos? ¿Qué puede significar esta declaración frente a la brutalidad de un Estado que para garantizar el crecimiento de los ya varios millones de desplazados, de las decenas de millones de desposeídos, de los miles y miles de desaparecidos, de los miles de niños y niñas arrojados a las calles de esta aberrante democracia, continúa su ofensiva de muerte con más bases militares, con más torturadores yankees, con más mercenarios invasores? ¿Qué puede significar esta declaración frente a tan descomunal organización económica-militar y mediática del crimen?

Escribimos como desde una tumba en un país sembrado de fosas comunes. La patria de la que nos hablan las oligarquías ha sido hecha con la tierra ensangrentada de los cementerios. En las mortuorias fronteras de esta patria crecen alambradas vertiginosas, puñales que destazan bajo la pulcritud de sus banderas los gritos aterrados de los pueblos. Sobre esta tierra desolada no sólo retumban los cañones sino las voces de los asesinos hablando en nombre de la democracia, de la libertad, de la justicia, del crecimiento económico, de la seguridad de los inversionistas, del Producto Interno Bruto, de las cadenas productivas, de los servicios ambientales, del ecoturismo, de la seguridad democrática. Debajo de todo esto, la muerte ejecuta el sistemático inventario de la vida de los pueblos.

En tiempos de guerra ¿adónde van nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras acciones? ¿Qué aire respiran nuestros hijos, qué mutilado porvenir acompaña sus primeros pasos?

De nuestra casa mutilaron la mesa donde compartíamos el pan, arrancaron la voz y los juegos de nuestro hijo de sus anchos corredores, destrozaron la ternura de sus gestos con los que cuidaba a sus conejos, desollaron el humo que salía de la cocina donde preparábamos los alimentos que habíamos cultivado, destrozaron el follaje de los sueños donde se posaba la mañana para saludar con el sol a través de nuestras ventanas. Allá quedaron las semillas que Carmenza germinaba con la bondad generosa de sus cotidianas esperanzas. El germinador, construido por nosotros mismos con tanto esfuerzo, ya habrá sido invadido por la hierba. De esta manera es que hemos aprendido que en tiempos de guerra, nuestra vida cotidiana es el primer asesinado.

Sobre el mapa de nuestras manos, estas manos donde guardamos la memoria clandestina de la tierra, Danielito levanta su arcoíris y camina por estas calles extrañas camino de la escuela. Allá quedó su tierra, los vasitos vacíos del yogurt que él traía de vuelta a casa para hacer los semilleros, y los dibujos que hizo con su madre en la pared del gallinero. Yo no sé si de este modo se mueren los dibujos, y si los lápices también tienen recuerdos. Pero ya no dibujan sus pasos el pentagrama de la savia por la huerta. El tanque del caldo microbiano[11] ya sin aire también habrá muerto. Nadie habrá compostado para alimentar a las lombrices[12]. Y ya no habrá producción de humus, y la hierba habrá ahogado al romero y a la hierbabuena. Carmenza continúa militando en su profundo amor por todos nuestros sueños. En el alma le duelen tantas páginas que los mercenarios del terror han mutilado. Pero sigue dibujando un territorio mientras le duele que nos duela esta tristeza.

Es evidente que nuestra vida cotidiana es el objetivo inmediato de la guerra imperialista; en su destrucción el imperio construye su principio; con la muerte de nuestra vida cotidiana hace su decoro la jauría de los asesinos. ¿Cómo entender esta barbarie?

Recuerdo que en el mes de diciembre del año 2003 la transnacional Syngenta publicó un mapa[13] que incluía territorios de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. El mapa, trazado por esta empresa trasnacional aliada de Monsanto en cuanto a semillas genéticamente modificadas, fue presentado bajo el título “la república unida de la soja”. En la misma publicidad se leía además, que “la soja no conoce fronteras”. Datos de 2004 citados en el libro Estamos rodead@s: agronegocios, Derechos Humanos y migraciones, presenta cifras de 16 millones de hectáreas en Argentina, 21 millones de hectáreas en Brasil, 2 millones en Paraguay, 632 mil en Bolivia y en el Uruguay, con cifras de 2006/2007, 366 mil hectáreas[14]. Impuesta la semilla transgénica de la soja, la expulsión de las semillas y de la producción campesina se materializa en millones y millones de hectáreas expropiadas a los campesinos y concentradas en manos de latifundistas y empresas transnacionales. Aplastadas por los intereses de las empresas transnacionales, los territorios de los pueblos ven desaparecer el agua, los animales, la vida que había tejido a través de millones de años su presencia en estos territorios. El mundo desaparece, y tras de él el lenguaje que lo nombraba, para dar paso, de manera brutal, al mundo creado por las empresas trasnacionales.

La soja transgénica no es una cosa, sino una relación social. Una relación social de expropiación y de explotación: es capital. Un monocultivo que traza sus fronteras desbordando soberanías de países de hecho inexistentes, una variedad transgénica de soja que determina que todos los demás seres vivos deben ser expulsados de esos territorios, una tecnología que incluye el uso a gran escala de agrotóxicos, un monocultivo y una tecnología que determinan la concentración de la tierra, la sistemática destrucción masiva de los pueblos campesinos mediante el desplazamiento, la muerte, el terror planificado, la muerte de las semillas nativas y de la biodiversidad alimentaria. Ya se tiene República Unida de la Soja con Syngenta; ya se tienen repúblicas banana bajo el gobierno de la Chiquita Brands, con sus golpes de estado, sus fusiles paramilitares[15], su OEA otorgándole el premio por “conciencia ciudadana” y “lucha contra la pobreza”, con subsidios estatal-paramilitares del Agro Ingreso Seguro AIS[16] otorgados a los mismos criminales por el gobierno de Uribe Vélez y con la garantía de las bases yankees. Lo que sabemos es que cada transnacional tiene su mapa, su república, su gobierno y su Estado corporativo, su escenario de muerte, su banda de mercenarios, su marca corporativa, su cadena productiva. Otras trasnacionales tienen mapas de repúblicas con nombres más sugestivos, tan sugestivos que en ocasiones sucede que a la soga la terminen aclamando en casa del ahorcado, o a la cadena en la barraca del esclavo: estos mapas se llaman Canjes de Deuda Externa por Naturaleza, Cadenas Productivas, Corredores MIDAS[17], Laboratorios de Paz, concesiones mineras como las innumerables de la Anglo Gold Ashanti[18], etc. La prosperidad económica, la seguridad jurídica y la estabilidad política de la que nos hablan todos estos “ciudadanos corporativos”, como gusta llamarlos a las Naciones Unidas, es un etcétera sangriento. Las bases militares de los Estados Unidos cuyo “acuerdo”[19] se acaba de firmar este 30 de octubre de 2009, tan sólo vienen a coronar esta anexión económica-militar desenfrenada que hace ya décadas han iniciado las empresas transnacionales. Su objetivo no es un pedazo de territorio, es, como lo ha trazado políticamente el imperialismo en el Documento Santa Fe IV[20], los recursos naturales del continente, que son, como allí mismo lo dice, un problema de la seguridad nacional de los Estados Unidos. La guerra en Colombia es la guerra del imperialismo contra los pueblos del continente.

Esta trama de relaciones de los intereses imperialista es tan diversa, que se puede encontrar a la Chiquita Brands, no ya condecorada por la OEA con el Premio del Ciudadano Corporativo de las Américas, sino en proyectos medioambientalistas junto a la Agencia de Coope­ración Alemana (GTZ) y la Rainforest Alliance[21]; esta última certifica las bondades medioambientalistas de las fincas de la Chiquita Brands. Los tres mil fusiles AK 47 y los cinco millones de cartuchos lo garantizan. Los recursos naturales son, de esta manera clara y contundente, un problema de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Los países, simples referentes ilusorios para el ejercicio de supuestas soberanías nacionales, parecen ignorar esta vieja geografía donde los gobiernos son los gobiernos de las transnacionales, los ejércitos son los ejércitos de las transnacionales, la legislación es la legislación corporativa, los desplazados son los pueblos campesinos, la tierra arrebatada es la tierra que se arrebata a los campesinos, los muertos son los muertos de estos pueblos que deambulan desde siempre por países que ya no existen.

Sobre las tierras de estos mapas es el dolor el que ya no puede ni narrarse. Cada palabra con la que en muchas ocasiones se intenta nombrar todas estas formas del terror tiene bajo sí dolores la más de las veces inimaginables, terrores y muertes sufridas que las palabras comunes y corrientes no alcanzan ya a nombrar. Los victimarios, muchas veces, cortan el cuello de las víctimas en un macabro intento para acallar sus gritos: la democracia en Colombia es esta cuchillada que pretende amordazar al dolor, es la muerte que pretende amordazar la memoria, es el miedo que pretende amordazar los girones de las palabras que nos quedan. Sobre este escenario de matadero, tanto las empresas transnacionales como los gremios económicos y el Estado pretenden hacer una sociedad que no es otra cosa que una gran organización corporativa del crimen: la creación de un régimen fascista.

Con la vida cotidiana destrozada, privados violentamente del poder de la producción campesina, el referente político y práctico que se impone a los pueblos desde las transnacionales es el poder de las cadenas productivas, el monopolio imperialista de la Vida, la producción masiva y planificada de la muerte. El símbolo del fascismo es un haz de leños iguales y un hacha, atados por bandas de cuero rojizo. ¿A qué hace referencia esta igualdad simbolizada por el fascismo con los leños iguales fuertemente atados?   ¿A qué hace referencia el hacha que está atada junto a ellos?

Tanto Benito Mussolini en el libro El Estado Corporativo[22], como Giuseppe Bottai en el libro La organización corporativa del Estado (1941:23,28), trazan de manera reiterada la política fascista de la conciliación de clases como aspecto fundamental del corporativismo. El corporativismo, nombrado como fascista por ley bajo el régimen de Mussolini[23], significa hacerse carne de los intereses imperialistas para defenderlos como propios y, como lo determina la ley de cadenas productivas en Colombia, “en vez de confrontarse se coordinan” los pueblos con los terratenientes y con las empresas transnacionales, debiendo poner las organizaciones populares al servicio de las cadenas productivas a sus propias “organizaciones y estrategias”. La conciliación de clases es, en realidad, el sometimiento absoluto de los pueblos a las disciplinas de la explotación capitalista en el marco de esta desenfrenada represión; el control de la producción por las transnacionales y los gremios económicos pasa por los escenarios de la guerra; este sometimiento a los designios de la explotación Benito Mussolini lo llamó la integración vertical[24]; la integración vertical es fundamental en la política de las corporaciones fascistas, corporaciones que hoy se denominan cadenas productivas (ley 811 de 2003). Esta política de la integración vertical apareció ya en la resolución 1516 de 2005 del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural INCODER para poblaciones afrodescendientes. Esta resolución en su primer artículo traza la política de la sumisión legal de las poblaciones afrodescendientes a la explotación capitalista, sometimiento que se expresa como el  “control de productores verticalmente integrados”; esta política corporativa del fascismo reaparece en el páramo de Sumapaz expresada como “la visión vertical de la integración de la base productiva de un territorio”[25]. El batallón de alta montaña y el accionar paramilitar garantizan la materialización de esta “visión vertical de la integración” en esta zona en manos del corporativismo transnacional. Esta es la realidad de la conciliación de clases. Luchar contra este entramado político del fascismo nos ha hecho objeto del accionar militar paramilitar del Estado y de sus instituciones conservacionistas, políticas, gubernamentales.

La igualdad como conciliación de clases en Colombia ha sido proclamada a través de las cadenas productivas por el fascismo para coronar la cruzada de barbarie del hacha fascista que ha concentrado la tierra, desplazado a millones de familias, desaparecido a miles de personas, y lanzado sobre todo el territorio de los pueblos la tormenta de la guerra para consolidar las políticas corporativas. La igualdad bajo el poder del hacha, que simboliza el poder de vida y muerte que ejerce el fascismo de manera cotidiana sobre la vida de los pueblos, es la igualdad del esclavo con el amo: el hacha es el lenguaje cotidiano de los amos para dirigirse a sus esclavos.

El corporativismo aspira a suplantar bajo la pedagogía del hacha a la solidaridad obrera y popular, a las prácticas de solidaridad entre los pueblos de Nuestra América, por la conciliación de clases, por la “coordinación”, como dice la ley de cadenas productivas, de los diferentes factores de la producción.   La solidaridad popular es el cauce de la memoria de los pueblos que luchan unidos contra el corporativismo fascista.

Las corporaciones fascistas o cadenas productivas tienen tres características básicas:

1.          Imponen la conciliación de clases (Mussolini habla del carácter conciliativo de las corporaciones fascistas). En otro momento Mussolini plantea “la conciliación de los intereses opuestos de los patronos y de los trabajadores, y su subordinación a los intereses superiores de la producción”;

2.          Se impone una cadena por producto o grupo de productos (ley 811); quienes gobiernan la cadena controlan desde la siembra hasta la venta del producto al consumidor final;

3.          Las cadenas tienen un carácter consultivo según el mismo Estado; en otras palabras, los gremios económicos y las transnacionales se consultan a sí mismas (aparte de que legislan)[26].

¿Para qué pueblos si deben matar nuestras semillas? ¿Para qué campesinos si deben matar nuestros alimentos? ¿Para qué el lenguaje de la tierra si deben matar nuestras más entrañables esperanzas? El corporativismo es una política que no tan sólo ha llegado al Páramo de Sumapaz o al Macizo Colombiano. Es una política que recorre, con los abanderados del terror como vanguardia, a todo el continente.

Sin semillas, ¿qué van a nombrar nuestras palabras? Si nombramos el sol, ¿no estaremos nombrando el brillo metálico de las alambradas que hiere con sus rayos la tristeza de nuestras miradas? ¿En vez del agua nombraremos la Coca Cola que mata la vida de los pueblos, y por eso puede matar impunemente a los trabajadores? Si nombramos la democracia, ¿no estaremos nombrando los designios de las empresas trasnacionales que legislan en cada país (si acaso existen), como lo hace la Chiquita Brands, o transnacionales como la Anglo Gold Ashanti?

¿Somos insurgentes por empuñar nuestra vida cotidiana, por defender la mesa donde compartíamos el pan, la huerta donde sembramos con mi pequeña familia algunas hortalizas, la tierra donde levantamos un corral para gallinas, o aquél tanque que levantamos con Carmenza para la producción de caldo microbiano?

¿Por qué acudir con esta situación a las instancias del Estado, si esto es el resultado, más allá de una política de Estado, de una política transnacional? ¿No es acaso el mismo régimen el que brinda “protección” con su policía política (DAS) a algunas personas amenazadas, el mismo que elabora listados para asesinar de manera sistemática a sindicalistas, a campesinos, a jóvenes desempleados, a estudiantes, a madres de familia? ¿Esta policía política no ha tenido directores que le han dado cursos a los paramilitares, entregado largos listados de sus víctimas a sus propios escuadrones paramilitares, asesinado y desaparecido a hombres, a mujeres, a niñas y niños? ¿Debemos preguntarle al régimen fascista qué debe hacer un padre o a una madre para defender a sus hijos? ¿Debemos preguntarle al régimen fascista qué maneras reconoce como legales para defendernos de los intereses económicos y políticos que ahora profundizan sus planes de guerra contra la vida cotidiana de los pueblos? ¿Debemos reconocer como legal y como legítimo al régimen fascista?

La tragedia parece que ya no tuviera nombre. ¿Ha dejado acaso de tener rostro, camisa conocida? ¿Han parcelado nuestra angustia, y hemos aceptado que el mismo régimen nos clasifique como víctimas bajo las diversas modalidades del terror? Decía Ernesto Sábato, ya anciano, hablando de un amigo: “Pero el enfrentamiento con aquél horror, hecho de la crueldad de unos y de la indiferencia de otros, acabó quebrando su admirable temple.” Todos nos enfrentamos al horror, pero algunos, y no comprendo por qué, se han colocado, como escribió Malcom X, unos lentes color rosa.

Por defender la dignidad de nuestra vida cotidiana nos llaman terroristas. No lo escriben así en sus periódicos, no lo publican así en sus revistas: lo murmuran justificando nuestra muerte, pasando por encima de nuestros hijos, lapidando nuestras palabras. Este dolor de ser fruto y esta alegría de ser ave parece que a muchos ha dejado de importarle. ¿La masificación del terror lo está logrando?

Recuerdo unos versos del poeta León Felipe: “Ahora que la justicia vale menos que el orín de los perros”.

¿Qué le puedo decir hoy a mi hijo de lo que es la justicia?

El tiempo, innombrable, es ahora el cosechero del miedo y del hambre. La justicia de los de abajo, sin fuerza, no podrá castigar a los que han trazado, desde arriba,  las políticas del crimen. ¿Quién le hace justicia a la memoria de los desaparecidos? ¿Quién le hace justicia a los millones de niños desplazados en Colombia gracias al modo de acumulación capitalista? ¿Quien le hace justicia a los millones de desterrados?

Hace ya varios meses tengo en la memoria una frase de Mayakowsky; estaba en un afiche que había pegado en la pared cuando era joven, por los tiempos del golpe militar en Chile, en 1973. Recuerdo que decía: “Decidle a mis hermanas Edna y Ariadna que ya no tengo dónde esconderme.” Mientras tanto, Pinochet ha muerto de viejo, Obama ha recibido el premio nobel de paz, Uribe ha sido galardonado con un premio de paz en España, Colombia es apenas un nombre para evocar la frenética actividad de las hachas de la barbarie imperialista sobre los mapas de las repúblicas que ostentan como símbolos patrios la marca corporativa de las trasnacionales.

Hijo mío, compañera de estas viejas palabras, pueblos de Nuestra América: perdonadme. Tal vez sea este, como dijese Ernesto Sábato, un pacto entre derrotados. Hace unos años le escribí a mi esposa en una carta: “En cada batalla siempre me le apunté a la derrota, y he tenido tanta suerte que sólo me queda esta flor.” Tal vez sea esta, camaradas de la arcilla y del agua, compañera que teje las nervaduras de mi voz, la única arma que he tenido siempre. Tal vez sea tanto y sea tan poco, que aquí vamos de nuevo como un viejo rocinante, con los nombres olvidados de los olvidados, con los derrotados de siempre, con las heroínas y los héroes de la dignidad la más de las veces anónimas, con las palabras de los que nunca hemos tenido voz.

En consideración a lo hasta aquí expuesto,

Declaro:

Reiterar nuestra rebeldía y nuestro compromiso en la lucha popular contra el Estado corporativo, contra las instituciones del régimen fascista, contra sus políticas y sus prácticas terroristas en Colombia.

Continuar nuestras tareas junto a las organizaciones populares por la soberanía alimentaria, en defensa de las semillas propias, de la tierra y los territorios de los pueblos, del agua y de la vida en general, y de sus propias formas de producción, de intercambio, de educación, de justicia y de gobierno.

Reconocernos en las formas de organización y métodos de lucha forjados por los mismos pueblos a través de sus historias de lucha y resistencia, en contraposición antagónica con la represión jurídico-política y militar con la cual, a través de leyes y decretos y de sus ejércitos, el régimen pretende ilegitimar el deber  de los pueblos de combatir la tiranía, de darse sus propias formas de organización, y de estructurar sus propias formas de lucha. Bien lo ha dicho el escritor José María Vargas Vila: La tiranía, que mata todos los derechos, no cría sino un deber: el de combatirla.

Solicitar a los pueblos de Nuestra América, a sus organizaciones y gobiernos, y a los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA, la solidaridad para poder asentarnos por fuera del territorio colombiano, en especial para la protección de nuestro hijo, y continuar desarrollando nuestro trabajo productivo para la sustentación familiar y el desarrollo de nuestras vidas en condiciones mínimas de seguridad y dignidad, al no poder regresar a Colombia en las condiciones actuales de persecución.

Reiterar nuestro compromiso con las organizaciones populares con las cuales durante muchos años hemos trabajado en defensa de los intereses populares, sin articulaciones con instancias institucionales, políticas, ni operativas con el Estado corporativo y su régimen fascista.

HUMBERTO CÁRDENAS MOTTA

Nuestra América, en el mes de noviembre de 2009, a diez años de la Primera Movilización del Suroccidente Colombiano.


 
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|26-11-2009

NOTAS DE PIE DE PAGINA

 


1-http://www.procesocampesinolavega.org

2-http://prensasurocc.wordpress.com/abaut/

3- El páramo de Sumapaz es el páramo más grande del mundo productor de agua, y tiene una extensión de unas 178.634 hectáreas; “es lugar de nacimiento de varios ríos de la región del Orinoco y de múltiples afluentes del Magdalena”. http://www.bogota.gov.co/portel/libreria/php/frame_detalle_w3c.php?patron=01.01090720&h_id=2090 Allí hacen presencia multinacionales enmascaradas bajo la firma de “canje de deuda por naturaleza”, canje que ha sido firmado por la USAID, Conservación Internacional, TNC, WWF, y los gobiernos de Colombia y de los Estados Unidos de América.

4- República de Colombia Diario Oficial. Año CXL Nº 45.649, lunes 23 de agosto de 2004.

5-Periódico Puro Pueblo, las voces del macizo, del Proceso Campesino y Popular del Municipio de La Vega, Cauca, 2008, en la Agencia Bolivariana de Prensa, el 28 de enero de 2009,  http://www.abpnoticias.com/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=1434.

6-Http://www.prensarural.org/spip/spip.php?article1002

7-Véase video en Youtube de la reunión de Álvaro Uribe Vélez con paramilitares el 31 de octubre del año 2001, o el libro El Narcotraficante Nº 82– Álvaro Uribe Vélez, Presidente de Colombia, del periodista colombiano exiliado en Francia Sergio Camargo V., entre otros documentos y materiales.

8-http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso167624-reabren-proceso-contra-francisco-santos. Haciendo referencia a Francisco Santos, Iván Cepeda, del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, escribe: “Nadie que haya ocupado una posición tan alta en el Gobierno del presidente Álvaro Uribe —un aparato involucrado orgánicamente con los grupos paramilitares y con multifacéticas formas de corrupción— puede considerarse exento de responsabilidad criminal.” http://ivan-cepeda.blogspot.com/2009/11/la-responsabilidad-de-francisco-santos.html

9-http:/www.state.gov/g/oes/rls/fs/2003/22973.htm Bureau of Oceans and International Environmental and Scientific Affairs Washington, D.C.

10-Entre las muchas que financian a Conservación Internacional se encuentran Walt Disney Company, Shell Group, Seeds of Change, Save Your World, Monsanto, Kraft Foods Inc., BP, CEMEX, Coca-Cola, DuPont, General Growth Properties, etc. véase http://www.conservation.org/discover/partnership/corporate/Pages/default.aspx

11-Microorganismos eficientes ME.

12-Lombriz roja californiana.

13-Joensen.  2004. Syngenta emprende campaña publicitaria de soja RR.. Revista del Sur - Red del Tercer Mundo.  http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=2435

14-Patricia P. Gainza y Mariana Viera Cherro. 2009. Estamos rodead@s: agronegocios, Derechos Humanos y migraciones. El caso uruguayo. REDES Amigos de la Tierra.

15-El 5 de noviembre de 2001 la Chiquita Brands a través de su filial en Colombia Banadex S. A., entregó tres mil fusiles AK 47 a los paramilitares de Carlos Castaño y 5 millones de cartuchos calibre 5.62 mm; en el año 2004 fue condecorada por la OEA con el Premio del Ciudadano Corporativo de las Américas, siendo presidente de la OEA César Gaviria Trujillo, ex presidente de Colombia. Chiquita Brands tan sólo fue “condenada” en los EE. UU. por financiar paramilitares. El tema de los fusiles y los varios millones de cartuchos que acompañaron esta “donación”, fue debidamente enterrado con la memoria de los asesinados por esta estructura corporativa del crimen.

16-http://www.iniciativaambiental.net/noticias/Soberania/Soberania_alimentaria/2009/11/8/Los-para-subsidios/

17-http://www.midas.org.co/BancoConocimiento/D/donde_operamos2/donde_operamos2.asp

18- Véase el artículo de Alfredo Molano Bravo sobre esta trasnacional publicado en El Espectador el 10 de octubre de 2008 bajo el título Rutina. http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/alfredo-molano-bravo/columna43230-rutina

19-“Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos”

20-http://www.emancipacion.org/descargas/santafe_IV.pdf

21-http://www.aliarse.org/documentos/Chiquita.pdf

22-Benito Mussolini. El Estado Corporativo. Sin fecha. Editorial TOR, Río de Janeiro 760, Buenos Aires.

23-Giuseppe Bottai señala que “después del Congreso de junio de 1922, las Corporaciones recibieron la denominación de fascistas…”. La organización corporativa del Estado. 1941. pág. 11. Las corporaciones fascistas fueron promulgadas por el régimen de Mussolini mediante la ley del 5 de febrero de 1934.

24-Benito Mussolini. El Estado Corporativo. Sin fecha. La política sobre la verticalidad la planteó Mussolini el 14 de noviembre de 1933, y se publicó bajo el título del libro citado.

25-Organización del sistema de producción, comercialización, distribución y consumo del sector agropecuario para la conformación de agroredes en el marco del Plan Maestro de Abastecimiento de alimentos y Seguridad Alimentaria del Distrito Capital. Unidad ejecutiva de Servicios Públicos del Distrito Capital y Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Julio de 2005. Página 91

26-Giuseppe Bottai, en La organización corporativa del Estado (1941), plantea: “Al lado de las atribuciones conciliadoras y consultivas (obligatorias o no) la ley del 5 de febrero, concreta las atribuciones “normativas” de la corporación estableciendo que las normas emanadas de ésta se transformen en obligatorias después de ser aprobadas por la Asamblea General del Consejo y publicadas en decreto del Jefe de Gobierno.” Pág. 28.



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