“En vez del lema conservador “Un salario justo por una jornada de trabajo justa”,
                                                            (la clase obrera)  deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria:
                                                        “Abolición del sistema de trabajo asalariado”.    C. Marx.
A casi nadie quedan dudas hoy de que la agravada crisis económica internacional actual, tiene como causa primaria el sistema capitalista de explotación. El discurso que tradicionalmente escondía esa realidad culpando al “neoliberalismo”, a la globalización,  a las malas políticas económicas, a los malos gobernantes, a la mala distribución de las riquezas, a los centros financieros internacionales, y otros por el estilo, ha ido desapareciendo para identificar al verdadero y único culpable: el sistema de trabajo asalariado, que es la forma de organizar la producción capitalista.
Marx vuelve a ser ahora el teórico del capitalismo más estudiado y casi nadie pone en duda sus análisis sobre ese sistema de explotación del hombre por el hombre; pero tampoco casi nadie y menos sus revisionistas, lo citan cuando escribió que la solución última de todos sus problemas  radicaba en la abolición del trabajo asalariado, mientras no pocos “marxistas” insisten en que él “solo estudió el capitalismo y no escribió cómo hacer el socialismo”, unos por ignorancia y otros para tratar de justificar todas las chapucerías hechas en su nombre.
Él explicó que el origen de las crisis cíclicas de súper producción, que se han venido convirtiendo en permanente y general, se ubica en  el crecimiento incontrolado de la producción que genera el ansia  de lucro animador del sistema capitalista, a través de la explotación asalariada del trabajo, la moderna esclavitud, que crea un plustrabajo del cual se apropia legalmente -según las leyes capitalistas, roba según las humanas-, el dueño de los medios de producción: la plusvalía.  Ésta se verifica en el proceso de producción, cuando la fuerza de trabajo crea valores superiores al que el capitalista paga por su uso. La diferencia entre el valor pagado por el capitalista al trabajador por el uso de la fuerza de trabajo y el valor de lo producido por ella, es la plusvalía.
El crecimiento ilimitado de la producción  interesada en el lucro provoca un exceso de productos en el mercado que no encuentra salida; no porque los trabajadores no los necesiten,  sino porque el capital no los ha retribuido lo suficiente como para que ellos puedan adquirirlos.  Y esto es así, porque debido a la necesidad permanente de perfeccionar los medios y técnicas de producción para bajar los costos y poder competir y sobrevivir en el mercado, el capitalista se ve obligado a aumentar permanentemente su inversión en medios y técnicas de producción (capital constante) a costa de su inversión en fuerza de trabajo.
Como cada vez es menor la inversión en fuerza de trabajo, es menor también la cantidad de dinero que disponen los trabajadores para adquirir los productos, los que se convierten así en “sobrantes”  y también, cada vez  es menor la cuota de ganancia que obtiene el capitalista en relación con el capital invertido. Se trata de la “Ley decreciente de la cuota de ganancias”, que  Marx desarrolla ampliamente en  El Capital (1), la lógica ley de agotamiento del sistema lucrativo.
Ante la existencia de enormes cantidades de productos sin salida en el mercado, el capital acude al paro, a la reducción de los salarios, al cierre de fábricas, a la destrucción de productos y medios de producción y al despido de trabajadores, trayendo por consecuencia la depauperación de la clase trabajadora.  Se van creando así las condiciones que van demandando un cambio revolucionario en las relaciones de producción. No son los “villanos capitalistas” ni los humildes obreros los que crearon ese sistema asalariado de explotación, es éste el que creó a los capitalistas y a “sus esclavos modernos”. Ambas clases desaparecerán con él.
Carlos Marx y Federico Engels al estudiar las intríngulis de la explotación asalariada capitalista, identificaron que su contradicción fundamental radicaba en que mientras la producción era cada vez más social, la apropiación de la propiedad y el plustrabajo, era cada vez más privada, más concentrada, de donde se desprendía -en forma elemental- que la solución estribaba en la socialización de la propiedad y los resultados de la producción.
Pero ellos también ofrecieron la manera concreta de realizar esa socialización y sin esquematismos presentaron  una idea general de solución con toda claridad en varias de sus obras: sustituir la organización asalariada del trabajo, por una nueva forma, la asociada, donde los trabajadores fueran sujetos y no objetos del proceso de producción, participaran de la propiedad, la dirección y la gestión de la producción y no obtuvieran solo un salario decidido por el capitalista, que le permitiera a este obtener una plusvalía, sino una participación equitativa en los resultados de su trabajo, en las utilidades obtenidas; y en la producción no para un mercado arbitrario, sino para un intercambio seguro, planificado de antemano de acuerdo con las necesidades de los productores y los consumidores.
Esa nueva forma de organizar la producción la descubrió Carlos Marx en las cooperativas que ya existían en el capitalismo, organizadas por emprendedores trabajadores para escapar a la explotación capitalista. Así lo explica en el Capítulo XXVII del Tercer Tomo del Capital dedicado al crédito en la producción capitalista, donde también señala que la primera descomposición del capitalismo aparece en las sociedades por acciones, indicando como el propio sistema en la búsqueda de soluciones a sus contradicciones va generando una mayor participación de los productores en los resultados generales de la producción.
En el nuevo sistema de trabajo asociado, el cooperativo, los trabajadores ya libres de sus ataduras a la esclavitud asalariada y del ánimo de lucro,  no cambiarían sus productos según los precios arbitrarios del mercado, determinados por la ley de oferta y demanda, sino por su verdadero valor, la cantidad de trabajo socialmente necesaria para su producción, el trabajo abstracto contenido en el producto, lo que permitiría un intercambio verdaderamente justo, equitativo: el intercambio de equivalentes del que hablan algunos teóricos del nuevo socialismo. Sería la forma de eludir la crematística mercantil, las ansias de lucro en la esfera del mercado.
Para evitar el enfrentamiento total con los trabajadores, el capitalismo moderno se ha visto obligado a ir dando a los mismos alguna participación en la propiedad y en las ganancias a través de las acciones, acudiendo también a la autogestión administrativa del capital, estructurándolo en empresas menores, más manejables, con participación operativa, no estratégica, de los trabajadores en la dirección y en la gestión de las empresas, aumentando lo que los capitalistas asiáticos llaman “sentido de pertenencia”. Un simple “sentido”, porque no es una realidad objetiva mientras sean los capitalistas los que posean la mayoría de las acciones.                 
Algunos defensores del viejo y fracasado “socialismo real” tienden a confundir esa “autogestión administrativa burguesa”, con la autogestión obrera socialista, sustentada en el sistema de trabajo de las cooperativas, que Marx, Engels y Lenin llamaron también trabajo asociado. Las diferencias son muy claras cuando vamos a la raíz, al problema de la propiedad: la propiedad en la “autogestión administrativa” burguesa, sigue siendo privada, individualizada y siguen siendo los capitalistas los que controlan la mayoría de las acciones, donde sigue existiendo una dinámica de explotación. En la autogestión obrera socialista, la propiedad o el usufructo no es privado, de nadie en particular, es colectiva, social, no divisible, pertenece a todos los trabajadores de una empresa, de un colectivo social, comunal o estatal y nadie explota –se apropia del- trabajo ajeno, asalariado. Donde no hay explotación asalariada, no hay capitalismo.
Dichos “socialistas” también aducen que las cooperativas son capitalistas porque funcionan externamente de acuerdo con las leyes del mercado capitalista. Desconocen, como explicó Marx que lógicamente esas nuevas formas de producción tenían necesariamente que asumir las formas externas del medio en que se desenvolvían y que sólo la extensión y generalización social del trabajo asociado en todas las ramas y esferas, sería lo que permitiría la aparición de la nueva sociedad, con una nueva conciencia social: la nueva sociedad socialista.
El socialismo que nunca fue, ese de corte estalinista, jamás entendió la esencia de la teoría de Marx sobre el capital: la organización y explotación asalariada del trabajo que es lo que caracteriza el capitalismo y no la forma de distribución, el mercado, el dinero o el interés material y normal de la gente por vivir mejor, y por eso nunca se desenganchó del tren capitalista. Ningún Partido Comunista de los que seguían el “socialismo” diseñado en Moscú, se propuso nunca abolir el trabajo asalariado.
A eso y al fetichismo del estado, se debió que aquel mal llamado “socialismo” se estancara en un capitalismo monopolista de estado y en vez de organizar el gobierno democrático de los trabajadores, derivara por naturaliza y necesidad propias a una dictadura burocrática, encubierta en “la dictadura del proletariado”, con todas sus consecuencias negativas para los derechos civiles, políticos, económicos y sociales de todos.
Así, lo que sólo debió ser un breve paso intermedio entre la expropiación de los expropiadores y el proceso de socialización de la propiedad y los resultados de la producción, luego de liquidar las viejas clases burguesas, se extendió en el tiempo y necesitó organizar “su poder” con una “nueva maquinaria estatal” parecida a la de los capitalistas, incluidos sistemas político, de gobierno y aparatos represivos, para tratar de garantizar el control y la eficiencia de los medios de producción y la explotación asalariada de los trabajadores.
Con el tiempo, la jerarquización de la reproducida organización burocrática de la sociedad y del trabajo asalariado que genera un natural aburguesamiento de la nueva clase compuesta por “especialistas” económicos, políticos y militares, la clase “imprevista” según estudiosos rusos, se fue creyendo la dueña de todos los medios de producción en manos del estado que ellos mismos crearon para defender y representar inicialmente los intereses del pueblo. Con el crecimiento de sus funciones, sus propiedades, su poder y empleados, el aparato burocrático del estado fue ganando en independencia relativa, como ha ocurrido con toda burocracia, cuyas capas bajas e intermedias servían al poder real de colchón a las insuficiencias del sistema que, finalmente, cargaban y pagaban los trabajadores en todas partes.
Fue esa nueva clase buro-burguesa que terminó apropiándose de todo y aislándose del pueblo, la que acabó con las aspiraciones socialistas de aquellos países cuando tomó conciencia de clase para sí y en lugar de dar una salida socialista a sus crisis económicas, optó por el retorno al capitalismo clásico privado y terminó aliada al capital internacional, compartiendo con él la explotación de “sus” asalariados. Aquel “socialismo” no fue más que el cambio de unos viejos  capitalistas por otros nuevos.
Ya hoy van quedando pocas dudas: los partidos revolucionarios de nuevo tipo que no se propongan abolir el trabajo asalariado y reducir las funciones del estado a las estrictamente necesarias, no son revolucionarios, ni socialistas, ni comunistas; en el mejor de los casos, socialdemócratas.
El desarrollo de las nuevas formas de organizar el trabajo,  las nuevas relaciones socialistas de producción, el trabajo asociado, con sus modalidades cooperativas, autogestionarias y cogestionarias (que nunca asumió  aquel no-socialismo) y que producirían planificadamente para satisfacer las necesidades, garantizaría que los trabajadores puedan consumir lo producido, por lo que sería la única protección segura contra la crisis de superproducción.
Especialmente en EE.UU., el estado burgués capitalista, está tomando medidas como estatizar bancos, grandes aseguradoras, monopolios y oligopolios; inyectar dinero artificial al crédito; disminuir los impuestos a los más pobres, dedicar más presupuesto a la salud, la educación y el seguro social de la pobrecía; estimular la pequeña producción y a las empresas que repartan acciones  y otras por el estilo, que constituyen paliativos a la crisis pero no la resuelven, aunque sí amortiguan algunos efectos a corto y mediano plazos y hacen la caída menos brusca, pues en cierta forma contribuyen a la socialización posible en los marcos del capitalismo que promueven históricamente la socialdemocracia, el capitalismo popular y el estado de bienestar
Para los estatistas, los que confunden la participación del estado en la economía con el socialismo, con estas medidas, EE.UU. estaría, construyendo el “socialismo”. El estatismo  ha sido en verdad el último refugio del capitalismo.
La solución definitiva de las crisis está en la abolición del trabajo asalariado y el avance a las nuevas formas libres asociadas de producción, descentralizadas aunque integradas en un sistema, como explicó Marx, en el que “el libre desarrollo de cada individuo sea la condición del libre desarrollo de todos”. Todo lo demás no son más que acciones para reciclar el capitalismo: cantos de sirenas  moribundas.
¡Abajo el trabajo asalariado!
Socialismo por la vida.
La Habana, 17 mayo de 2009. A 50 años de la Reforma Agraria.            perucho1949@yahoo.es
1-C. Marx. El Capital. T-III, Sección Tercera. Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1973.
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#1
28-05-2009 17:07
Pedro, vente para Izquierda Capitalista.
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#2
28-05-2009 19:43
Disculpa por el error Pedro, donde te esperamos es Izquierda Anticapitalista.
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#3
28-05-2009 23:39
Totalmente de acuerdo con el artículo, los grandes fallos y fracasos de los intentos de instauracion del socialimo han sido por el erroneo concepto de como se concebía el trabajo y la producción, sin autogestión y sin democracia interna todo intento de socialismo comunista está abocado al fracaso
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#4.- Ya eso se ha experimentado...
31-05-2009 05:37
Pedro, ya Lenin trató de abolir el sistema de trabajo asalariado y hasta eliminar el dinero y tuvo que rectificar, creo que sobre eso habla en el capitulo de sus obras completas: "Un paso adelante y dos hacia atrás".
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#5.- Las sociedades no se construyen artificialmente las sociedades evolucionan
31-05-2009 05:42
Los experimentos de Lenin con la Revolución Socialista en la URSS sirven de ejemplo. Tantos años de socialismo no transformaron la conciancia del ser social, las personas en todos los paises llamados socialistas siguen teniendo la misma conciencia que en cualquier pais capitalista. Me atrevería decir que la trasformación dialéctica de la sociedad capitalista va en el sentido que señaló Marx, de forma natural, y como resultado de las contradicciones entre las clases evoluciona. El ser humano en los paises más desarrollados es cada vez más consciente y los logros de la izquierda van imponiendose, aunque lentamente,   ganando terreno ante el poder de la derecha. 
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#6
31-05-2009 20:36
¿De dónde habrá sacado este tío que se puede suprimir de un plumazo el trabajo asalariado?.  No hay mayor muestra de que no tienen ni p... idea de lo que escribe.
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#7.- Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo
Serafín|02-06-2009 22:45
La eliminación del trabajo asalariado que planteaba Marx no es como consecuencia de los deseos más o menos utópicos o más o menos ignorantes de "marxistas" como Fidel Castro o Pedro Campos. La eliminación del trabajo asalariado es sólo consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas (dentro del capitalismo) hasta un grado tal que sea posible eliminar el sistema de explotación capitalista por un sistema basado en la cooperación voluntaria y organizada de todos los trabajadores y esto según Marx sólo podría darse simultaneamente en todo el mundo (o al menos en los países más desarrollados) La llamada "construcción" del socialismo, no es más que una tesgiversación del marxismo. Es por eso que Lenin tuvo que rectificar y diseñar la NEP (Nueva Política Económica) Lo mismo han hecho los chinos luego del desastre Maoista. No puede existir el socialismo en un país o grupo de países, decía Marx en La ideología alemana. Capítulo 1:>>
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#8.- Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo
Serafín|02-06-2009 22:46
"[18] Con esta «enajenación», para expresarnos en términos comprensibles para los filósofos, sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder «insoportable», es decir, en un poder contra el que hay que hacer la revolución, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente «desposeída» y, a la par con ello, en contradiceión con un mundo de
riquezas y de educación, lo que presupone, en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa «desposeída» se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente universales, en vez de individuos locales.
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#9.- Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo
Serafín|02-06-2009 22:47
Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local, 2) las mismas potencias de relación no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples «circunstancias» supersticiosas de puertas adentro, y 3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea [13] de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado"
"[18] Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente"
Esto es marxismo no las pajas mentales de Pedro Campos
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