COSTA RICA : Se van perfilando las preferencia$...en la pren$a
Desde hace varias semanas vengo observando una clara tendencia en el periódico La Nación abiertamente contraria al Partido Acción Ciudadana, aunque todavía no se han dedicado a atacar a su candidato.  ¡Ya llegarán a ello cuando se caliente el circo de diatribas de la campaña política!
Todo oculto, eso sí, tras la mampara de permitirle a voceros calificados del partido responder a las acusaciones, calumnias o insinuaciones maliciosas que terceras personas expresan a través de artículos y comentarios. Y digo esto porque  debe quedar claro que una “posición editorial” se expone no solamente a través de los “editoriales” formales, sino también a través de la selección de lo que se ha de publicar entre las innumerables colaboraciones que envían interesados de una u otra corriente de pensamiento, la exposición de hechos o simplemente intenciones maliciosas.
En la actualidad, los medios de comunicación masiva ya no son simples instrumentos pasivos, accesibles por igual a todos los miembros de la comunidad política. A mediados del siglo XIX era relativamente sencillo y poco costoso poner en marcha un periódico o diario que hacía las veces de boletín interno o de circular que difundía entre amigos y militantes los lineamientos ideológicos del grupo político propietario, y era financiado mediante la contribución de sus lectores y de algunos donantes más generosos.
En la actualidad, la gran inversión requerida para poner en marcha un medio de comunicación de difusión general –sea prensa escrita, radiada o televisiva- no está al alcance de los partidos políticos ni de algunos patrocinadores individuales: sólo es rentable si produce resultados económicos mediante su venta masiva de espacios publicitarios, o si responde a orientaciones claramente identificables que a su vez se inscriben en una corriente de pensamiento político, económico o social, las cuales establecen los medios necesarios para su funcionamiento. Y llegan a lograr un enorme poder que se manifiesta de diversas formas. Entre ellas, que los propietarios de los medios logran incidir en la formación de la conciencia ciudadana, manipulando hábilmente lo que se publica o no se publica, pero siempre en aras de la ganancia pecuniaria inmediata o de mediano plazo.
Aunque cada medio de comunicación tiene el derecho de seguir una línea editorial, según la dicten sus propietarios y los intereses ideológicos, políticos y económicos que se encuentran detrás, no parece muy profesional dedicarse al ataque indiscriminado, tergiversando la realidad para seguir quién sabe qué obscuras intenciones. Pero cuando – en una situación como la actual en Costa Rica - vemos que tempranamente un medio se alinea tras un partido y un candidato específico, y ataca abiertamente a otro, es porque existe en la mente de quienes los dirigen, el temor de que el atacado posea más fuerza de los que señalan esas “encuestas” que ellos mismo solicitan y pagan, y que su favorito pueda llegar a perder espacio y preferencia entre los ciudadanos.
Por otro lado, el sacar a la luz, diariamente, noticias y reportajes negativos acerca de lo mal que estamos en la administración del Estado, las corruptelas evidentes en todos los poderes de la república, y las tonterías de gobernantes y gobernados, no logra la pátina de imparcialidad que busca el medio. Es la forma de vender el producto, pues la mentalidad morbosa de las masas se alimenta de malas noticias, hechos truculentos, actos violentos y cosas así.
La conversión de la política en un espectáculo busca hacer que la mente de los ciudadanos expuestos constantemente a los medios audiovisuales o escritos construya una determinada concepción de la política, los partidos y los candidatos. Por otro lado, las investigaciones realizadas sobre socialización política ayudan a comprender las reacciones de los actores políticos cuando se enfrentan a hechos o situaciones que les demandan una respuesta. Puede preverse hasta cierto punto qué tipo de creencias o qué juicios de valor va a activar cada individuo ante determinados fenómenos.
Los medios de comunicación son – en principio, como su nombre lo indica - medios o instrumentos a través de los cuales se transmiten los mensajes de los demás. Pero de modo progresivo los medios se convierten ellos mismos en sus transmisores de sus propios mensajes. Y esto es lo que estamos percibiendo patentemente en la actualidad. Y el resultado es que la presencia dominante de los medios de comunicación (y en especial los audiovisuales) alteran en gran manera el panorama de la comunicación política.
La omnipresencia de los medios de comunicación, sobre todo de la radio, la televisión y on-line, aumenta su aptitud para configurar el escenario político. Sobre todo cuando son los medios los que pueden fijar las prioridades de la atención a los políticos y ciudadanos, al seleccionar cuestiones e insistir sobre ellas. Y a esta agenda u orden de atención de los medios acaban sometiéndose unos y otros. Pero ¡ojo!, esta configuración de la agenda por parte de los medios no significa que la opinión pública se ajuste siempre a las opiniones que sustentan los medios.
En este proceso incesante de comunicación, una opinión equivale a la traducción verbal de una actitud política en un momento dado, que no es más que el pronunciamiento a favor o en contra de una situación, una propuesta o un personaje. Y la noción de opinión pública nos remite a un fenómeno colectivo, pues nos referimos a una determinada distribución de las opiniones de las opiniones individuales en el seno de una comunidad que –en su conjunto- adopta una inclinación determinada ante los mensajes recibidos a través de los medios de comunicación.
Es, por lo tanto, la combinación de dos factores: por un lado, el sistema de actitudes predominantes de la sociedad –la cultura política de aquella sociedad- y, por otro, la intervención de los medios de comunicación. Por esta razón la opinión pública debe entenderse como un fenómeno que cambia, ya que se modifican las actitudes y las influencias de los medios.
Por lo anterior, quisiéramos, imaginándonos una Costa Rica más limpia de las inmundicias propias de los intereses creados, una prensa más ecuánime, neutral y objetiva. No porque sintamos una preferencia especial por un partido político específico o un candidato en particular, que no es así, sino porque los ciudadanos merecen respecto al momento de formarse su propia opinión acerca de los mismos. Es decir, quisiéramos una prensa respetuosa de nuestra individualidad como ciudadanos libres, que no nos considerara débiles mentales fácilmente influenciables, que nos presentara hechos para nuestra consideración en estos momentos en que deberemos entrar a reflexionar sobre el futuro del país, de cara a las nuevas elecciones y de decisiones trascendentales.
No podremos, por ejemplo, seguir el camino que hemos venido recorriendo, de corrupción desbocada en los gobernantes; de desprecio hacia el ciudadano medio y enaltecimiento de los ricos y poderosos, abriéndoles el camino fácil a través de políticas neoliberales; de entrega “interesada” de empresas de servicio público a grupos particulares que desdeñan el bien ciudadano, como han sido ejemplo el aeropuerto internacional Juan Santamaría y la concesión de autopistas, para dar solamente unas muestras de ello. Y tampoco debemos soportar que unos pocos nos impongan su forma de pensar a través de medios que controlan, a los cuales no tiene acceso el ciudadano de a pié, como usted y yo.
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