Dr. Rodrigo Carazo Odio. Ex Presidente de Costa Rica
Rodrigo Carazo Odio, un referente actual.
Alfonso J. Palacios Echeverría
Con la muerte del ex presidente Rodrigo Carazo Odio desaparece el último de los pocos gobernantes decentes que ha tenido este país, pues lo que vino después de él no puede catalogarse bajo esta denominación. Hemos tenido de todo; ladrones condenados, ladrones por condenar, inútiles de profesión, traidores a la patria que la han querido vender a pedazos a los intereses transnacionales –ya que no podían venderla entera, de un solo tajo- y cosas similares y complementarias.
El concepto de decente implica, según un diccionario que tengo a mano: recato, modestia, dignidad en los actos y en las palabras. Y si ha habido alguien en la escena política de los últimos treinta años que se comportó así como gobernante y luego como referente en la política nacional, fue Don Rodrigo.
Es por ello que, quienes vinieron después, trataron de manchar su estatura moral y su patriotismo, endilgándole las consecuencia de dos fenómenos –no provocados por él- que ocurrieron durante su gobierno: la primera crisis del petróleo, y la arremetida brutal, despiadada, del Fondo Monetario Internacional –siguiendo las instrucciones del gobierno norteamericano (época de Reagan)- para que nuestro país privatizara todo: educación, banca, servicios públicos, en medio de la primera orgía del neoliberalismo salvaje que se envalentonaba en esos años. Y como él se negó, le cerraron al país todos los créditos internacionales, provocando en ese momento el descalabro de nuestra moneda nacional, y otras complicaciones adicionales, lo que aprovecharon quienes vieron frustradas sus aspiraciones de enriquecerse fácilmente si se aplicaban las medidas que nos querían imponer, para hacerle responsable de algo que no era su culpa.
¿Hubiera sido más cómodo, darle la espalda a sus responsabilidades como presidente, traicionar al pueblo que lo había elegido y entregarse a los intereses norteamericanos? Si, probablemente, pero Don Rodrigo era un patriota, sabía cuál era su obligación como gobernante elegido, y un defensor convencido de los ideales en los que creía. No como ciertos que conocemos….  Ya Ustedes saben: se pliegan a los intereses comerciales y financieros que les deparen alguna ganancia. ¡Y el pueblo queda para las peroratas demagógicas de la campaña política!
Su muerte en un momento como el actual, en que se llevan a cabo las campañas orientadas a las elecciones próximas, resulta una llamada de atención para todos nosotros. Pues salen a relucir las cualidades de un presidente que supo mostrarse firme ante la voracidad los grandes intereses comerciales extranjeros, ante las imposiciones groseras del FMI (que hoy reconoce su equivocación, demasiado tarde), y ante la avaricia de mucho politiquillo vulgar y advenedizo como los que conocemos localmente por su pelambre de zorro de gallinero, a quienes puso en su lugar sin pronunciar una sola palabra. Y sobre todo después de su gobierno, cuando habló firme, claro, con la verdad, y sin temor a las represalias y los insultos de quienes se veían desenmascarados.
Su imagen debería servirnos para calibrar –como en un espejo- la catadura y la calaña de los actuales aspirantes a presidente. ¡Cuánta decepción nos invadiría frente a las construcciones mediáticas producto de las campañas, que producen oropeles vacuos y sin sentido, imágenes falsas y mensajes engañosos!
Lo conocí personalmente, pero mis contactos con él fueron pocos y distanciados en el tiempo. Primero cuando presidente de la república, y luego en eventos sociales y reuniones de los que nos oponíamos al Tratado de Libre Comercio como estaba planteado, con al libre comercio. ¡Siempre lo dijimos así! Y su imagen no se me borrará jamás, su conversación todavía resuena en mi memoria, pero lo más importante: su ejemplo, de hombre decente, seguirá siendo un referente,
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