Buscar  
Costa Rica : Lo que estará en juego en las próximas elecciones
Alfonso J. Palacios Echeverría | 26-9-2009 a las 15:26 | 693 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/costa-rica-estara-juego-proximas-elecciones
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb
Lo que está en juego en las próximas elecciones : ¿ Más Neoliberalismo...?

Lo que estará en juego en las próximas elecciones.

Alfonso J. Palacios Echeverría

En pocos meses los costarricenses tendremos que enfrentarnos a una decisión de enorme trascendencia: elegir un nuevo gobierno para los siguientes cuatro años, luego de todo lo que ha sucedido durante el período del que está por terminar, -que no es poco-  y las consecuencias de mediano plazo de los al menos tres gobiernos anteriores, ya que todos los cuatro se han visto signados por un viraje -que se hizo cada vez más brusco- hacia las propuestas del neoliberalismo que contaminó a Latinoamérica.

Y su trascendencia se relaciona, además, con las secuelas a nivel local de una crisis financiera internacional que estuvo a punto de desencadenar una crisis económica global, causada –precisamente- por las políticas del neoliberalismo norteamericano a escala planetaria. Sobre todo cuando percibimos que en otros países se empiezan a tomar medidas para restañar las graves heridas causadas por estas políticas, mientras que en el nuestro hemos hecho todo lo contrario: profundizarlas aún más.

David    Harvey, profesor distinguido en el Centro de Postgrado de la City University of New York, y autor de varios libros, entre ellos: “A Brief History of  Neoliberalism,” “ The  New  Imperialism,”   “Spaces  of Hope,” “ The  Limits  to  Capital,”  y “The  Condition  of Postmodernity.”, en un artículo titulado “El neoliberalismo como destrucción creativa”, hace unas consideraciones que debemos tomar en cuenta antes de abocarnos a las reflexiones de que son objeto estas páginas.

Señala Harvey que el neoliberalismo se ha convertido en un discurso hegemónico con efectos omnipresentes en las maneras de pensar y las prácticas político-económicas hasta el punto de que ahora forma parte del sentido común con el que interpretamos, vivimos, y comprendemos el mundo. Y se pregunta: ¿Cómo logró el neoliberalismo una condición tan augusta, y qué representa? El autor afirma que el neoliberalismo es sobre todo un proyecto para restaurar la dominación de clase de sectores que vieron sus fortunas amenazadas por el ascenso de los esfuerzos socialdemócratas en las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque el neoliberalismo ha tenido una efectividad limitada como una máquina para el crecimiento económico, ha logrado canalizar riqueza de las clases subordinadas a las dominantes y de los países más pobres a los más ricos. Este proceso ha involucrado el desmantelamiento de instituciones y narrativas que impulsaban medidas distributivas más igualitarias en la era precedente. Es decir, de lo que había logrado la implementación del Estado del Bienestar.

Y continúa señalando que el neoliberalismo es una teoría de prácticas políticas económicas que proponen que el bienestar humano puede ser logrado mejor mediante la maximización de las libertades empresariales dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, libertad individual, mercados sin trabas, y libre comercio. El papel del Estado es crear y preservar un marco institucional apropiado para tales prácticas. El Estado tiene que preocuparse, por ejemplo, de la calidad y la integridad del dinero. También debe establecer funciones militares, de defensa, policía y judiciales requeridas para asegurar los derechos de propiedad privada y apoyar mercados de libre funcionamiento. Además, si no existen mercados (en áreas como la educación, la atención sanitaria, o la contaminación del medioambiente) deben ser creados, si es necesario mediante la acción estatal. Pero el Estado no debe aventurarse más allá de esas tareas. El intervencionismo del Estado en los mercados (una vez creados) debe limitarse a lo básico porque el Estado no puede posiblemente poseer suficiente información como para anticiparse a señales del mercado (precios) y porque poderosos intereses inevitablemente deformarán e influenciarán las intervenciones del Estado (particularmente en las democracias) para su propio beneficio.

Por una variedad de razones, señala seguidamente Harvey, las prácticas reales del neoliberalismo discrepan frecuentemente de este modelo. Sin embargo, ha habido por doquier un cambio enfático, dirigido ostensiblemente por las revoluciones de Thatcher/Reagan  en Gran Bretaña y EE.UU., en las prácticas político-económicas y en el pensamiento desde los años setenta. Estado tras Estado, los nuevos que emergieron del colapso de la Unión Soviética a socialdemocracias y Estados de Bienestar de antiguo estilo tales como Nueva Zelanda y Suecia, han abrazado, a veces voluntariamente y a veces como reacción a presiones coercitivas, alguna versión de la teoría neoliberal y han ajustado por lo menos algunas de sus políticas y prácticas correspondientemente.

Sudáfrica post-apartheid adoptó rápidamente el marco liberal e incluso China contemporánea parece orientarse en esa dirección. Además, propugnadores de la mentalidad neoliberal ocupan ahora posiciones de considerable influencia en la educación (universidades y muchos think-tanks), en los medios, en las salas de los consejos de las corporaciones y de las instituciones financieras, en instituciones estatales clave (departamentos del tesoro, bancos centrales), y también en aquellas instituciones internacionales como son el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) que regulan las finanzas y el comercio globales. El neoliberalismo, en breve, se ha convertido en hegemónico como un modo de discurso y tiene efectos omnipresentes en las maneras de pensar y las prácticas político-económicas hasta el punto en que se ha incorporado al sentido común con el que interpretamos, vivimos, y comprendemos el mundo.

Sin embargo, las consecuencias derivadas de la aplicación de las políticas surgidas al calor de la visión neoliberal, que en el fondo lo que buscaban era la destrucción de la orientación distribuidora de la riqueza del Estado del Bienestar, para concentrarla en pocas manos, han hecho reflexionar a algunos gobiernos y pueblos latinoamericanos, deteniendo la rueda destructora que pulverizó los logros alcanzados: reducción de la pobreza, generación y crecimiento de la clase media, énfasis en programas sociales, para señalar solamente algunos. Por el contrario, estamos empantanados en Costa Rica en medio de una cadena de gobiernos neoliberales provenientes de la Democracia Cristiana y de un Partido Liberación Nacional que nació bajo los principios socialdemócratas y que finalmente los traicionó cuando sus líderes se convirtieron en plutócratas, en oligarcas –digámoslo de una vez-  que es a quienes mayormente interesan la tesis del neoliberalismo.

Al parecer muchos han olvidado, víctimas de años de la propaganda desatada por todos los medios y en todo nivel, los logros sociales del Estado del Bienestar, a pesar de sus defectos. Y para ello es indispensable hacer una disquisición entre Estado Social y el Estado del Bienestar.

El Estado Social tiene una orientación conservadora, ya que concibe la política social como integración, desde arriba, de las clases trabajadoras, como compensación a la inexistencia de libertades y exclusión del movimiento obrero organizado y, en particular, como mecanismo de integración nacional. El Estado Social supone el control organizado de la reproducción de la fuerza de trabajo, y se materializa a través de la reforma social autoritaria o integración subordinada, desde arriba, de las clases trabajadoras. En cambio, el Estado del Bienestar concibe la política social como expansión de los derechos sociales o materialización de los derechos políticos democráticos. Implica la reforma social pactada, explícita o implícitamente, para integrar a las clases trabajadoras en el sistema capitalista. Este contexto, el Estado del Bienestar fue la respuesta a las nuevas cuestiones sociales surgidas en nuestro país, cincuenta años después que en Europa, luego de la revolución industrial, ante la incapacidad manifiesta del Estado Liberal para solucionar los nuevos problemas generados por la transformación del sistema capitalista. Fue el intento de adaptar el estado liberal burgués a la nueva sociedad industrial y posindustrial.

Como vemos, el Estado del Bienestar se diferenciaba del tradicional Estado Social (liberal) de Derecho, tanto en sus objetivos como en sus medios. El Estado Social de Derecho (neoliberal hoy, en nuestras circunstancias actuales) busca proporcionar “seguridad jurídica” a las personas individuales y naturales; y la que en su momento fue la nueva fórmula del Bienestar, sin negar lo anterior, va a proporcionar también seguridad, pero con una diferencia: “seguridad del contexto social”, es decir, frente a la pobreza, la vejez, el paro laboral, la enfermedad, etc., siendo una de sus características la extensión de la política social a las clases medias y a otros campos del bienestar social.

Así pues, la política social extendió sus efectos de los aspectos parciales de las condiciones de vida de las clases obreras y campesinas, cuyo porcentaje del total de la población tiende a disminuir, hacia las clases medias, cuyo porcentaje aumentó considerablemente como consecuencia de la tecnificación del trabajo y del crecimiento del sector de servicios, e indirectamente sobre la totalidad de la población, extendiéndose hacia otros aspectos del bienestar general, como la cultura, el esparcimiento, la educación, la defensa del ambiente, la promoción de regiones atrasadas, etc.  Es decir, la política social sectorial se transformó en política social generalizada.

Si analizamos, en consecuencia, el discurso de los actuales gobernantes y de los candidatos ya designados por los partidos políticos, a través del lente que nos permite utilizar las reflexiones anteriores, es bastante claro que el deterioro padecido en los –al menos- diez y seis últimos años, obedece a la aplicación de la políticas neoliberales del Estado Social y el abandono de las que el Estado del Bienestar le concedió como palanca del desarrollo social  a Costa Rica, y que ello puede continuar en proporciones alarmantes si escogemos mal, víctimas de la manipulación de las encuestas de opinión y una propaganda aberrante, que está por venírsenos encima. Adicionalmente, que tampoco podemos volver al pasado porque las circunstancias y las realidades han cambiado enormemente. Luego, que el proceso de transformación del Estado es simultáneo al proceso de transformación del sistema capitalista. Así, pues, lo que fue la superación del viejo Estado liberal se corresponde ahora con la superación del nuevo Estado neoliberal.

No podemos olvidar, adicionalmente, que políticamente el Estado del Bienestar, ensayado durante algunos años de la segunda mitad del siglo pasado en Costa Rica, adoptó como propósito el fortalecimiento de la democracia representativa y consideró a ésta como una condición indispensable para su desarrollo y expansión.  Aunque se den formas de representación directa, éstas están siempre sujetas a los mecanismos políticos de tipo representativo. Y que la característica esencial de ese Estado de que disfrutamos en Costa Rica, y que se ha venido deteriorando a un ritmo alarmante, fue la síntesis entre desarrollo económico y bienestar social, que se materializó a nivel político en un pacto entre sindicatos, organizaciones empresariales y el Estado.

Sin embargo, el abandono de estas políticas ha traído como consecuencia el incremento de la pobreza y la concentración de la riqueza en poquísimas manos, y como derivado del incremento de la pobreza la aparición de una delincuencia incontrolable; la estimulación de las ambiciones de quienes se ubican en las cúpulas de los partidos políticos, hasta el punto de sobrepasar las fronteras de lo legal e involucrarse en actos de corrupción de dimensiones alarmantes; un incremento absurdo del costo de la vida, producto de políticas que buscan favorecer a los intermediarios de toda índole, a costa del empobrecimiento del pueblo, haciéndonos llegar a ser uno de los países más caros de América Latina; el deterioro de la infraestructura de comunicación, prestación de educación y servicios de salud, para justificar así la privatización de la generación de la misma, a fin de que florezcan negociados que encarecen astronómicamente sus costos; y finalmente la perdida de los valores tradicionales de honradez y de comportamiento ético, desbocándonos hacia un consumismo aberrante.

Mucho más podríamos mencionar. Pero con lo dicho creo que es suficiente. De allí que los que estamos acostumbrados a reflexionar nuestro voto, pero sobre todo aquellos que por alguna circunstancia están en posición de influir sobre el voto de grandes masas de población, deberán sopesar muy bien sus decisiones. Porque lo que está en juego es el futuro de Costa Rica. En el sentido de que si continuamos por el despeñadero de la políticas neoliberales, nuestra situación empeorará considerablemente.

En el espectro que podríamos representar aquí encontramos que, del lado del neoliberalismo, se encuentran los Libertarios (su estado más puro, no se dejen engañar), los Social Cristianos y el Partido Liberación Nacional, en ese orden de intensidad. Sus estructuras ideológicas están bien claras para el observador acucioso, por más que su propaganda política sea engañosa y tiendan a confundir a los ciudadanos. Del lado de la izquierda extrema Usted ya los conoce, gracias a que en este país se puede profesar abiertamente esta corriente e incluso tener una distinguida aunque mínima representación en la Asamblea Legislativa. Luego están los “pardititos” que representan intereses sectoriales, algunos muy dignos, como el PASE, y otros rastreros y acomodaticios, como los de confesiones religiosas cristianas. Y en el medio, en una masa bastante indefinida, compuesta por Acción Ciudadana y los surgidos al calor de las luchas en contra del Tratado de Libre Comercio y disidentes de Liberación Nacional, que tratan de rescatar algo de la socialdemocracia criolla, que estuvo ligada al desarrollo del estado del Bienestar.

Concluyendo, ya está usted enterado lo que está en juego en las próximas elecciones, la decisión es suya.

 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Comentarios (0)
La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
América Latina Izquierda a debate Opinión

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)