Bonos basura y leyes de mercado: al contenedor azul. Son papel mojado.
Hubo un tiempo en que los contenedores estaban llenos de cosas útiles: como en la “Historia de cronopios y famas” de Cortázar, los ricos tiraban los pañuelos de seda; los pobres, siempre con su ética, les dijeron que se podían lavar… la respuesta fue inmediata: “idiota, a partir de ahora no sólo tendrás que lavarlos, te quedarás sin poder llevártelos a casa”.
Después los pobres pensaron que lo mejor sería irse a vivir al contenedor… total, era la única manera de conseguir algo de los ricos; a éstos les pareció bien y lo llamaron “trabajo”, pues en definitiva siempre se acaba trabajando para los ricos ¿o no?
Les miro en su contubernio de reparto del pastel, todos con su trajecito clonado, besando a la ministra de los broches. El oficio más viejo del mundo, sin duda es el de político: inventando palabras nuevas para disfrazar viejos conceptos, la mentira y el robo; tejiendo cortinas de humo para espantar las moscas de la verdad; destilando licor de serpiente con el que embriagar a las masas. Escucho la jerga de tecnicismos que esconden la mentira y el robo. Es un festín de buitres alrededor del cadáver. Lo llaman Europa.
Primero nos han “cosificado” (si no, su conciencia y su moral les impedirían tirarnos a la basura) y ahora que el contenedor ya está lleno de nosotros, resulta que se les ha quedado pequeño: necesitan uno en el que quepan países enteros, con su historia y su cultura, con todos esos artilugios inútiles que sólo estorban… ¡a la basura Grecia, Irlanda, Italia, España!
Poco a poco la basura ha ido invadiendo el planeta: para los ricos, basura es todo estorbo que les impida enriquecerse más. Para el resto, la basura son los ricos. Esto han conseguido: polarizar el mundo en positivo y negativo. Sembrar odio a módico precio, de hipoteca y nómina falseada. Se acabó el diálogo y la negociación.
La Guerra Civil, las dos Guerras Mundiales (y sus prolongaciones) fueron la única manera que tuvieron de acabar con las Revoluciones Comunista y Anarquista. En este sentido, las guerras del siglo XX sólo han sido una prolongación de la Revolución Industrial. Las del siglo XXI parece que serán otra cosa: ahora que la industria está a punto de acabar con el planeta, necesitan una Revolución Financiera que termine con cualquier vestigio de voluntad popular o de ética.
Ahora me voy a cortar las uñas y después cenaré: patatas fritas y frutos secos. Hoy no bajaré al contenedor, vosotros tampoco podréis bajar… porque nosotros estamos dentro. El contenedor se llama Europa.
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