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Contra el Fascismo (2)
Se establece la relación entre las corporaciones fascistas (Benito Mussolini) y las cadenas productivas en Colombia. En este contexto el régimen ejecuta el desplazamiento y exterminio del campesinado.
Humberto Cárdenas Motta | Nuestra América | 17-9-2009 a las 4:25 | 554 lecturas
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El precio valió la pena

Por la carreterita destapada que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa, los niños pasan temprano en la mañana camino de la escuela con sus maestras,maduro el fruto de la esperanza en sus palabras. Mientras caminan, cantan. Van por el mundo con la semilla de sus voces, plantando el follaje donde el viento anida su lejana canción de mar, su caricia de planeta. De lejos se escucha el pesado rumor de la carretera panamericana con su espeso trasegar de tractomulas, y ese olor cansado del aceite que deja una estela estrepitosa de motores recalentados. Esta es la misma carretera panamericana sobre la cual un sacerdote del progreso, de ese progreso que siempre nos ha dejado miseria y muerte, la declaró en 1999, finalizando la movilización campesina y popular del mes de noviembre en el suroccidente colombiano, como un recinto sagrado para el tránsito de mercancías:

“…la panamericana es un recinto sagrado de toda la colectividad. No es apropiable por nadie. No le pertenece a una comunidad campesina o indígena, a unos comerciantes o unos industriales. Eso es de todos, y en tanto es un recinto sagrado, es intocable, para violentarlo por parte de ninguna comunidad.”[i]

Por eso la están ampliando a doble calzada como parte de los megaproyectos que cubren todo el continente suramericano; en estos megaproyectos se conectan ríos, se construyen acuapistas a través de manglares por la costa del Pacífico en Colombia, se abren autopistas, aeropuertos, puertos secos, túneles que se horadan en las montañas, además de la promesa del presidente Uribe Vélez de atravesar con la panamericana el tapón del Darién mutilando la biodiversidad y continuando con la odisea civilizatoria de desarraigar pueblos; este es un presidente de esos que, como la dinastía de los dictadores Somoza en Nicaragua durante 43 años (de 1936 a 1979), y Pinochet en Chile (de 1973 a 1991), han sido graduados con honores en las faenas políticas del crimen.

Estos dictadores fueron apoyados política, financiera y militarmente por los Estados Unidos, y sus ejércitos entrenados en la fatídica Escuela de las Américas; este entrenamiento lo ostenta hoy uno de los comandantes del Ejército bajo el gobierno de Uribe Vélez. Han sido 233 años de dictaduras en catorce países de Centro y Suramérica, si contamos desde 1931 hasta 1989, según reseña Luis Vitale[ii]. A esto tenemos que sumarle en Colombia gobiernos “civiles” como los de Turbay Ayala, el mismo que decretó el Estatuto de Seguridad, con torturados y desaparecidos en instalaciones militares como el Cantón Norte, además del gobierno de Uribe Vélez, el de la actual Seguridad Democrática, el mismo Uribe Vélez cuyo régimen ha hecho del país el primero en el mundo en población desplazada.[iii].

La carretera panamericana es fundamental en el megaproyecto llamado Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica IIRSA, dicen que para “mejorar la competitividad”, e incluye aspectos como transporte, energía y telecomunicaciones; las transnacionales, que saben tanto del goce paisaje como un verdugo de un gesto de ternura, imponen la ley de sus propios intereses sobre los territorios de los pueblos a través de estos megaproyectos; esta ley de sus propios intereses pretende no saber de los niños que temprano en la mañana pasan cantando camino de la escuela por la carreterita que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa.

Con este megaproyecto se construye una infraestructura en todo el continente para subvertir los territorios donde aún están asentados los pueblos, subversión ejecutada por una política estatal capitalista de expropiación, a punta de fusil, como es ya tradicional de la política reaccionaria en Colombia, y en otras partes a punta de semillas mejoradas, de tecnologías, de transgénicos. Los extensos monocultivos de palma africana, por ejemplo,o los corredores MIDAS (Más Inversión para el Desarrollo Alternativo Sostenible)[iv] de la USAID[v], con los cuales la USAID cubre la mitad de Colombia, y que incluyen también los cultivos de palma africana, testimonian cómo las balas han arado en la carne de los pueblos para que las empresas transnacionales puedan roturar los campos donde la sangre de los pueblos ha sido derramada.

La USAID, tal como lo ha sustentado con amplitud Noam Chomsky[vi], es la máscara de la CIA; a través de esta agencia el imperialismo destina millones de dólares para intervenir procesos como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua; esta intervención se realiza bajo la figura de la “democratización”[vii], que es en realidad la imposición por el imperialismo en defensa de los intereses de las empresas trasnacionales y de las oligarquías, de democracias tuteladas o dictaduras embozadas o regímenes fascistas como en Colombia,.

La iniciativa IIRSA se orienta a la total ocupación del territorio por los intereses de las transnacionales, entre otros objetivos, para la extracción de recursos naturales por parte de poderosas empresas como la Anglo Gold Ashanti Colombia[viii], de agencias de cooperación del gobierno de los Estados Unidos como la USAID, de o­nGs transnacionales como Conservación Internacional, o de instituciones académicas que merodean con la librea de los sirvientes por los confines de la política de las empresas transnacionales, contribuyendo con la reflexión y la ciencia de ciertos intelectuales y académicos a la “investigación”, el inventario y el robo de los recursos naturales.

Millones de hectáreas siguen siendo expropiadas por el capitalismo para engranarlos en el proceso de la acumulación originaria del capital de acuerdo a un modelo de acumulación diseñado por las poderosas empresas transnacionales y el capital financiero.

Es en estas circunstancias que los ejércitos paramilitares del Estado continúan ejerciendo sus funciones de autoridades civiles, legislativas, administrativas, defendidas por la voz política-militar del mismo paramilitarismo desde la presidencia de la república: “Les voy a pedir a todos los congresistas que nos han apoyado que mientras no estén en la cárcel, a votar las transferencias, a votar la capitalización de ECOPETROL, a votar la reforma tributaria…”, orientó Uribe Vélez a sus huestes en su intervención ante el Sexagésimo Sexto Congreso Nacional de Cafeteros en Bogotá, el 29 de noviembre de 2006.

Por el borde de la carretera panamericana pasan caminando, casi siempre hacia Bogotá, hombres y mujeres que cargan el equipaje marchito por el desarraigo al que son sometidas sus vidas. En sus zapatos desgastados llevan en secreto las heridas de sus tierras, aquellas que apenas pocos días antes les han sido arrebatadas por afanosos escuadrones de la muerte impulsados por las políticas del desarrollo, de los servicios ambientales, de la paz aclimatada por los discursos y disparos de lo más democrático de los terratenientes, de las empresas transnacionales.

Por la carretera panamericana pasan también, hora tras hora y día tras día, las familias de desplazados que huyen sin destino hacia la esclavitud que aquí llaman “libertad”: estos son los destinos marcados por el capitalismo para los pueblos errantes. Que ya suman millones, según las estadísticas de los organismos especializados que insisten en la cuantificación[ix], sin que se discuta la política de clase del fenómeno; esta política imperialista hace de los pueblos parias y de los que se resisten construye “criminales” y “terroristas”; el mismo Estado con sus medios de comunicación se encarga de difundir la confusión y la ignorancia que impiden entender, no sólo las razones, sino las formas que el pueblo asume para luchar contra el capital.

De esta manera el Estado continúa obediente como nunca a la política de la Doctrina de Seguridad Nacional, la misma que fuese creada desde los Estados Unidos finalizando los años cuarentas, y que ha hecho de todos los pueblos el enemigo del imperialismo; esta doctrina se llama hoy en Colombia la Doctrina de la Seguridad Democrática. Para combatir al “enemigo interno” el régimen fascista cuenta con el mayor presupuesto de guerra triplicado desde hace un par de años, y fortalece la intervención militar extranjera con bases militares a raíz del desmantelamiento en Ecuador de la Base norteamericana de Manta[x].

La manía de contar desplazados, empobrecidos, perseguidos, en muchas ocasiones es una maniobra impulsada por el mismo Estado para no enfrentar, en el marco de la lucha de clases, la naturaleza de clase de las instituciones capitalistas que hacen con el destierro de los pueblos una política para el acceso del capital a los territorios y recursos; esta es una política de violencia integral apuntalada en la violencia de los fusiles del Estado, con ayuda militar extranjera y escuadrones paramilitares que el mismo Estado organiza, pertrecha, sostiene y reencaucha, sin poder ocultar su naturaleza paramilitar por más que lo intenta, y tratando de mostrar que ya los ha desmontado y que no existen.

Para todo esto, junto al IIRSA, está el de guerra denominado Plan Colombia, que continúa porque responde a los intereses de las transnacionales, como también los corredores MIDAS de la USAID con palma africana, caucho y demás megaproyectos agrícolas, profundizando el destierro de la economía campesina y consagrando la violencia militar capitalista como sustento de su economía. Hoy se anuncia, sin tregua la continuidad del Plan yanqui para Colombia, no ya con Bill Clinton como presidente, sino con Obama, un rostro más en la cadena de la dominación imperialista y la profundización de las mismas políticas del terror para el saqueo de las riquezas.

Es necesario decirlo recordando el título de un libro del revolucionario Frantz Fanon: el señor Obama no es más que piel negra máscaras blancas. Las máscaras blancas de las guerras del capital. Como en Vietnam, como en Palestina, como en Colombia. Por eso Obama ha hablado ya de los nuevos recursos para el Plan Colombia, plan que incluye, así lo anunció el mismo Bill Clinton[xi], el desplazamiento de los pueblos. ¿Será que los muertos de ahora serán muertos que nos duelen menos, o los desplazados, serán menos desplazados que los del comienzo del mismo plan?

La euforia por Obama, bien creada por cadenas como CNN, Caracol, RCN, las mismas que han creado el fantasma del terrorismo mientras sus capitalistas diseminan por todo el territorio nacional sus bandas del crimen, es una euforia trágica para los pueblos, y por su origen imperialista, una euforia siniestra. Esta euforia se asienta en la crisis ideológica de las organizaciones populares, y expresa la fuerza que la ideología capitalista impone en sus momentos de crisis.

Al lado de la carreterita destapada que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa, leo en una hoja del periódico de la familia Santos (familia que además tiene vicepresidente de la república y ministro de guerra, hoy candidato a la presidencia de la república), que la Organización de las Naciones Unidas o­nU ya anuncia, sin mucho despliegue, el crecimiento de la pobreza. Entre 10 y 15% para Latinoamérica[xii]. Ya se había anunciado, sin mucho despliegue, que setenta y cinco millones de nuevos empobrecidos hay en el mundo; seis de ellos, se dijo, están en Latinoamérica.

Naciones Unidas, con sus Objetivos Del Milenio (ODM), logra sus metas: sus políticas anuncian unos fines, pero ocultan sus intereses de clase. Sus fines, dicen, es acabar con la pobreza. Pero sus intereses de clase, y los hechos lo demuestran, son la acumulación de riqueza. Los explotadores no tienen elección: las prédicas contra la pobreza necesitan que se produzca la miseria para que la prédica de los fines tenga una apariencia razonable. Algunos se indignan con las estadísticas, y su indignación se convierte en un medio de vida, en una manera de ganar un sueldo. Pero su indignación, devota del legalismo burgués, no les alcanza para subvertir la realidad.

Por esta carreterita saldremos en pocos días, y podremos ver, tal vez a través de la ventanilla del bus, a una madre joven que deambula por el borde de la carretera mientras sonríe bajo las ruinas de todos los derechos; esta madre empuja un desvencijado cochecito con una niña pálida que comienza su vida sintiendo el rugir de las tractomulas, y la estela estrepitosa de motores recalentados le irá dejando en el alma una marca indeleble. Es el precio de tener que vivir errante por el borde de la carretera panamericana, este recinto sagrado del capitalismo que sacrifica en los altares del desarrollo, y en nombre de la democracia, a los pueblos que estorban los procesos de acumulación de capital.

En el capitalismo, la prédica contra la pobreza exige la obediencia. Creer en la prédica y en el ideario de los fines, e ignorar la realidad de los intereses, es obedecer a la explotación capitalista. Creer en las supuestas buenas intenciones del capitalismo es obedecer al capitalismo. Hace ya unos días, por la carreterita destapada que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa, venía caminando un niño, parándose a cada momento para mirar sin prisa a todos lados; calzaba unas botas de caucho gigantescas para su edad, caminando a cada paso con los pasos ya gastados de algún adulto sometido durante toda su vida a la explotación.

Venía de rastrojiar, de encorvarse sobre el mundo para hundir sus manos breves en alguna tierra ajena; sus ojos de niño, sus manos de niño, su infancia de planeta, su breve vida persiguiendo algunas papas después de recogida la cosecha. Rastrojiar: la cosecha del hambre sobre una tierra ajena. Es uno de los tantos niños que ya no pueden ir a la escuela, caminando con su maestra por la carreterita que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa. Esta infancia camina con unas botas de caucho gigantescas para su edad, caminando a cada paso con los pasos ya gastados de algún adulto sometido durante toda su vida a la explotación.

La reproducción de las condiciones de explotación es parte de las tareas que la prédica contra la pobreza se encarga de garantizar. La pobreza, que no es una cosa, es una relación social que debe ser transformada por vía revolucionaria.

Los especialistas en promover la obediencia al capitalismo no pueden interrogar a sus amos: promueven la creencia en los fines que el capitalismo proclama, pero simulan ignorar los intereses que se lucran de la explotación de los pueblos. Se obedece a la explotación cuanto más se cree en los fines que el capitalismo proclama. El hambre y la guerra que el capitalismo impone a los pueblos caminan por la misma senda, someten a los mismos pueblos, devoran las mismas carnes. El hambre real, el hambre vivida por los pueblos, no se vive con el estómago de las estadísticas.

El capitalismo deshumaniza para someter. Dentro del capitalismo no es posible la humanización: la lucha popular es un proceso de humanización en lucha contra la deshumanización capitalista. Los fines de la lucha popular caminan por la misma senda que la realidad de sus ideales. El valor de esta lucha es el valor de la dignidad.

En este momento histórico, el capitalismo desnuda de nuevo su naturaleza fascista: mientras acumula en sus estadísticas los miles de desaparecidos; mientras acumula en sus estadísticas los centenares de jóvenes desaparecidos y asesinados por el Estado; mientras acumula en sus estadísticas los millones de desplazados que ubican a nuestro país como el principal productor de población desplazada en el mundo; mientras acumula en sus estadísticas los cientos de trabajadores, campesinos y estudiantesasesinados, la política corporativa se impone, bien a través de las políticas económicas del desarrollo, bien a través de las políticas de los servicios ambientales, bien a través de las políticas denominadas de paz, pero siempre como aplicación de las políticas del capital, trazadas desde los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas o­nU (donde está el Banco Mundial, la FAO, la Organización Mundial de Comercio OMC, etc.), la OEA y la Unión Europea.

El corporativismo fascista, corporativismo que significa la conciliación de clases, o el supuesto fin de las clases sociales para servir a los “intereses superiores de la producción” capitalista, al decir de Mussolini, y según el sueño de los social-imperialistas de hoy, los mismos que desde una temible burocracia llevan y traen a las organizaciones sociales por el engranaje de las cadenas productivas, es un corporativismo que determina, como política imperialista, la militarización[xiii], tanto para garantizar a las transnacionales el acceso a los recursos despojando a los pueblos, como la represión sistemática del descontento y la lucha popular: es la guerra como factor del modelo de acumulación de capital.

Es relevante señalar, para este momento de la lucha de clases en Colombia, lo planteado por Nicos Poulantzas frente al fascismo, dado que se hace énfasis en otros análisis, y casi de manera exclusiva, en la militarización y la represión física de los pueblos, y se abandona en algunos análisis la perspectiva de la lucha de clases, frente a la integralidad de la dominación imperialista que ha hecho de la guerra el baluarte para la explotación de los pueblos, el robo de los recursos, la dominación ideológica y política, la destrucción de las organizaciones obreras y populares (estudiantiles, de mujeres, campesinas, etc.); en otras palabras, no se lucha contra la guerra imperialista sin luchar contra todas las formas de dominación ideológica, política, económica, organizativa, que ha instaurado el capital. En esta perspectiva es pertinente llamar la atención sobre:

a)el carácter de masas que tiene el fascismo (W. Reich[xiv], N. Poulantzas[xv] y E. Fromm), expresado, entre otros aspectos, en la proliferación de fracciones y partidos que luchan entre las clases y fracciones de clase hegemónicas por el poder, y las estrategias para la cooptación y el sometimiento ideológico y político de las organizaciones y sectores de la población al fascismo, lo cual conlleva la destrucción de las organizaciones populares;

b)la crisis ideológica y política expresada como crisis de hegemonía del bloque en el poder (cf. Poulantzas), que en Colombia se manifiesta en el surgimiento de partidos como Alas Equipo Colombia, partido de la U (de Uribe Vélez), Cambio Radical, etc., todos con miembros comprometidos en procesos por el accionar de las motosierras y la elección de “autoridades civiles”; esta crisis política se hace extensiva, en momentos de una ofensiva del imperialismo, a una crisis en las organizaciones populares, expresada, entre otros aspectos, en la crisis de representatividad de las dirigencias de muchas organizaciones, cuyas bases no se identifican con las políticas ni las acciones que estas dirigencias imponen al interior de las organizaciones populares;

c)la incapacidad manifiesta de algunas organizaciones sociales para trazar una línea política para la lucha de masas contra el fascismo; este último aspecto se expresa tanto en formas legalistas de lucha (los devotos de la constitución neoliberal de 1991 y demás normas legales, y el ideario político transnacional), como en sus formas economistas; esto rompe la solidaridad de clase (fraccionamiento y dispersión de la lucha popular), rompiendo a su vez las prácticas del internacionalismo revolucionario con los movimientos populares y obreros de los pueblos del mundo.

d)el papel y la importancia que toman dentro del aparato de Estado tanto los medios de comunicación hegemónicos (aparatos ideológicos), como la policía política del régimen (DAS, paramilitares), en la producción de una atmósfera favorable a la represión de los pueblos, a la criminalización de sus formas de lucha, a la deslegitimación de sus políticas, de sus procesos, así como en la legitimación de la represión (el encarcelamiento, la tortura, la desaparición forzada, el asesinato selectivo, etc.).

El corporativismo fascista también determina, como se ha señalado, la destrucción de las organizaciones populares mediante el asesinato selectivo, las masacres, el terror administrado bajo las orientaciones de la CIA y de los mercenarios encargados de su propagación, así como la construcción desde las instituciones capitalistas de una imagen criminal de las organizaciones populares, imagen que los mismos capitalistas constituyen a su vez en la causa para hacerlas ser objeto de la represión; implica también el fortalecimiento de los bloques fascistas, tal como sucede entre los Estados Unidos, Colombia e Israel, para mencionar algunos de los Estados caracterizados por la implementación del fascismo sobre sus propios pueblos y los pueblos del mundo; determina, además, no ya la creación de un “Estado de bienestar”, al estilo del fascismo de los años 30, o la política del “nuevo trato” (New Deal), como se le llamó en aquél tiempo en los Estados Unidos.

Hoy en día es la creación de un Estado corporativo cuyas instituciones difunden y aplican la delación a sueldo como política de Estado: las redes de informantes, la red de cooperantes, la ley de justicia y paz[xvi], ley con la cual se dejan impunes los crímenes del terrorismo imperialista, y de sus ejecutores se hacen posibles candidatos a las corporaciones públicas, la promoción de la reinserción, el señalamiento y persecución de las organizaciones que no participan de los Laboratorios de Paz y del Plan Colombia.

Todo esto se presenta como un supuesto “estado de bienestar” interno; estesupuesto “estado de bienestar” pretende hacer de la sociedad una sociedad panóptica, una sociedad plantada sobre un territorio carcelario para el buen funcionamiento de la economía capitalista. No es un “estado de bienestar”: es una sociedad policíaca donde la delación “se hace una virtud de Estado”, tal como lo señaló a comienzos del siglo anterior José María Vargas Vila.

Este supuesto “estado de bienestar” busca alinear en sus filas a los desempleados y desarraigados, bien utilizándolos en las prácticas represivas, bien buscando neutralizar la rebeldía popular mediante programas asistencialistas desarrollados por “instituciones especializadas” y que profundizan la dependencia de los pueblos, como lo hace Acción Social, a través de programas como los de Familias en Acción, Jóvenes en Acción (los que sobreviven a los llamados “falsos positivos” del ejército), o las familias guardabosques, las redes de informantes, y demás baratijas capitalistas que merodean sobre el dolor y el desarraigo de los pueblos.

De esta manera se cumple el papel de profundizar la dependencia, legitimar las cada vez mayores desigualdades de clase, masificar al máximo la participación de los pobladores en los oficios de la represión. No en vano el sueño del fascismo hoy es hacer de la sociedad una sociedad para el terror: “deberíamos tener 43 millones de cooperantes”[xvii], dijo Álvaro Uribe Vélez. Esto significa convertir a todo el pueblo en una institución gendarme.

Es en esta realidad que los niños pasan con sus maestras para la escuela por la carreterita destapada que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa. Es esta la misma realidad del niño que usa unas botas demasiado grandes para su infancia que camina con los pasos ya gastados de algún adulto sometido durante toda su vida a la explotación. Es esta la misma realidad del corporativismo que impone la muerte de la memoria de los pueblos como manera de imponer la conciliación (política de Mussolini) de estos mismos pueblos con la explotación y la violencia capitalista. El corporativismo clausura para los pueblos la posibilidad de la memoria, e impone la historia de la explotación capitalista como forma suprema de obediencia a las leyes del capital.

El desprecio de la vida de los pueblos es la característica suprema de las políticas del capital; la obediencia a esta determinación del capital, la creación de un orden social fundado sobre esta determinación, es lo que caracteriza la existencia del terrorismo. Es el precio que se impone a los pueblos para garantizar la acumulación de riqueza. El terrorismo es un orden social que impone la obediencia a los pueblos que deben mirar cómo se consumen sus vidas en los altares del desarrollo, de los servicios ambientales, de los pregones de la paz en la voz del capitalismo y de sus Estados terroristas para la producción y acumulación de la riqueza.

En 1989, refiriéndose al general panameño Manuel Noriega (agente de la CIA caído en desgracia con sus amos yanquis), “el 21 de diciembre, cuando un reportero preguntó: “¿Valió la pena enviar toda esta gente a su muerte por atrapar a Noriega?”, Bush respondió: “…toda vida humana es valiosa, y aún así debo decir que sí, que valió la pena”[xviii]. Las personas enviadas a la muerte por los yanquis fueron unos 2000 panameños. ¿Valió la pena? ¿Qué dicen de los yanquis y el señor Obama de los millones de desplazados por el Plan Colombia? ¿Qué dicen de los cientos y miles de asesinados por la imposición de sus políticas económicas? Siempre dirán: “Valió la pena.”

En 1995, “…la entonces Secretaria de Estado, Madeleine Albright, en el programa de televisión 60 Minutos cuando le preguntaron si las sanciones sobre Irak valían la vida de los 500.000 niños que habían muerto a causa de éstas, Albright respondió: “creo que es una elección muy difícil, pero el precio… creemos que el precio valió la pena”[xix].

Llueve sobre la carreterita destapada que extiende bajo los árboles su paciencia pedregosa. Los niños se han perdido en la distancia con su alegría de savia que salpica la mirada que los ve pasar.

En el capitalismo, a los pueblos nos arrojan a las anchas autopistas de la muerte: nuestro deber es luchar.

[i]Jorge Mario Eastman. Viceministro del Interior. 1999. 25 de noviembre. Material de campo del libro Las máscaras de la verdad o las voces de la mentira. El martes 23 de noviembre Eastman había planteado: “…yo invitaría cada vez más a que las comunidades se apropien de la panamericana pero no para tomársela. La tiene que comenzar a considerar la negra la panamericana como un bien suntuario. Como un bien religioso como un bien que no puede ser tocado ni apropiado por nadie. Eso tiene que convertirse en la… nueva versión del, del… Amo Jesús de esta región del país.” Para el periódico de Popayán, el diario El Liberal, frente a la lucha por la tierra de las organizaciones populares que no claudican ante las políticas de la “conciliación” de clases claudicando ante las normas capitalistas, “la Panamericana es un bien público” y , como aparato ideológico de Estado, escribe sobre “el recuerdo de los nefastos días de 1999 y 2001” (El Liberal, editorial, octubre 16 de 2008), refiriéndose a movilizaciones populares que han bloqueado la carretera Panamericana o han realizado recuperaciones de tierras; estas movilizaciones han sido reprimidas a sangre y fuego por el Estado. El papel ideológico de los medios de comunicación del Estado siempre tiene como respaldo todo el potencial represivo del Estado.

[ii]Luis Vitale. Historia social comparada de los pueblos de América Latina, tomo III, página 74

[iii]A propósito del asenso del fascismo, Poulantzas plantea: “El fascismo llega al poder, desde el punto de vista formal, de manera absolutamente constitucional. Hitler y Mussolini llegan al poder “respetando” las formas del Estado “democrático-parlamentario”, en las normas jurídicas que todo Estado burgués prevé para los casos críticos de lucha de clases.” Nicos Poulantzas. 1971. Fascismo y dictadura. Siglo XXI Editores. México. Página 395.

[iv]Interviene en 81 municipios de los departamentos de Putumayo, Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, Antioquia, Huila Tolima, Santander, Bolívar y Cesar. Geographic Focus of the USAID/Colombia Program for the period 2006 – 2008.bogota.usembassy.gov/wwwfai02.pdf -

[v]Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, creada en 1962 en el marco de la Alianza para el Progreso y la guerra de Vietnam.

[vi] Noam Chomsky.1972. La guerra en Asia. Barcelona, Ediciones Ariel, página 235.

[vii] http://www.usaid.gov/locations/latin_america_caribbean/ Según esta página de la USAID, se han destinado US$1.888.6 a ser “invertidos” entre los años 2007 y 2012 en países de centro y Suramérica. Entre estos países se encuentra Honduras (US$215), donde se acaba de ejecutar el golpe contra el proceso bajo la presidencia de Zelaya. Dentro de estos planes hay partidas específicas para Venezuela, Ecuador, Cuba, Bolivia, entre otros países.

[viii]Según publicación de noviembre de 2007, el presidente de la Anglo Gold Ashanti Colombia, Chris Lodder, dice: “Hoy nos reúne un reto fundamental para nuestra compañía en Colombia: alinear nuestra marca con la marca corporativa mundial dejando atrás, a partir de noviembre, la marca Sociedad Kedahda y adoptando el nombre Anglo Gold Ashanti Colombia”.

[ix]“¿Cómo haces política con metodología de contador?”, interrogaba Petras hace algunos pocos años. De esa metodología de contador derivan sus sueldos, en o­nGs y en algún partido social imperialista, algunos burócratas que reciben su paga en proyectos financiados por la USAID y demás agencias de “cooperación” del capital.

[x] El Espectador, Editorial 18 de julio de 2009. http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo151341-bases-uso-de-los-estados-unidos. Disponible el domingo 19 de julio de 2009

[xi] Clinton, Bill. Documento con la sustentación que hace al "Plan Colombia" ante el Congreso de los Estado Unidos el 11 de enero del 2000. En Desde Abajo, suplemento especial No. 2, p. 8

[xii]El Tiempo. 2009. Domingo 8 de febrero, página 1-12

[xiii]Immanuel Wallerstein. 1984. Estados Unidos en el mundo actual. En, Estados Unidos, hoy. Pablo González Casanova (coord.) Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Siglo Veintiuno Editores, México.

[xiv] Wilhelm Reich. 1972. Psicología de masas del fascismo. Buenos Aires, Editorial Latina.

 
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