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Contra el Estado del bienestar
Debemos enfrentarnos a cualquier recorte social, pero defender el “Estado del bienestar” es defender un proyecto político muy determinado y ser cómplices de un "Auschwitz invertido".
Manuel M. Navarrete | Para Kaos en la Red | 29-7-2011 a las 20:47 | 2110 lecturas | 4 comentarios
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Leo en comunicados de la izquierda oficial (e incluso en comunicados de sectores de la izquierda extraparlamentaria) una defensa del “Estado del bienestar” que me parece muy peligrosa. Y no por una cuestión de purismo, sino, sencillamente, por una cuestión de internacionalismo. Una cosa es defender con uñas y dientes las reformas logradas (cosa en la que todos estamos de acuerdo) y otra muy diferente aceptar, como paquete, como proyecto, eso que vino a llamarse “Welfare State” y que, por decirlo claramente, sólo fue posible sobre la base de la explotación del Tercer Mundo.

Es obvio que defender el Estado del bienestar implica abandonar la perspectiva de Rosa Luxemburg, en la cual la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio hacia la revolución. Pero implica, además, una grave incomprensión del carácter de clase del Estado, precisamente en un contexto histórico en el cual dicho carácter ha quedado meridianamente claro. De nuevo, sólo un punto de vista internacional puede ayudarnos a comprender la realidad, al constatar que fue la correlación de fuerzas a nivel mundial la que, tras las revoluciones socialistas y los movimientos de liberación nacional, invitaba a los capitalistas a efectuar concesiones y políticas preventivas. Ahora, una vez derribado el campo socialista, sobornados los sindicatos y desarticuladas las organizaciones obreras en todo el mundo, el capital ejecuta su contraofensiva.

Sin embargo, la socialdemocracia, a pesar de estar recibiendo su refutación más definitiva por parte de los propios hechos, vuelve a ponerse de moda. ¿Para qué colectivizar los medios de producción, intercambio y distribución? Basta con resucitar el “modelo social europeo” (como sugiere CC OO), incrementar los impuestos directos así como su progresividad (como sugiere Vicenç Navarro) y, como mucho, crear “una” banca pública -sin nacionalizar, faltaba más, la privada- o alguna especie de Tasa Tobin (como sugiere ATTAC).

¿Problema? Que, en un capitalismo globalizado, los neoliberales tienen la razón: si haces eso, Moody’s rebaja tu rating, tu deuda se incrementa automáticamente y las empresas, simplemente, se deslocalizan y se van a otro país donde encuentren condiciones más ventajosas, hundiendo tu economía. La socialdemocracia, sencillamente, ha devenido imposible. Por eso hoy día los reformistas son más utópicos que los revolucionarios: una salida de izquierdas para la crisis es imposible desde un punto de vista estrictamente técnico y sin abandonar el sistema económico capitalista.

Pero sobre todo, por otro lado y volviendo al principio, el proyecto del Estado del bienestar no puede separarse de su carácter imperialista, ya que las concesiones en las metrópolis del Primer Mundo están estrechamente ligadas a la sobreexplotación histórica sobre las neocolonias. Dicha explotación ha financiado, en última instancia, la “economía social de mercado”, al producirse una redistribución internacional de salarios entre los explotados. A consecuencia de dicha redistribución, los trabajadores del Primer Mundo se han beneficiado objetivamente de la explotación de sus equivalentes en el Tercer Mundo. Ya lo dijo el Che Guevara en “El socialismo y el hombre en Cuba: “Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país”.

Si el nivel de vida no se calculara dividiendo el PNB de un país únicamente por el número de habitantes del mismo, sino que en el denominador ubicásemos a todos los habitantes de otros países que, de un modo u otro, han contribuido a su riqueza, las estadísticas de los países imperialistas no serían tan halagüeñas. Por eso, abandonar la perspectiva mundial del proceso de explotación capitalista supone enmascarar el funcionamiento real del sistema.

La escuela mercantilista afirmaba que “el enriquecimiento de una nación sólo se puede hacer a costa del empobrecimiento de otras”. En realidad, el mercantilista concebía la riqueza únicamente en forma de metales preciosos, que, obviamente, sólo podían incrementarse atesorándolos en el extranjero. Sin embargo, el concepto de riqueza actual no sufre una menor escasez que el de los mercantilistas. De hecho, en la siguiente dirección, http://www.footprintnetwork.org/newsletters/gfn_blast_0610.html, puede descargarse en lengua castellana un estudio del Global Footprint Network (California) que analiza la Huella Ecológica del ser humano. Este estudio concluye que el nivel de consumo por habitante promedio de Estados Unidos y Europa es imposible de generalizar a toda la población del planeta, porque serían necesarios, respectivamente, 5’3 (EE UU) y 3 (UE) planetas Tierra para ello.

La genealogía de esta situación de privilegio tampoco es ningún misterio, ya que figura en los libros de historia. Los países que experimentaron la revolución industrial acudieron a los países precapitalistas por necesidades comerciales, para extraer sus materias primas y para absorber mano de obra barata. A pesar del transcurrir de los siglos, las antiguas colonias, siempre retrasadas en la carrera tecnológica, sólo han logrado especializarse en las líneas de producción que eran desmanteladas en las metrópolis, generando una nueva dependencia del equipo extranjero.

La herencia histórica del imperialismo ha conllevado la expoliación de los recursos naturales de las neocolonias por parte de compañías extranjeras, que además evaden los beneficios obtenidos y los reinvierten en la metrópolis; la distorsión de la estructura económica mediante la imposición del monocultivo; el intercambio desigual, debido a que los precios de los productos que exportan los países subdesarrollados tienden a deteriorarse, mientras los precios de sus manufacturas importadas crecen sin cesar;  la deuda externa, a base de créditos con elevados tipos de interés y condicionados a las privatizaciones que fija el FMI…

El filósofo Carlos Fernández Liria, observando las fronteras y las leyes de extranjería, escribió que los ministros de economía europeos proponen “que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez más altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solución final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las víctimas, nos encerramos nosotros a salvo del arma de destrucción masiva más potente de la historia: el sistema económico internacional”.

Y esa es la clave. Naturalmente, debemos enfrentarnos a cualquier recorte social. Pero defender el “Estado del bienestar” es defender un proyecto político muy determinado, lo que nos convierte en los cómplices progresistas del “Auschwitz invertido” del que hablaba Fernández Liria. Porque el Estado del bienestar es un proyecto contrarrevolucionario de una clase dominante que, atemorizada por las revoluciones del siglo XX, sobornó a la clase trabajadora del Primer Mundo para que siguiera callando ante la explotación del Tercero, abandonando toda perspectiva global y los principios del internacionalismo.

 
 
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Comentarios (4)

#1

Arturo|30-07-2011 10:02

Excelente artículo que me ha recordado un viejo libro.

Lo explicó muy bien el profesor Maurice Dobb, en “Economía Política y Capitalismo” (1.937), al observar que el beneficio que el Imperialismo trae a la metrópoli tuvo sus consecuencias en la prosperidad de su clase trabajadora, o al menos de una parte de ella, por la vía de relajar el apetito del capital sobre los salarios, dando lugar a una “aristocracia del trabajo. Se trata de los “esclavos palaciegos” de la metrópoli, que, en contraste con los “esclavos de las plantaciones” de la periferia del Imperio, sienten una identidad de intereses con sus amos y cierta renuencia a alterar el statu quo”.

 

Hasta hace poco tiempo, la clase asalariada europea ha disfrutado (en cierta medida) de los beneficios que el Capital obtenía al explotar los recursos naturales del Tercer Mundo. Ahora, una vez aburguesada y sin conciencia de clase, su capacidad de lucha frente a la contraofensiva del Capital no puede ser más lamentable.

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#2

30-07-2011 13:30

Esta interpretación es más propia de los burgueses de la CEPAL, los racistas indigenistas tercermundistas y de los obispos católicos latino-americanos, un frente popular anti-clasista, que del marxismo como teoría del proletariado y de la revolución proletaria.

Valoración: -11    |  Avisar provocación

#7

02-08-2011 21:52

Bueno, el subir impuestos facilitaría una menor emisión de deuda pública, con lo que las agencias de rating perderían poder de coacción, y una banca pública equilibraría el mercado y los intereses, facilitando el crédito y con ello la creación de empleo y mayores ingresos estatales ( otra vez menor deuda).

  Comparto el mensaje de fondo, de la explotación de otros países, y está claro que para cuando este sistema neoliberal suelte del mantel migajas tan gordas que cubran las necesidades básicas de todo el planeta ya nos lo habremos cargado, igual que han desaparecido otras civilizaciones a lo largo de la historia por una sobrexplotación de sus recursos. ¿ Pero qué proponemos? ¿ desaparición de la propiedad privada?

  Por otra parte no desdeñaría los posibles avances tecnológicos, algo con lo que no contaron Malthus o Marx en sus previsiones, aunque estos son imprevisibles y no creo que puedan solucionar los evidentes límites del crecimiento como los que señala el MIT, y ya no hablemos del crecimiento demográfico (insostenible a todas luces).

  No hay sistemas perfectos y todos van a tener sus fallas, eso sí entre unos y otros hay claras diferencias y propositos, y por los que merece más la pena apostar.

Valoración: 5    |  Avisar provocación

#8

Insumisa|05-08-2011 13:53

Excelente artículo.

Creo que esa complicidad de la clase obrera europea ( y de buena parte de lo que se hace llamar izquierda europea) en la explotación del Tercer Mundo, queda perfectamente de manifiesto en los artículos de Manuel M. Navarrete sobre la masacre que el impresialismo está perpetrando en Libia.

El colaboracionismo con la OTAN y con el imperialismo no es sólo de los "rebeldes" libios financiados y armados por la CIA, también de buena parte de la "izquierda" europea. 

Defender el Estado del Bienestar, no es más que defender los privilegios que le tocaban a la clase obrera europea por renunciar a seguir luchando   a favor de la revolución socialista internacional. Pero ahora, esos antiguos privilegios ya no son "una opción". El Capital ya no está dispuesto a compartir nada y a la clase obrera europea le toca despertar de su letargo y volver a luchar con sus hermanos y hermanas de clase en todos los confines del planeta.

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