Si tiene dinero, comer ecológico es casi obligado. Pero, ¿qué  pasa si la población se dispara? Habrá  que decidir entre dar de comer a todos de manera no sostenible, o alimentar orgánicamente e unos pocos. Carlo Leifert
1. Para empezar, volver a recordar algunos hechos indiscutibles que nos centren el tema
  La cita de cabecera 1 es acertada en tanto y cuanto la situemos en el centro de los países ricos y exhorte exclusivamente a aquellos grupos de privilegiados que puedan pagar estos productos ‘sanos’ en un contexto de personas de su entorno que no pueden costearlos.2 Es decir, esta es una reflexión de clase que se hace dentro del corazón de las poblaciones de países enriquecidos, donde hay personas con ingresos a las que se les puede pedir que mediten sobre como consumen, pero que es totalmente inaceptable e irresponsable proponerla de forma general, cuando en estos mismos países, ricos y pobres, existen colectivos que perciben ingresos al borde de la miseria, mientras los que practican el consumo responsable, muchos de ellos ganan 100, 200 y 300 veces más diariamente que los pobres de esos países pobres o ricos: “Hasta 79 millones de residentes de la UE apenas tienen para subsistir”.3  ¿Por qué no preguntarnos por una producción y una distribución responsable? Responder a esta pregunta nos llevaría directamente a otra: ¿por qué no proponemos destruir el capitalismo? 4
  Primero, veamos cual es la situación de la población mundial clasificada de acuerdo con su capacidad de consumo. Según datos actualizados, la población en el mundo será de unos 6.806.973.524 al 1 de enero del 2010.5 Esta cifra podríamos desglosarla en: unos 3.500 millones de personas, que viven en los países de mundo ‘esperando el desarrollo’, vegetan con menos de dos dólares diarios; digamos que este es un nivel de miseria; otros 1.500 millones de personas que viven en los países del mundo ‘desarrollado’ subsisten con una cuantía alrededor del umbral de pobreza severa. El resto de la población, podemos dividirla en dos grupos: uno que está compuesto por las clases medias y la otra por las clases ricas de ambas zonas. Es decir:
  Estos seres humanos,6 un 74%, de los que podríamos llamar los desheredados de la tierra, ya llevan años, siglos, practicando esta propuesta postmoderna llamada el consumo responsable. Cierto que debemos reconocer que algún partidario de la misma tiene la decencia de decir que se trata de concienciar a las clases con poder adquisitivo, el otro 26%, y que el objetivo es utilizarlo como instrumento para cambiar el sistema. Lo que me pregunto, y más abajo volveré sobre ello, si tres cuartas partes de la población, practicando el consumo responsable no le preocupan al sistema, no le hacen ni cosquillas, ¿cómo es que nos dicen que proponen el consumo responsable como instrumento eficaz para destruir el capitalismo? Hemos de recordar que esta gente desheredada, “con buen sentido y en forma sobria, austera”, practica todas las erres, viejas y nuevas, que las propuestas por el consumo responsable y el decrecimiento han ido incorporando al discurso, de todo aquello que tiran las clases pudientes (medias y ricas) en los basureros del mundo: al no disponer de ingresos, se les impone la austeridad, la renuncia y tienen que reducir el consumo, así como reutilizar, rehabilitar, reinventar, ralentizar, restituir, reponer, y reciclar todo lo que encuentran en esos fétidos vertederos.7
  Llegamos entonces a la cuestión central, que es la que nos sitúa ante el dilema entre reivindicar la protección de la salud de las clase medias y ricas, 8 por métodos sostenibles, en los países desarrollados, o la de oponernos a un sistema que mata año tras año a 120 millones de personas a causa del hambre, de pandemias, por guerras, etc.9 En el capítulo anterior, explico desde las teorías y desde los hechos, que la propuesta exige muchos mas matices que los que se aplican y explican; que incluso como instrumento de lucha contra el capitalismo es débil; y que ideológicamente, la propuesta se alinea con todas las interpretaciones más conservadoras.10
  Y es que existe ya un discurso general y generalizado que encadena una serie de propuestas en la línea de conseguir que el capitalismo incorpore lo verde y practique la filantropía: decrecimiento, deuda externa, pero especialmente las relacionadas con el consumo responsable, ahorro solidario, banca ética, micro créditos, empresas de economía social, responsabilidad social corporativa, emprendedores autónomos, comercio justo, son algunas de las propuestas que algunas redes y colectivos nos invitan a apoyar. Consideradas en su conjunto, vienen a proponer un sistema social que, comenzando por dirigirse al individuo, al egoísmo individual, tratan de persuadirnos de que reduzcamos nuestro consumo particular, de forma que el ahorro que resulta de este menor gasto, nos piden que lo depositemos en una institución bancaria, la cual nos promete invertirlo en forma de créditos a muy bajo interés, en proyectos de interés social, con desarrollo sostenible, con soberanía alimentaria, o como micro créditos a personas que se encuentren en situaciones de extrema pobreza y trabajen para las multinacionales desde sus propios domicilios, e inicien actividades productivas de interés social.
  La propuesta de una austeridad en la manera de vivir, y que se solidarice con tantos millones de personas que viven en la extrema pobreza, y que parece de lo más encomiable a primera vista, la podemos ya trazar tanto en los defensores de la filosofía cínica, 11 o en textos tan viejos como los evangelios, en los cuales, el mismo sermón de la montaña nos exhorta a la moderación en todos los aspectos de la vida; la pobreza sería la mejor condición humana que podríamos practicar: bienaventurados los pobres (consumidores) porque de ellos será el reino de los cielos. La austeridad, el ascetismo, la sobriedad en el consumo, nos lleva al siguiente epígrafe.
2. Para continuar, consideremos el consumo responsable desde la interpretación religiosa
  Siempre desde su autoritarismo, en una carta pastoral,12 San Pablo recordaba a los tesalonicenses que aquellos que no quisieran trabajar que no consumieran. Lo sorprendente de esta amonestación es que no se correspondía con el espíritu que trataba de imbuir el Sermón de la montaña:13 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
  Al margen de la contradicción entre el apóstol y el texto bíblico, la tentación que se desprende de esta enseñanza es añadirle que lo que previamente hay que hacer es destruir primero el capitalismo (reino de unos pocos ricos en la Tierra)  y después podremos hablar de cómo producir, distribuir, consumir y gestionar los recursos colectivos responsablemente de esas cosas que serán añadidas, en esa comunidad sin clases y sin jerarquías 14 que anhelamos. Pero San Pablo también se hubiera opuesto a esta idea, pues nos hubiera exhortado a que los siervos que están bajo el yugo de la servidumbre tengan a sus amos por acreedores a todo honor… Los que tengan amos fieles no los desprecien por ser hermanos, antes sírvanles mejor, porque son fieles y amados los que reciben el beneficio. Esto es lo que debes enseñar e inculcar. 15
  Pero comencemos por el principio de este sermón. En sus primeras advertencias ya encontramos el contenido modernizado que defienden los partidarios del consumo responsable. “Viendo la multitud, Jesús subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Les dijo:
  Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.  (No consumáis)
  Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (Si el hambre os aflige, aguantad, no al consumo)
  Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Que la protesta sea la austeridad)
  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (Seguid ayunando)
  Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. (Repartid la miseria)
  Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. (Allá arriba podremos consumir)
  Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Acallad la lucha de clases)
  Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. (Si el rico roba a los pobres, a los mansos, a los hambrientos, a los limpios de corazón, a los que padecen persecución, no importa, pacifícale, pues será más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja 16 que los poderosos que explotan a la humanidad. Dejad la Tierra para los ricos porque de los pobres ya es el reino de los cielos)
  En cualquier caso, como observaron muchos pensadores laicos, la ira de Dios no cae sobre los ricos, como su bondad tampoco parece auxiliar a los pobres. Además, en su inmensa sabiduría, Dios sabe de sobra que la miseria de los pobres la origina la avaricia de los ricos. Esperemos que Él no haya sido el arquitecto social de este tenebroso mundo de injusticia.
3. La culpa es del modelo de acumulación neoliberal, no del capitalismo
  “El “tsunami” del hambre no tiene nada de natural, sino que es resultado de las políticas neoliberales impuestas sistemáticamente durante décadas por las instituciones internacionales”.17 Dicho así, parece que el capitalismo, con otras instituciones y otras políticas del tipo intervencionista, seguramente el hambre y otros problemas sociales desaparecerían. O por lo menos esto es lo que se desprende de las propuestas que recomienda la autora. Pero antes de entrar en comentarios sobre su texto, recordemos que nos encontramos con personas o grupos que proponen simultáneamente el consumo responsable por un lado y la soberanía alimentaria por otro (ver abajo recuadro Fuera de antena 1), que algunos millones de personas tienen que dejar de consumir, a la vez que reconocen que muchos millones más en el mundo pasan hambre. ¿No existe una contradicción entre proponer reducir el consumo a nivel individual de unos y aumentar el consumo a nivel individual de otros, sin un análisis de la lógica de acumulación del mismo y de sus estructuras de poder? Sobre esta y algunas incoherencias más se fundamentaba el artículo de mi capítulo anterior, en el que consideraba que era irresponsable no enfrentarse a estas fuertes diferencias de capacidad de sobrevivir que las poblaciones tienen frente al sistema capitalista (liberal, neoliberal, socialdemócrata o liberalismo social). Dada que las propuestas son muy generales, las respuestas también lo serán:
  Mi opinión es que esto requiere una confiscación de la propiedad privada de estos y el resto de los recursos naturales, así  como de los medios de producción. Sin destruir el poder que puede usurpar a las comunidades no podremos comunalizar la vida.
  ¿Por qué los gobiernos no apoyan este tipo de iniciativas? Porque los gobiernos de clase tienen como una de sus funciones potenciar la acumulación capitalista, fortalecer las multinacionales y los mercados internacionales que estas empresas controlan. No nos engañemos pidiendo peras al olmo.
  Todos estos mecanismos de intervención y de regulación que permitan aplicar las medidas que se sugieren presupone, o bien otra sociedad, con lo cual ya no tendrían porque existir estos problemas, o que ya tenemos el control del poder del Estado para obligar a “los monopolios que nos informen de lo que comemos, cómo se ha producido, qué precio se ha pagado en origen y cual en destino”. Es decir, únicamente si tenemos el control del Estado, les podremos obligar a que cumplan tales medidas. La autora no reclama su abolición, sino que reconoce su existencia, exigiéndoles únicamente que nos informen, que sean transparentes, es decir que practiquen la responsabilidad social corporativa. La otra cuestión, más maligna, es que si ya tenemos el poder del Estado ¿por qué no disolvemos la sociedad capitalista?
  Estoy casi de acuerdo con todo lo que establece este punto. Pero, la parte primera, la de las medidas y reivindicaciones no es posible sin un cambio de sociedad. Lo explicábamos en el punto anterior. Pero este cambio y esta sociedad que ha de sustituir al capitalismo no la podemos esquivar diciendo que “otro mundo es posible”. Esta es la cuestión por excelencia que exige una respuesta. No podemos ni debemos estar permanente repitiéndonos, magnificando nuestra denuncia del capitalismo, para acabar siempre con la misma frase: con  una expresión, un eslogan vacío.
Fuera de antena 1. ¿Qué  propone la agroecología y la Soberanía Alimentaria?
  El presidente 18 de esta red lo explicita diciendo que hay que construir  colectivamente alternativas al modelo agroalimentario hegemónico y dominante y transformar la producción para hacerla respetuosa con el medio y las personas y autónoma con respecto a los medios de producción. Sin embargo, al director de la FAO, lo que le preocupa y propone es que haya “planes de reducción de la pobreza, redes de protección social y programas de desarrollo rural”. Porque, si la gente pasa hambre hoy en día no es porque el mundo no esté produciendo suficiente alimentos para todos”,19 sino porque estas personas no tienen recursos económicos para comprar.
  El presidente y el director no proponen una alternativa contra el capitalismo como un todo, sino contra los modelos de producción agrícola del sistema, o contra la escasez de planes contra la pobreza.  Proponen una opción a los modelos productivos agrarios y “el destierro del fantasma del hambre”, no una alternativa global, holista, al sistema. Otra vez, las preguntas que surgen ante estas opciones es si la propiedad de estas empresas agrícolas, ¿será privada o comunal? Si la gestión y la decisión de que producir y como, ¿será privada o comunal? Los precios en el intercambio entre productores y consumidores, ¿quién los decidirá? Si las personas sin recursos, ¿tendrán acceso gratuitamente al consumo por derecho comunitario?, etc. Si, así mismo decimos que no entraba en los intereses del sistema erradicar la malaria en los últimos 500 años, ¿por qué ha de preocuparse por desterrar el hambre del planeta, que seguramente lleva ya más siglos?
  Todas aquellas propuestas que no cuestionen la propiedad privada de los recursos que producen las mercancías y servicios que son necesarios para vivir entre iguales, de forma comunal, donde el poder se ha diluido y la gestión es horizontal, no tienen sentido transformador.
4. Algunos comentarios  críticos a la “Respuesta al artículo "La irresponsabilidad del consumo responsable..." 20
  Pocas veces alguien contesta con este tono dialogante y comedido, lo que es de agradecer. Sin embargo, Mario Catalán (MC) simplemente se para en aquellos aspectos que son muy marginales a mis objeciones al Consumo Responsable (CR), y pasa por alto todo aquello que desde las teorías o desde los hechos explican porque esta propuesta es irresponsable. Sin embargo, encuentro que el autor dice estar de acuerdo conmigo cuando digo que:
  Aquí  sí  que me gustaría, apoyándome en la evidencia de la crisis actual del sistema, responder a las dos observaciones anteriores, recordándole algo que está en el ABC de la economía: en el capitalismo, si se reduce el consumo por falta de crédito (o por voluntad propia como indican los del CR), entonces aumenta el paro y la pobreza de los desocupados, se vuelve a reducir el consumo de estos y vuelve a repercutir aumentando los anteriores niveles de paro y pobreza; repito, cada vez que el consumo se reduzca aumentará el paro y la pobreza. ¿Queremos eliminar esta secuencia letal para las clases obreras y populares? El corolario es bien sencillo y simple: hay que destruir el capitalismo y su lógica de acumulación, sino lo que estamos es arruinando son los niveles de ‘bienestar’ que el sistema tolera para mantener en activo el mantenimiento de la fuerza de trabajo y su reproducción (aparte del ejército de reserva en los otros países del mundo).
  Vuelvo a darle a MC una respuesta más amplia de cómo el capitalismo, le guste o no, se va tragando todo lo que se le opone, lo subsume que diría el más versado en la materia. Tampoco MC se ha tomado la molestia de demostrar que el CR es una alternativa real al capitalismo, como afirma; todo lo más, pero también hay que demostrarlo, es que el CR sea un instrumento idóneo para luchar contra el sistema. En cualquier caso, sería bueno que MC distinguiese entre sujetos sociales, procesos, instrumentos (débiles y fuertes), y modelos alternativos de sociedad, para no confundir a los lectores. Si se quiere tomar el tiempo, yo humildemente le recomendaría un resumen de mi libro: 21 ¿Hay alternativas al capitalismo? La Renta Básica de los iguales. Zambra / Baladre 2006. O, para ampliar su información, ¿República, sí o no? Sobre las  sociedades y las formas de gobierno: la propuesta del municipalismo. Virus editorial 2009.
  Yo tiro piedras sin esconder la mano, es decir me permito hacer la crítica de aquello que considero conveniente. Sigo el ejemplo, entre otros, del Yo acuso que tuvo que pronunciar y escribir Emile Zola, ante el atropello de los derechos de un inocente militar francés por parte de la justicia de ese país. Y yo también tengo mis datos para advertir y prevenir, en unos casos, pero para acusar en aquellos que están realmente demostrados. Cito algunos de los hechos históricos. Destacados líderes del socialismo subieron al monte Sinaí y bajaron con otras tablas diferentes en las que decían que había que cambiarse a la socialdemocracia, después que había que abandonar la socialdemocracia y adoptar el liberalismo social, el republicanismo,22 y otras tantas formas de hacer gobierno y aplicar políticas abierta y descaradamente neoliberales, como las de F. González y JL Zapatero en España, G. Schroeder en Alemania, los laboristas en el Reino Unido, los diversos gobiernos socialistas en Francia, por no citar los cambios habidos en los países nórdicos, con fuertes estados del bienestar, etc.  Lo mismo pasó con responsables del comunismo, que defendieron el estalinismo, el eurocomunismo, etc. Muchos de los dirigentes del Mayo 68 acabaron dirigiendo multinacionales. Los verdes alemanes, cuando entraron en el Gobierno de su país, apoyaron el armamentismo e invasiones como la de Irak, encabezada por los EE UU y apoyadas por propuestas llamadas de tercera vía o de republicanismo como la del laborista T. Blair. Algunos ecologistas que han estado condenando el uso de la energía nuclear comienzan ahora a defenderla.23 Yo no demonizo, sino que hago la crítica con argumentos, a menos que MC defiende la censura 24 y la mordaza de la misma.
  Por tanto, no creo que tengan bula propuestas como el consumo responsable, la renta básica de los iguales, el decrecimiento,25 la banca ética, el comercio justo, el micro crédito, ciertos modelos de cooperativismo burgués,26 el desarrollo sostenible,27 etc.
Fuera de antena 2. Tirar piedras al propio tejado, sumar o restar, ¿es esta la cuestión importante?
  ¿Unidad?, ¿alianzas? Depende para qué y con quién. A priori, no se puede decir que sean buenas ni malas, sino que dependerá de cada caso y circunstancia, y siempre que ninguna de ellas desvirtúe los principios que cada colectivo sostiene, ni le desvíen de los objetivos seleccionados por el mismo.
  La mayor parte de las veces, la crítica supone la utilización de argumentos en los debates y la posibilidad de que haya acuerdo o desacuerdo. El desacuerdo, si viene como consecuencia de argumentos encontrados, debe ser considerado un resultado positivo. Sin embargo, la demonización es un acto de condena, casi siempre expresado mediante descalificaciones; si se emplea este término, exige al que lo pronuncia que la demuestre. Tampoco debemos apelar a términos como la pureza ideológica cuando uno está haciendo la crítica, y decir que se está acusando a personas para amordazarla. No debemos confundir el acto de ejercer la crítica con la actitud de descalificar que se adopta en ciertos debates. Por esta razón, me parece que es útil incluir algunos ejemplos históricos en el que el ejercicio de la crítica, dio lugar a que se convirtiese en la crítica crítica, para acabar por ahora, en la crítica de la crítica crítica:
  Es casi probable que tales críticas hayan molestado a personas y dividido a corrientes de pensamiento e instituciones. Pero, ¿se puede negar la importancia que la crítica tiene históricamente para el desarrollo del saber, de la epistemología? ¿Es más importante la unidad o la diversidad? Claro que no es necesario enfrentar estos conceptos, pero tampoco se puede ignorar como combinar la unidad con la diversidad, de forma que sumen sus sinergias.
5. Resumen
  De alguna manera, este artículo es un eco del anterior: la única novedad es que considera las raíces religiosas que puede haber en el sustrato de la propuesta del consumo responsable, así como insistir en el derecho a la crítica que tenemos todos los mortales. Y no sólo para criticar el pensamiento conservador, que como señala una autora no muy critica, “la derecha está ganando la batalla de las ideas”,28 sino y con especial atención aquel discurso propio que expresamos desde las diversas izquierdas.
Bibliografía
Mario Catalán. Reflexiones sobre el artículo "La irresponsabilidad del consumo responsable como propuesta de transformación social". En  www.kaosenlared.net/noticia/respuesta-articulo-irresponsabilidad-consu
José  Iglesias Fernández. ¿Hay alternativas al capitalismo? La Renta Básica de los iguales. Baladre editorial. Xátiva, 2006. Puede leerse un resumen del libro en www.kaosenlared.net
José  Iglesias Fernández. República, ¿sí o no? Sobre las sociedades y las formas de gobierno: la propuesta del municipalismo. Virus editorial 2009.
San Pablo. “Carta a los Tesalonicenses” II, 3, 6-15.  Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. Editorial Católica 1957.
San Pablo. “I Timoteo”, 6, 1-2. Sagrada Biblia. Edición citada.
Serge Latouche. La apuesta por el decrecimiento. Icaria 2008.
Serge Latouche. Sobrevivir el desarrollo. Icaria. Barcelona 2007.
Carlo Leifert. “Comer ecológico”. El Periódico de Cataluña. 1 junio del 2008.
Xavier Montagut. “La opinió sobre la Xarxa de Consum solidari”. Recuperem el control de l’alimentació. Abril 2009.
Esther Vivas. Frente a la crisis alimentaria ¿qué alternativas? www.kaosenlared.net
  José  Iglesias Fernández
  Barcelona, octubre del 2009
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