Desde hace algún tiempo (alrededor de dosmilquinientos años) la idea o planteamiento de que la Verdad podía ser alcanzada, dominó el pensamiento de los hombres. De Platón a Kant pasando por Marx, siempre se pensó que mediante un esfuerzo disciplinado y un proceso y ejercicio intelectual e histórico no exento de penalidades, decepciones y sufrimiento, podríamos alcanzar la Verdad, esa ramera de lujo que sólo algunos macarras pueden permitirse. Hablamos de esa verdad pura e identificable que el pensador sabría diferenciar de los distintos tipos de ilusión y simulacros, de los diferentes delirios o alucinaciones, de la falsa conciencia, etc. La capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso se convirtió en una cuestión absolutamente trascendental en el devenir de los hombres y las mujeres, como no podía ser de otra manera. Entonces desembarcó el postmodernismo, muchos fueron los llamados a filas pero unos pocos los elegidos. Uno de los generales de las nuevas hordas relativo-nihilistas que con más ímpetu enarboló la bandera postmoderna fue Jean Baudrillard. Marxista fracasado, sucumbió a los cantos de sirena acomodaticios y se subió al carro que decía que ya no existían las clases sociales y que por tanto éstas no eran sujetos históricos, circunstancia que celebró con volteretas su cuenta corriente: siempre resulta más rentable proclamar que no hay alternativa al capitalismo que ser un simple profesor de universidad catalogado de dinosaurio marxista que vende poco y mal sus libros, los ochenta y los noventa pusieron a prueba muchas fidelidades ideológicas.
Como marxista fue un segundón, siempre bajo la alargada sombra de pesos pesados como Debord o Althusser, cambiar de bando era apostar a caballo ganador, es más, solamente un ex marxista sería capaz de desarrollar la teoría y las tesis Baudrillardianas, el resentimiento siempre es una buena fuente de inspiración. Si a ello le añadimos cierta aura visionaria y provocadora, unas dosis de irrefutable lógica apocalíptica propia de la ciencia ficción de los años 50 y por último una tonelada de nihilismo distópico orwelliano, el resultado es ciertamente seductor. Se ha llegado a decir que (Stevenson 1998:225) «la más elaborada de las críticas postmodernas actuales de la comunicación masiva es la ofrecida por Jean Baudrillard». De hecho no es casualidad que la obra de este imbécil monopolice los cuatrimestres en la mayoría de facultades de comunicación de medio globo terráqueo. Películas como Matrix o La isla no hicieron más que afianzar el carácter visionario de su obra, algunos olvidan que dichos films son mera ciencia ficción. Por otra parte, la relación entre los citados filmes y las posiciones del filósofo francés no es tan estrecha como a muchos les gustaría y veremos más adelante. Cuando tu obra se vincula a películas en las que un ser humano esquiva las balas y puede volar, es decir, un film de ciencia ficción, lo primero que debe hacernos sospechar es que se trata de planteamientos de carácter acientífico. El anti-materialismo filosófico será el pilar del segundo Baudrillard, el del simulacro y la realidad virtual, el del abandono de toda reminiscencia marxista, el Baudrillard que se hizo rico (literalmente) sosteniendo al sistema y negando toda forma de resistencia, a la que también tildó de simulacro.
La idea principal que defiende Juanito es que las relaciones de producción y consumo han sido reemplazadas por un entramado de códigos y signos, entramado sostenido y producido por los medios de comunicación. El capitalismo pasa a ser simbólico, inmaterial: lo verdaderamente importante no es el proceso productivo o el precio en el mercado de una camiseta Nike, sino su valor simbólico cuando un rapero la saca a relucir en su concierto y luego todos sus fans la compran, olvidando de forma desconcertante que, la característica principal de mi tostadora no es su diseño o su valor simbólico o estético en mi cocina; la principal característica de mi tostadora es su capacidad para tostar pan. La trampa como es evidente, está servida. Negar el proceso productivo y el valor de uso conduce a donde Baudrillard quiere llegar, a la desaparición de las clases sociales y por tanto a otra de sus sentencias obsesivas, al fin de lo social. Para este hijo adoptivo de la burguesía académica, la producción es un problema del pasado, lo cual pone de manifiesto su profundo etnocentrismo centroeuropeo (en realidad un tic de lo más común en toda la literatura social del viejo continente) ya que y como resulta de lo más obvio, la producción ni mucho menos es un problema del pasado. La única realidad es que hoy día los niveles de producción son mucho mayores que en los años setenta, por mucho que se empeñen los post-maníacos (post-industriales, post-estructuralistas, postmodernos…) en aseverar que la producción es una reliquia o un anacronismo. Que la producción industrial se haya deslocalizado e invisibilizado a los ojos del occidental no significa que haya desaparecido. Al margen hay que tener en cuenta que aunque el sector servicios haya ido desplazando a la industria pesada, es un sector que también produce, especialmente plusvalía. Un sector en dónde la contradicción capital-trabajo se agudiza más si cabe: sólo hay que ver las condiciones laborales de un trabajador de McDonalds o de una empresa de limpieza. Pero algunos en su estrechez de miras, creen que el sector servicios está formado únicamente por profesores de universidad y médicos. El problema es que algunos sólo salen de su docto despacho para cobrar la nómina.
Lo que hace Baudrillard es abrazar una suerte de empirismo positivista: como no veo la producción será que no existe. En realidad lo que hace de manera solapada el filósofo francés, es abrazar el manido axioma metacomunicativo que nos dice que no se puede no comunicar. La notable obviedad, ha sido utilizada por los teóricos burgueses de la comunicación hasta la saciedad, el infinito y más allá. La trampa de nuevo, se percibe evidente: toda conducta o comportamiento humano que sea percibido por otra persona, también es al mismo tiempo un signo, es decir, tiene por tanto una función comunicativa. El silencio de “X” persona tiene una función comunicativa para la persona “Y” relacionada con ella. En otras palabras y para aclararnos, el silencio de la iglesia católica respecto a los miles de abusos sexuales cometidos por sus sacerdotes, está comunicando a las víctimas el apoyo que la institución brinda sus enjuiciados. Otro ejemplo, tenemos a un maltratador en plena calle pegándole a su mujer, algunos miran y pasan de largo. Pese a no hacer nada, están comunicando: quizá su aprobación a los hechos o más probablemente su miedo a intervenir. Por último el ejemplo más significativo, cuando el asalariado recibe su nómina sin protestar ¿no está comunicando a su superior que asume la posición gregaria? ¿Cuando el propietario ingresa el jornal en la cuenta del asalariado no le está comunicando que ésta y no más, es la cantidad que merece? Este último ejemplo nos lleva a la trampa pueril mejor asentada en la historia de la teoría burguesa de la comunicación de masas. El famoso axioma confunde conducta con comunicación, convirtiéndolas en la misma cosa, en el mismo objeto de estudio. «La conducta es esencialmente comunicación y la comunicación por consiguiente, el “acontecer social básico”»[1]. Todo por tanto, es comunicación, incluso los procesos sociales se convierten pues en procesos comunicativos. Se trata de no poner cotas a la interpretación que nos conduce a reducir toda conducta humana a su función comunicativa, abstraerse hasta tal punto de aislar la comunicación respecto al nexo social en el que se produce. Así resulta más fácil desprenderse de las clases sociales, ya no existen sujetos históricos, sólo emisores, receptores, canales y mensajes. Caemos presos en ese entramado de signos y simbolismos que tan rentables le salieron a Baudrillard.
En realidad, bajo un prisma dialéctico, el fenómeno o proceso comunicativo debe entenderse en dos direcciones, la abstracta (toda conducta es comunicación) y la concreta (mi tostadora principalmente tuesta el pan no decora mi cocina) a la vez, al mismo tiempo. En otras palabras, tenemos que pensar en dos definiciones conceptuales opuestas para una misma experiencia o proceso. En abstracto, el capitalista y el obrero están enfrentados como actores de la comunicación (emisor, receptor, canal, mensaje…) En concreto, su conducta como actores en dicho proceso comunicativo se encuentra determinada por su condición de obrero asalariado o de capitalista. En la abstracción, toda conducta humana aparece como conducta comunicativa, sin embargo en realidad, suele ser algo más que comunicación. La comida (como conducta) tiene también una función comunicativa para los comensales (siempre que haya al menos dos personas en la mesa): no obstante, normalmente la comida no se identifica con la recepción de informaciones, con éstas no se llena uno el estómago. Por todo ello, la conducta comunicativa de un capitalista se encuentra determinada y condicionada por su posición como capitalista, por ello para definir y explicar esta conducta, hay que partir no de la definición abstracta (es conducta comunicativa) sino de la determinación concreta: es conducta comunicativa de un capitalista en cuanto capitalista. Viva Carlos Marx.
Lo que hace Baudrillard es llevar al extremo esa abstracción que tan buenos resultados produjo a los teóricos clásicos de la comunicación burguesa (K. Merton, Lazarsfeld, Laswell, Wright…) con la ventaja que a diferencia de sus predecesores de la infame Escuela de Chicago, dispone de una serie de avances tecnológicos para sustentar la mentira de forma más creíble: realidad virtual, internet, autopistas de la información, telefonía movil, etc. Todo se reduce a signos y simbolismo, forma bastante torpe de dar cuenta de las clases sociales. Y desaparecidas éstas, desaparece también el conflicto social y por ende, todo tipo de resistencia: obviamente si eliminas la dominación eliminas también al resistente. Lo que nos lleva al triple salto mortal de Baudrillard y a la más chapucera de sus trampas argumentativas.
El bautizado «McLuhan francés» y su legión de seguidores se abstraen hasta donde les interesa. No tiene ningún problema en hacer un esperpéntico ejercicio de abstracción para equiparar conducta con comunicación, pero después por lo visto le cuesta horrores abstraerse mínimamente para percatarse que ese sistema de signos que domina su sociedad postmoderna responde a unos intereses concretos perfectamente identificables, esto ya se lo explicó Frederick Jameson. Si a las tesis baudrillardianas nos atuviéramos, pudiera parecer que todo ese entramado mediático, brotó de la nada como la hierba en un jardín. Para Jean todo es inmaterial, simbólico, relativo en extremo, el simulacro se ha convertido en lo verdadero y existen infinidad de verdades; la real, la simbólica, la hiperreal… o mejor todavía, que no existe ninguna verdad. Ese apoliticismo paranoide hace lo que cualquier otro apoliticismo, sustentar el orden existente. No es más que el famoso analfabetismo político descrito por Bertolt Bretch pero carente de toda alienación o reificación, un apoliticismo consciente que se vanagloria de sí mismo y que retoza en su propio vómito. Por ello la comparación con Matrix es parcial y tendenciosa, existe una crisis de realidad pero ésta responde a unos intereses concretos, los de las máquinas. Además se puede escapar de Matrix (algo que Baudrillard negaría rotundamente) y se identifica y localiza una dominación que por tanto genera una resistencia, representada por la ciudad de Zion, la tripulación de la nave de Morfeo o el propio Neo.
Pero la pirueta se convirtió en triple salto mortal con tirabuzón, y mientras los niños iraquíes saltaban en pedazos, Jean Baudrillard deslumbró a propios y extraños afirmando sin sonrojo que la guerra del Golfo no había tenido lugar, mediante una serie de artículos de lo más polémicos. Creo sinceramente que de entre toda la historia intelectual de la humanidad, nunca una gilipollez tan monumental tuvo tanta acogida. El autor defendió que las informaciones sesgadas de los mass media en dicha guerra, amputaban la representación del campo de batalla y  la crudeza de la guerra, sustituidas por imágenes digitalizadas (las famosas lucecitas verdes) y discursos propagandísticos que impedían una comprensión cabal del conflicto por parte de la audiencia masiva.[2] Y claro, por eso no había tenido lugar y por la misma razón, como yo no estuve en el desembarco de Normandía, éste tampoco tuvo lugar. La gilipollez aunque obvia, está más asentada de lo que uno pudiera pensar en primera instancia. Bajo esta perspectiva que podríamos clasificar de empirismo fundamentalista, se esconde otro de los axiomas comunicativos mejor asentados en la tradición burguesa de la investigación de los medios de comunicación de masas, esto es: si un árbol cae en el bosque y no hay nadie cerca que escuche, no hace ruido al caer. El despropósito, la aberración y una barbaridad de tal calibre, aseguro que está más instaurada de lo que podamos imaginar. Ya no se trata si quiera de posiciones ideológicas enfrentadas, es el mismo sentido común el que se cuestiona mediante un arrebato de irracionalismo ilustrado (y muy bien pagado) que no deja de deslumbrar a generaciones de comunicólogos al servicio de la elite económica, por que a fin de cuentas ¿a quién beneficia que se plantee con tanto eco si la guerra del Golfo había tenido lugar? A la potencia invasora como es evidente, la misma que se beneficia de la conversión de su guerra imperialista llena de víctimas civiles en un símbolo, inmaterial, incorpóreo, irreal. La trampa es la misma que al negar el sometimiento y por tanto las clases sociales: si no existe la guerra tampoco existen las víctimas.
Baudrillard murió entre algodones y su legado resuena con fuerza en todas las universidades: el capitalismo a diferencia de Roma, sí que paga a los traidores.
[1] Crítica de la teoría burguesa de la comunicación de masas, Lothar Bisky, Ediciones La Torre, 1982
[2] Perspectivas sobre comunicación y sociedad Antonio Méndez Rubio, Universidad de Valencia, 2008
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#1
30-08-2010 16:12
"toda conducta o comportamiento humano que sea percibido por otra persona, también es al mismo tiempo un signo, es decir, tiene por tanto una función comunicativa. El silencio de “X” persona tiene una función comunicativa para la persona “Y” relacionada con ella. En otras palabras y para aclararnos, el silencio de la iglesia católica respecto a los miles de abusos sexuales cometidos por sus sacerdotes, está comunicando a las víctimas el apoyo que la institución brinda sus enjuiciados. Otro ejemplo, tenemos a un maltratador en plena calle pegándole a su mujer, algunos miran y pasan de largo. Pese a no hacer nada, están comunicando: quizá su aprobación a los hechos o más probablemente su miedo a intervenir"
Por la misma se puede afirmar que quien no rechaza activamente la violencia de ETA, favorece que esta siga matando.
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#2.- No lo creo
Nega (LCDM)|30-08-2010 16:29
Sólo es un ejemplo para poner de manifiesto que sin hacer nada también se comunica, para demostrar que toda conducta (desde el silencio a meterse el dedo en la nariz)  comunica algo,  luego cada caso es particular y hay que estudiarlo por separado. Se puede guardar silencio y no rechazar la violencia de ETA por muchos  motivos, desde porque la apoyas hasta por pereza o provocación o porque simplemente no te da la gana condenarla porque opinas que es una hipocresía,    y habría muchas más cosas que condenar. El motivo es lo de menos, lo que intento explicar es que incluso guardando silencio (y no te lo lleves al tema de la condena de ETA, puede ser en una relación de pareja) se comunica algo.
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#3.- Nega, lo tuyo es la música
30-08-2010 16:30
No creas que porque has leido "Cultura y simulacro", "El intercambio simbólico y la muerte" y "A la sombra de las mayorías silenciosas", si las has leido realmente, has entendido nada significativo del mensaje de Baudrillard. Es un autor de fronteras y bifurcaciones, como lo fue la Escuela de Frankfurt. Lo mismo también te parecen reaccionarios y postmodernos (avant la lettre).
He de decirte que el pesimismo que destila Baudrillard no es reaccionario sino una denuncia, desde el cinismo, de un capitalismo que se convirtió en superestructura ideológica, mientras los apocalípticos y antiseistema estaban bajo el agua.
Cualquiera que sepa leer a Baudrillard ve que su postmarxismo no es antimarxista sino nostágico de este pensamiento. Y bajo esa nostalgia yace el deseo de un mundo más evidente en sus contradicciones.
Quizá te has confundido y querías hablar de los "nuevos filósofos", ya muy viejos o de Jean François Revel. Déjalo y no te metas en camisas de once varas. Lo tuyo es la música 
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#4.- ??
Nega (LCDM)|30-08-2010 16:42
Hombre si equiparas a la escuela de Frankfurt con Baudrillard creo que el problema y gordo, lo tienes tú. No es pesimismo, es negación completa de la resistencia que es muy distinto. Y oh! ahora resulta que Jean es un autor de denuncia!! Claro es que hay que saber interpretarla: La negación es derrotismo y el derrotismo es denuncia, o mejor todavía, nostalgia por la lucha de clases, el mundo al revés.  La de piruetas que das para meter la obra de este autor en la "denuncia", en fin....  Y no, lamento informarte que no pienso dejarlo.
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#5
Juanma|30-08-2010 17:30
Después de lo de "Hegel, comeflores y el Foro Social Mundial de Madrid (descentralizado)",    a tope de apoyo de toda la purria estalinista, sospecho que la estrella de la "estrella" fugaz del hiphopero nega ha entrado en barrena y fase posterior de conversión en polvo de la la "supernova" dará algo de barro, a lo sumo.
Una cosa es insultar y otra dar trigo
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#6
30-08-2010 17:59
La militancia marxista y el compromiso contra las desigualdades y desfavorecidos, de algunos,  dura, lo que dura su pertenencia al status social  de los desfavorecidos.
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#7.- Psicobanálisis.
30-08-2010 18:35
Según el 1 "quién no rechaza activamente la violencia de ETA, favorece que esta siga matando" Entonces  la razón  de mi cabalgante alopecia, viene favorecido por el hecho de no condenar la calvicie. Gracias Freud.
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#8
30-08-2010 18:56
Recuérdese la hipotesis de Poincaré, que sirvió de incitación a Einstein: <<Si nuestro mundo se contrajese y menguase, todo en él nos parecería conservar las mismas dimensiones.>>
http://www.youtube.com/watch?v=tVwdZlM4D6o&f
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#9.- Con la que está cayendo
30-08-2010 19:14
los golpes que estamos sufriendo los trabajadores, la involución tan salvaje que nos arrastra al siglo XIX y el "nega" nos  intenta colocar un artículo refrito de una recensión sobre la Baudrillard y la postmodernidad que le encargaron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, sobre un pensador que ya no está operativo, al menos desde hace casi 10 años. Haciéndose un sitio en las listas de popularidad con teoricismos abstractos que a nadie interesan o, al menos no, a las condiciones de vida de los trabajadores.
Estos señoritos que se  las dan de revolucionarios, al final, siempre nos salen nega-ndo lo que afirman ser. Otro que nos vendería a la primera de cambio. En cuanto consiguiera hacerse con una columna de opinión pagada en algún sitio. Es un recorrido que me recuerda a Gabriel Albiac
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#10
30-08-2010 19:51
Me ha encantado el artículo. Y hasta en los comentarios le han intentado aplicar el método baudrillardiano al autor.
Enhorabuena. La verdad oculta entre nieblas, inaprensible, abonada en la confusión es un laberinto para el activismo político y la reivindicación.
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#11
30-08-2010 20:41
  "la producción es un problema del pasado"
Es que este tipo de gente jamás ha producido (salvo librejos para burgueses aburridos en encantados de haberse conocido), no se han manchado las manos ni saben lo que es tener la nevera vacía en el primer mundo, o nacer en una familia con los dos padres en paro en un barrio donde se toman vinos a cuenta. No tienen ni puta idea y además les da lo mismo. De hecho algunos están tan lejos de esa realidad que creen que no existe, la niegan. 
  "Pero algunos en su estrechez de miras, creen que el sector servicios está formado únicamente por profesores de universidad y médicos. El problema es que algunos sólo salen de su docto despacho para cobrar la nómina."
Sí, exacto, el sector servicios está formado por gente con amplios conocimientos tecnológicos y científicos. ¿Se podrá ser más anticientífico? La mayoría trabaja en hostelería, limpieza doméstica, industrial, cuidado de mayores, niños... con sueldos muy miserables. De esto doy cuenta. 
Amén. Es así, tal cual.  Pero escuece. Y es que debemos reconocer que uno de los motivos por los que la izquierda está como está en el primer mundo es porque muchos de los izquierdistas no quieren ni oir hablar de revolución. Al fin y al cabo perder su nivel de vida les parece de lo más totalitario, pasado de moda.
Yo quiero seguir leyendo tus artículos.
Saludos. 
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#12.- Faltón, pero falto de lo demás
30-08-2010 21:00
Vaya sarta de tonterías de alguien que no ha entendido casi nada de Baudrillard y escribe sobre él con el mismo estilo faltón, chulesco y chabacano, propio de los Savater, Moa, Ussía...Que atrevida es la ignorancia, hay que repetir una vez más.
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#13
30-08-2010 21:04
#9, haces buen honor a aquella famosa frase "cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola", o aquella otra de "muera la inteligencia". Además, me da que además de bastante inculto, eres un envidioso. Si no te gusta el autor, con no leer sus artículos, es suficente. Ya sabes, es mejor aquello de no hablar y parecer tonto, que abrir la boca y demostrarlo......
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#14.- Eh ahí un ejemplo de cómo un sujeto se lanza besos a sí mismo
30-08-2010 21:41
Nega, llevas varios comentarios haciendo un ejercicio de autoadoración merecedor de mejor destino por sus esfuerzos.
Cuidado, que te están zumbando desde varios lados y no son analfabetos.
Procura en lo sucesivo, cuando añadas comentarios autolaudatorios, cambiar el estilo en cada uno de ellos, que tienen, tosos ellos,  un resabio a "je ne sais quoi" que tira para atrás. Análisis de contenido, semántico y estructural. Usa un poco a Derrida, Bartres y Comsky para borrar tus huellas, que quedan impresas como las de un cochinillo trotón.
Torpe, torpe, muy torpe
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#15
30-08-2010 22:26
#14 y lo tuyo es un ejemplo de como pasarse de listo por la cara. El comentario 13 es mío, y al señor que escribe el artículo, no ya es que no seamos la misma persona (obvio), es que ni siquiera lo conozco de nada, salvo por leerlo habitualmente cuando publica algo en esta web.
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#16
30-08-2010 23:49
En tu línea de descaro y provocación y con tono de autoestima subida en tus comentarios, incluso rozando lo despectivo sin necesidad.
Por lo demás, encantada de leer tus artículos.
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#17.- Para el 3
31-08-2010 03:15
¿Podrías explicar con citas del tal Braudillard tu crítica al artículo? Yo no he leído nada de este tipo, pero sí cosas genéricas del postmodernismo (no relacionadas con teoría de la comunicación, sino con la historia) y me parecen infumables.
Desde luego pretenden superar el materialismo dialéctico (cosa que no logran más allá de criticar un escolasticismo muy poco dialéctico que usan para caricaturizar a todo el marxismo). A mí el postmodernismo como presunta filosofía superadora del racionalismo y del materialismo sólo me pareció fachada, efectos especiales y juegos de manos dialécticos academicistas sin ninguna posible plasmación práctica. Claro que puedo tener una visión parcial por lo que supuso o intentó suponer el postmodernismo en historia.
En fin, si el tal Braudillard realmente no es antimarxista y Nega se equivoca agradecería que lo argumentases más detalladamente en vez de usar descalificaciones personales a Nega.
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#18
elviespuña|31-08-2010 11:22
Al 3 y a 12:
Creo que sois vosotros, y no Nega, los que ,o habeis leido parcialmente a Baudrillard, o sencillamente no habeis entendido nada.Decir que Baudrillard, en realidad, siente nostalgia del marxismo, tiene tela...
Al 14:
Poner a Chomsky en el mismo saco que Derrida y Bartres, tiene delito y es no enterarse de nada.
Nega, espero tu proximo articulo. A mi me gustan. 
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#19
Bianchi|31-08-2010 11:33
No es "Bartres" sino Barthes,Roland Barthes.por lo demás,Nega hiló fino.
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#20.- Insolencia y pocas luces
Fèlix|31-08-2010 22:12
Es lo que he percibido en este artículo. Mucha insolencia y rabia y partidismo barato. No es nada elegante, y demuestra incultura, llegar a insultar a un pobre tío que -dice- se hizo rico vendiendo libros. Menudo explotador, menudo contrarevolucionario. A mi Baudrillard me sirvió de mucho en mi juventud para obtener otras visiones del mundo, de la cultura, de la sociedad capitalista. No me pareció en absoluto dogmático y plúmbeo como otros pensadores inmersos o procedentes del marxismo. Mirad: el materialismo histórico es una de las principales herramientas de las ciencias sociales, es como el pedazo de llave inglesa que tengo en mi caja de herramientas y ante la que todos los tornillos tiemblan y terminan por ceder. Muy bien. Pero si sabéis un poco de mecánica y fontanería entenderéis que el abuso de las llaves inglesas acaba por jorobar los tornillos, sus cabezas se redondean y ya no hay manera. Hay, en el pensamiento humano muchas tendencias, cada cual te facilita su herramienta para usarla cuando y donde sea preciso. Hay que estar abierto a las nuevas aportaciones como las que nos hizo este filósofo francés a finales del siglo pasado. Si no, iremos pasados de rosca blandiendo la llave no para abrir tuercas sino cabezas.
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