Cuando Darwin, a través de sus teorías evolutivas, todo un bloque empírico derivado de sus dilatados viajes, establece la relación entre los factores medioambientales y las modificaciones funcionales de los seres vivos - que observa en las islas donde recala (especialmente en las Galápagos) - se cuida también de asentar una evidencia científica: la evolución forzada por la adaptación al medio se produce, en magnitudes temporales elevadas, hasta en cifras de milenios. Significa esto que la humanidad sometida a un masivo volumen de emisiones de gases efecto invernadero puede estar iniciando el proceso degenerativo - a pesar de que pudiera ser largo - de unas estructuras y funciones orgánicas que históricamente prosperaron en una biosfera infinitamente menos agresiva.
Esto es lo que parece derivarse de la información que publica El País, el pasado dos de Diciembre, pagina 34, sección de Sociedad y Salud. Viene a decir que de los estudios desarrollados en Nueva York, Boston y México D.F. se desprende que los niños de esas áreas contaminadas "pueden sufrir alteraciones estructurales que pueden traducirse en retrasos de funciones cognitivas superiores, como el aprendizaje o la memoria. Esas agresiones se comienzan a detectar a las doce semana de gestación".
En línea de procesar esas circunstancias, científicos del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) se disponen a comprobarlo en España, desarrollando un estudio sobre 750 niños de cuatro años, en la ciudad de Sabadell.
Se estudiará la exposición a gases y partículas atmosféricas, resultantes de la combustión en coches, industrias y distintos hidrocarburos. "Se trata de partículas en suspensión que son el vehiculo de los metales pesados, para entrar en el cuerpo". Luego ya sabemos su potencial agresor y degenerativo, valga la expresión globalizadota de un problema que preocupa cada vez más.
Muchos no alcanzamos a entender racionalmente como el cuerpo social de esta tierra no es capaz de evaluar el alto riesgo que supone, por ejemplo, una central térmica de ciclo combinado en los altozanos de Mérida, en Alange. Y menos aun que los poderes públicos no se vacunen con noticias, como esta del País, que sin embargo implican un alto nivel de tensión en otras sociedades. La mínima obligación es la cautela. No vale ya el desarrollo a cualquier precio y la sociedad industrial no puede reinventarse con los esquemas del XIX. Madrid no quiere térmicas, las rechaza de plano. Y aquí, teniendo oro puro, parece ser que no entendemos nada.
Es seguro que hay quienes justifican térmicas y refinerías, como dogma de fe, forzando un tramposo juego maniqueo, sobre la necesidad de trabajar o de que, a la postre, de algo hay que morir. No creo, sinceramente, que ese sea el camino que nos conviene. Más bien es el rigor científico y la prudencia quienes deberían guiarnos, porque hay otros futuros y otros desarrollos en ciernes. Lo que resulta tramposo es lastrar ese futuro con hipotecas contra la propia especie.
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#1
Manolo García|11-12-2008 10:52
Antonio, como siempre, valiente y certero. Enhorabuena por el artículo. Ójala abundasen más este tipo de políticos, para los que prima la honestidad.
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