"während die kommunistische Revolution sich gegen die bisherige Art der Tätigkeit richtet, die Arbeit beseitigt und die Herrschaft aller Klassen mit den Klassen selbst aufhebt, weil sie durch die Klasse bewirkt wird, die in der Gesellschaft für keine Klasse mehr gilt, nicht als Klasse anerkannt wird, schon der Ausdruck der Auflösung aller Klassen, Nationalitäten etc.(Karl Marx, Die deutsche Ideologie, I, B, 3)
(al apaso que la revolució comunista estùa dirigida contra el modo anterior de la actividad, elimina el trabajo y suprime la dominación de las clases al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades etc.
K. Marx, La Ideología alemana, I, B, 3)
I.
La izquierda es hoy presa de lo que Spinoza denominaría sus “pasiones tristes”, esto es de aquellas que disminuyen su capacidad de actuar, pues no es otra cosa la tristeza que “el paso de una mayor a una menor perfección”(Ética III, escolio), siendo la perfección riguroso sinónimo de la potencia o capacidad de obrar. Incapaz de comprender en qué consiste la propia potencia de los trabajadores, la izquierda sigue fiando la emancipación a instancias que saben: el partido, el Estado, determinados pensadores comunistas o marxistas etc. Instancias, por lo demás, que han sufrido una catastrófica derrota política, organizativa, ideológica y goestratégica. La posibilidad de que en el propio proletariado actualmente existente pueda encontrarse, a pesar de esa derrota, una potencia subversiva y a la vez constituyente debe, según esta izquierda triste, descartarse sistemáticamente: la derrota es el único horizonte, la nostalgia del “socialismo” o aun del keynesianismo-fordismo, el único proyecto, pues, para ellos, el proletariado, como el pueblo de Hobbes, sólo existe en tanto que representado por el Partido o por el Estado. Cuando por una serie compleja de motivos que no puede caracterizarse (sólo) como una derrota, esa representación se hunde, las izquierdas mayoritarias -hoy el calificativo parece irónico, cuando su apoyo social y electoral se ha esfumado casi por completo- consideran que es el proletariado el que se ha hundido. ¿No se les pasa por la cabeza que ese proletariado podría perfectamente vivir sin las izquierdas y sus organizaciones derrotadas y derrotistas, sin el capital y sin el Estado, sin todo lo que hace de los trabajadores un proletariado? ¿No pueden comprender que la finalidad de quienes viven en una condición de opresión -y la proletaria no es otra cosa- no puede ser convertirla en una esencia en la que perseverar?
II.
Digámoslo claramente: hoy, quien es proletario quiere dejar de serlo, no, ser un proletario “digno” en un marco fordista o socialista. Por eso ha podido ser engañado por Thatcher, Blair, Berlusconi, Felipe González y otros buitres del neoliberalismo que le ofrecían cambiar de condición para pasar a ser ser empresario, capitalista, inversionista etc. Desde luego, todo ello era parcialmente mentira, pero nos ha instalado en una situación en la que la lucha por unas condiciones de trabajo decentes en el mercado y en la empresa capitalista se ve gravemente obstaculizada; pues la segunda cara “capitalista” de ese nuevo Jano bifronte que es el propio trabajador nos lo presenta como accionista de un fondo de pensiones o de un fondo de inversión cuya exigencia de rendimiento es radicalmente contraria a cualquier reivindicación obrera. Incluso cuando no es accionista de nada de eso, tiene también una existencia financiera mínima como deudor, en la medida en que le corresponde una parte de la deuda pública del Estado y tiene que dar pruebas de "responsabilidad". En estas condiciones, el trabajador se convierte en explotador de sí mismo, como siempre quisieron los teóricos de las distintas familias del neoliberalismo, tanto los “ordoliberales” alemanes como los neoliberales de Chicago. El trabajador se encuentra hoy entre la sartén y las ascuas debido a su interna división. Antes, también lo estuvo, pues su voluntad de abandonar la condición proletaria también se vio secuestrada, no ya por el capital, sino por el Estado, el keynesiano-fordista en Occidente o el socialista en el Este; Estado para el que el trabajador era ciudadano a condición de ser un proletario representado por sus partidos y sindicatos. En ambos casos, el Estado funcionó como una formidable máquina de reproducción y de perpetuación de la condición proletaria. Hoy, la participación de los trabajadores en el mercado de capitales como titulares de valores, aunque sean los de sus fondos de pensiones, también mantiene atenazada la voluntad de liberación.
III.
La expropiación de los comunes por el Estado en favor de una propiedad pública no es en este sentido más virtuosa que la que la propia fuerza del Estado lleva a cabo en favor de la propiedad privada y, por mucho que se hayan degradado las condiciones de vida en Europa occidental y los Estados Unidos, todavía falta mucho para que alcancemos el nivel de escasez y de cochambre que se conoció en la Europa socialista. En cualquier caso, considerar que la única alternativa existente es la que opone lo público estatal a lo privado y hacer un canto nostálgico a lo público estatal es ignorar la posibilidad real de un modo de organización de la producción y la distribución basado en el libre acceso a los comunes y la posibilidad real de una comunidad cuya integración no sea efecto del derecho ni de la violencia estatal. A todo esto debe renunciarse, según los vates negros de esta izquierda necrófila, pues la derrota y la muerte son el único horizonte legítimo para los puros.
Afortunadamente, entre los que no son tan puros y supieron considerar que las derrotas de las organizaciones y las experiencias políticas son algo posible y necesario en la siempre incierta y difícil lucha por el comunismo está un tal Karl Marx de quien decía Broja con su onsondable mala leche que es un autor poco leído entre los marxistas españoles. Ni la derrota de la Comuna de París, ni el fin de la Primera Internacional fueron para Marx motivo suficiente para instaurar un culto nostálgico del pasado, visto como un tiempo mítico en que el mundo tenía sentido. Como militante comunista y como pensador, Marx continuó a través de las derrotas explorando el mundo real, las transformaciones del capitalismo ya impuestas en su época por la resistencia obrera, y teniendo en cuenta sobre todo las fuerzas, la potencia real, el movimiento real que, desde dentro del capitalismo impulsaba su transformación y tal vez permita su superación. Casi todo es posible para un racionalismo materialista exigente como el de Marx, casi todo menos, como diría Althusser “contarse cuentos” (“se raconter des histoires”), aunque estos cuentos tengan la belleza épica de las leyendas fundacionales o la pregnancia ontológica del dreamtime, el “tiempo de los sueños” de los aborígenes australianos.
IV.
En este contexto de nostalgia y luto permanente, se victimiza al trabajador, que debe ser “protegido” de las fuerzas del mercado...por el derecho y el Estado que fundan y reproducen ese mismo mercado. Las actuales transformaciones del capitalismo se entienden como puras y simples derrotas de una clase obrera que habría conocido su edad de oro durante el período que media entre el fin de la segunda guerra mundial y el final de los años 70. Este período es denominado “fordismo”por los economistas de la “escuela de la regulación” (Aglietta, Boyer etc.) -que adoptan parcialmente la problemática y la terminología de los marxistas autónomos (Tronti). El fordismo está inicialmente asociado a la fórmula de gestión empresarial inaugurada por Henry Ford en la industria del automóvil y que se basaba en una intensa uniformización y racionalización de los procesos de producción, una división racional de las tareas productivas tendente a su máxima simplificación (Taylorismo) y por otra parte, en una combinación de disciplina de fábrica y de paternalismo social. El trabajador fordista es un trabajador con un nivel salarial comparativamente elevado, pues tiene que poder ser, en la concepción del propio Ford, el primer y principal cliente de la empresa. El fordismo, combinado a nivel macroeconómico con el keynesianismo, que pretendía aumentar la demanda interna solvente mediante el desarrollo del gasto público, fue la clave de los treinta años de mayor crecimiento en Europa y los Estados Unidos (1945-1975).
V.
El postfordismo es la forma de regulación del capital que sucede al fordismo-keynesianismo cuando éste sucumbe a lo que la Comisión Trilateral designara como “ingobernabilidad”, esto es a la coincidencia de una fuerte ofensiva obrera en la metrópoli que sitúa los salarios en zonas peligrosas para la acumulación capitalista y la liberación de los países del tercer mundo que hace multiplicarse los precios de las materias primas. En estas condiciones, la tasa de ganancia peligra, pero también el orden social fordista cuestionado por una ola de revueltas sociales protagonizadas por la juventud contra la disciplina de fábrica y las distintas disciplinas del Estado. Ese doble fenómeno de valorización acelerada de la fuerza de trabajo y de revuelta contra el orden laboral y político establecido queda emblematizado por el significante “mayo del 68”, por mucho que el proceso real cubre países tan distintos como Francia, Italia, Checoslovaquia, Polonia, China, los Estados Unidos etc. y tiempos bastante más dilatados, sobre todo en Italia donde se habla de un “mayo largo” que dura diez años o en Alemania donde arrastran los fenómenos de contestación hasta bien entrados los 70. El terrorismo (de Estado) pondrá fin a los procesos italiano y alemán; los demás serán liquidados mediante la cooptación de los dirigentes autodesignados de los movimientos y mediante una recuperación capitalista de sus objetivos de liberación respecto de la condición proletaria.
Las distintas derechas (socialdemócratas y eurocomunistas incluidos) han podido hacer así bandera de lo que fueran objetivos anticapitalistas radicales y recuperar para sí un lenguaje libertario, del mismo modo que los termidorianos y bonapartistas pudieron en su momento adueñarse de los significantes de la revolución francesa o los stalinistas de los símbolos de la revolución de octubre. El neoliberalismo, como ideología económica del postfordismo se nutre hipócritamente de numerosos temas de la revuelta proletaria contra la forma fábrica y la forma Estado cuando propugna que se acabe con la preponderancia del Estado (“big government”). Hipocresía, puesto que nunca ha sido el Estado tan fuerte, ni el gasto público se ha disparado de manera tan vertiginosa como en el neoliberalismo. La particularidad del neoliberalismo no es que haya menos Estado -hay que ser un ingenuo nostálgico del fordismo para créerselo- sino que un Estado enormemente reforzado redistribuye la riqueza en sentido inverso al del Estado keynesiano cuando estaba sometido a la presión obrera. La transferencia de riqueza se produce hoy básicamente de abajo a arriba, pues no sólo se reducen los salarios, sino que las prestaciones sociales de todo tipo se recortan y se favorecen los rgímenes fiscales regresivos (impuestos indirectos, IVA) sobre las formas de imposición progresivas ligadas a la riqueza. Al mismo tiempo, el gasto militar, el gasto público en represión o en exhibición de la potencia represiva, la subvención pública a los capitales privados, cuyos últimos grandes episodios han sido el “rescate de los bancos” y el “rescate de los países endeudados” (Grecia, Irlanda, Portugal...etc.) han hecho crecer considerablemente el endeudamiento público sin la más mínima repercusión sobre el bienestar social.
No es que no exista hoy el Estado protector, pues el Estado es más fuerte y prepotente que nunca y también más protector, pero a quien protege en la actualidad, de manera casi exclusiva es al capital y a los accionistas e inversores frente a los riesgos de pérdidas. Si, en el período anterior, la acumulación de capital pudo basarse en el desarrollo de una demanda solvente mediante la protección de los salarios directos e indirectos, hoy en lo que se basa es en el fomento del beneficio privado como fuente también de demanda solvente. Es útil leer los análisis de Brenner para comprender la enorme función de la especulación inmobiliaria y bursátil en el mantenimiento de la demanda en países como los Estados Unidos. La especulación y el crédito fácil -convertido a su vez en objeto de especulación de riesgo- permitieron a la clase trabajadora norteamericana y en parte a la europea acceder a niveles de consumo incompatibles con unos ingresos laborales estabilizados o decrecientes. Con ello vemos que la lucha por la valorización de la fuerza de trabajo puede tener escenarios ditintos del fordista-keynesiano-socialista.
VI.
Dicho esto, puede entenderse mejor que considere demagógico y ridículo que se me declare “partidario” del postfordismo o se me atribuyan memeces como el haber afirmado que existe una oposición entre “fordismo y laborismo” (cf. el texto de SA:”John Brown opone “postfordismo” y “laborismo” de una manera ideológicamente interesada y por ello poco rigurosa”). Yo no puedo haber opuesto postfordismo y laborismo, porque nadie que sepa un poco lo que dice puede hacerlo. El postfordismo, al igual que el fordismo son modos de regulación del capitalismo, son realidades sociales; el “laborismo” es, en cambio una ideología conforme a la cual la ciudadanía se basa en el trabajo (la idea de una república de trabajadores) y que considera el propio trabajo como una dimensión antropológica transhistórica. Confesaré que soy tan fervoroso partidario del postfordismo como puedo serlo del capitalismo o de la ley de la gravedad. De un modo de producción o, dentro de él, de un modo de regulación, no se es partidario ni se deja de serlo; de lo que se trata es de que la hipótesis formulada corresponda o no a la realidad.
Que la lucha de clases tiene un papel fundamental en el advenimiento del postfordismo me parece evidente, basta para comprobarlo leer los ya aludidos textos de la Trilateral de los años 70 sobre la crisis de la democracia. Una vez que la lucha de clases y, en particular la resistencia obrera en el fordismo y al fordismo queda descartada como hipótesis explicativa, sólo queda buscarle un sujeto a la historia: una vez se abandona el terreno de la explicación materialista, hay que buscar culpables, traidores, encarnaciones del mal. “Asilos de la ignorancia” diría el maestro Spinoza. Sin embargo, en la historia real no hay culpables ni pecadores, porque tampoco hay mérito ni virtud, lo que hay son fuerzas sociales enfrentadas y los resultados de su lucha. Resultados complejos, pero en ningún caso desesperantes para un comunista, entre otras cosas, porque sólo se alcanza un planteamiento materialista realizando un gran esfuerzo por abandonar la esperanza y el temor, la alabanza y el vituperio.
Hacer culpable a la gente real que vive en este mundo postfordista -que a mí tampoco me gusta- de no llegar a ser un fantasmagórico “sujeto histórico” revolucionario es no querer explicar nada, no querer ver nada, en realidad no querer hacer nada más que complacerse en la derrota. O la revolución la hace la gente que, aquí o en el tercer mundo, bebe Coca Cola, calza Adidas o Nike, consume no sé qué y no sé cuántas porquerías, y se hace todavía ilusiones respecto de su posible salida capitalista del proletariado, o no la va a hacer ni Dios. Tal vez sea ese profundo desprecio de la izquierda nostálgica -¿o tal vez fuera mejor llamarla melancólica en el sentido preciso de Freud?- por una población real que considera vendida al capitalismo, el que motive la respuesta tan negativa que esta misma población da a las poco tentadoras propuestas de regreso al fordismo (en sus variantes más liberales o más socialistas) que le presenta la izquierda mayoritaria. Cuesta entender qué ganarían con ello las mayorías sociales, aunque se entiende mejor qué podrían ganar las organizaciones de la izquierda o, incluso, los posibles jerarcas de Estados que se autoproclamaran postcapitalistas por haber confiado al Estado la gestión del capital y la reproducción de la condición proletaria.
Que no se pretenda que los distintos movimientos de transformación social que están en curso en América Latina -la ya añeja revolución cubana incluida- son retornos a ese añorado modo de regulación. Si lo hubieran sido, cosecharían hoy los mismos éxitos que nuestras izquierdas laboristas europeas. Lo que tiene lugar en América Latina es un proceso de gran complejidad, pues, por un lado -como ocurrió ya en Cuba en el 59- se ha puesto término al Estado colonial racista y semiesclavista sustituyéndolo por formas de democracia que incluyen a toda la masa de los antiguos excluidos, pero por otra parte, en países como Bolivia o Venezuela la actuación misma del Estado no lo explica todo ni mucho menos. Sin la pujanza de los movimientos sociales que apoyan estos procesos, ni Chávez ni Evo Morales estarían gobernando: en cierto modo, estos países son “quilombos” a gran escala donde lo único que está claro es la voluntad de las mayorías sociales indígenas y mestizas de no volver a sumirse en la nada. Afortunadamente, los ropajes jurídicos y constitucionales visten la rebelión pero no la apagan. El futuro está abierto y ciertamente, su horizonte no es el (re)establecimiento del fordismo. En cuanto al uso del término “socialismo”, puede decirse con Fidel Castro que designa aquello “que no sabemos cómo se hace”, esto es el problema político abierto de la salida del capitalismo y del Estado burgués, el único verdadero problema político de nuestro tiempo, el del paso al comunismo.
VII.
Es imposible aquí responder a la multitud de cuestiones que plantea en su artículo Santiago Alba. Supongo que, a la mayor parte de ellas responderé en la recensión del interesantísimo libro de nuestros comunes amigos Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, El orden de El Capital cuya redacción estoy interrumpiendo para escribir estas páginas. Sin embargo debo contestar a la siguiente afirmación de Santiago Alba: “a John Brown este “estallido de las formas de trabajo y contractualidad”, con todos los sufrimientos concretos aparejados, no sólo no le espanta sino que de algún modo le entusiasma;” . A mí me entusiasma tan poco la condición proletaria del postfordismo como la del fordismo. Lo que no entiendo es que mis amigos con los que aquí intento debatir no comprendan los “sufrimiento concretos” de la disciplina de fábrica y del despotismo interno -y aún externo: Henry Ford era un admirador y financiador de Hitler, cuyo régimen se inspiró también en parte del fordismo- que entraña el modo de gestión inaugurado por Ford. No erijo en valor ninguno de los dos modos de regulación del capitalismo y considero tarea fundamental de los comunistas suprimir las regulaciones de la condición proletaria que respectivamente les corresponden, junto con la propia condición proletaria. Tampoco creo que la inmersión en piscinas de chocolate sea un gran placer, ni que la abolición del trabajo preconizada por Marx (“Die Beseitigung der Arbeit”) sea otra cosa que la abolición del trabajo en el sentido que este tiene en el capitalismo, a saber, utilización de la mercancía fuerza de trabajo. La actividad productiva socialmente organizada será siempre necesaria para una especie que no está compuesta por ángeles y debe perseverar en su esencia mediante un constante esfuerzo, lo cual no significa que esta actividad productiva esté condenada a coincidir con la utilización de la fuerza de trabajo integrada en el capital como capital variable por una instancia de control del capital, sa esta estatal o privada. No creo que ninguna forma de Estado sirva para abolir la condición proletaria, ni siquiera un quimérico Estado de derecho socialista en que se respetara escrupulosamente la independencia civil del trabajador basada en el trabajo. Unos comunistas cuya perspectiva última es el Estado, el derecho y el Estado de derecho sólo pueden ser unos comunistas sin comunismo.
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|18-12-2010
La polémica entre John Brown y Salvador López Arnal
He seguido con atención los artículos que mi admirado amigo John Brown ha dedicado a la espinosa huelga de los controladores aéreos y que le han servido para abordar -como es su estilo- cuestiones de mucho mayor calado: las nuevas formas de trabajo en la sociedad llamada “postfordista”, la superación misma del concepto de “trabajo”, los nuevos soportes y manifestaciones de la lucha de clases y la organización de una resistencia ajustada al cambio de paradigma. Debo decir que siempre leo los textos de Brown con una combinación de placer e incomodidad, pues no puede dejar de producir incomodidad el placer proporcionado por la lectura de un autor con el que se está radicalmente en desacuerdo. Como nos conocemos desde hace más de 30 años y luchamos desde entonces en las mismas barricadas, voy a limitarme a señalar sobriamente algunos de los puntos en los que a mi juicio John Brown incurre en contradicciones, confusiones o errores que comprometen no sólo el marco general de comprensión de la crisis capitalista sino, más decisivo aún, la propia acción política.
1. John Brown opone “postfordismo” y “laborismo” de una manera ideológicamente interesada y por ello poco rigurosa. Tiene interés, quiero decir, en defender muy justamente la huelga de los controladores aéreos y atacar muy justamente a los sindicatos mayoritarios, pero como resulta que quiere defender también (erróneamente) la potencia liberadora del “postfordismo” y atacar (erróneamente) la rémora nostálgica de las “izquierdas laboristas”, trata de obligarnos a aceptar con naturalidad la identificación entre el sector de los controladores y el nuevo mundo del trabajo postfordista y, del otro lado, la de los sindicatos mayoritarios y la reivindicación del viejo, paternalista e irrecuperable fordismo de otros tiempos1. La verdad es exactamente la contraria: la fuerza del USCA y su poder para negociar es directamente proporcional al carácter todavía “fordista” de ese sector (trabajo “localizado”, contratos estables, convenios colectivos, etc.) y su protesta sólo puede interpretarse, bajo la amenaza de la privatización de AENA, como una resistencia a la pérdida de los derechos adquiridos durante años de régimen laboral “fordista”. Si había algún motivo para apoyar esa huelga era precisamente el de que suponía una resistencia al tsunami que está arrasando todas las empalizadas y todas las protecciones laborales en otros sectores, y ello con arreglo al principio, acertadamente enunciado por Samuel2 de otra manera, de que no hay ninguna diferencia, desde el punto de vista de la lucha sindical, entre la defensa de un salario de 200.000 euros y el de uno de 25.000. Por el contrario, lo que tenemos que reprochar a UGT y CCOO es que llevan años facilitando a gobiernos y empresas el “estallido de las formas de trabajo y contractualidad”, por decirlo con Brown, negociando de forma claudicante con la patronal y haciéndose por ello responsables del paso celerísimo a un mundo postfordista en el que -paradoja de la que se han dado cuenta tarde y mal- su propia existencia está comprometida. Insisto, en todo caso, en que la verdad es exactamente la contraria a la que pretende Brown: aun si corporativo, USCA es un sindicato típicamente fordista en un sector típicamente fordista mientras que CCOO y UGT son sindicatos que, conscientemente o no, han apostado al mismo tiempo por el postfordismo y por el suicidio.
2. En su descripción del mundo laboral “postfordista” John Brown mezcla sin distinción “actividades” y “condiciones”; es decir, viejas formas de explotación que reaparecen ásperamente y nuevos formatos relacionados con eso que se llama “capitalismo cognitivo”: “del parado, al trabajador de telepizza o de los "call center", al trabajador "flexible" de las ETT, al número creciente de trabajadores "afectivos" que se ocupan de ancianos, enfermos etc, a los trabajadores sociales, los distintos tipos de trabajo intelectual desde los productores de videojuegos cuyas jornadas de trabajo/juego no tienen límite hasta los investigadores o los profesores de universidad financiados directamente por el capital, o incluso los mismísimos controladores aéreos o los intérpretes de conferencias; todo esto, sin olvidar esa categoría fundamental de trabajadores que, en una "sociedad del espectáculo" son los artistas y otros trabajadores del espectáculo”3. Brown presta más atención a las rupturas que a los retornos: en realidad, la llamada “flexibilidad”, junto con el trabajo precario, no ha hecho sino convertir la así llamada “economía informal”, rasgo definitorio de los países subdesarrollados, en la normalidad legal del mercado laboral en Europa. Las ETT, por ejemplo, no definen una “nueva forma de trabajo” sino un antiquísimo procedimiento de abaratamiento y domesticación de la fuerza de trabajo y, por lo tanto, un claro retroceso a formas de explotación e indefensión que en algún momento parecieron superadas, al menos en Europa. Por lo demás, que “la representación colectiva del trabajo se haya hecho imposible” sólo indica hasta qué punto sectores crecientes de la población activa están completamente indefensos, como lo estaban en 1840 y como lo han estado siempre en el sur colonizado: y deberíamos querer para ellos los mismos derechos -bajas, vacaciones, convenios colectivos, jubilación, etc.- que nos parece justo reclamen los controladores aéreos (porque de otro modo sería John Brown, razonable defensor de las reivindicaciones del USCA, el que los estaría convirtiendo en “privilegiados”). En cuanto a las nuevas formas de trabajo -y a la superación misma del trabajo que anunciarían- diré algo brevemente más abajo.
3. Al insistir en el nuevo marco de trabajo postfordista, John Brown invoca con ceño severo y un poco regañón el “realismo”: es lo que hay. La izquierda, dice, debe reconocerlo. ¿Pero debe o no combatirlo? ¿Qué significa “realismo”? Digamos que el realismo de los poderosos es la defensa de “lo que hay”; el realismo de los trabajadores, en cambio, ha consistido siempre en oponerse al realismo mismo. La “lógica del mercado”, que fija el salario de los controladores y el de los basureros por igual, no puede ser la lógica de la izquierda. Desde la I Internacional se aceptó que la lucha sindical, mientras se promovía una situación revolucionaria, debía desarrollarse en el “marco del mercado”, pero precisamente contra su lógica interna. Todas las reivindicaciones de los trabajadores -salarios, horarios, cobertura sanitaria, etc.- y todos sus instrumentos tradicionales de lucha -sindicación, convenio colectivo, huelga, etc.- respetan el marco del mercado impugnando de hecho su lógica. Como bien explicaba Polanyi (o Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en el brillantísimo capítulo final de su último libro4), sin estas suspensiones de hecho de la lógica del mercado (en el marco del mercado) la vida social misma sería imposible. Por eso debemos apoyar las huelgas, incluso las del cuerpo insolidario de los controladores aéreos: precisamente porque se oponen a “lo que hay” (aunque, de manera comprensible, los controladores acepten también la “lógica”, y no sólo el “marco”, en el caso de sus salarios). Todo esto, claro, lo sabe John Brown mejor que yo. ¿Por qué lo digo entonces? Porque la invocación de “lo que hay”, cuando no es resignada (y no es el caso de Brown, siempre combativo), sólo puede ser entusiasta y reivindicativa. “There is not alternative” es la máxima del suicida, pero también de... Margaret Thatcher. Permítaseme esta comparación excesiva para subrayar mi extrañeza. Porque el asunto es que a John Brown este “estallido de las formas de trabajo y contractualidad”, con todos los sufrimientos concretos aparejados, no sólo no le espanta sino que de algún modo le entusiasma; le parece que contiene un principio de emancipación y, aún más, un “comunismo latente”; y que se ha llegado a él en respuesta a un “deseo” irresistible de los trabajadores (que ellos mismos la mayor parte de las veces no habrían comprendido). De un modo u otro, esta concepción del postfordismo como una “conquista” obrera está presente en todos los últimos textos de Brown: “hoy lo más utópico e inviable”, dice, “son las consignas reformistas: pleno empleo, mantenimiento de los servicios públicos estatales etc. Son simplemente irrealizables en el marco actual, el de un capitalismo que nunca más volverá atrás, al modelo fordista y keynesiano o a sus caricaturas socialistas. Y no lo hará, porque el proletariado realmente existente ha impuesto el abandono del fordismo, que sólo sigue siendo una utopía para cierta izquierda poco al tanto de la "situación concreta"5. No sabemos en qué momento el “realismo” de Brown y sus impecables razonamientos saltan sin mucho ruido de ranura y conducen a una conclusión chirriante. Si los seguimos hasta el final, y añadimos sus críticas al marxo-kantismo y a la Ilustración, nos vemos obligados de pronto a asumir una paradoja difícil de explicar a un trabajador “realmente existente”: el derecho sería una imposición burguesa y la precariedad una conquista proletaria y por lo tanto la izquierda, viene a decirnos Brown, debe situarse en contra del Estado de Derecho y a favor del trabajo precario. Personalmente me asustan un poco las consecuencias políticas que se derivan de un programa semejante.
4. No se me ocurre cuál puede ser la relación apuntada por Salvador López Arnal entre Althusser y el eurocomunismo6, pero si aún recuerdo un poco la obra del autor de Pour Marx, la interpretación de John Brown me parece fraudulenta: “Como afirmaba Louis Althusser, "la lucha de clases es anterior a las clases" y las constituye y reproduce como tales. Tenemos que abandonar la metáfora futbolística de los dos bandos preexistentes. Uno se divide en dos (o más). Hoy la lucha de clases atraviesa a nivel macrofísico al conjunto de la sociedad y a nivel microfísico todas sus moléculas y átomos: desde las organizaciones políticas y demás aparatos de Estado hasta los individuos y sus relaciones”7. No es esto lo que decía Althusser. Que las clases no pre-existan a su fricción quiere decir simplemente que se constituyen la una frente a la otra como consecuencia de su confrontación en el ámbito de la producción; clases y lucha de clases son estructuralmente sincrónicas a partir de la contradicción radical capital/trabajo, que es la que define agonísticamente el capitalismo con independencia de la conciencia o beligerancia de los agentes. Si se olvida que para Althusser (y para Marx) la lucha de clases está inscrita en el corazón mismo de la reproducción material del capitalismo y que divide a la humanidad en dos clases (poseedores de medios de producción y poseedores de fuerza de trabajo), se podrán decir cosas muy interesantes y sin duda muy dignas de reflexión y hasta muy importantes, pero no podremos hacerlo en su nombre. Podremos discutir -y conviene hacerlo- sobre el papel que a nivel global juega el “trabajo social difuso” en un mundo todavía clásico en el que todas nuestras mercancías proceden de maquilas, barco-fábricas y talleres off-shore y en el que nuestros trabajadores sufren la presión de la deslocalización y el abaratamiento de su fuerza de trabajo; más dificil parece demostrar que sea ese “trabajo social difuso” el que constituye y reproduce las clases (y tantas clases como conflictos moleculares atraviesan la superficie social), o al menos no podremos demostrarlo con las categorías de Marx. De una interpretación u otra, claro, dependerá también nuestro programa político y nuestras estrategias de resistencia. La extensión abusiva -e inversión semántica- de la fórmula de Althusser transforma el “todo es lucha de clases”, con el que se pretende afirmar la contradicción fundamental del capitalismo, en un genérico, capilar, casi orgánico “todo es lucha” (por la vida). No creo que con este desplazamiento ganemos mucho en claridad conceptual ni en eficacia política.
5. El himno de Brown al postfordismo y a la nueva realidad del “trabajo difuso” (como generadora de una lucha de clases extra-económica, existencial, generalizada) tiene que ver con la tesis, sostenida por Robin, Riffkin, Negri o Fumagalli, de la “superación del trabajo”. Ese “trabajo social difuso” John Brown lo relaciona, en efecto, con “el deseo de comunismo latente en nuestras sociedades”: “ Para muchos” , dice, ya no se trata de ser explotados (trabajar) en condiciones "dignas" o "humanas", sino de no trabajar bajo un patrón (o un Estado) y para el capital”. Y añade: “el trabajo social difuso tiene la ventaja de mostrar a diario a millones de personas la perfecta inutilidad productiva del capital y de su Estado”8. ¿Para “muchos”? En Europa, islote privilegiado del “trabajo social difuso”, tiene uno más bien la sensación de que la “lucha por la vida”, en el marco de la crisis, adopta la forma tradicional de un conflicto intraclasista en el que los nativos disputan ferozmente a los inmigrantes puestos de trabajo hasta ahora despreciados (¡incluso las españolas que recurren a la prostitución, según una noticia reciente, se enfrentan a las prostitutas eslavas y africanas!). Y en cuanto a la situación global, conviene no olvidar que el número de trabajadores en el sector industrial se ha duplicado en China y la India en el último decenio; en el primero de estos países el 69% de la población activa trabaja en los sectores primario y secundario; en el segundo el porcentaje llega hasta el 71%. Entre las dos potencias emergentes suman casi la mitad de la fuerza laboral mundial (1300 millones sobre 3.000) y sus obreros y campesinos trabajan, huelga decirlo, en condiciones fordistas o prefordistas. Da toda la impresión, en fin, de que la dependencia subjetiva y objetiva respecto del Capital y sus Estados no ha disminuido y que la crisis -y las nuevos procesos de acumulación originaria en Asia- abaratan los salarios, producen desempleo e intensifican la explotación laboral, a la manera más ortodoxamente marxista, pero no parecen aproximarnos ni un milímetro a una sociedad comunista de ocio remunerado.
6. Se puede objetar que la aparición de focos de “trabajo social difuso” anticipa ya, como tendencia irreversible, otro modelo social (“comunista”) como la excepción inglesa anticipaba en tiempos de Marx la hegemonía de las relaciones de producción capitalistas. Como quiera que Brown disuelve sin mucho criterio en el concepto de “postfordismo” categorías irreductibles entre sí (trabajo precario y trabajo cognitivo), es difícil saber de qué modelo parte y hacia qué modelo apunta. Pero si privilegiamos los aspectos cognitivos asociados a las nuevas tecnologías de la información, creo con Denis Collin9 que se exagera la importancia de este factor en la reproducción material de las sociedades humanas a escala global y, sobre todo, que se sobrevalora su carácter revolucionario en términos de acumulación y emancipación de general intellect , tal y como Marx usaba ya este término para describir la ciencia (el saber social) como fuerza productiva incorporada al capital constante (para la producción de mercancías y de beneficio empresarial)10. La tesis sobre la que John Brown fundamenta sus reflexiones teóricas y políticas (y su llamado a nuevas formas de organización) es más vistosa que precisa y pretende que la extensión misma de la reproducción capitalista al conjunto de la vida social convierte “el trabajo social difuso” en una fuerza productiva; es decir, en una matriz de producción de “comunes” parasitados luego por el capital. De otra manera expresa la misma idea Andrea Fumagalli cuando defiende un nuevo “paradigma de acumulación bioeconómico” en el marco del cual “la vida misma produce valor”11. Estas tesis, que difícilmente puede decirse que aclaren o prolonguen el trabajo de Marx, tienen el efecto paradójico de “valorizar” la vida humana -contra los humanismos religiosos- por razones “económicas”; huyendo de las trascendencias -y con el buen propósito de defender a las víctimas del capitalismo- se acaba instituyendo un régimen de inmanencia en el que la vida misma, cada existencia individual, cada pensamiento y cada acción, son “rentables” para todos. No se ve la ventaja de hablar de “comunes” (y no de bienes, propiedades o derechos colectivos), salvo la de ahorrarse el trabajo de las pequeñas trascendencias que llamamos “conceptos”. Todo es de Todos. Todos producimos Todo. Es el carácter inmediatamente productivo, directamente económico, de la “vida” individual y del “trabajo social difuso” el que justificaría la demanda de una “renta básica universal”, asociada no al concepto de “ciudadanía” (el de un sujeto diferenciado de derechos) sino al de “biorrentabilidad”. ¿Estamos seguros de que con este bagaje estamos mejor armados para excogitar nuevas formas de organización y afrontar más eficazmente el capitalismo?
7. Marx no creía, desde luego, que fuese posible la reproducción material de la vida social “sin trabajo”12; y lo que hemos aprendido hoy es quizás que la “superación tecnológica del trabajo” tampoco sería viable en términos ecológicos (todo parece indicar que la alimentación del planeta, en otro mundo posible, dependerá de la recuperación de viejas formas antropológicas de explotación e integración del entorno). Lo que si creía Marx es que era posible trabajar poco, trabajar menos, trabajar en otras condiciones y sobre todo trabajar para todos al mismo tiempo (y por lo tanto para uno mismo). ¿Es eso un proyecto “utópico”? Uno de los límites de los siempre brillantísimos textos de John Brown tiene que ver precisamente con la desproporción entre sus análisis y sus diagnósticos o propuestas. Resulta desconcertante que predique “realismo” a los que consideran que se estaba mejor en arresto domiciliario que en una celda de castigo (o en un Estado del Bienestar fordista que en una ETT generalizada) mientras él detecta con entusiasmo, en la Europa de Sarkozy, Berlusconi y Merkel, en las multitudes de los estadios, las televisiones y los supermercados, “un deseo latente de comunismo”. Como resulta no menos desconcertante que reproche “utopismo” a los que luchan por parchear algunas esclusas y conservar algunos derechos mientras él propone superar “toda clase de propiedad” para establecer el “acceso libre y general a los comunes”. Así planteada, su solución parece tan posible y tan cercana -y del mismo tenor- que las emocionantes anticipaciones del genial socialista utópico Charles Fourier: “Los ríos retornarán de te y chocolate, corderos asados brincarán por la pradera y pescados fritos en mantequilla navegarán por el Sena; espinacas hervidas surgirán de la tierra. Los árboles se llenarán de manzanas cocidas y el grano crecerá en fardos, listo para la cosecha; nevará vino, lloverán pollos, y los patos caerán del cielo ya aderezados”. La necesidad de seguir hablando de “propiedad” a la hora de hacer propuestas concretas para el establecimiento y regulación de una futura sociedad comunista está relacionada con el hecho, dificilmente modificable, de que, por muy comunes que sean los “comunes”, nunca viviremos en un río de chocolate ni bajo una nevada de pollos asados y, si el aire y la luz del sol seguirán siendo absorbidas sin mediaciones, habrá que inventar procedimientos complejos (en un mundo con 7.000 millones de habitantes y una complicada división del trabajo) para “reapropiarse” del resto de los bienes colectivos y generales: el alimento, la energía, la vivienda, la sanidad, el conocimiento. La izquierda lleva siglo y medio discutiendo y hasta ensayando distintos modelos de apropiación (estatal, público, cooperativo, comunitario, etc.) y es muy posible que haya que inventar otros y combinar muchos de ellos, pero no veo ninguna ventaja en fundirlos todos en un cuenco de chocolate caliente. “Superar el trabajo” y “superar la propiedad” suena mucho más radical que “trabajar poco” y “cofundar instituciones”, pero mucho me temo que eso es porque, en una situación tan difícil como la que vivimos y con los escasos medios que tenemos para afrontarla, lo más radical de todo es siempre fantasear. No seré yo -pobre desesperado entregado a ensoñaciones melancólicas- el que se lo reproche a John Brown. Después de todo, antes del salto fantástico en la piscina de chocolate, él al menos nos hace pensar.
NOTAS
1 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118088
2 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118033
3 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118412
4 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113472
5 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113808
6 Cabe pensar quizás en el manejo no muy acertado que Santiago carrillo hace de algunas categorías althusserianas en “Eurocomunismo y Estado”.
7 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118412
8 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118412
9 http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-6/las-tesis-sobre-
10 “El desarrollo del capital fijo revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge [saber] social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect [intelecto colectivo] y conforman al mismo” . Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador 1857-8) , vol. 2, p.230.
11 http://www.traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/colecci
12 Contra la pretensión de Arendt, jamás creyó Marx en la utópica abolición del “reino de la necesidad” sino en su reducción: “El verdadero reino de la libertad no puede florecer sino sobre la base de este reino de la necesidad. La reducción de la jornada laboral es la condición fundamental de esta liberación”. (El Capital, Libro Tercero).




#2
18-12-2010 11:54
Los trabajadores ya no quieren ser trabajadores sino capitalistas. Entonces se hacen buhoneros, autónomos o pequeños empresarios. Lo que habría que entender, creo yo, es que no tienen otro remedio. No son pocas las personas que darían medio riñón por llegar a ser un aburrido y añejo funcionario.
Eso que dice el autor de que todavía no hemos llegado a la cochambre de la Europa socialista habrá que preguntárselo a los ciudadanos del Este, que en medio de la cochambre del capitalismo cada vez se acuerdan más de una cochambre del siglo pasado. Los hay que hasta levantarían el muro con sus propias manos y tirarían la llave. Me refiero a los que se quedan, porque la mayoría se van a servir al Oeste en casas, carreteras, fábricas e invernaderos. 
Algunos llevamos en la cochambre toda la vida. Entre mercancías de lujo que no podemos ni soñar comprar. O quizás sí, podemos soñarlas, y ese es uno de los problemas. Aunque me temo que los 4 millones de parados (oficiales) piden una tontería tan vieja, añeja y cochambrosa como un trabajo para sobrevivir. 
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#3.- "De la tv-video por demanda" a internet por demanda!
Apopiche|18-12-2010 16:07
"De la tv-video por demanda" a internet por demanda'!
  Esta historia de que el fordismo se acaba, es de una  increible genialidad'
  que se puede expresar bién en tres letras:
      bla!, bla!, bla!, bla!,bla,bla!,bla!..................(infinit..)
  Sino fuera pura y descarada critica comercial, el acabose del fordismo,
  tanto como que se viene el periodismo' horizontal (nada mas insulso que
  la conciencia' puesta a filosofar  habría dicho Marx),  y ademas fuese abortista',
  sería tambien'    parte de esta' miseria de escritorio de la burguesia,que
  viene a liberarnos'  de las realidades' hollywoodenses!
  "Abajo'    el fordismo y las realidades' a la hollywodense!    Vivan' las
    realidades'  de estos 6, 7, 10'  burgesuchos de escritorio!, los ...
    ..la nueva' critica, los robinhoodenses!. Muerte al capital'!"
Hector Daniel Maquioli
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#4.- Shanghai Express
18-12-2010 16:49
http://www.youtube.com/watch?v=X02IRxVzpgM
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#5.- Comunistas sin comunismo?
18-12-2010 18:27
p { margin-bottom: 0.21cm; }
¿Y qué tal si hasta que dilucidemos si los comunistas tienen o no como perspectiva única el derecho y el estado de derecho intentamos organizar un frente obrero y popular?. Podrían ser sus objetivos a corto plazo, en principio:
1.- Renta mínima y máxima (que habría que cuantificar) universal.
2.-Escuela única, pública y laica para todos.
3.-Sanidad única y pública.
4.-Jubilación a los 60 años y con menor edad para aquellos cuyos trabajos sean penosos y/o peligrosos.
5.-Jornada laboral de 35 horas semanales.
Y luego les cantamos al PPSOE la de Carlos Puebla:
Cinco puntos, cinco son
ni uno menos ni uno más
si quieren me los aceptan
y si no chirrín chirrián.
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#6.- Menos análisis, más soluciones
Escéptico|18-12-2010 19:20
Este John Brown escribe muy bien, estoy de acuerdo en mucho de lo que dice, pero nunca ofrece alternativas claras, tan solo vaguedades.
Mientras no se ofrezcan alternativas no hay nada que hacer.
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#7
18-12-2010 19:45
Díficil seguiros en vuestros profundos análisis, todo un ejercicio de erudición al más alto nivel. En todo caso, con la que está cayendo, me parece que vuestra aportación, sin duda que valiosa a través de estos debates, lo sería más descendiendo al terreno y colaborando en la ideación de alternativas de lucha anticapitalistas. No sé, igual no viene a cuento, pero me ha venido a la mente la famosa cita de Marx: 'Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformaslo'. 
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#8.- ¿Quien hará hoy la Revolución?
republica otra vez|18-12-2010 21:33
"O la revolución la hace la gente que, aquí o en el tercer mundo, bebe Coca Cola, calza Adidas o Nike, consume no sé qué y no sé cuántas porquerías, y se hace todavía ilusiones respecto de su posible salida capitalista del proletariado, o no la va a hacer ni Dios.
Tal vez sea ese profundo desprecio de la izquierda nostálgica -¿o tal vez fuera mejor llamarla melancólica en el sentido preciso de Freud?- por una población real que considera vendida al capitalismo, el que motive la respuesta tan negativa que esta misma población da a las poco tentadoras propuestas de regreso al fordismo (en sus variantes más liberales o más socialistas) que le presenta la izquierda mayoritaria."
        Estas dos frases encierran una cuestión clave para los que creemos en la Revolución y  responden a la pregunta: ¿quién puede protagonizarla hoy en día? Siempre me he hecho esta pregunta sin hallar respuesta y este artículo la está dando o por lo menos sugiriendo claramente.
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#9
1917|18-12-2010 21:45
+ otras propuestas  para  añadir a las del nº  #5    serían , por ejemplo :
La    Nacionalización de la Banca ,    y de las industrias estratégicas 
El control de  los movimientos de capitales 
La Transparencia de los márgenes comerciales de los intermediarios en la comercialización de alimentos 
Salir de  la CEE
Salir de la OTAN 
derogación de los tratados con EEUU  y Santa Sede 
derogación de la ley de patidos o      su  aplicación obligada a todos los partidos  por igual 
control democrático de los jueces
-....................................................................
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#10.- Nostalgicos' del fordismo
Apopiche|18-12-2010 22:10
Nostalgicos' del fordismo!, jo! jo! jo! papa Noel !
Ataquemos el nucleo mismo del fordismo y la contra'-informacion horizontal!,
que ha de conducir desde las papeletas los proximos milenios!
      "Una agencia de informacion y desarrollo espacial para cada a-narco-liberal'!"
  Con onda loko!
  Sigan agregandole puntos, como jugando'  a las demanda de puebla, o
  hagan no se que cosa sería, pero dejense de joder con las estupideses
  del post fordismo y el periodismo horizontal', consignas tan reaccionarias
  como retrogradas, ya .......
      "Ya que Arquimedes pidio un punto de apoyo para mover el mundo, y no
                                                          converteos' en mulas"
  Luego' habra momento que mover' y remover,  cultivar y controlar' galaxias
  enteras, y pedasos' de criticos como estos, no hacen otra cosa que perder
  el tiempo que pudieran ocupar poco' mejor, otros animadores'!
            "Igualdad' de informacion espacial, ya'!. Un Hubbe' para cada medio 
                                                      de comunicación!. Igualdad'!, igualdad'!"
  Hector D Maquioli
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#11.- Conceptos
Iván|19-12-2010 14:48
p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px Verdana; color: #333333} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px Verdana} span.s1 {color: #333333}
En la especie de lucha de estos dos titanes —que, quizá como todos, aún compartimos, en parte y por otra parte, seguramente, el poder estar dulcemente amodorrados en o entre "estructuras fordistas" o estructuras "retrógradas" ("familia" o la "familia europea", universidad y propiedad privadas, todos "protegidos" por el estado de derecho…, etc.), en esta  especie de lucha, parece que se trata en parte de a ver quién sabe mejor ver la realidad, "materialista". ¿Qué es? Podríamos estudiar y/o repasar el libro de Carlos Fernández Liria "El materialismo" para empezar a debatir mejor. Pero ahora mismo el tema no era ese, aunque creo que nos daría alguna clave. 
Se dice:
> Que las clases no pre-existan a su fricción quiere decir simplemente que se constituyen la una frente a la otra como consecuencia de su confrontación en el ámbito de la producción.
Y quizá lo que hace "la continuación lógica" de esta frase cambiaría nuestro panorama, es decir, nos podría permitir abandonar un poquito los conceptos marxistas por un momento, no vaya a ser que la realidad en realidad esté también "fuera" (o quizá ya hay algo un poco cambiado en la mente de Alba Rico y no lo dice porque no ha lugar).
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#12.- sigo…
Iván|19-12-2010 14:52
"Ámbito de la producción" podría venir antes de lo siguiente: "producción de mercancías". Y a esto podría seguirle: "para el mercado". Y a esto el observar que es un proceso expansivo de ampliación de mercados y destrucción para ello de nuevas —viejas— comunidades locales, "conciencias" (batalla para hacer de la gente "consumidores" y consumir así sus existencias), y ecosistemas.
¿Quién/qué impulsa esto? ¿La lucha de clases? ¿Y/o la destrucción que es el primer paso del capitalismo y que le induce a destruir más cosas y mejor en otra parte? ¿Es el mismo problema? ¿La lucha de clases solo viene de la destrucción que provocaron aquellos dinamismos del capital, y quienes lo tienen, que quieren sí o sí hacer algo con él? ¿Y la evolución de la técnica qué es aquí, es algo fundamentalmente modulado por el capital, capital que retiene, de la técnica, cuando puede, "lo que le interesa", para así poder capturar mercados ampliando "el Mercado", y asentar sus bases para sucesivas destrucciones?
¿Puede ser algo importante hablar también por un momento del proceso de expansión de un "dinero" esencialmente en manos privadas, y dejarse un poco de centrarse en estados de hechos, ya asegurados, y configurados, para el teatro de una supuesta lucha de clases (fordismo/postfordismo)? 
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#13.- sigo…
Iván|19-12-2010 14:54
p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px Verdana}
Porque —creo—, para empezar podemos recordar esto, a ver si no va a ser un "hecho" que debamos recordar más a menudo y que es comentado en estos términos parece que por mucha gente:
las "potencias" que se hicieron con una gran capacidad industrial a base de medidas proteccionistas —al parecer extremas— que les daban un privilegio mundial a explotar más tarde, luego "tiraron la escalera", es decir, una vez subidos arriba tiraron la escalera que les permitió alcanzar la posición (y empezaron a gritar contra el proteccionismo, con su querido "mercado libre"). 
Es decir, el capital siembra privilegiadamente un terreno (se den los teatros que se den ahí) para plantar ahí campos base desde donde, ideológica y materialmente, conquistar otros mundos en procesos que siempre comienzan por destrucciones (recordemos por ejemplo los miles de suicidios de agricultores en India).
Esto es, en ese "subsumir" (la economía a lo técnico, hablando mal y pronto), del que hablamos, recordemos que hay una labor de destrucción previa: de relaciones locales, de ecosistemas, de conciencias de los futuros consumidores, etc… y, también, digamos, de una especie "destrucción virtual": de las posibilidades del sistema técnico —algo, valga recordarlo: importantísimo, si éste es utilizado no para la expansión del capitalismo sino para el "florecimiento" de las comunidades.
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#14.- sigo…
Iván|19-12-2010 14:56
p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px Verdana}
¿Postfordismo/fordismo? ¿Luchas entre intelectuales a ver quién describe… qué cosa?
Preguntas:
"clase"… ¿es preciso seguir usando esa palabra? ¿Es estratégicamente útil? ¿Qué es el populismo a colación de esto? ¿Qué es el humanismo? ¿Por qué es tan fácil hablar de marcos donde por un lado está la gente (multitud, lucha de clases, etc.) y por otro el sistema económico/poder (y el sistema técnico y sus devenires; y la naturaleza del dinero y su "privatización" mundial, que sobredetermina lo que hacemos con el "sistema técnico industrial")? 
¿Por qué no hablamos de la esencial "privatización" de la "herramienta" quizá más poderosa e intrigante que tiene quizá el ser humano y que es el dinero —eso, que es y no es una "herramienta"? 
Quizá haya de ser cambiado de raíz este estado de las cosas; quizá se pueda ampliar para dejar sentado qué es lo que ha estado pasando en la lucha "capitalista" entre "comunismo" y "capitalismo"; quizá pueda ser importante ver el devenir del capitalismo, la historia, como algo que se produce a sí mismo expandiéndose y ello mediante cierto subsumir el sistema técnico, la producción, subsumirlos a la economía, a nivel mundial; o sea, quizá podamos hablar de en dónde estamos metidos, más allá de las quizá "mitologías" que acosan a los economicismos de todo tipo.
¿En qué mundo vivimos? ¿Qué es la técnica y qué el dinero? 
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#15.- sigo…
Iván|19-12-2010 15:51
La "expansión" quizá derive de esa quizá consustancial naturaleza "privada" del "dinero" (pues si el dinero es entre otras cosas para "comunicar mercados"…, es difícil pensar los marcos donde puede existir algo así (ignoro todo sobre el Derecho):
¿Solo pueden existir estas especies de focos imperiales mafiosos, como ahora, donde una FED, organismo privado, parece que dicen que crea dinero o monopoliza tal cosa, de/desde la nada, en EEUU, que es la potencia mundial armamentística y de la tecnología?
Caricaturizando: la concepción llamémosla "negrista", de "somos los pobres", o son ellos, la lucha de clases, quien ha creado "la fiera" o quien va delante de ella…, pensando así en cierto modo, creo que la fiera debe estar bien "contenta", y ello por ejemplo debido a lo que hemos dicho: su "proceso de destrucción" está antes de la "lucha de clases" y sus devenires. Digámoslo otra vez pronto y mal: hay que matar a la fiera, de alguna manera, a nivel mundial, y como se suele decir: por la supervivencia de la vida sobre la tierra; hay que matarla y no describir sus pretendido "metabolismo interno"; hay que cargarse esa "cadena" lineal de destrucción de todos los recursos sobre la tierra, como se dice en el famoso video*; pero para ello quizá solo podemos usar la industria, es lo que hay, y esa industria está sobredeterminada por los fines del capitalismo. 
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#16.- fin
Iván|19-12-2010 15:53
p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px Verdana}
Creo que es importante dejar de hablar de "gente contra economía".
Y como supongo que leyendo a Alba Rico, leyendo a Stiegler, quizá podamos aclararnos algo, o habrá alguien para poderme aclarar algo sobre todo esto, pues como se ve, estamos en un buen lío.
* www.storyofstuff.org/international
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#17.- Comunismo sin comunistas?
trepper3@gmail.com|19-12-2010 18:48
Creo que lo más concreto de todo esto, es la posición del 5 Comunistas sin comunismo? Tenemos que incluir también, por ejemplo: 6.- Aumento de los impuestos a las grandes fortunas, y control exhaustivos de las cuentas en el extranjero. Aplicando fuertes sanciones a los grandes evasores. 7.- Nacionalización de toda la deuda hipotecaria y expropiación de todo el patrimonio inmobiliario de las grandes corporaciones constructoras, inmobiliarias, bancarias y de la pura y simple especulación bursátil. De este modo la sociedad tendrá en sus manos los instrumentos legales para reestructurar la deuda social y no privada como lo es ahora, prevaleciendo entonces el interés colectivo sobre una salida burguesa, individualista y salvaje, el de sálvese quien pueda, el que proponen las recetas del FMI, y el Banco Central Europeo, dominado por Francia, Gran Bretaña y Alemania. 8.- Nacionalización de la banca privada bajo control de la clase obrera para poner al servicio de la mayoría de la población toda la riqueza y el potencial económico que controlan y usurpan para maniatar y destruir las legítimas aspiraciones de defender los derechos de justicia social y arrebatar el omnímodo poder de las elites que gobiernan la economía real para su propio beneficio.  
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#18.- Comunismo sin comunistas?
trepper3@gmail.com|19-12-2010 18:52
9.- ruptura de todos los pactos y tratados con la UE, ruptura con la OTAN, rechazando el sometimiento de España a los designios de los banqueros alemanes, Franceses e ingleses, y también de sometimiento a la política guerrera y de terrorismo mundial de los EEUU.
10.- Ruptura con el Euro, adoptar nuevamente la Peseta, y establecer nuevos convenios laborales basados en un nuevo sistema de reparto de la riqueza social, en un sistema productivo al servicio del conjunto de la sociedad y de las necesidades humanas y básicas de la sociedad haciendo un uso más racional del potencial económico productivo puesto al servicio del avance de la civilización y el estándar de vida  de la sociedad colectiva y no de un puñado de especuladores bursátiles.
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#19.- Comunistas sin comunismo?
trepper3@gmail.com|19-12-2010 18:53
11.- Por lo mismo, cese inmediato y cierre de todas las bolsas de valores, abolición de todas las transacciones bursátil, y declaración de los valores sujetos a embargo por   presunta deuda especulativa en desmedro y costas de la sociedad, por lo tanto declarar ilegal todo acto del mercado de valores, quedan todos los valores congelados y sus tenedores deberán declararlos en un plazo perentorio. ¡Hay que acabar con la economía de especulación usuraria! Con el capital ficticio, estamos llegando a los más altos estándar de miseria humana.
12.-   El llamado a establecer un nuevo sistema de gobierno directo, y de control directo de los principios y compromisos con la sociedad funcionando en un régimen de representación directa, a través de consejos de trabajadores y de ciudadanos. Hay que terminar con el parlamentarismo burgués y monárquico, y con gobiernos con políticas fascistas, todos instrumentos de un estado al servicio de las familias y clanes poderosos.          
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#20.- Comunistas sin comunismo?
trepper3@gmail.com|19-12-2010 19:13
13.- Nacionalización del comercio exterior y control del comercio interior sujeto a economía regulada, ley antimonopolio, descentralización de la producción corporativa, fuerte impulso a la PYME y mayor apoyo a las cooperativas obreras.
14.- Ley contra los monopolios de las mass media, descentralización de las redes informativas, libertad de prensa y difusión, digital, analógica y escrita, contra cualquier tipo de censura, por una ley de radiodifusión que ponga la red de información al servicio de la verdad y no bajo el control de las derechas “derechotas” y mantener a la población en el estado de confusión, inseguridad, de terror y de amenaza continua al que se somete al pueblo con constantes campañas estudiadas y orquestadas al milímetro por los poderosos poderes corporativos. 
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#21.- Provechito!
Hector|19-12-2010 21:14
Cheeeeeeeeeee'!  era para leer!. Para' un poco!. Te comistes el manifiesto,
El Capital, la primer internacional, la tercera, la de cuarta!, el oportunismo' del
siglo XXI, te la sabes lunga!
Apopiche
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