Buscar  
Competencia imperialista en el cono sur: nuevos alineamientos
Se están desarrollando diversos alineamientos en América Latina, en un contexto de escalada de tensiones (golpe de Estado en Honduras, bases militares de EEUU, acuerdos militares). [TAMBÉ EN CATALÀ]
Albert G. Piquer (En lluita / En lucha) | La hiedra / L'heura | 11-10-2009 a las 12:11 | 591 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/competencia-imperialista-cono-sur-nuevos-alineamientos
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb
Tras el golpe de Estado en Honduras miles de personas se enfrentaron al ejército para defender al gobierno legítimo frente a la clase dirigente.

  Los últimos meses han estado protagonizados por la escalada de tensiones en suelo latinoamericano: el golpe de estado en Honduras, las nuevas bases militares norteamericanas de Colombia, el acuerdo militar entre Brasil y Francia.Albert G. Piquer nos habla de los alineamientos que se están produciendo.

Nos encontramos en una coyuntura marcada por los efectos económicos y sociales de la crisis internacional, en la cual el imperialismo estadounidense intenta recuperar terreno sobre su histórico “patio trasero”, considerada una región clave para los intereses yanquis –tanto por la cercanía geográfica como por las riquezas que le saquea–, al mismo tiempo que las clases dominantes de América Latina practican un giro a la derecha, buscando gobiernos más “leales” que les permitan hacer pagar a los trabajadores los efectos de la crisis y reaproximarse al imperialismo.

Un nuevo imperialismo en tiempos de crisis

Hace unos diez meses, con la elección de Obama como presidente, el gobierno norteamericano efectuó un cambio con respecto a George W. Busch en la táctica política del imperialismo, para hacer frente a la situación mundial y la resistencia antiimperialista. Ello no significa, sin embargo, que Obama sea una “paloma de la paz” (basta ver su política de intensificar la guerra en Afganistán) y que no defienda tanto como su antecesor los intereses imperialistas. Y es que las causas de este cambio de táctica no subyacen en la “buena voluntad” de nadie, sino en la necesidad de adaptarse a un nuevo contexto económico, social e ideológico, así como a las derrotas que la movilización y la resistencia armada han inflingido a la política del imperialismo.

Así pues, bajo el discurso conciliador y la política de “buen vecino” del sonriente Obama, apoyándose en sus aliados más firmes como México, Colombia o Perú, y utilizando a Brasil como interlocutor privilegiado —además de los “buenos oficios” del gobierno chileno— Washington se propone frenar el “contagio populista” y debilitar al chavismo, al mismo tiempo que pretende reafirmar su hegemonía en la estratégica región de América Latina, a la que sigue considerando como su patio trasero.

En este sentido, el fortalecimiento del SOUTHCOM (Comando Sur, cuyo ámbito estratégico es toda Latinoamérica) en Miami; la reactivación de la IV Flota para operar en el Caribe y el Golfo de México; la ampliación de la red de bases en toda la región, incluyendo las ya existentes en Colombia, Guantánamo, Aruba, Curaçao, El Salvador... todo ello expresa una política de despliegue militar norteamericano que amenaza a toda América Latina, y que puede servir desde espionaje y apoyo a conspiraciones golpistas, hasta nuevas “guerras de baja intensidad” como la impuesta en Centroamérica en los ‘80 o intervenciones contrarrevolucionarias de mayor envergadura ante nuevos levantamientos obreros y populares o grandes crisis políticas.

El golpe “cívico-militar” en Tegucigalpa —apoyado desde la base yanqui de Soto Cano— y la expansión de la presencia militar norteamericana en Colombia son las mejores expresiones de esta ofensiva.

Honduras

El pasado 28 de junio tuvo lugar en Honduras el último golpe de estado en América Latina. El intento de su presidente Manuel Zelaya de reformar la Constitución fue la excusa usada por la clase dirigente hondureña —estrechamente ligada a los intereses de la clase dirigente norteamericana— para expulsar a Zelaya del país y constituir un gobierno golpista liderado por Roberto Micheletti.

No es muy difícil trazar varios paralelismos entre este golpe de estado y aquél de 1964 contra el presidente de Brasil Joao Goulart, el cual significó el inicio de una serie de golpes militares en América Latina, todos ellos apoyados por los EEUU, destinados a impedir las reformas en el continente. En efecto, si los golpistas brasileños justificaron el golpe aludiendo a la necesidad de “salvar el orden constitucional” (la causa principal del golpe hondureño fue el intento de Zelaya de reformar la constitución a través de un referéndum), la realidad es que Goulart, que había sido un rico agricultor (tal como había sido Zelaya), había comenzado a simpatizar con las demandas hechas por los trabajadores agrícolas e industriales, aumentando su salario mínimo (Zelaya había aumentado el salario mínimo en un 50% en un país donde el 77% de la población vive bajo el umbral de la pobreza). Éstas y otras medidas establecidas a favor de las clases populares le enfrentaron a la oligarquía hondureña, que le acusó de estar influenciado por Fidel Castro (Zelaya había empezado a alinearse políticamente al lado de Hugo Chávez).

Más allá de las similitudes, el hecho más preocupante es que el golpe militar hondureño represente un punto de inflexión como otrora fue 1964. No hay que desestimar la posibilidad de que inspire a otras oligarquías, con el fin de parar las reformas que están ocurriendo en la mayoría de países de América Latina. Sin embargo, también puede significar el despertar de procesos de resistencia obrera y popular.

De ahí la importancia que tiene la respuesta de los sectores populares hondureños. A pesar de la brutal represión y del asesinato de varias personas han sido millones las personas que han participado en masivas jornadas de lucha a nivel nacional, entre las que destacan ocupaciones de recintos estudiantiles y empresas, tomas de carreteras, manifestaciones y huelgas de todo tipo. Los golpistas no se esperaban que el nivel de la resistencia fuera tan alto, incluyendo una huelga general a finales de julio
En el momento de escribir este artículo, Zelaya ha vuelto a Tegucigalpa y está refugiado en la embajada de Brasil. Miles de personas han salido a la calle de todas partes del país, desafiando el toque de queda impuesto en Honduras, para llegar a Tegucigalpa ante la llamada a resistir. El ejército ha sitiado la embajada y está llevando a cabo una brutal represión contra los manifestantes, contándose ya con centenares de heridos y detenidos por violar el toque de queda.

A pesar de esto, la respuesta de Zelaya sigue siendo contradictoria. Al fin y al cabo Zelaya forma parte de la clase dirigente hondureña —de hecho forma parte del Partido Liberal, del cual también es miembro Micheletti —. Por un lado hace constantes llamamientos a la insurrección popular para repeler el ejército, pero por el otro sigue llamando al diálogo a los golpistas. No obstante, lo más importante aquí es sin duda la masiva resistencia. La lucha popular aumenta cada día, y ya se está lanzando la consigna de que la resistencia continuará “con o sin Zelaya”, algo que asegura la independencia de ésta frente a los movimientos vacilantes del presidente.

Colombia

Al mismo tiempo que Estados Unidos defiende a los golpistas en Honduras —bajo la retórica de “una salida pacífica” al conflicto— Obama firmaba en agosto un acuerdo para la instalación de militares norteamericanos en otras siete bases en territorio colombiano, reafirmando la alianza militar y política con Uribe, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

Así, el llamado Plan Colombia o Plan Patriota se inscribe claramente en un plan estratégico del Pentágono para ampliar la capacidad de intervención imperialista en suelo latinoamericano, posicionando Colombia como “punta de lanza” en la compaña contra el chavismo.

No obstante, el centro de la política estadounidenses actual es la “institucionalidad” para negociar y resolver los conflictos. Aquí es donde la UNASUR (Unión de Naciones de América del Sur) se muestra como una herramienta perfecta para evitar la profundización de los conflictos en Sudamérica. Siempre, claro, resguardando los intereses más estratégicos del imperialismo y aplicando su táctica actual.

Esta organización comenzó a funcionar en el año 2008, con la supuesta intención de servir como un “ámbito de las naciones sudamericanas” que, a diferencia de la OEA (Organización de Estados Americanos), funcionaría sin la presencia de representantes del imperialismo estadounidense y con mayor independencia de éste. Algunos sectores de izquierda depositaran grandes esperanzas en las “perspectivas independientes” de la UNASUR. Sin embargo, ya en su primera reunión efectiva en septiembre del 2008, durante los enfrentamientos entre el gobierno de Evo Morales y la oligarquía de la Media Luna, la resolución final condenaba cualquier intento de golpe contra Evo, pero, al mismo tiempo, llamaba al “diálogo conciliador” entre un gobierno legítimo y sectores fascistas.

La historia ha vuelto a repetirse. La reunión de UNASUR que tuvo lugar a finales del pasado agosto en Bariloche (Argentina) votó una declaración que legaliza el uso de las bases colombianas por parte de los EE. UU. y evita cualquier condena al gobierno de Uribe por permitir esta violación de la soberanía militar del subcontinente. Asimismo, Honduras ni siquiera fue mencionada en la declaración. Al parecer, la “guerra contra el terrorismo” no tiene nada que ver con luchar contra los golpistas de Micheletti.

Brasil

Todo esto demuestra que, al margen de la oposición de Evo Morales y las declaraciones de Chávez denunciando a EE. UU. y a su intención de llevarse las riquezas latinoamericanas (aunque sin apelar a las masas latinoamericanas y manteniendo expectativas en influir sobre las decisiones de Obama), la dirección de UNASUR está en manos de Lula y Brasil; es decir, expresa tanto el peso económico de este país en Sudamérica como la disposición de Lula y de la burguesía brasileña por jugar el papel de dirección política regional y también militar, como se ha evidenciado en Haití.

Efectivamente, el caso de Haití es paradigmático. La MINUSTAH comenzó sus actividades en Haití el 1º de junio de 2004, coordinada por las Fuerzas Armadas de Brasil -por mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas- e integrada por efectivos de Chile, Uruguay, Argentina, Ecuador y de España, Canadá, Francia y Estados Unidos. En la actualidad, la conducta de los militares extranjeros roza la brutalidad y el pillaje.

En esta línea, el acuerdo militar con Francia que el presidente Lula anunciaba a inicios de septiembre es una respuesta de la burguesía brasileña al nuevo acuerdo militar de EE.UU. con Colombia, que mina las bases de la estrategia brasileña de consolidarse como el gran mediador al servicio del imperialismo, entre los dos bloques que polarizan la política en América Latina —el bloque de Chávez y los países del ALBA, a un lado; al otro los países más alineados con EE.UU., como Colombia y Perú— y de esta forma extender su influencia en la región.

Apenas días antes del anuncio del acuerdo con Francia, el presidente Lula salió en la cadena nacional de televisión para defender su proyecto para el pre-sal (los campos de petróleo recientemente descubiertos que pueden colocar a Brasil entre los diez mayores productores del mundo) como una “segunda independencia”, al mismo tiempo que presentó su acuerdo con Francia como una necesidad de defender esas riquezas que serían el “pasaporte de Brasil para el futuro”.

No podemos esperar que el fortalecimiento militar de Brasil sea utilizado, no para hacer frente a los golpes militares reaccionarios como el de Honduras, frente al cual Brasil no tomó ninguna medida concreta para apoyar la resistencia, sino para intervenir como tropas de “paz” en países vecinos a favor del imperialismo, como vemos hoy en Haiti, y para defender los intereses de las multinacionales brasileñas instaladas en los países de América Latina.

En conclusión, en América Latina, los titulares se centran en el reto planteado a EEUU por Hugo Chávez. Pero Brasil, bajo Lula, también se presenta como un rival, no de modelo social —Lula no se plantea romper con el neoliberalismo, ni mucho menos con el capitalismo— sino simplemente como otra importante potencia capitalista en la región.

¿Imperio o imperialismos?

Llegados a este punto debemos plantearnos la cuestión del imperialismo, o de los imperialismos, desde una perspectiva mucho mayor.

El fin de la Guerra Fría marcó el fin del reparto del mundo entre dos bloques imperialistas rivales. Una interpretación generalizada de estos cambios es que ellos permitieron a EEUU asumir una posición de predominio global, incluso mayor a la que disfrutó después de la Segunda Guerra Mundial. Particularmente, con el comienzo del ataque occidental contra Irak en 1991, se hizo popular considerar a EEUU como “la única superpotencia”.

Pero las proclamaciones sobre “un mundo con una única superpotencia” interpretan de modo totalmente equivocado la verdadera tendencia de los eventos; sí que EEUU es la mayor potencia, sobre todo en lo militar, pero existen otras que le hacen sombra en diferentes ámbitos. El colapso del estalinismo fue un episodio de importancia histórica mundial, precisamente porque rompió la rígida división bipolar del mundo, característica de la era de posguerra. Con eso permitió un regreso a una era de competencia interimperialista, una nueva situación de inestabilidad y de amenazas militares, tanto entre las grandes potencias como entre éstas y los países más débiles.

En sentido vemos cómo los conflictos entre potencias son los protagonistas en África central, en el sur de Asia, en la frontera europea de Rusia. El mundo entero, desde el este de Asia hasta América Latina, vive en una nueva carrera armamentística.

Caer en el error de pensar que EEUU es la única potencia imperialista equivale a repetir el esquema bipolar de la Guerra Fría, donde a un lado está Washington y al otro los “antiimperialistas”, es decir, todo aquél que se enfrenta a los intereses norteamericanos: ya sea Cuba, Venezuela, China, Rusia, Irán o Brasil. Las últimas consecuencias de esta interpretración implican ver un complot de la CIA detrás de las protestas de Irán o de las insurrecciones de Xinjiang en China.

Pero además, ello significa obviar las contradicciones de clase existentes en el interior de las potencias o de los paises aspirantes a serlo; significa obviar que los intereses de las burguesías nacionales —como es el caso de Lula en Brasil; o incluso para los golpistas hondureños, cuyos intereses son suficientemente fuertes como para desear mantener el control sin necesidad de estímulos norteamericanos— se oponen a las reivindicaciones de los trabajadores y las trabajadoras.

En conclusión, la lucha antiimperialista en América Latina es inseparable de la más activa solidaridad con la resistencia hondureña, hasta lograr la completa derrota de los golpistas. Pero también debe unirse a la campaña por el retiro inmediato de las fuerzas militares de Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, Bolivia y otros que integran la MINUSTAH, fuerza de la ONU que ocupa y reprime en Haití por cuenta y cargo del imperialismo.

Y es que en un mundo dominado por una pequeña porción de grandes potencias, es una fantasía peligrosa creer que las mismas pueden llegar a proteger los intereses de la mayoría explotada. La humanidad no conocerá la paz hasta que esa mayoría tome el control del mundo, lo que sólo podrá realizarse, tanto en América Latina como en todo el mundo, derrotando a los Estados imperialistas, que intentarán impedirlo con uñas y dientes.


Competència imperialista a Sudamèrica: nous alineaments

Els últims mesos han estat protagonitzats per l’escalada de tensions en sòl llatinoamericà: el cop d’estat a Hondures, les noves bases militars nord-americanes de Colòmbia, l’acord militar entre Brasil i França.

Ens trobem en una conjuntura marcada pels efectes econòmics i socials de la crisi internacional, en la qual l’imperialisme nord-americà intenta recuperar terreny sobre el seu històric “pati del darrere”, considerada una regió clau per als interessos ianquis –tant per la proximitat geogràfica com per les riqueses que li saqueja– , al mateix temps que les classes dominants d’Amèrica Llatina practiquen un gir a la dreta, buscant governs més “lleials” que els permetin fer pagar als treballadors els efectes de la crisi i reaproximar-se a l’imperialisme.

Un nou imperialisme en temps de crisi

Fa uns deu mesos, amb l’elecció d’Obama com a president, el govern nord-americà va efectuar un canvi pel que fa a George W. Busch en la tàctica política de l’imperialisme, per a plantar cara a la situació mundial i la resistència antiimperialista. No obstant, això no significa que Obama sigui “un colom de la pau” (n’hi ha prou amb veure la seva política d’intensificar la guerra a Afganistan) i que no defensi tant com el seu antecessor els interessos imperialistes. I és que les causes d’aquest canvi de tàctica no depenen de “la bona voluntat” de ningú, sinó en la necessitat d’adaptar-se a un nou context econòmic, social i ideològic, així com en les derrotes que la mobilització masiva i la resistència armada han inflingit a la política de l’imperialisme.

Així doncs, sota el discurs conciliador i la política de “bon veí”, el somrient Obama, recolzant-se en els seus aliats més ferms com Mèxic, Colòmbia o Perú, i utilitzant a Brasil com interlocutor privilegiat -a més dels “bons oficis” del govern xilè-, Washington es proposa frenar el contagi “populista” i afeblir al chavisme, al mateix temps que pretén reafirmar la seva hegemonia en l’estratègica regió d’Amèrica Llatina, a la qual segueix considerant com el seu pati del darrere.

En aquest sentit, l’enfortiment del SOUTHCOM (Comando Sud, l’àmbit estratègic del qual és tota Llatinoamèrica) a Miami; la reactivació de la IV Flota per a operar en el Carib i el Golf de Mèxic; l’ampliació de la xarxa de bases en tota la regió, incloent les ja existents a Colòmbia, Guantànamo, Aruba, Curaçao, El Salvador... tot això expressa una política de desplegament militar nord-americà que amenaça a tota Amèrica Llatina, i que pot servir des d’espionatge i suport a conspiracions colpistes, fins a noves “guerres de baixa intensitat” com la imposada a Centreamèrica en ‘els 80 o intervencions contrarrevolucionaries de major envergadura davant nous aixecaments obrers i populars o grans crisis polítiques.

El cop “cívic-militar” a Tegucigalpa amb suport des de la base yanqui de Soto Cano- i l’expansió de la presència militar nord-americana a Colòmbia són les millors expressions d’aquesta ofensiva.

Hondures

El passat 28 de juny va tenir lloc a Hondures l’últim cop d’estat a Amèrica Llatina. L’intent del seu president Manuel Zelaya de reformar la Constitució va ser l’excusa usada per la classe dirigent hondurenya -estretament lligada als interessos de la classe dirigent nord-americana- per a expulsar a Zelaya del país i constituir un govern colpista liderat per Roberto Micheletti.

No és molt difícil traçar paral·lelisme entre aquest cop d’estat i aquell de 1964 contra el president de Brasil Joao Goulart, el qual va significar l’inici d’una sèrie de cops militars a Amèrica Llatina, tots ells donats amb el suport dels EUA, destinats a impedir les reformes en el continent. En efecte, si els colpistes brasilers van justificar el cop al·ludint a la necessitat de “salvar l’ordre constitucional” (la causa principal del cop hondureny va ser l’intent de Zelaya de reformar la constitució a través d’un referèndum), la realitat és que Goulart, que havia estat un ric agricultor (tal com havia estat Zelaya), havia començat a simpatitzar amb les demandes fetes pels treballadors agrícoles i industrials, augmentant el seu salari mínim (Zelaya havia augmentat el salari mínim en un 50% en un país on el 77% de la població viu sota el llindar de la pobresa). Aquestes i altres mesures establertes a favor de les classes populars el van enfrontar a l’oligarquia brasilera, que li va acusar d’estar influenciat per Fidel Castro (Zelaya havia començat a alinear-se políticament al costat d’Hugo Chávez).

Més enllà de les similituds, el fet més preocupant és que el cop militar hondureny representi un punt d’inflexió com ja va succeir l’any 1964. Cal no desestimar la possibilitat que inspiri a altres oligarquias, amb la finalitat de parar les reformes que estan ocorrent a la majoria de països d’Amèrica Llatina. No obstant això, també pot significar el despertar de processos de resistència obrera i popular.

D’aquí la importància que té la resposta dels sectors populars hondurenys. A pesar de la brutal repressió i de l’assassinat de diverses persones han estat milions les persones que han participat en massives jornades de lluita a nivell nacional, entre les quals destaquen ocupacions de recintes estudiantils i empreses, preses de carreteres, manifestacions i vagues de tot tipus. Els colpistes no s’esperaven que el nivell de la resistència fos tan alt, incloent una vaga general a la fi de juliol

En el moment d’escriure aquest article, Zelaya ha tornat a Tegucigalpa i està refugiat en l’ambaixada de Brasil. Milers de persones d’arreu del país han sortit al carrer, desafiant el toc de queda imposat a Hondures, per a arribar A Tegucigalpa davant la cridada a resistir. L’exèrcit ha assetjat l’ambaixada i està portant a terme una brutal repressió contra els manifestants, contant-se ja amb centenars de ferits i detinguts per violar el toc de queda.

Tot i això, la resposta de Zelaya segueix sent contradictòria. Al cap i a la fi Zelaya forma part de la classe dirigent hondurenya –de fet forma part del Partit Liberal, del qual també és membre Micheletti. D’una banda fa constants crides a la insurrecció popular per a repel·lir l’exèrcit, però per l’altre segueix cridant al diàleg als colpistes. No obstant això, el més important aquí és sens dubte la massiva resistència. La lluita popular augmenta cada dia, i ja s’està llançant la consigna que la resistència continuarà “amb o sense Zelaya”, cosa que assegura la independència d’aquesta enfront dels moviments indecisos del president.

Colòmbia

Alhora que els EUA defensa els colpistes a Hondures –sota la retòrica d’una “sortida pacífica” al conflicte–, Obama signava a l’agost un acord per a la instal·lació de militars nord-americans en altres set bases en territori colombià, reafirmant l’aliança militar i política amb Uribe amb l’excusa de la lluita contra el narcotràfic i el terrorisme.
Així, l’anomenat “Pla Colòmbia” o “Pla Patriota” s’inscriu clarament en un pla estratègic del Pentàgon per a ampliar la capacitat d’intervenció imperialista en sòl llatinoamericà, posicionant Colòmbia com “punta de llança” en la campanya contra el chavisme.

No obstant això, el centre de la política nord-american actual és “la institucionalitat” per a negociar i resoldre els conflictes. Aquí és on la UNASUR (Unió de Nacions d’Amèrica del Sud) es mostra com una eina perfecta per a evitar l’aprofundiment dels conflictes a Amèrica del Sud. Sempre, clar, protegint els interessos més estratègics de l’imperialisme i aplicant la seva tàctica actual.

Aquesta organització va començar a funcionar l’any 2008, amb la suposada intenció de servir com “un àmbit de les nacions sud-americanes” que, a diferència de la OEA (Organització d’Estats Americans), funcionaria sense la presència de representants de l’imperialisme nord-americà i amb major independència d’aquest. Alguns sectors d’esquerra dipositen grans esperances en “les perspectives independents” de la UNASUR. No obstant això, ja en la seva primera reunió efectiva al setembre del 2008, durant els enfrontaments entre el govern de Evo Morales i l’oligarquia de la Mitja Lluna, la resolució final condemnava qualsevol intent de cop contra Evo, però, al mateix temps, cridava al “diàleg conciliador” entre un govern legítim i sectors feixistes.

La història ha tornat a repetir-se. La reunió de UNASUR que va tenir lloc a la fi del passat agost en Bariloche (Argentina) va votar una declaració que legalitza l’ús de les bases colombianes per part dels EE. UU. i evita qualsevol condemna al govern de Uribe per permetre aquesta violació de la sobirania militar del subcontinent. Així mateix, Hondures ni tan sols va ser esmentada en la declaració. Pel que sembla, la “guerra contra el terrorisme” no té gens que veure amb lluitar contra els colpistes de Micheletti.

Brasil

Tot això demostra que, al marge de l’oposició de Evo Morals i les declaracions de Chávez denunciant a EE. UU. i a la seva intenció de dur-se les riqueses llatinoamericanes (encara que sense apel·lar a les masses llatinoamericanes i mantenint expectatives a influir sobre les decisions de Obama), l’adreça de UNASUR està en mans de Lula i Brasil; és a dir, expressa tant el pes econòmic d’aquest país en Sudamèrica com la disposició de Lula i de la burgesia brasilera per jugar el paper d’adreça política regional i també militar, com s’ha evidenciat a Haití.

Efectivament, el cas d’Haití és paradigmàtic. La MINUSTAH va començar les seves activitats a Haití el 1º de juny de 2004, coordinada per les Forces Armades de Brasil -per mandat del Consell de Seguretat de les Nacions Unides- i integrada per efectius de Xile, Uruguai, Argentina, Equador i d’Espanya, Canadà, França i Estats Units. En l’actualitat, la conducta dels militars estrangers frega la brutalitat i el pillatge.

En aquesta línia, l’acord militar amb França que el president Lula anunciava a inicis de setembre és una resposta de la burgesia brasilera al nou acord militar d’EUA amb Colòmbia, que mina les bases de l’estratègia brasilera de consolidar-se com el gran mediador al servei de l’imperialisme, entre els dos blocs que polaritzen la política a Amèrica Llatina -el bloc de Chávez i els països de l’ALBA, a un costat; a l’altre els països més alineats amb EUA, com Colòmbia i Perú- i d’aquesta forma estendre la seva influència a la regió.

Tot just dies abans de l’anunci de l’acord amb França, el president Lula va sortir a la cadena nacional de televisió per a defensar el seu projecte per al pre-sal (els camps de petroli recentment descoberts que poden col·locar a Brasil entre els deu majors productors del món) com “una segona independència”, al mateix temps que va presentar el seu acord amb França com una necessitat de defensar aquestes riqueses que serien el “passaport de Brasil per al futur”.

Podem esperar que l’enfortiment militar de Brasil sigui utilitzat, no per a plantar cara als cops militars reaccionaris com el d’Hondures, enfront del qual Brasil no va prendre cap mesura concreta per a donar suport a la resistència, sinó per a intervenir com tropes de “pau” en països veïns a favor de l’imperialisme, com veiem avui a Haití, i per a defensar els interessos de les multinacionals brasileres instal·lades en els països d’Amèrica Llatina.

En conclusió, a Amèrica Llatina, els titulars se centren en el repte plantejat a EEUU per Hugo Chávez. Però Brasil, sota Lula, també es presenta com un rival, no de model social —Lula no es planteja trencar amb el neoliberalisme, ni de bon tros amb el capitalisme— sinó simplement com altra important potència capitalista a la regió.

Imperi o imperialismes?

Arribats a aquest punt hem de plantejar-nos la qüestió de l’imperialisme, o dels imperialismes, des d’una perspectiva molt major.

La fi de la Guerra Freda va marcar la fi del repartiment del món entre dos blocs imperialistes rivals. Una interpretació generalitzada d’aquests canvis és que ells van permetre a EEUU assumir una posició de predomini global, fins i tot major que la que va gaudir després de la Segona Guerra Mundial. Particularment, amb el començament de l’atac occidental contra L’Iraq en 1991, es va fer popular considerar a EEUU com “l’única superpotència”.

Però les proclamacions sobre “un món amb una única superpotència” interpreten de manera totalment equivocada la veritable tendència dels esdeveniments; sí que EEUU és la major potència, sobretot en el militar, però existeixen altres que li fan ombra en diferents àmbits. El col·lapse de l’estalinisme va ser un episodi d’importància històrica mundial, precisament perquè va trencar la rígida divisió bipolar del món, característica de l’era de postguerra. Amb això va permetre un retorn a una era de competència interimperialista, una nova situació d’inestabilitat i d’amenaces militars, tant entre les grans potències com entre aquestes i els països més febles.

En aquest sentit veiem com els conflictes entre potències són els protagonistes a Àfrica central, en el sud d’Àsia, a la frontera europea de Rússia. El món sencer, des de l’est d’Àsia fins a Amèrica Llatina, viu una nova carrera armamentística.

Caure en l’error de pensar que EEUU és l’única potència imperialista equival a repetir l’esquema bipolar de la Guerra Freda, on a un costat està Washington i a l’altre els “antiimperialistes”, és a dir, tot aquell que s’enfronta als interessos nord-americans: ja sigui Cuba, Veneçuela, Xina, Rússia, Iran o Brasil. Les últimes conseqüències d’aquesta interpretració impliquen veure un complot de la CIA darrere de les protestes d’Iran o de les insurreccions de Xinjiang a Xina.

Però a més, això significa obviar les contradiccions de classe existents en l’interior de les potències o dels paisos aspirants a ser-lo; significa obviar que els interessos de les burgesies nacionals —com és el cas de Lula a Brasil; o fins i tot per als colpistes hondurenys, llurs interessos són suficientment forts com per a desitjar mantenir el control sense necessitat d’estímuls nord-americans— s’oposen a les reivindicacions dels treballadors i les treballadores.

En conclusió, la lluita antiimperialista a Amèrica Llatina és inseparable de la més activa solidaritat amb la resistència hondurenya, fins a assolir la completa derrota dels colpistes. Però també ha d’unir-se a la campanya per la retirada immediata de les forces militars del Brasil, Uruguai, Xile, Argentina, Bolívia i altres que integren la MINUSTAH, força de l’ONU que ocupa i reprimeix a Haití per compte i càrrec de l’imperialisme.

I és que en un món dominat per una petita porció de grans potències, és una fantasia perillosa creure que les mateixes poden arribar a protegir els interessos de la majoria explotada. La humanitat no coneixerà la pau fins que aquesta majoria prengui el control del món, el que només podrà realitzar-se, tant a Amèrica Llatina com en tot el món, derrotant als Estats imperialistes, que intentaran impedir-ho amb ungles i dents.

http://www.enlucha.org/?q=node/1644

http://www.enlucha.org/?q=hiedra
 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Comentarios (0)
La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
América Latina Honduras Rel. Internacionales / Geopolítica

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)