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Colombia: Evaluación crítica de nuestra historia reciente
En honor a Jaime Pardo Leal asesinado por grupos paramilitares hace 22 años.
Fernando Dorado | 12-10-2009 a las 9:05 | 1097 lecturas | 3 comentarios
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Jaime Pardo Leal (Candidato presidencial asesinado) y Lorenzo Muelas (Constituyente indígena)

COLOMBIA: EVALUACION CRÍTICA DE NUESTRA HISTORIA RECIENTE

Popayán, octubre 12 de 2009

En honor a Jaime Pardo Leal asesinado por grupos paramilitares hace 22 años.

En ocasiones desconocemos nuestra propia historia. Las gestas de los pueblos están allí para ser evaluadas, comprendidas y desarrolladas. Por falta de valor, rigurosidad o sectarismo,  no somos lo verdaderamente juiciosos y concienzudos para sacar lecciones de ellas. Resultado: cometemos los mismos errores, no avanzamos, nos estancamos.             

Diversos países de América Latina vienen transitando por verdaderas revoluciones democrático-nacionalistas. Colombia nos parecía una isla apartada de ese proceso. Sin embargo, la realidad es bien diferente. El proceso que desencadenó la instalación de la Asamblea Constituyente en la Colombia de 1991, fue la primera experiencia en esta nueva fase de transformación democrática que vive el subcontinente. Fue una verdadera revolución democrática que por diversos motivos – que hay que explicarse – se quedó a medio camino.

El proceso de Paz (1989-90), la desmovilización de la mayoría de las guerrillas que existían en ese momento (M-19, Quintín Lame, parte del EPL y del ELN, PRT), y la convocatoria al Constituyente primario, fue el inicio de un viraje estratégico en la lucha del pueblo colombiano y de las comunidades originarias colombianas, por construir una nación independiente y una democracia participativa e incluyente.

Se abandonaba la lucha armada para avanzar hacia formas de lucha pacíficas, civilistas e institucionales. Sectores representativos del pueblo, por primera vez, accedieron a significativos espacios de poder político, tanto en la Asamblea Nacional Constituyente como en el Congreso Nacional que se eligió en forma inmediata.

Desgraciadamente   el proceso abortó – no por culpa de otros – sino porque no logramos entender la dimensión del reto que teníamos entre manos. Muchos de quienes podrían haber ayudado a construir pensamiento y acción política ya habían muerto, como Jaime Bateman, o las circunstancias del momento les impidieron hacer sus aportes.

Había también, limitaciones estructurales y conceptuales que impedían un avance sostenido. Es parte de la vida.

Además, jugaron su papel negativo las interferencias de sectores de la izquierda armada, por un lado, y por el otro, de la izquierda legal, que consideraban – como lo creen aún hoy – que ese paso fue una traición. (Ese balance contradictorio hace parte de las actuales diferencias existentes en el PDA).

La verdad es que no se contó en su momento con la suficiente claridad política. Sólo ahora, con el avance de las luchas en países hermanos, las importantes lecciones que se están elaborando a partir de esas experiencias, nos ayudan a clarificar el rumbo.

Los representantes de la oligarquía eran absolutamente conscientes de los peligros que les generaba esa nueva estrategia. Por ello asesinaron a los candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán S. (1989), Bernardo Jaramillo Ossa (1990), Carlos Pizarro León-Gómez (1990), y a gran cantidad de dirigentes políticos y sociales. Nos empujaban a la guerra. Les convenía seguir desangrando al país como lo han hecho durante los últimos 50 años.

Mi tesis es que en ese momento de la vida nacional, las nuevas fuerzas nacionalistas-democráticas representadas por la Alianza Democrática AD-M19, se “enredaron” con la institucionalidad existente (colonial, oligárquica, imperial). No se apreció a fondo la existencia de una “dualidad de poderes” que se daba al interior de ese Estado. Es posible que se haya sobreestimado la fuerza popular o se subestimó a las fuerzas reaccionarias. O, ambas cosas.

No se tuvo plena consciencia de que ése era un “Estado Social de Derecho” más formal que real. Contaba con el respaldo de una fuerza social y política no mayoritaria. Se enfrentaba a un bloque hegemónico dominante de carácter oligárquico-burocrático, que no dudó en aliarse con toda clase de mafias para provocar su hundimiento. En 18 años la tutela (acción de amparo) es casi lo único que sobrevive de esa Constitución.

Mientras la tarea de ese bloque oligárquico era desmontar de hecho y en forma gradual lo que se aprobó en la Constituyente, mediante el impulso de toda clase de iniciativas neoliberales – como efectivamente lo hizo –, la nuestra era acumular fuerza, consolidar organización política e implementar un programa nacional-democrático que venía en construcción desde décadas anteriores. Ello exigía cimentar una estructura y coherencia política.

En forma sintética podemos resumir los errores cometidos así:

-Confundimos Estado y gobierno. Al aceptar participar en el gobierno de César Gaviria, en cabeza del principal dirigente de entonces Antonio Navarro, perdimos nuestra independencia, enviamos mensajes confusos a la población que había apoyado el proceso y no dedicamos los suficientes esfuerzos a consolidar la fuerza política.

(Ese mismo error se acaba de cometer en el Polo Democrático Alternativo: El mismo compañero Navarro prefirió hace 2 años irse para Nariño a encabezar un gobierno departamental, abandonando su papel como principal dirigente del partido al lado de Carlos Gaviria. El bajón que ha sufrido el Polo está íntimamente ligado a la falta de equilibrio entre las dos principales tendencias constitutivas de este partido. El afán pragmático y las decisiones individuales se colocan por encima de las decisiones colectivas y de la necesidad de construir visión estratégica).

-Al no construir identidad política el proceso que sigue es de absoluta dispersión. Las bases quedan sin dirección, aparecen las alianzas de tipo oportunista (especialmente con el gobierno de Samper). Muchos dirigentes terminan refugiándose en otros partidos políticos o en diversidad de o­nGs., perdiéndose la mística del período insurgente. Incluso, otros degeneran políticamente hasta el grado de hoy estar en el campo del “uribismo”.

- El vínculo de la dirigencia política con el movimiento social era precario. Desde ese tiempo la línea “parlamentarista” empezó a imponerse en el movimiento. No se estimuló la construcción de verdadera organización política; la disgregación de candidaturas llevó al fracaso electoral de 1994. (Esta situación puede repetirse en marzo de 2010, si no ajustamos la táctica electoral desde las regiones, con realismo y generosidad, amplitud y flexibilidad política).

-Las comunidades indígenas – que jugaron un importante papel en la Constituyente – avanzaron en sus procesos locales fortaleciendo su presencia política en todo el país. Crean la  ASI y AICO[1], alcanzan a elegir 2 gobernadores a inicios del siglo XXI, pero al no tener claro un proyecto de carácter nacional, sus experiencias de gobierno quedan reducidas a ejercicios administrativos sectoriales sin mayor proyección política. La mayoría de esas experiencias han tenido muchos problemas de burocratismo, nuevas formas de clientelismo, corrupción y otros fenómenos desgastantes.

(Hoy se encuentran en proceso de diáspora. Se vienen diluyendo en otros partidos y movimientos de carácter nacional (movimiento “fajardista”, PDA, principalmente), mientras que sectores de la dirigencia social intentan consolidar nuevos espacios como “La Minga” a fin de resolver ese problema).    

- A nivel organizativo, el encuentro de personas que portaban una "racionalidad castrense" propia de las organizaciones armadas (estructuras verticales y comportamientos autoritarios) con la sociedad, no fue el mejor. No basta autodefinirnos como “demócratas”; el espíritu democrático debe ser interiorizado en el transcurso colectivo y complejo de edificar fuerza y poder real con los pueblos y comunidades.

-Toda esa situación alimentó la convicción en el resto de la izquierda (armada y legal) de que la participación en ejercicios institucionales (gobiernos locales y regionales) era una forma de reforzar al Estado oligárquico. La insurgencia arremete en esos años (1994-2002) contra toda la institucionalidad legal afectando la participación política de gran cantidad de movimientos cívicos, que a su vez, eran atacados por el paramilitarismo por supuestamente ser colaboradores de la guerrilla. Importantes procesos socio-políticos y dirigentes locales y regionales sucumben física o políticamente en medio de esa especie de sándwich de violencia.

A partir de 1998 se retoma la iniciativa desde ambos sectores de la izquierda. Aparecen las bases originarias del Polo (FSP y PDI)[2], confluyen dirigentes sindicales y sociales, se va sumando la dirigencia de lo que quedó del período anterior, hasta llegar a la conformación del PDA actual.      

Las experiencias de los países hermanos como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, El Salvador, Surinam, y otros, parecen tener los mismos problemas nuestros, con la única diferencia de que no tienen la interferencia armada (ni de la insurgencia ni de grupos paramilitares). Además, han contado con movimientos sociales fuertes que son soporte de los procesos constituyentes.

Por otro lado, destacados dirigentes “carismáticos” (Chávez, Evo, Correa, otros) han concentrado alrededor suyo esa fuerza, y son - por ahora – un factor dinamizador de esas luchas. Éste último aspecto constituye la vez, su fuerza y debilidad. Fuerza en el corto plazo; debilidad en el mediano y largo. Ello porque en la “democracia participativa” que se reclama, el caudillismo siempre será una condición negativa.

Caso de México (la versión “inversa” a la colombiana)          

Dentro de esa misma dinámica, los movimientos indígenas en México, con el nombre de “zapatistas” (EZLN), encabezados por el Subcomandante Marcos, lanzan en 1994 una “insurrección armada” – más mediática que real –, con el fin de avanzar en el proceso de construcción de un nacionalismo indo-americano, tomando como bandera la oposición al TLC (NAFTA). Por desgracia, ese proceso también se quedó a mitad de camino.

Allá lo que impidió que el proyecto zapatista se convirtiera en un fenómeno nacional fue el temor de “enredarse” con el manejo institucional de un Estado que efectivamente “no es nuestro”. El movimiento asumió una forma particular de indigenismo radical con contenido programático y un lenguaje “antisistémico” global, pero con un desarrollo geográfico y social localizado (Chiapas y sur de México).

Al negarse a participar en las elecciones formales, las fuerzas renovadoras zapatistas creyeron haber resuelto el problema de la autonomía e independencia frente al Estado. Nada más lejos de la realidad. Lo que se aprecia es que el movimiento ha perdido su filo político. Así se ha mantenido durante los últimos 15 años, a pesar de las numerosas acciones “creativas” que se han desarrollado en todo el país. No se ha involucrado al conjunto de la sociedad nacional.

Entre las últimas experiencias se destaca la “otra campaña” (2006). Durante el proceso electoral reciente se convirtió en una oposición frontal al Partido de la Revolución Democrática PRD. Ese comportamiento le sirvió más a la derecha “panista” (de PAN, Partido de Acción Nacional) que al mismo movimiento zapatista, y menos a la lucha democrático-nacionalista mexicana.

Tanto en Colombia como en México las revoluciones democrático-nacionalistas se han frustrado. En nuestro caso la institucionalidad nos tragó; en el otro, esa institucionalidad no ha sido tocada. Ingenuidad política y recelo “apolítico”, parecieran ofrecer el mismo resultado.

Una propuesta en marcha

Es un deber de las fuerzas democrático-nacionalistas colombianas retomar la “pita” de lo que quedó a mitad de camino. Si lo hacemos podremos hacerle un gran aporte al proceso que se está viviendo en América Latina y daremos un salto cualitativo de gran envergadura.

Enfrentar esa “dualidad de poder” sigue siendo un problema práctico y real. ¿Cómo aprovechar la institucionalidad heredada para construir una nueva institucionalidad democrática incluyente y participativa? Es lo que intentamos responder.

Algunas de estas iniciativas ya están en proceso de aplicación en Venezuela, Bolivia, Ecuador y demás. Se propone una táctica de acumulación de fuerzas que implique:

-Reivindicar la Paz, apropiándonos de la institucionalidad armada para contener cualquier agresión imperial y oligárquica.

-Profundizar los programas de inversión social apoyándonos en los gobiernos nacionalistas.

-Vigorizar la institucionalidad democrática haciéndola cada vez más participativa.

-Fortalecer la intervención del Estado en la economía para debilitar y/excluir toda clase de monopolio extranjero o “nacional” recuperando la soberanía sobre los recursos y áreas estratégicas.

-Ofrecer todas las garantías para que diversas formas de economía privada, solidaria, comunitaria, mutual, etc., compitan y se desarrollen en el marco de una estable seguridad jurídica.

-Mantener relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países del mundo pero estrechar la integración regional latinoamericana.

-Fortalecer el mercado interno de cada país e intra-nacional suramericano, latinoamericano y caribeño, para poder ser realmente independientes y autónomos.

-Reconstruir nuestras estructuras productivas para garantizar la seguridad alimentaria y defender nuestros recursos energéticos y naturales de la voracidad imperialista.

Esta estrategia corresponde a la necesidad de ampliar la base social de los gobiernos nacionalistas y generar condiciones para que vayan surgiendo otras formas de poder popular, comunal, comunitario, autogobiernos, y demás formas de democracia participativa directa y “desde abajo”.

Nota: estas ideas se proponen en el marco de la coyuntura post-consulta del Polo. Es fundamental fortalecer la unidad que sólo se podrá lograr mediante el debate sincero y franco. No hay más caminos.



[1] ASI: Alianza Social Indígena, hoy dividida entre quienes siguen la propuesta de Sergio Fajardo, que le han cambiado la palabra “indígena” por “independiente”, y quienes se mantienen en la idea fundacional. AICO: Autoridades Indígenas de Colombia, movimiento socio-político de los pueblos Misak (guambianos), pastos, y otras comunidades.

[2] FSP: Frente Social y Político, fundado entre otros por “Lucho” Garzón, el Partido Comunista y otras organizaciones políticas y sindicales. PDI: Polo Democrático Alternativo, organizado por Antonio Navarro y diversas organizaciones.

 
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Comentarios (3)

#1.- MAS NEODESARROLLISMO Y REFORMISMO 1 .....

Juan fulanez Menganez|12-10-2009 17:14

Lo que hay que hacer en Colombia es precisamente retomar nuestra tradicion COMBATIVA Y REVOLUCIONARIA y reavivar al movimiento popular. Mas alla de las buenas intenciones, las cupulas que coordinan y constituyen la base politica del POLO son las mismas que han desgastado el movimiento sindical y popular encarcelandolo en el reformismo y sellandose a cualquier salida revolucionaria.

Empecemos mas bien por construir organizaciones verdaderamente populares, sindicatos de clase, partidos revolucionarios, etc no nos enfrasquemos en las utopias nacionalistas que en en vez de reconocer nuestra historia la niegan al seguir confiando en tibios reformismos y dandole la espalda a problemas reales de la izquierda, como el problema del poder.

Creo que la situacion Colombiana es lo bastante critica e insoprotable como para plantear opciones revolucionarias, sabiendo que hoy como antes hay que barrer con la lacra oligarquica que sofoca la dignidad y entendiendo que el pueblo trabajador y los sectores explotados son el unico y verdadero sujeto capaz de traer a la realidad las aspiraciones de cambio.

NO MAS NEO-DESARROLLISMO, NO MAS NACIONALISMOS CAPITALISTAS, Todos ellos son poco realistas y aplazan indefinidamente las necesidad (acuciantes) de las masas populares... ademas, como confiar en la institucionalidad si huele a sangre y a podredumbre por todas partes.... la solucion viene desde abajo y s creo que se construye en la lucha..

Valoración: 3    |  Avisar provocación

#2.- MAS NEODESARROLLISMO Y REFORMISMO 2 .....

Juan fulanez Menganez|12-10-2009 17:15

por que no en vez de revivir los viejos desarrollismos, revivimos las experiencias creadoras de "poder popular"... por que no retomar a los "cordones industriales", a los "consejos comunales" del chile de los 70's? por que no escuchar a los mineros bolivianos y retomar las "tesis de pulacayo"? por que no seguir el camino de las ocupaciones de fabrica, la organizacion barrial... el poder dual el poder del pueblo para barrer de una vez con la vieja y podrida maquinaria burocratica que llaman estado?

Por que no seguir el consejo del autor y revivir nuestra historia (cosa que el no hace) y escuchamos al Che, a Santucho, a Miguel Enriquez, a Maria Cano etc etc etc...

las condiciones estan presentes, en Bolivia, por ejemplo  existio la oportunidad, pero las masas se detuvieron a las puertas del poder... pr que no "retomamos la pita" y tomamos el cielo por asalto en el siglo XXI... con la barbarie a la vuelta de la esquina, las ideas revolucionarias jamas fueron tan vigentes y tan URGENTES...

Valoración: 3    |  Avisar provocación

#3

12-10-2009 22:30

que buen comentario el anterior, y estoy de acuerdo con lo que usted dice, lo unico que puede cambiar este pais es la verdadera revolucion.no falacias democraticas

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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