La guillotina en la plaza de la república.
Claro que hay alternativas, pero, ¿para sostener o derribar el capitalismo?
José Iglesias FernándezEconomista
Mientras el obrero asalariado es obrero asalariado, su suerte depende del capital. He ahí la tan cacareada comunidad de intereses entre el obrero y el capitalista. Karl Marx
¿Hay alternativas? Siempre…Siempre hay alternativas. De hecho, se formulan muchas. [1] Unas, las que refuerzan el capitalismo, y otras, las que se oponen al sistema. Las primeras llevan casi siempre una fuerte carga de reformismo, mientras que las segundas se orientan como partes de procesos críticos de transformación sistémica. Por eso, es importante que la alternativa precise, bien claramente desde un comienzo, cuando se trata de una alternativa holista, una alternativa cuyo contenido intenta transformar todo el sistema capitalista, para distinguirla de muchas otras que solamente son simples medidas de política económica, a las que pomposamente les llaman alternativas, pero que sólo están relacionadas con modificar diversas partes del sistema sin más. Algunos ejemplos:
§Alternativas contra el capitalismo: democracia inclusiva, democracia y planificación económica, socialismo de siglo XXI, municipalismo anarquista y comunal, etc. Esta clase de alternativas tienen en común que van contra la propiedad privada, son anti jerárquicas, anti patriarcales, antimilitaristas, anti clasistas,entre iguales.
§Alternativas omedidas de política social liberal demócratas: tasa tobin, comercio justo, micro créditos, banca ética, ciertos modelos de cooperativismo u economía social, el socioecodecrecentismo con su gemelo el consumo responsable, la nacionalización de la banca u otros sectores, el reparto del trabajo, la fiscalidad progresiva, la renta básica asistencial, el republicanismo burgués, etc.
Como decimos, dentro de las políticas reformistas, volvemos a encontrar un abanico de ellas, pero Lenin tiene una definición general del reformismo que nos pueda ayudar en todas las reflexiones que seguirán:
§El reformismo es un engaño de que la burguesía hace víctima a los obreros, que mientras subsista el dominio del capital, seguirán siendo esclavos asalariados pese a alguna mejora aislada.[2]
En el mismo documento, ofrece una explicación más amplia: “El reformismo es uno de los principales planteamientos propuestos por el revisionismo y el oportunismo, surgió en los años de 1890 bajo el personaje del ex marxista ortodoxo Bernstein, quien en sus múltiples argumentos por revisar los fundamentos del marxismo señaló que la vía para llegar al socialismo es “la progresión a través de las reformas sociales”. Como lo reseña Rosa Luxemburgo en su libro Reforma o revolución, [3] Bernstein entendía que “la lucha de los sindicatos por la reducción de la jornada y el aumento del salario y la lucha política por las reformas, conducirán a un control más amplio y progresivo sobre las condiciones de producción”, y “como los derechos del propietario capitalista serán limitados por medio de la legislación, éste se verá reducido con el tiempo al papel de simple administrador. “El capitalista verá que su propiedad pierde más y más valor para sí mismo” hasta que finalmente, “la dirección y administración de la explotación colectiva” será instituida. Este planteamiento nos señala que los sindicatos, las reformas sociales y la democratización del Estado serán el camino para la realización del socialismo, justificando que la clase obrera no debe pelear por conquistar el poder y destruir el capitalismo, sino por la ampliación de la democracia, por la “equidad social”, por hacer “más humano al capitalismo”.[4] El libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España [5] se ajusta como un guante en esta definición, pero no adelantemos juicios.
Tiempo de manuales reformistas sobre el capitalismoSi hoy viviese Karl Marx, seguro que tacharía de manual de falsos manuales la propuesta que se hace en Hay alternativas.Lo tacharía de engañoso, en el sentido de que este texto lo que propone son una serie de medidas contra el neoliberalismo, y no de alternativas al capitalismo. Lleno de argumentos, al igual que hizo en los casos de La cuestión judía (1843), de La sagrada familia o crítica de la crítica crítica (1845), de La miseria de la filosofía (1847), de la Contribución a la crítica de la economía política (1859), de La crítica al programa de Gotha (1875) y tantos otros textos, las observaciones de Marx explicarían como las medidas que aparecen en el citado libro no tienen en cuenta la lógica de acumulación del capitalismo, como tampoco el poder de los que ejercen y controlan el sistema, y bastante menos que lo que hacen los capitalistas no es por capricho individual sino como exigencia de la propia lógica de acumulación y sobrevivencia de tales agentes dentro del mismo. Si a personajes de la talla de B. Bauer, F. Lassalle, PJ Proudhon, los jóvenes hegelianos y tantos ‘otros consortes’ los tacha de reformistas, ¿qué diría de esta trinca/troica de autores? En una palabra, y recordando su tipología sobre este tipo de propuestas, casi seguro que lo tacharía de documento cuyo contenido oscila entre el socialismo reaccionario y el socialismo conservador.[6]
La socialdemocracia es una variante mixta, y hasta degradada, de ambas corrientes socialistas. En el momento actual, alguien se encarga de reeditar esta clasificación. “En su libro,[7] Franz Walter fecha el comienzo de la crisis de la socialdemocracia europea de posguerra en el año 1973. El autor toma como base para su afirmación la del historiador británico Eric Hobsbawm de que «la historia del siglo XX fue, desde 1973, la historia de un mundo que ha perdido su orientación.» Nada más cierto. De 1967 a 1973, la socialdemocracia europea vivió «los seis años de oro» de su historia tras la Segunda Guerra Mundial. Pero la crisis del petróleo y la ofensiva neoliberal (en tres frentes: el político, el económico y el ideológico) marcaron el comienzo del declive de los socialdemócratas en Europa. ¿Por qué? Walter apunta las siguientes causas para la crisis de la socialdemocracia: (1) haber considerado como incuestionable el modelo de crecimiento económico basado en los combustibles fósiles, perjudicial para el medioambiente, que produjo su base electoral histórica; (2) las transformaciones de la clase obrera de posguerra en Europa tras los procesos de terciarización de la economía en Europa occidental (1973 fue el primer año en que el sector terciario superó al secundario en Alemania), y; (3) relacionada con la anterior, su incapacidad para salir del marco nacional y pensar internacionalmente, con una Internacional Socialista completamente decorativa… a medida que se deslocalizaban industrias y los partidos socialdemócratas perdían su tradicional base electoral […] Los nuevos dirigentes socialdemócratas mordieron el cebo del neoliberalismo, adoptaron su credo –desregulación y mercados libres contra un Estado social visto como un ineficaz Leviatán burocrático – y creyeron que su futuro electorado sería la clase media que, como hoy sabemos, era en buena medida una ficción alimentada por el crédito, abandonando a la clase obrera al populismo racista – «el socialismo de los tontos», en inmejorable expresión de August Bebel – y a una apatía existencial que en los jóvenes quedaba mitigada por el consumo, la cultura de masas alienada y el uso embrutecedor de las drogas. El resultado de este maridaje imposible entre la tradición socialdemócrata y el neoliberalismo de cuño anglosajón recibió, como es notorio, el nombre de Tercera Vía”.
Pero, los pensadores críticos fueron quedando en minoría, arrasados por una ola de reformismo, de agresividad ideológica, y por los modelos duros de acumulación del capitalismo, que se han disparado en los últimos cuarenta años: en los 70s, los Chicago boys eran los artífices de la doctrina que tristemente conoceríamos como el neoliberalismo; en los 90s, personajes como F. Fukuyama, anunciarían el final de las ideologías, de la lucha de clases, y el triunfo a nivel mundial de la democracia liberal;[8] entre los 80s y los 90s, con los posmodernos, llega la filosofía del yo antes que el todos, convencidos de que no existen alternativas para transformar el capitalismo; estos contribuirán a reforzar la despolitización de la ciudadanía.[9] No cabe duda que todas estas doctrinas sobre la despolitización, sobre el elogio del individualismo, y sobre la ética del sistema proporcionarían una buena justificación al poder ideológico y económico que hoy ejerce el capitalismo. Es lamentable que un representante del capitalismo, Warren Buffet, [10] desmintiendo a Barack Obama que no acepta la existencia de la lucha de clases, nos tenga que recordar que la clase burguesa internacional está triunfando en el conflicto de clases.
La alternativa al capitalismo nunca estuvo, no está, ni puede venir del pensamiento socialdemócrata
Desde la salida de la segunda guerra mundial, la mayoría de los países europeos han estado, en alternancia con conservadores y liberales, gobernados frecuentemente por gobiernos socialdemócratas. Hay que destacar que, en la época dorada del capitalismo, los programas del gasto social fueron más humanitarios, más sensibles a paliar la pobreza y destitución que genera el propio sistema, fruto de la explotación y desposesión. De hecho, muchas de estas ayudas de asistencia a la pobreza desde el Estado se convirtieron en derechos universales que humanizaron el capitalismo, suavizando su aspecto barbárico. De tal manera, que nos hemos acostumbrado a identificar el Estado del bienestar con el capitalismo humanitario.[11]
Sin embargo, la globalización capitalista y la desaparición de los modelos de bienestar que imperaban en el bloque socialista han hecho pensar a los capitalistas que ya no era necesario garantizar los modelos de asistencia estatal, como tampoco necesitaban como gestores a gobiernos socialdemócratas, demócrata cristianos o socio liberales, reestructuración política que todavía les cuesta encajar a estos políticos. Es decir, desde ahora, son los propios empresarios y banqueros [12] los que están asegurando el poder del capital y, de momento, continúan concediendo algunas prebendas a destacados políticos y académicos. Pues, como señala W. Benjamin, “es el poder, más que la ganancia excesiva de propiedades, lo que debe ser garantizado por la violencia instauradora de derecho”.[13]
Para escribir un manual como el Hay alternativas, no hay que ser un genio. Lo que se necesita saber es recopilar las políticas o medidas propuestas en otros manuales editados previamente, cambiar el orden, y presentarlos con un título que sugiera promesas y soluciones a la dura agresión que sufren las poblaciones por parte del capitalismo: 5 millones de parados y casi 1,5 millones de familias sin ningún miembro en activo, un 32,5% o unos 6 millones con contrato temporal, 360 mil desahucios, 25% de la población por debajo del umbral de pobreza, etc., confirman que se está realizando una parte de lo que el capitalismo español ha planificado y expuesto en su famoso documento TransformaEspaña.[14]
Aseguran “los autores de este libro… que hay alternativas, que se pueden hacer otras cosas distintas a las que proponen la patronal, los banqueros, los directivos de los bancos centrales y los políticos que comparten con ellos la ideología neoliberal… Sabemos que se puede crear empleo impulsando la actividad económica… sabemos que para hacer frente a la deuda pública es mejor proporcionar a los países capacidad para generar ingresos propios… sabemos que hay alternativas, es decir, que se pueden hacer otro tipo de políticas…”.[15] Como siguen afirmando, “este libro tiene el propósito de divulgar la falsedad en que se basa esa idea tan difundida de que no hay alternativas, para demostrar que sí las hay y que, además, son más eficaces para salir de la situación en la que nos encontramos, para crear empleo decente y estable y para generar bienestar social. Y, por supuesto, mucho más justas y humanamente satisfactorias”. Aunque las llamen alternativas, queda claro que son un manojo de medidas que van contra el modelo neoliberal salvaje, y que su intento es el de reestablecer otro modelo más humanitario y ecológico dentro del capitalismo. Como reseñan en el título, se trata más bien de recuperar el empleo decente y el bienestar social viviendo en un sistema que no vamos a recordar ni demostrar aquí su capacidad sistémica para generar injusticia permanentemente. Podríamos calificar el invento como el intento de recuperar la doctrina social demócrata sin poner en cuestión el capitalismo.
Los dos recorridos del libro
El libro tiene dos partes, las cuales consisten, una en cambiar la naturaleza brutal del neoliberalismo, y la otra por sustituir la anterior por una de índole más humanitaria. Es decir, una está dedicada a la divulgación de la barbarie capitalista, y la otra a lo que podríamos llamar un programa de medidas para muchos colectivos y personas que se han acercado a las acampadas sin apenas formación política, económica, laboral etc.
§El neoliberalismo como una doctrina salvaje. En esta parte, la doctrina que practica el capitalismo aparece en la plenitud de su barbarie, y los autores del libro dedican un loable esfuerzo a que una serie de temas sean entendibles, pero no tanto como consecuencia de la naturaleza del sistema mismo, de un capitalismo que se fue cada vez más globalizando y alejando de las poblaciones, una distancia que hace más difícil que estas puedan percibir su funcionamiento.[16] Los temas versan sobre “las causas de la crisis mundial, las singularidades de la crisis española, lo que hay que solucionar: agenda para una economía más justa y eficiente, las condiciones para crear empleo decente, la hipoteca del déficit social, ¿bajar los salarios o subirlos para crear empleo y recuperar la economía?, la financiación de otro modelo de actividad económica, otra Europa, otro mundo, la economía al servicio de las personas y en armonía con la naturaleza”.
 
A esta parte, los autores dedican 207 hojas en las que en ningún momento se critica el capitalismo como sistema social, de hecho no aparece ni siquiera mencionado, sino al neoliberalismo como una doctrina de gestión o modelo de apropiación de la riqueza producida y de la desigualdad generada, la cual aparece presentado como ajeno al propio sistema capitalista. Es decir, lo inhumano, el que genera la barbarie, es el neoliberalismo y no el capitalismo. Por tanto, las modificaciones que los autores van sugiriendo que se apliquen están en contra del neoliberalismo y no contra el capitalismo. Por lo que aquí cobra sentido la afirmación de Santiago Alba Rico, de que “en el capitalismo no hay alternativas, [de que] el capitalismo no admite reformas. Precisamente porque es una revolución permanente, porque es un proceso constituyente-destituyente ininterrumpido en el que lo originario ontológicamente es siempre el residuo, el cadáver, la destrucción. Y, por lo tanto, la única forma de establecer precisamente un mundo, una sociedad, unas instituciones reformables, es la de radicalmente transformar el capitalismo en otra cosa. El capitalismo, por mucho que nos pretendan engañar, no puede reformarse a sí mismo; solamente puede afirmarse a sí mismo a escala ampliada y, por lo tanto, con una escala de destrucción siempre mayor”.[17] Claro que si no se menciona al capitalismo se entiende que tampoco tengan que hablar de alternativas a este sistema. Lo que no se menciona no existe.
 
§¿Se puede crear empleo decente y bienestar social? [18] Los autores así lo manifiestan en 115 propuestas, pero formuladas en forma de deseo, de un deber ser, como si los poderes (no precisados en el documento) estuviesen dispuestos a aceptar y atender estos ruegos/solicitudes.[19] Parte de la lista de estos anhelos: “qué se constituya un gobierno mundial para gobernar un mundo diferente; competencia ejecutiva para las Naciones Unidas; democratización del BM, del FMI, de las NNUU; obligación de los países de respetar los derechos humanos; un nuevo estatuto para la banca internacional; prohibición de productos especulativos; reforma del sistema de pagos internacional; impuestos a las transacciones financieras; sustitución del dólar como moneda dominante; crear un fondo para los países pobres (NNUU); ayuda oficial, reducción del gasto militar; impuestos globales al comercio internacional; obligación de los países del G-8 a cumplir las ayudas al hambre y los desastres naturales; eliminar las barreras impuestas al comercio exterior; establecer un código de responsabilidad a las empresas multinacionales, control del sector armamentístico; que los recursos naturales básicos no sean apropiados por ninguna empresa; la constitución de un estado federal europeo; respuestas inmediatas a la crisis generales y en España: en el modelo financiero, en el de producción y consumo,en el empresarial y el de emprendedores, en la fiscalidad, en la creación de empleo y derechos laborales, en los derechos sociales, en la educación, y en el político”.
Entre los comentarios en el que se anuncia el libro y se denuncia la editorial Aguilar, que se negó a publicarlo, destaco uno por ser coincidente con el tono de la mayoría de los que se aportaron en esta red social: “Evidentemente, no voy a tragarme otro panfleto reformista de gurús de Attac. Ya les llevo leído demasiado como para seguir perdiendo el tiempo. Eso sí: las ¿propuestas? concretas que aparecen al final del libro no tienen desperdicio, se leen rápido y uno se hace una más que clara idea de para lo que les ha servido y les sirve a estos señores tantos años de sesudos estudios del capitalismo: para proponer su reforma (del capitalismo, como si ésta fuera posible) sin salirse ni un milímetro del propio sistema”.[20]
Sobre el empleo decente
Debo estar mal formado/informado, pero pensaba que no podía haber empleos decentes [21] en el capitalismo. Como también que los empleos asalariados, decentes o indecentes, los crean los capitalistas y deciden a quienes, cuantos y en que condiciones los contratan. Si no fuese así, serían muchos los pensadores/autores que deben estar equivocados cuando dicen que el puesto de trabajo es el lugar donde se origina la explotación, y que la mano de obra que no aporte pluvalor al capitalista no será empleada. La regla es que los trabajadores asalariados han de vender “su fuerza de trabajo porque están económicamente obligados en la medida que [no son propietarios privados] de los medios de producción necesarios para vivir del consumo directo o la venta de los productos de su trabajo”.[22] En 1849, Marx ya explicaba este tema diciendo: “el capitalista compra con dinero el trabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo”.[23] Por lo que, podemos concluir que, si el valor de lo que producen en las fábricas los asalariados, y apropiado por los empresarios, fuese igual al valor de lo que perciben en forma de salarios, entonces no habría plusvalía, y, por tanto, tampoco empleo. La ética, empleo decente o indecente, no explica la naturaleza explotadora de lo que ocurre en el puesto del trabajo entre capitalistas y trabajadores.
Entonces, cuando los autores hablan de generar empleo decente en el Hay alternativas, nos están invitando a creer que el empleo asalariado puede ser honrado aunque contenga en si mismo una carga de explotación y de fetichismo. La idea del empleo decente desdibuja que siempre contiene la explotación y la alineación, porque “la fuente normal de la ganancia de los capitalistas es la plusvalía creada por los asalariados ocupados ‘decentemente’ en la producción de mercancías. [El empleo decente contribuye a pensar que es imposible que] la ganancia surja de la explotación de los asalariados en la producción”. [24]
Colofón
Por descontado que en el libro no aparece como alternativa, ni como reflexión, nada que cuestione el tema de la propiedad privada, la presencia de la figura del capitalista en la sociedad (banqueros y empresarios), el del Estado representativo y sus otros poderes (judicial, policial, militar, etc.). Eso sí, se siguen reconociendo las instituciones mundiales (UUNN, BM, FMI, G-8, UE) en aquellas propuestas relacionadas con el ámbito internacional, a las que se les sigue asignando el papel de árbitros, de gestores, de depositarios, así como pensando que el Estado puede aplicar políticas de forma independiente de los intereses de los capitalistas como si fuese un ente neutral, y no un órgano de clase.[25]Incluyo una observación de Francisco Ferrer, que evalúa de forma sencilla este tipo de propuestas: “es largo de explicar pero sigue siendo lo mismo que en otros asuntos: ponemos toda la fuerza crítica a pedir un instrumento en lugar de ir a ladenuncia de los orígenes del problema para que este se repare: tasa Tobín versus prohibición total de movimientos especulativos, más impuestos en lugar de solucionar la distribución primaria, pedir referéndum en lugar de decir no a la constitución, pedir una auditoria cuando hay que pedir directamente la KITA, etc.”. U otra, con una frase de Jacques Gouverneur: “transformar el sistema significa construir una economía alternativa, que funcione sobre la base de principios radicalmente diferentes a los de la economía capitalista”.[26] Yo remataría todo diciendo: los autores [27] piden eliminar el neoliberalismo, pero no el capitalismo. Lo hacen desde el intento de “recuperar la concepción socialdemócrata de Kautsky o, en otras palabras, el pensamiento de Attac”.[28]
En consecuencia, las propuestas que aparecen en Hay Alternativas me dejan la sensación de encontrarlas reflejadas en tres imágenes: 1) la de Erasmo, [29] que opina que la fortuna favorece a los estúpidos, incluyendo entre estos desde gramáticos y filósofos, hasta Papas y reyes. Hoy seguro que incluiría en su catálogo a las nuevas profesiones, desde economistas y sociólogos, hasta banqueros y empresarios; 2) la deLenin [30] con sus aportaciones a las corrientes revisionistas, y que siguen teniendo una rabiosa actualidad; y 3) la frase deMarx, un poco modificada, en la que diría de los autores que “no aspiran a la emancipación de la sociedad frente al capitalismo, sino [en el mejor de los casos] a un mejor bienestar social de la ciudadanía”
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#1
Joan|24-11-2011 10:15
Buen artículo. Como tú mismo demuestras, no hace falta resucitar a Marx para desmantelar la "izquierda" reformista o degenerada.
Ahora falta la parte de discutir sobre las alternativas.
Socialistas libertarios y socialistas estatistas (reformistas o no), os propongo la lectura de 'Hacia una democracia inclusiva' (T. Fotopoulos, 1998):
"Este libro tiene un objetivo y una ambición. El objetivo es demostrar que la salida a la actual crisis multidimensional sólo puede encontrarse fuera y no dentro de la estructura institucional actual. La ambición es iniciar una discusión respecto a la necesidad de contar con un nuevo proyecto liberador y las estrategias para llevarlo a la práctica."
http://democraciainclusiva.org/ellibre.htm
Salut y discusión de las ideas (no de los egos ni de los dogmas/tradiciones)
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#2.- Hay más alternativas
José Iglesias Fernández|16-12-2011 17:42
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