Buscar  
Cine e historia social. 16. Norman Rae, de Martin Ritt
Realizada por Martin Ritt en 1978, el autor de obras de la importancia de El espía que surgió del frío y de Odio en las entrañas, Norman Rae es una buena muestra de cine social sobre el que se puede hacer tal o cual objeción, pero al que nadie le podrá negar su valor testimonial.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 4-1-2008 a las 18:49 | 2243 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/cine-historia-social-16-norman-rae-martin-ritt
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb

Esta es una película necesaria, totalmente asequible en DVD, y que valdría la pena tener al alcance en cualquier entidad social y sindical, a la mano para una buena sesión de cine-clubs, para mujeres trabajadores y para compañeros conscientes, que los debe de haber. Cuanta una de esas pequeñas historias que no se suelen ver en las pantallas. Se trata de una película sindicalista y feminista dentro del escaso cine “comercial” que aborda las luchas sindicales, aunque la vedad es que las que existen no suelen ser muy conocidas. Ahí está La guerra del condado de Harlan (USA, 2001), obra del inquieto Tony Bill e interpretada por Holly Hunter y Stellan Skarsgard que narra con muy buen pulso la lucha de una mujer inmersa en una historia más amplia de luchas sociales protagonizadas por los mineros de carbón de Kentucky, una mujer que ha perdido a su marido y que tiene a su padre muy enfermo, y que sin embargo se rehace implicándose en la acción. El final resulta muy simbólico. Uno de los sicarios de la patronal la trata de “comunista”, y ella la vuelve la espalda, y le comenta a su hija que le pregunta que significa eso, y ella responde: “”Déjalo. No sabe lo que dice”. A pesar de tratarse de una buena película solamente se ha podido ver en una emisión nocturna por TV3.

Norma Rae fue producida en una coyuntura “progre” en la que Hollywood ampliaba sus horizontes hacia cuestiones que hasta entonces se habían considerado como demasiado comprometidas. Tanto el guión original como la realización resultan muy representativos de la preocupación social del «New Cinema" norteamericano en el cabe anotar otras aproximaciones a la lucha social así como a la cuestión feminista, un tema que siempre ha estado estrechamente relacionado con el lugar de la mujer en el trabajo.

Por más que los críticos del cine por el cine la encuentren tópica y aburrida, su interés está fuera de toda duda, empezando por su propia excepcionalidad así como por la sobria pero ajustada descripción que ofrece de lo que es una empresa capitalista en la que el trabajador es parte de un engranaje para extraer beneficios, y al cual no se le permite una afiliación sindical con la cual mejorar una situación sobre la que se ofrece unas breves pero recias pinceladas en la primera reunión sindical, y cuya máxima expresión es el trágico fallecimiento del padre de Norma al pie de máquina porque el encargado ha considerado que las exigencias de la producción están por encime de la parálisis del brazo del viejo y buen obrero que culmina de esta manera una vida marcada por el sometimiento, por la concepción reaccionaria que no hay que morder la mano que te da de comer. La forma de actuar de la empresa con sus encargados, sus matones, sus trampas, recuerdan mucho a los de una dictadura. Aunque es más que posible que estos detalles carezcan de significación a los críticos más atentos a los “valores” fílmicos que a la demagogia de los hechos, pero para la gente trabajadora que ha conocido situaciones análogas, se le pudo hacer como espectadores un nudo en la garganta.

Las obreras y obreros que la han visto saben perfectamente que estos detalles están basados en una historia real. Al escribir la historia, los guionistas Irving Ravetch y Harriet Frank Jr., se basaron en un personaje de carne y hueso, en una mujer obrera llamada Crystal Lee Sutton, que conoció una experiencia similar a la atribuida a Norma en la fábrica textil Stevens en Roanoke Rapids, donde trabajó con un delegado sindical durante tres años, y en donde construyó una unión sindical con la que por lo menos pudo hacer que se aplicaran una serie de leyes y normativas favorables a los trabajadores. Una pequeña odisea de aquellas que raramente se da cuenta, y contra la cual las empresas sigue manteniendo una tensión constante para que el avance se convierta en retroceso. Desde el punto de vista de la dialéctica patronal-trabajadores, Norma Rae ofrece un retrato muy completo, lo que la convierte en un testimonio social de primera mano. La fábrica textil chantajea a sus trabajadores por ser la única que ofrece empleo en exclusiva a los habitantes de Halenleyville, una aburrida ciudad sureña, con todo su contexto de relaciones sórdidas, de embrutecimiento en las horas de ocio, y de una jerarquía social en la que los negros son ciudadanos de segunda categoría. La fábrica y la ciudad son los dos escenarios opresivos en los que se desarrolla una historia en la que aparece un dinámico y empecinado sindicalista que tiene claro que divididos, los trabajadores no son nada.

Norman Rae nos lleva a una dura tradición de cine social del cual La Sal de la tierra (ya abordada en otro artículo en KAOS) sería la principal exponente. En la película de Ritt saltan a la vista algunas de las diferencias entre el realismo social y nuevo cine de mujeres de Hollywood. Aunque ambas películas tienen temas similares -la actividad industrial en una comunidad ame americana pobre- y en ambas están protagonizadas por mujeres, son do muy diferentes las formas de identificación que proponen sus respectivas narraciones y descripciones de personajes. El éxito de la “chica” al lograr que la industria textil del Sur en la que ella misma trabaja y se afilia a los sindicatos queda explicado por los rasgos de su fue personalidad -su tenacidad, firmeza e inconformismo-- que, según narra la primera parte de la película, preexistían a la lucha por la sin dedicación. Después de la llegada a la ciudad de un líder sindical, la na­rración se centra en un grado significativo en la evolución de la relación entre Norma Rae y el forastero. En la pintura de esta relación, existe, en cierta manera, una tensión entre la exigencia del realismo social de que esa relación constituya el terreno del desarrollo de la conciencia política y las exigencias del realismo clásico de Hollywood de que sea el germen de un amor romántico.

Curiosamente, la relación de Norma Rae con su marido (Beau Bridges), apenas si es analizado, se da por hecho de que el “chico” comprende y apoya la lucha de su compañera por más que tenga problemas propios de su sexo con los pañales y lacocina. Lo importante es la conciencia social. La tolerancia del marido de Norma Rae hacia las actividades sindicales dc su mujer tiene que mucho que ver con la evolución de la cuestión feminista, mucho más aceptada hoy que en los tiempos de La sal de la tierra. Aunque represente un alejamiento de Hollywood en su retrato de una mujer fuerte que no solo perte­nece a la clase trabajadora sino que sale victoriosa en una lucha dc clases, la descripción de los personajes tiene el sello de la individualización más que de la tipificación, de manera que las formas de identificación que propone no se mueven en el terreno de lo histórico o de lo social. En consecuencia, sus formas de interpelación funcionan en el conjunto dentro de los límites del discurso del cine clásico.


Con Norma Rae, Martin Ritt filma una de las películas más emblemáticas de los últimos años sobre la cuestión sindical., Norma Rae es una mujer viuda, con dos niños, uno de ellos natural, que vive con sus padres, también trabajadores de la fábrica textil, una existencia despreocupada, repartida entre el trabajo en la fábrica y las noches de diversión y moteles. No ha recibido ninguna educación ni cualificación profesional y su existencia es la vida alienada del trabajo. Allí llega un líder sindicalista de la TWWA, Reuben Warshosky. Es un hombre cultivado y vitalista que busca concienciar a los trabajadores acerca de sus derechos. a Norma, que ha mostrado sus primeras actitudes contestarias en la empresa, le ofrecen un puesto como cronometradora del trabajo de los compañeros, lo que significa una promoción, pero también situarse del lado de los patronos. Trata de hablar con los obreros, pero le rechazan, como si fuera sujeto extraño a la vida de la pequeña ciudad porque lo ignoran todo sobre sindicalismo y desconfían de sus intenciones: además es judío en el Sur profundo...

Norma Rae le da algunos consejos y de que le escuchen los miembros menos apáticos de la comunidad rural. Mientras tanto. a Norma, que ha mostrado sus primeras actitudes contestarias en la empresa, le ofrecen un puesto com cronometradora del trabajo de los compañeros, lo que significa una promoción, pero también situarse del lado de los patronos. Sus compañeros se lo hacen ver y renuncia a ese puesto y a los privilegios anejos, lo que significa un cambio en su vida y el nacimiento de un ideal solidario. Empieza a Iuchar por los derechos laborales, lo que es no sólo justo, sino, además, posible y necesario. Con muchas difi­cultades y con la ayuda de Reuben logra fundar en la fábrica un sin­dicato y, con ello, encuentra un sentido a su vida, hasta entonces vulgar y hasta despreciable.

A partir de ese momento su vida da un giro. incluso en el ám­bito personal, pues se casa con Sonny. Pero no renuncia a la lucha sindical ya separarse de Reuben, que para ella es el símbolo de es­peranza que ha transformado su vida. El proceso se precipita cuando su padre muere en la fábrica al negarle el capataz un descanso en el trabajo. Norma se crece ante las dificultades que le ponen los empre­sarios, ante las habladurías del pueblo y hasta ante las reticencias de su marido, pero ve la necesidad de reflexionar más sobre el compro­miso que ha tomado, lo que hace Con lecturas que le proporciona Reuben. La empresa trata de dividir al sindicato recién creado alen­tando las diferencias existentes entre blancos y negros, pero Norma suscita la toma de conciencia de sus compañeros y llama a la huelga. Llega incluso a ir a la cárcel por atentar contra el orden público. De vuelta a casa confiesa a sus hijos los errores pasados y les explica que «Sí vais un día a la fábrica, quiero que tengáis una vida mejor que la mía. Por eso es por lo que soy sindicalista. Hay que luchar por lo que es justo". A los pocos días, los obreros deciden en referéndum crear una sección sindical en la fábrica con lo que algo ha cambiado en la apacible ciudad de Henleyville. Reuben ha cumplido su misión y abandona el lugar ya Su compañera de luchas.

Esta memorable película se encuadra dentro del cine militante en cuanto muestra el proceso de transformación que se da en una mujer que de ser una persona corriente de la clase obrera poco preocupada por sus condiciones de trabajo y deseosa de evadirse del mismo en sus horas de ocio pasa a erigirse en portavoz de las reivindicaciones labo­rales y en dirigente de vanguardia que lucha por sus compañeros, Esta transformación viene contrapuesta cinematográficamente con el personaje del sindicalista neoyorquino, un hombre culto que en sus amores juveniles leía el New York Times con una abogada de Har­vard...; la interrelación entre esos dos mundos (el burgués que ha adoptado la causa de los trabajadores desde la reflexión y el obrero que lleva una vida de inconsciencia «burguesa») está muy lograda. (Reuben enseña con paciencia a Norma y hasta le corrige las faltas le ortografía de un panfleto y, sobre todo, la defiende cuando dos miembros del aparato del sindicato plantean la moralidad personal e la trabajadora. El retrato de Norma como una mujer inmadura, que aprende en carne propia y que comete errores ante la empresa s certero. Hay que subrayar el carácter feminista que tiene la película: la toma de conciencia que experimenta Norma como trabajadora su­pone también la adopción de un nuevo rol como mujer, porque su papel como sindicalista es posible gracias a la autonomía que ad­quiere con ese nuevo rol.

Aunque haya una simplificación inevitable, la película resulta convincente, tanto por la interpretación de enorme eficacia de Sally Field -premiada en Cannes- como por la descripción de la vida coti­diana y de la vida de trabajo en la ciudad de provincias; el director sabe ir a la esencial sin cargar las tintas, convertir la historia en un panfleto o presentar los conflictos en clave maniquea. Ha elegido la sencillez, sin complejos movimientos de cámara, con encuadres sobrios claridad expositiva en el relato. Ritt hace una película militante a través de la plasmación de un testimonio y no de un discurso teóri­co; muestra las condiciones laborales de los trabajadores de la fábri­ca en lugar de filmar a los obreros discutiendo sobre ellas o, lo que daría aún menos fuerza, a los cargos sindicales. No obstante, alguien podrá considerar que el personaje de Norma Rae parece el de una mujer ne­cesitada del varón que le conciencie y le haga salir de su alienación, decir, dependiente de un líder.

Una explicación es que la lucha sindical y feminista requiere de hombre y mujeres conscientes que abran caminos, al igual que existen hombres y mujeres que necesitan ayuda para empezar a transitar por él. Cuando lo hace, Norma Rae asume unos compromisos que la hacen crecer. Con todo, debate está servido.

 
 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Comentarios (2)

05-01-2008 04:21

muy interesante,

Valoración: 0  

Maravillosa película y un consejo

Negador|05-01-2008 12:49

Gracias Pepe Gutiérrez por este bello reflejo de esta buena película.

Y el consejo es para los amigos y amigas de Kaos, gastaros los pocos euros que cuesta este film y despues de verla, vereis que no fue en vano.

Saludos solidarios. N

Valoración: 0  

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
Cultura Izquierda a debate Opinión

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)